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Nos movemos por la sala como si nuestras vidas dependieran de este acertijo.
Descubrimos que las paredes se reducen si no activamos la imagen correcta, por lo que empezamos a tomarnos el tiempo necesario para valorar las opciones.
En cierto momento lo vemos como un juego, una actividad para aprendices de bruja donde el trabajo en equipo prima por encima de todo lo demás.
—¡Vamos a recapitular las imágenes! —grito buscando un poco de orden—. Nos estamos moviendo como pollos sin cabeza y empiezo a cansarme de estar aquí encerrada.
—La diosa sentada en la luna. —enumera Elzara jugueteando con las puntas rojas de su cabello—. El saludo entre los dos primogénitos, las mujeres siendo mordidas por los vampiros, …
—La fiesta bajo el reloj de arena. —continúa Bela entusiasmada porque todas le prestemos atención—. Illythia con las alas abiertas bajo el sol roto, la diosa y los vampiros con los colmillos sacados y…
—Y la gente dormida. —termina Yleth cuando la rubia se toma demasiado tiempo para pensar—. En total hay siete imágenes de Illythia. Si la primera es la de la luna y la segunda no es la de los vampiros mordiendo mujeres…, yo estoy perdida.
Nos quedamos en silencio mientras revisamos los tallados en la pared por quinta vez.
Me fijo en las diferentes representaciones de Illythia para compararla con las estatuas que vi en la catedral de Torre Salamandra.
Reconozco a la diosa con los colmillos extendidos, una versión más amenazante y guerrera que las demás.
Antes de alejarme de ella me percato de un detalle que había pasado desapercibido.
La imagen de la deidad tiene una hendidura en el rostro, al principio pensaba que era desgaste por el paso del tiempo, pero cuanto más la miro más me doy cuenta del secreto que oculta:
—¡Está llorando! —señalo a la diosa llorando con los colmillos extendidos, algo que opaca su expresión de dolor—. Os juro que esta figura está llorando.
—¿Y por qué iba a estar llorando si está acompañada de su descendencia? —Yleth pega su cara a la pared para asegurarse de que, efectivamente, las lágrimas no son un efecto del paso del tiempo—. ¿Por qué una madre iba a llorar por sus hijos?
—Por impotencia. Mi padre siempre lloraba cuando me golpeaba a modo de castigo —Bela le da sentido a lo que estamos viendo.
—Entonces, ¿Illythia está castigando a sus hijos? —reformulo la pregunta con la esperanza de que los vientos de la magia me respondan.
Pero no es así, aquí estamos completamente vendidas, solas en una prueba que si fallamos nos empujará a la luz solar. Es decir, a una muerte segura.
—En la mitología de las tres hermanas muchas veces asociaban el nacimiento de las deidades con el firmamento y las constelaciones.
—Aine nos ignora por completo mientras divaga sobre todo lo que ha estudiado en su vida—.
Tiene sentido que la dama sentada en la luna sea la primera imagen ya que podría representar su nacimiento.
—¡Tiene que ser eso! —Elzara le da la razón desde la otra punta—. ¿Entonces por qué la transformación de los vampiros no va después?
—Porque puede que no estemos entendiendo lo que realmente significa…
—Buscad cualquier detalle que cambie radicalmente el significado del tallado. —ordena Yleth dando palmadas para que aceleremos el ritmo—. ¿Alguna más está llorando?
—¡Sí! ¡Está también tiene el rostro como desgastado! —las palabras de Aine provocan que las demás nos peguemos a ella para contemplar la pared como si fuéramos críticas de arte.
La imagen representa a la diosa de pie junto a varios hombres dormidos.
Tal y como apunta Astalix, también hay lágrimas en su rostro, por lo que debemos de interpretar esos detalles como muestras de dolor.
Y así como si hubiéramos sido cortadas con el mismo patrón nos vamos acercando más y más a la pared sin importarnos juntar nuestras frentes en un intento desesperado por descifrar los secretos del templo.
—¿Qué les pasa? —Elzara acaricia a uno de los hombres—. ¿Por qué sus ojos son cruces?
—¿Cómo si no iban a representar que están dormidos? —pregunto ignorante.
—Espera, no están dormidos, están muertos —Yleth espolvorea el ingrediente que necesitábamos sobre el caldero imaginario que todas removemos en sintonía.
—Eso es, Illythia está triste porque sus hijos están muertos —aclara Aine dándole forma a nuestras teorías—. ¿Pero por qué?
—El tiempo, el tiempo mata a la gente ¿no? —Bela se apresura a ir a la imagen de la gente bailando bajo el reloj de arena—. Bueno, en realidad solo a los humanos… pero… —De pronto extiende su mano y todas gritamos desesperadas que no lo haga—. ¿Por qué no?
Yleth y Elzara me abrazan mientras Aine abre sus ojos curiosos para observar todo lo que está pasando. El templo vuelve a sacudirse provocando que otra de las baldosas bajo la luz solar se desprenda hacia el vacío.
—¡La has vuelto a liar! —protesto decidida a enfrentar a Garza.
—¡No! ¡Es correcto! —Astalix está segura de que la sala no ha reducido su tamaño—. Cuando acertamos desaparece una baldosa y cuando fallamos las paredes nos empujan hacia el centro.
—¿Qué decías, Strauss? —ironiza Bela presumida.
—Que eres una chica con suerte —le sonrío sincera mientras extiendo la mano para que ella la choque conmigo. Y lo hace dejando claro que esta prueba nos está uniendo más.
—Recapitulando: Illythia nace de la luna y pasa el tiempo. ¿Qué creéis que irá después? ¿La muerte de sus hijos? —Elzara camina hacia la imagen que hemos estudiado minutos antes y la aprieta probando suerte.
El templo tiembla de nuevo, pero esta vez ninguna nos asustamos, al contrario, nos centramos en ver como otra de las baldosas se desprende del suelo bajo el haz de luz.
Celebramos el éxito, aunque no lo hacemos durante mucho tiempo, aún quedan ordenar cinco tallados y empezamos a sentir el agobio de ser prisioneras de este lugar.
Me detengo frente a la diosa representada con alas emplumadas bajo el sol roto.
Por más que la miro hay algo que me descuadra por completo.
Tanto la primera, la de la dama sentada en la luna, como esta representación de Illythia tienen un velo cubriendo sus labios.
Un detalle que no he visto antes, ni siquiera en algunas de las estatuas de la catedral de Torre Salamandra.
Intento vislumbrar algo que me dé alguna pista más, pero tanto esfuerzo me está dejando la boca seca.
—¿Y si no es un saludo? —Aine señala el tallado de los dos primogénitos—. ¿Y si es una despedida?
—¿Por qué lo dices? —le pregunta Yleth una vez nos reunimos para estudiar la pared juntas.
—No lo sé, es una hipótesis que no parecía demasiado descabellada.
—Y si son hermanos ¿por qué una tiene plumas y el otro no? —comenta Elzara una vez se reagrupa con nosotras—. ¿Por qué Illythia haría dos hijos tan diferentes?
—Porque quizá la Maestra no es hija de Illythia. —Todas me miran con los ojos abiertos de par en par. Yo me muevo para señalar las dos deidades representadas con pequeñas diferencias—. Mirad ¿No notáis algo diferente?
—Lleva un velo, casi parece la niebla que nos obligaban a vestir en el Aquelarre del Cuervo. —apunta Yleth fijándose en que solo esos dos tallados cuentan con ese detalle—. ¿Por qué la representarían tan distinta a las demás?
—Midnara. —pronuncia Aine y el corazón me da un vuelco. De pronto recuerdo la estatua en el Nido, la mujer con el vestido de plumas—. Eso es. ¿Cómo no me he dado cuenta antes?
—Ni tú, ni nadie, cielo. —De alguna manera intento calmar la culpabilidad que va creciendo en el corazón de Astalix—. Pero ¿A qué te refieres?
—Esta es Illythia, diosa de los vampiros. —Después señala a la mujer del velo—. Y esta es Midnara…
—¿Diosa de qué? —pregunta Bela tan confundida como el resto.
—Diosa de las brujas —espeta Aine y todas nos quedamos petrificadas.