Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 47
67%

47

—¿Por qué? —Vuelve a preguntar Jasper mientras se limpia la fina línea de sangre que se desliza desde su labio inferior—.

He luchado en la Guerra de las Estirpes, os he servido como un ghoul.

He protegido la corona de oro negro y rubíes con mi propia vida.

Y tú sangre me ha traído de vuelta para cumplir con una nueva misión.

—¡Aberración! —grita el Antiguo extendiendo sus manos para invocar varias estacas de madera.

Comprendo que está utilizando los poderes de todos los duques de los que se ha alimentado a lo largo de las eras.

Los mismos inmortales petrificados en su guarida.

Así como el viento y las estacas de madera, también es capaz de escupir llamaradas de fuego, controlar la oscuridad que le rodea o lanzar rayos de tormenta desde la punta de sus dedos.

Entre otros muchos dones pertenecientes a las incontables estirpes que han ido gobernando el Continente de la Banshee.

Poderes que se alejan del equilibrio mágico que tienen las trece mancias.

Jasper se descubre como un rival digno del mismísimo Antiguo.

Esquiva todos los hechizos que le lanza y aprovecha sus cualidades sobrehumanas para acercarse a él y enfrascarse en un combate cuerpo a cuerpo.

Cada puñetazo que se propinan forma una onda expansiva que agrieta las estatuas del Hall de la Sangre .

El Antiguo se convierte en una bandada de murciélagos para alejarse del combate, después se mantiene flotando bajo el inmenso techo de roca y conjura figuras de sangre. Jasper destruye cada una de las invocaciones rojas antes de propulsarse en un salto desmesurado para derribar a su oponente.

La lucha es encarnizada, pero el poder de ambos está en equilibrio constante. La resistencia de Gazzei es envidiable incluso cuando el hijo de Illythia le lanza descargas psíquicas, agujas de acero puro o dagas de oscuridad.

Yleth y yo nos alejamos del combate y nos mantenemos en los límites en los que el torreón tiene la capacidad de disipar su magia. No podemos irnos de aquí, no ahora que el poder del Antiguo rivaliza con la naturaleza del nuevo vampiro.

Jasper lo vuelve a alcanzar y empieza a arremeterle golpes con tanta fuerza que provocan que las ondas expansivas creen grietas en las estatuas.

—¡Detente! —suplica el Antiguo bloqueando los golpes de Jasper en lugar de devolvérselos—. ¡Echarás a perder todo lo que he conseguido durante este tiempo! ¡Serás el culpable de nuestra extinción! ¡Serás el culpable de que Enfi muera!

En el momento en el que Gazzei escucha el nombre de la stoker, se detiene en un frenesí que él mismo puede controlar sin necesidad de un ancla. El Antiguo le mira con seriedad, con hambre. Suelta una guadaña que no puede matar, no a alguien que porta su misma sangre.

Los Paladines de la Banshee estaban bendecidos por el poder del primogénito de Illythia y la duquesa Ágatha Lient le dio su plasma al humano convirtiéndolo en algo más poderoso que un vampiro corriente, más incluso que un stoker.

Bueno, verdaderamente fue Estevian Ilia poseyendo el cuerpo de su madre con el don de la estirpe Dynevor, pero esa es otra historia.

—Serás mis ojos bajo la noche eterna. —sentencia el Antiguo viendo en el ímpetu de Jasper el propósito de un nuevo paladín—. Bienvenido a las cortes vampíricas de Valhía.

Todo se esfuma en un mar de tinta. El cuadro del artista se va desdibujando para dar paso a una habitación diáfana y sin aparente utilidad.

Yleth me mira consternada mientras yo me tengo que poner la mano en el pecho para calmar sus latidos acelerados.

Nuestros rostros son una mezcla de emociones, una amalgama de pena, dolor, orgullo y esperanza.

—Ha sido real, Kath. Estoy completamente segura de que todo lo que hemos visto ha sido real.

—No, no lo sé… —Mi respiración se agita con fuerza provocándome un leve mareo—. ¿Qué me está pasando?

—Cálmate, debe de ser la ausencia de magia.

Yleth me agarra la mano y me saca de la habitación antes de que algún extraño pensamiento nos lleve hasta algún lugar indeseado.

El té consigue relajarme hasta tal punto que me olvido de estar respirando. Si esto es lo que sienten los humanos, la mortalidad debe de ser muy complicada. Supongo que esa es una de las razones por la que los habitantes de las Tierras Doradas tienen una esperanza de vida más baja.

—¿Qué estás haciendo, Astalix? —pregunto cuando veo a la bruja de las flores inmersa en una libreta que ha llenado de apuntes.

—Cuando pedí estar con los florosos sentí algo raro en ellos.

Ya sabes que, aunque no tengamos poderes podemos percibir patrones en la mancia de la que somos más afines.

—explica y nosotras nos quedamos en silencio para ponerle atención—.

Esas invocaciones eran similares a las que han protegido mi casa.

Me reconocían y se alegraban al verme. Creo que el Nido viaja de manera espiritual a los lugares que queremos.

—¿Tú crees? —No le pongo ilusión a mis palabras, me hubiera gustado haberlo sabido antes de experimentar tantas cosas.

—¿No me digáis que ya lo sabíais? —Aine nos mira por encima de las gafas—. ¿He estado perdiendo el tiempo?

—No exactamente. —comenta Yleth—. Más bien es como si nos lo acabaras de corroborar.

—Lo único que me falta por confirmar es si podemos viajar a la parte diurna del Midna sin que nos afecte la luz del sol.

De pronto escuchamos algo en la profundidad de los pasillos del castillo.

Aunque sea efímero somos conscientes de que el viento ha susurrado algo.

Las tres nos incorporamos de golpe preparándonos para cualquier cosa.

Por un momento pienso que la Antigua va a aparecer frente a nosotras, pero al cabo de un rato me doy cuenta de que eso nunca va a ocurrir.

—Repite eso, Aine —digo segura de que sus palabras han activado algún tipo de hechizo fugaz.

—¿El qué? —ella se encoje de hombros—. Que deberíamos de comprobar si podemos caminar bajo el sol.

—No, eso no es exactamente lo que has dicho —se queja Yleth mirando hacia todos lados.

—Ah, a ver… Tengo que confirmar si podemos viajar a la parte diurna del Midna.

—¡Eso! —grito al escuchar de nuevo el susurro fugaz—. ¡Otra vez!

—¡Viajar a la parte diurna del Midna! —grita divertida mientras buscamos el origen de la magia.

—¡Midna! —repite Yleth encontrando el núcleo de los susurros.

De un momento a otro las tres acabamos canturreando la misma palabra como si fuéramos las anfitrionas de una fiesta infinita. Como Las Sirenas de Plaguen , el cuarteto de vampiras que se visten con lentejuelas para cantar durante varias noches seguidas, pero de una forma mucho más cutre.

—¡Midna! —La sonrisa se me queda pegada en el rostro como si la taza de té me hubiera emborrachado. Aunque en verdad creo que es el exceso de emociones lo que me está afectando gravemente.

—¡Aquí! ¡En la estatua! —advierte Aine señalando una inscripción débil en la piedra. Y por última vez repite—. Midna.

—Midnara… —lee Yleth mientras Astalix acaricia las letras para intentar comprender la magia que las ha ocultado—. ¿Qué significa?

Algo nuevo ocurre. En el mismo instante en el que Paquin pronuncia la inscripción en voz alta, la estatua comienza a moverse. La mujer ataviada con el vestido de plumas extiende sus brazos, cruzados hasta el momento, y abre sus manos como si estuviera sosteniendo algo.

—¿Y ahora qué? —pregunto esperando algo más—. ¿Qué más secretos oculta Illythia?

—Midnara, se supone que se llama así. —señala Aine ensimismada en haber descifrado un nuevo acertijo del Nido—. ¿Será el nombre que tenía la diosa antes de que el mundo fuera mundo?

—¿Comemos algo? Me muero de hambre —Elzara aparece cuando menos lo esperamos, tras ella está Bela con una sonrisa de oreja a oreja.

Nos sentamos en la mesa mientras la comida va flotando de punta a punta. Astalix les explica todo lo que hemos descifrado. Agradezco que ella hable pues siento que se explica con claridad, se le hubiera dado genial enseñar en el Aquelarre del Cuervo, pero eso ya pertenece al pasado.

—¿Fuisteis al Hall de la Sangre y visteis al Antiguo? —Elzara no da crédito a lo que está escuchando, nosotras nos limitamos a asentir con la cabeza—. ¿En una reunión? ¿Os dais cuenta lo que significa eso? Podríamos espiar a todas las razas, saber si alguna va a empezar una guerra antes de tiempo.

—Uff, que pereza… —se queja Bela Garza mientras sujeta el tenedor de plata con elegancia—. Yo he estado en la playa de las Islas del Sur. ¡Era todo tan real! Incluso cuando salí de mi ala tuve que coger a un cangrejo que me estaba persiguiendo por las escaleras.

—Espera… —Yleth alza la mirada segundos antes de que se limpie los labios con la servilleta—. ¿Podemos sacar las cosas de los torreones?

—Eh, cielo… vamos vestidas con prendas que tu misma confeccionaste—respondo sin saber a dónde quiere llegar.

—Pero eran objetos no seres vivos —secunda Aine cuya mente va más rápida que la de las demás.

—Debemos tener cuidado con qué lugares visitamos, chicas. —Yleth suena seria mientras un escalofrío me recorre el cuerpo—. Podríamos traer problemas que no sabríamos afrontar.

Sus ojos azules se clavan en los míos mientras la sensación de terror se apodera de mí y me obliga a levantarme de la mesa y salir corriendo.

Recorro los peldaños de mi torreón de dos en dos, abro la puerta y observo la habitación con detenimiento.

Después respiro aliviada, no hay rastro del Antiguo, no me puedo imaginar lo que nos haría si supiera que hemos escuchado sus conversaciones a escondidas.

De repente siento una mano sobre mi hombro, una delgada y esquelética.

El corazón me late a gran velocidad mientras mis ojos se abren de par en par.

Percibo su poder ancestral y su olor a podredumbre.

Más allá de todo eso, siento su alma abriéndose paso por encima de la mía, su simple presencia doblegándome.