Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 51
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Mis dedos se sacuden levemente para invocar una bandada de mariposas de fuego que revolotean alrededor del escudo de Yleth.

Bela introduce sus luciérnagas, creadas mediante un hechizo de ilusión, bajo el agua.

Aine, en cambio, suelta un montón de hojas luminiscentes que se quedan flotando por la superficie para darnos mayor iluminación.

Todas hacemos lo posible por ganar más visibilidad, todas menos Elzara que conjura las sombras alrededor nuestra por si tuviéramos que luchar.

—¡Ahí está! —anuncio al ver como la serpiente pasa junto a la iluminación que hemos conjurado.

El animal es de color blanco, su cuerpo es tan grande que desconozco el motivo por el que no nos ha comido ya.

Se esconde en la inmensidad del agua para volver a emerger y comer las luces que hemos ido depositando a su merced.

Cada vez que engulle una de las hojas, o luciérnagas, sus escamas empiezan a centellear con fuerza hasta que acaba brillando con tanta intensidad que es imposible no verla.

—¡Nos quiere comer! —grita Bela histérica.

—No, si quisiera hacerlo ya estaríamos en su estómago —explica Elzara haciéndonos recordar que alguna vez tuvo un montón de reptiles de mascota cuando éramos aprendices.

La serpiente se alza por encima del agua, coloca su cabeza frente a la burbuja de Yleth y nos clava su mirada profunda y púrpura.

Por un momento el tiempo parece detenerse, no ocurre nada, solo la presencia constante de una criatura primordial frente a cinco brujas cuyo poder es limitado.

Más ahora que somos humanas y nuestra sangre no sirve como chupito curativo.

— El Aquelarre del Nido se ha forjado —la voz resuena en nuestras mentes—. Habéis superado la primera prueba y con ello habéis descubierto la verdad. Una historia perdida en los confines de los tiempos. La cuarta hermana, Midnara, creadora de la magia y madre de la hechicería. Nunca fueron tres…

—Gracias por honrarnos con tu presencia —pronuncio respetuosa cuando ella se queda callada, si se puede decir así.

— Valhía se fundó con cuatro grandes razas, cuatro especies cuyo cometido era gobernar por encima de las demás.

—continúa, esta vez podemos ver imágenes en el misticismo de sus ojos —.

Los Humanos se situaron al oeste, los Inmortales al este, las Sirenas en alta mar y las Brujas en el cielo.

El paso del tiempo llevó a que los Inmortales se reprodujeran a gran velocidad y buscaran conquistar más tierras para ampliar sus dominios.

Fue ahí donde surgió la Primera Guerra, una en la que los hijos de Illythia buscaron destruir todo lo que una vez conocimos.

Nos quedamos eclipsadas contemplando las imágenes que van sucediendo en el abismo morado de la serpiente.

Sus palabras van narrando una historia que me eriza la piel y me provoca pánico.

Los Inmortales son de piel pálida con complexiones atléticas y diestros en la guerra.

En cambio, los Humanos nunca aprendieron a luchar, se centraron en los regalos que la tierra les daba sin ánimo de avaricia.

Más allá de todo eso podemos ver como las cuatro razas de Valhía tenían una buena relación, al menos hasta que los Inmortales decidieron echarlo todo a perder.

Construyeron barcos y navegaron hasta el oeste sin escuchar las súplicas de las Sirenas que intentaban detenerlos.

— Hubo una masacre que tiñó las tierras de Bryarthe de sangre, sus hijos estuvieron al borde del exterminio, pero entonces Illythia actuó.

—La serpiente derrama una lágrima que se desliza por sus escamas blancas hasta caer en el agua.

En el momento en el que surge la primera onda las imágenes se proyectan con más claridad bajo nuestros propios pies—.

La Dama de la Muerte descendió al mundo para acabar con su propia descendencia.

No podía permitir ver como sus hermanas sufrían ante los actos de su legado.

Pero esa decisión la sumió en la oscuridad de la depresión.

Ahí fue donde apareció vuestra diosa madre.

Podemos ver a las deidades de Valhía en sus formas corpóreas, mujeres de belleza ancestral cuyo único cometido era el de crear mundos.

Bryarthe resalta por encima de las demás por tener la piel oscura y los ojos tan brillantes como el sol.

Rysantha, la del cabello azul, viste un vestido que parece contener la fuerza de las mareas.

Illythia de tez pálida, ojos rojos y media melena del color de una noche sin estrellas.

Y Midnara, sin duda verla por primera vez provoca que mis ojos se llenen de lágrimas.

La Dama de la Magia tiene una melena roja como el fuego, ojos púrpuras como la Antigua y la serpiente primordial, y una diadema que deja caer un cristal mágico sobre su frente.

— Midnara hechizó el cielo para que el Continente de la Banshee siempre estuviera protegido por el Midna.

Así su hermana podría resucitar a sus hijos como una especie diferente a la que una vez se conoció: vampiros.

—La voz psíquica del animal me provoca un escalofrío por la columna vertebral—.

Midnara despojó a sus hijas de sus alas para que pudieran proteger a los nuevos inmortales de una nueva ansia de conquista.

Dejó que Illythia las convirtiera en caídas y las disolvió bajo los dominios de la noche eterna.

Además, para equilibrar el poder de sus hijos, la Dama de la Muerte, les maldijo con la sed de sangre y la debilidad a la luz solar.

Después se separaron para que la verdad nunca saliera a la luz.

Poco a poco los tallados del templo van tomando sentido.

La Dama de la Magia naciendo de la luna.

El paso del tiempo y las ansias de conquista de los Inmortales.

El castigo de Illythia. La creación del Midna.

El nacimiento de los vástagos de la noche eterna junto a la debilidad al sol y la sed de sangre.

La despedida entre el Antiguo y la Maestra representando la separación de las diosas.

Y finalmente, la transformación de las brujas en vampiras.

—¿Y por qué somos humanas? —Bela se atreve a preguntar—. ¿Por qué necesitamos respirar? ¿En qué lugar nos deja eso?

— Porque las brujas deberíais de poder caminar bajo la luz solar y no estar limitadas por el frenesí.

—La serpiente no se ofende ante la insistencia de la chica, al contrario, parece que incluso está sonriendo—.

Y ahora que habéis completado la primera prueba, mi trabajo aquí ha terminado.

Si necesitáis el poder del día solo tendréis que pronunciar mi nombre: Soleish.

—Pero…

Aine tiene muchas más preguntas de las que se nos ocurriría al resto.

Soleish sale de nuestras cabezas para hacer lo que más temíamos: comernos.

La serpiente primordial desencaja su mandíbula para engullirnos sin ningún tipo de esfuerzo.

Antes de que podamos reaccionar el cansancio se apodera de nosotras sumiéndonos en un descanso sin sueños.