34
Pasado
—El general Rhain quiere verte —Todo comienza desde el mismo punto en el que lo dejamos.
Sigo al sirviente sin hacer preguntas, me muevo cubierta con la misma túnica con velo que nunca me volveré a poner.
No entramos en palacio en ningún momento, al contrario, rodeamos la Corte de la Noche desde el exterior.
Un hecho que me ayuda a memorizar la belleza de los diferentes ambientes del jardín.
—Buenas noches, bruja. —El hombre me espera a pocos metros de los establos—. Gracias por venir.
—Gracias por llamarme. —Mi educación es mucho más importante que el poder del que soy usuaria.
—Por aquí, por favor.
El sirviente se marcha a tiempo de que el general Rhain me guíe hacia algún lugar.
Rodeamos los espacios verdes e iluminados para acceder a unas escaleras ocultas detrás de un mar de árboles florales.
Peldaño a peldaño descendemos hasta los cimientos del propio Continente de la Banshee.
Recorremos el exterior de la montaña en la que se sitúa el castillo, un pasaje a través del cual podemos ver las olas del mar rompiendo contra el barranco no apto para alguien con vértigo.
Los arcos de piedra van coronando nuestro paseo mientras el hombre se mantiene en silencio, aunque sonriente, siempre sonriente.
Los minutos se me hacen eternos mientras el final de nuestro trayecto se va dibujando frente a mis ojos.
—Le pedí al duque Ábsolem que hablara con el Antiguo para llevar a cabo mi experimento. —Él empieza a hablar una vez llegamos a una cueva situada por debajo de las catacumbas del aquelarre y del descanso de nuestro antepasado—. Al primogénito de Illythia le pareció ideal y por eso estamos aquí.
—¿De qué estás hablando exactamente? —pregunto observando el lago subterráneo que se mantiene en calma.
—La cacé cuando mis hombres y yo patrullábamos los alrededores de la costa. —Empieza a explicar mientras señala el mismo lugar en el que estoy mirando—. Aún es pequeña pero quizá podamos utilizarla para nuestro beneficio.
—Esto no es agua corriente ¿verdad? —percibo la energía brotando del lago, como si tuviera una sustancia similar a la magia pura.
—Es sudor del Antiguo. —contesta él con una voz que roza la delicadeza de la seducción—. Su esencia se filtra a través de las rocas y se almacena aquí. Cuando era niño mi madre me contaba que las brujas del Aquelarre del Cuervo acudían a este lago para limpiar sus almas después de los sacrificios.
Rhain coge un pedazo de carne cruda de un cubo metálico y lo lanza al lago con total normalidad.
Al principio no pasa nada, el impacto forma ondas en el agua durante unos segundos, luego retoma la calma.
Justo cuando pienso que todo esto está siendo una pérdida de tiempo, una criatura serpentea por encima de la superficie y se pierde en la profundidad.
—¿Qué ha sido eso? —No tiemblo en ningún momento, soy consciente de que si me siento en peligro siempre puedo hacer que todo estalle en llamas y sombras.
—El mar oculta muchos depredadores, no solo las ahogadas que se han empeñado durante siglos en asolar nuestro reino.
—Su voz se transforma en la sombra de una pérdida—.
Helena Cárpasot murió atacada por una de esas malditas ahogadas.
Ella, que nunca se entrenó en el combate porque odiaba las guerras y los conflictos.
—Ahora hay un Pacto, eso ya se acabó.
—Por el momento, pero nunca sabremos hasta cuando habrá paz y tenemos que estar preparados.
—¿Qué es?
—Los textos más antiguos las llaman caribdis.
—¿Qué es lo que necesitas de mí?— Me atrevo a preguntar sin comprender nada de lo que estoy viviendo.
—Necesito que la caribdis asimile la sangre de los vampiros para volverla nuestra aliada. Si la convertimos a la noche eterna los Dynevor podrán someterlas a nuestro antojo. La Tríada me dijo que hay un hechizo para transformar a alguien en un inmortal.
—Es una receta de alquimia —Le corrijo con educación mientras él se acerca al lago para verter unas gotas de su sangre—. La Poción del Caído.
—Ves, huye de mí. —El general me ignora por completo mientras señala al monstruo que nada más cerca de la puerta de metal que delimita con el mar—. ¿Cuándo la tendrás?
—En unos días, los ingredientes no son sencillos de conseguir.
—Puedo darte sangre del Antiguo para acelerar el proceso, ¿funciona así no? Como un catalizador.
Rhain Cárpasot es una caja de sorpresas.
Su conocimiento de la brujería me llega a plantearme si algún familiar cercano resultó haber sido escogida por la hechicería en el pasado.
No me extraña que sea el estratega de guerra, la mente pensando cuando el reino corre peligro.
Así como el Aquelarre del Cuervo es el máximo exponente en la milicia de la Corte de la Noche, sin alguien con los estudios para organizarnos no somos nadie.
Así es como se ha ido demostrando con el paso de las eras.
La visión de mis recuerdos va avanzando mientras mi yo del pasado se dedica a buscar los ingredientes para la Poción del Caído. Gracias a Rhain, la Tríada me devuelve el don de la teletransportación para que pueda moverme por todo el reino.
—¿Qué hace una vampira tan guapa en un lugar como este?
Kaine Dynevor aparece en el momento menos oportuno. Estoy recogiendo unas flores en los lindes del bosque cuando da conmigo. Lleva una máscara plateada para ocultar su identidad, pero yo reconocería su voz incluso en el mismísimo infierno.
Debido al tiempo que voy a pasar fuera de la guarida, se me permite prescindir de la niebla , un detalle que facilita el que el Maestro pueda encontrarme.
Pero de nuevo no está solo, aunque en esta ocasión está acompañado por alguien que no me espero.
No es Lánar, ni siquiera es humano, al contrario, es Malik Strauss.
—Te presento a Marc. —comenta el inmortal mientras mi hermano me guiña un ojo para que siga las reglas de un juego que acaba de improvisar. Entonces mi yo del presente se da cuenta de por qué a Kaine le sonaba Malik—. Le hablé de ti y quiso venir a conocerte.
—Ah, encantada.
—Que simpática ¿no?—Kaine se sorprende ante mi actitud cercana y poco fría.
—Ya ves, hoy me habéis pillado de buen humor.
—Cogiendo flores por lo que veo —bromea él y Malik, mejor dicho, Marc, me sonríe.
—A veces las brujas del aquelarre contratan a gente de a pie para recolectar las gramélidas. —Señalo las plantas cuyos pétalos son de un brillante color morado—. Hay que conseguir dinero sea como sea.
—Yo te propuse algo mejor. ¿Quieres cambiar el rumbo de las cosas o no?