Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 41
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El Gran Desfile, el evento más importante de Ninfa Oscura, un despropósito de moda que solo los que lo experimentan cada mes lo entienden.

Y yo no soy una de ellas. Aprovecho los agujeros en el código de vestimenta del pueblo para huir del conjunto rosa.

La señora Clairvest nos ha explicado que solamente hoy podemos ir de colores en el Distrito Lúgubre y de negro en el Arcoíris.

Que es una forma de apoyar a una de las dos diseñadoras de alto prestigio que compiten con sus diseños.

De tal manera que si alguien viste de colores está apostando por la Aurea y si, por el contrario, viste de negro lo estará haciendo por la Gótica.

—Viven en su propia burbuja. —Yleth es la primera en hablar cuando emprendemos el paseo por las calles del pueblo—. Esto es una locura.

—Bueno, si así son felices, no podemos negarles su pequeña fantasía.

Entonces se para en seco me clava la mirada y suspira.

Me percato de que quiere decirme algo importante, algo que tiene que ver con nuestro pasado y el dolor que ambas hemos sufrido.

Vuelve a acariciarse el cabello de manera nerviosa y eso provoca que mis labios empiecen a temblar.

Por lo menos tengo claro que no va a pegarme, no lo volvería a hacer.

Ella no es así y lo que pasó cuando abrimos el portal fue algo que sé con certeza que se nos fue de las manos a las dos.

—Antes de seguir con esto necesito que me prometas algo. —dice y me agarra de las manos para que no pueda escapar de su petición—. La hechicería quiere que estemos juntas el resto de nuestras vidas, así como nos escogió en el mismo segundo de la misma noche…

—Dilo, no te cortes —Le animo a continuar sabiendo que esta situación no nos agrada a ninguna de las dos.

—Vamos a estar bien, eso no significa que te haya perdonado. Tampoco busco tu perdón, pero por favor prométeme una cosa.

—Sí, me parece bien. Hagamos que esto salga de la mejor manera posible.

—No, no es solo eso. —No aparta su mirada azul de mí, me pierdo en los ríos de sus ojos mientras sueño algún día con recuperar lo que hemos perdido—.

Quiero que me prometas que si en algún momento la elección de la hechicería está entre tú y yo…

—Después lo dice rápidamente sacando todo el dolor de su interior—.

Quiero que dejarás que esta vez sea yo la elegida.

—Lo prometo.

—Nada de traiciones, Kath. No sé si podría soportar otra.

—Tranquila —Le dedico un apretón de manos—. Nada de traiciones, Yleth.

—¡Corre o no nos dejarán ni un sitio! —grita ella antes de que las emociones obstaculicen nuestra misión.

La gente se va aglomerando en la frontera entre los colores y el negro.

Es decir, en el Midna propio que tiene Ninfa Oscura.

Allí hay un escenario con pasarela, las farolas lo iluminan todo.

Me acabo percatando de que, en la parte del Distrito Arcoíris, utilizan cristales de colores para darle un aspecto mucho más vivo a sus calles. Todo un acierto.

—Buenas noches a todos y a todas. —Una mujer de cabello rubio platino camina por el escenario proyectando su voz con maestría. Lleva un vestido que parece haber sido confeccionado con mariposas de colores y un maquillaje que oculta sus líneas de expresión—. ¡Hoy es el gran día!

La multitud estalla en aplausos, como era de esperar, mucho más ostentosos en la parte colorida del pueblo que en la que parece estar embriagada en depresión.

Hay cinco mujeres sentadas en tronos dorados, deben de ser las hijas de lord Strix, tampoco lo tengo claro porque nunca las he conocido en persona.

La presentadora nombra uno por uno a todos los modelos masculinos y femeninos que veremos desfilando mientras el gentío los felicita con gritos y silbidos.

El Gran Desfile da comienzo al mismo tiempo que los músicos empiezan a tocar.

Poco a poco la pasarela se va llenando de personajes totalmente opuestas.

Por un lado, los vestidos y trajes de colores tan llamativos, que estoy segura de que si el Antiguo estuviera aquí se acabaría muriendo con tanto brillo.

Y por el otro lado, conjuntos oscuros y con la intención de evocar los peores tiempos del Continente de la Banshee.

Lo peor de todo no es que sus modelos interpretan el pesimismo con tanta intensidad que casi se me saltan las lágrimas.

Según dice la presentadora, la Moda Lúgubre es la representación de todas las familias rotas por el fatum, la Chispa o las traiciones. Está claro que han pensado en todo.

—¿Dónde están las brujas? —susurra Yleth mientras la impaciencia se apodera de ella—. Quiero largarme de aquí cuanto antes.

Es entonces cuando siento como la pluma crepuscular se agita en el interior de mi vestido negro. En el momento en el que la tomo entre mis dedos, por miedo a que cobre vida propia, dos figuras empiezan a desfilar provocando que el pueblo estalle con una intensidad que no soporto.

—Son ellas —comento al mismo tiempo que nos quedamos boquiabiertas.

La Gótica no solo llama la atención por su corsé provocativo y su falda que evoca ser un trapo andrajoso y poco cuidado.

Si no que lleva su cabello corto en un degradado cuyas puntas lucen de un color rojo intenso.

A pesar de que se haya pintado lágrimas con el lápiz de ojos, no puede dejar de sonreír al ver como la mayoría de la población de Ninfa Oscura viste sus diseños.

—El rojo es en honor a la Crisis del Frenesí. —En cuanto habla la gente se queda en silencio para poder escucharla—. Hoy he querido vestirme como todas aquellas brujas que murieron durante la rebelión, en especial la Tríada.

Y la multitud estalla en aplausos de nuevo, pero esta vez es como si la Gótica hubiera soltado una revelación mundial. Después todo se vuelve a enmudecer mientras la Aurea agita una varita de cristal terminada en estrella y se aclara la garganta antes de hablar:

—Yo soy la luz que todos extrañamos ver. Aunque en mi estilo, siempre en mi estilo. Porque los nocturnos de Valhía deberíamos de vestir más el rosa y menos el granate. ¿Os imagináis una corona de oro blanco y piedras preciosas de mi color? ¡Sería genial!

Yleth me mira con los ojos abiertos de par en par mientras me dice una infinidad de cosas que no consigo escuchar. Todo el mundo está aplaudiendo, silbando y gritando mientras celebran El Gran Desfile como si fuera una boda entre estirpes vampíricas.

—No te oigo… —intento hablar, pero es imposible.

De repente alguien me empuja y la pluma crepuscular se me escapa de los dedos. Antes de que pueda darme cuenta la magia estalla y el portal nos absorbe sin ningún tipo de piedad.

—¡Qué son Elzara y Bela! —grita Yleth sin darse cuenta de que ya no estamos rodeados del gentío ni de la fiesta.

En un abrir y cerrar de ojos aparecemos en el templo con la mesa rúnica. Me siento hasta aliviada ante el silencio sepulcral del lugar, más que eso, como si de alguna manera este sitio tuviera ese aroma característico de un hogar.

—¡Paquin! —Bela es la primera en hablar, suelta la ridícula varita de cristal para agarrarse el voluminoso vestido rosa—. ¡Cuánto tiempo!

La chica tiene el cabello rubio con bucles perfectos que le hacen parecer encantadora. Sus ojos son marrones y su maquillaje no hace más que echar a perder la belleza natural que siempre ha tenido.

—Ah, está contigo… —Ella me mira con asco, no sé si por verme vestida de negro o porque realmente tiene algo en mi contra—. Un placer verte de nuevo.

—¡Ey, Kathleen! —Elzara la aparta de golpe para abrirse paso hacia a mí. Me sujeta las manos y me sonríe—. Siento todo lo que pasó cuando éramos unas aprendices, ya sabes que siempre me caíste bien.

No me dejan hablar, casi parecen estar compitiendo continuamente por llevarse el protagonismo de la escena. Una costumbre que deben llevar practicando desde que abandonaron el aquelarre.

—¿Nos habéis secuestrado? —pregunta Bela parpadeando una y otra vez como si quisiera abanicarse con sus propias pestañas. Después me mira e idea su propio guion—. ¿Vas a vengarte de nosotras, Kath? Mira que yo jamás me metí con el color de tu pelo ¿eh?

—Nadie se va a vengar de nadie. —Yleth parece ser la única capaz de callarla. Al menos Elzara sabe estar en silencio—. La magia nos ha traído aquí para que resolvamos una prueba.

—Pues démonos prisa porque tengo cena con las Strix —la voz de la chica de rosa empieza a crisparme los nervios.

—Yo… —intento explicarle lo que está pasando, pero Elzara se me adelanta.

—No vamos a volver a casa. —Me deja totalmente sorprendida—. No me hace falta utilizar la donmancia para leer tu cara, Strauss.

—Mejor, así nos ahorras tener que explicarlo todo. —Yleth la interrumpe mientras se sacude el cabello para llamar la atención. Después me mira y añade—. Hazlo rápido o nos volveremos locas.

Tanto Paquin como yo nos encargamos de arrancarle un mechón de pelo a las brujas. Ella no se detiene ni un solo segundo a la hora de condenar a Bela a la eternidad fuera del Continente de la Banshee, pero yo necesito ser sincera y tener la conciencia limpia.

—Si hago esto, la hechicería nos pondrá a prueba lejos de nuestro hogar. No podrás regresar.

—¡¿Qué?! ¡Yleth eres una sinvergüenza! —Bela está a punto de romper a llorar cuando mi compañera le responde.

—¿Pensabas rehusar la elección de la magia? De todas las brujas que quedan bajo la noche eterna solo nosotras hemos sido elegidas.

—¿Ah sí?

—Claro ¿Cuándo te he mentido yo, Bel?

—Pues en ese caso, vamos a ello, tengo un conjunto de caza que aún no he estrenado.

—¿Y bien? —me dirijo a Elzara ignorando por completo a la otra que no deja de hablar de alzar el color rosa como una bandera.

—Hazlo, estaba aburridísima de todo eso de las pasarelas y el desfile. —Una sonrisa torcida se dibuja en su rostro—. Total, solo lo hacía por joderla. Detesto que siempre se salga con la suya.

En el mismo instante en el que introduzco el mechón de Elzara en el rayo púrpura que sostiene la mesa rúnica en levitación, todo desaparece.

La luz morada se hace más y más intensa amenazándonos con arrebatarnos la vista.

Nos vemos obligadas a cerrar los ojos mientras escuchamos los chillidos constantes de Bela Garza.

Después todo tiembla derribándonos por completo.

Si había un mecanismo en este templo, toda la construcción debía de formar parte de las piezas indispensables para hacerle funcionar.