36
Todos beben del plasma de Kaine Dynevor, todos los presentes empiezan a experimentar el trance de las visiones, todos me dejan de prestar atención.
Hay ocho humanos en la sala, mortales atentos a que sus superiores no desfallezcan ante la presión de lo que están a punto de ver.
Aprovecho el momento para liberarme de los grilletes, me concentro en fundirlos con la ashlaxmancia, pero no surte efecto.
La magia permanece dormida, ignorando que la necesito para que sigamos vivas.
De repente veo como las esposas caen al suelo, es como si alguien invisible me hubiera liberado.
No le busco mucha explicación, ni siquiera me hago preguntas.
Me apresuro a llegar hasta Kaine, desconectar los tubos que le están drenando y liberarle de la silla de acero.
Extiendo mis colmillos para morderme la muñeca y darle de beber.
Entonces mi corazón me da un vuelco, está demasiado débil como para poder absorber mi plasma y regenerarse.
—No me jodas, Kaine. —maldigo para mis adentros dando pequeños golpecitos en su rostro—. Te prohíbo morir ahora mismo.
No hay ninguna sonrisa en el stoker, ninguna muestra de que esto es una de sus bromas y que pretende jugar conmigo.
Está tan débil que, por mucho que vierta mi sangre sobre sus labios, está no se desliza por su gaznate a la suficiente velocidad.
Así que al final improviso, no sé en qué momento se me ocurre está idea, pero parece que surte efecto.
Lo primero que hago es beber de mí, almacenar la máxima cantidad de sangre en mi boca para llevar sus labios a los míos y escupirle mi propio plasma con mucha presión.
Repito el proceso un par de veces más, tampoco quiero debilitarme.
Y es en esa tercera cuando su lengua se sacude y atraviesa mis límites para besarme.
No me separo de él, no ahora que he conseguido salvarle.
Estoy tan emocionada por que esté vivo que me prometo a mí misma encontrar la manera de encontrarnos de nuevo cuando mi misión, sea cual sea, termine.
—¿Qué ha pasado? —escucho en mi mente mientras me besa sin cesar. Está utilizando la donmancia para comunicarse conmigo.
— La Loba y el Coyote te han encontrado y les han dado tu sangre a los otros rebeldes. —Le respondo saboreando su saliva cuando la sangre desaparece de su paladar—. Están viendo tu pasado.
— Voy a acabar con ellos.
—No, no te vayas ahora que he podido recuperarte — le suplico con miedo a perderle.
— Continuemos después, Kath. Prométeme que me regalarás unas horas antes de marcharte.
— Sí —Pienso sin dudar ni un solo segundo—. Sí, sí y sí.
—Te amo.
Sus palabras me dejan completamente petrificada, supongo que al haberlas escuchado en mi propia cabeza me han impactado con más fuerza.
Intento reaccionar antes de que se separe de mí, pero no puedo.
Me quedo allí arrodillada, en el suelo de un escenario mugriento.
Acaricio mis labios extrañando el tacto de los suyos.
Y antes de que pueda darme cuenta el teatro estalla en gritos.
Me giro lentamente para contemplar la escena.
No hay ni rastro de Kaine, lo único que veo es una ristra de cadáveres.
Nunca hubiera imaginado que él podía ser así de despiadado.
Tonta de mí, es un Dynevor y como todos los de su familia tienen el peor de los enfados.
Lo sé porque he visto a Seylah estallar en luz solar para derrotar a sus enemigos, lo sé porque me he horrorizado frente a la bestia de Estevian cuando se ha descontrolado.
Puede que en el fondo se parezcan más de lo que creía, tres hermanos destinados a no encontrarse nunca.
Espero que, de algún modo, pueda romper esa maldición, regalarle a Kaine el placer de conocer a su verdadera familia.
Hay brazos, piernas y cabezas saltando por los aires.
Todo pasa a la vez, como si la velocidad del stoker fuera más eficaz que la de la luz.
Él está aprovechando que la visión de su sangre les mantiene bloqueados para terminar un juego en el que tiene pleno control.
Ralva y Dragos vuelven del trance para encontrarse con una escena atroz.
—¡¿Qué coño está pasando?! —grita el Coyote mientras desenvaina su espada.
—¡¿Cómo cojones te has quitado los grilletes, zorra?! —maldice la Loba cuando me ve liberada.
Se acerca a mí y me agarra del cuello con una mano, está a punto de extirparme el corazón cuando sus ojos centellean rojos.
En un parpadeo Kaine está detrás de ella, utiliza su donmancia para tomar el control de su mente.
El stoker está irreconocible, con su cuerpo lleno de sangre y vísceras.
Lo que más me sorprende es descubrirle despiadado sin ni siquiera haber liberado su bestia interior.
No lo necesita, ha sido entrenado por el inmortal más retorcido de todos, el duque Treznor Dynevor.
Entonces Kaine me rodea con sus brazos y me besa.
No puedo cerrar los ojos porque todo me pilla por sorpresa.
Soy la única espectadora que observa como Ralva atraviesa el pecho de su amado, le quita el corazón y se lo come.
Segundos después toma la espada de Dragos y se corta el cuello sin ningún miramiento.
—Me debes unas horas antes de irte —susurra el stoker mientras su rostro se contrae en una sonrisa.