Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 30
43%

30

—¿Qué está pasando, Kath? ¿Por qué nos has convocado? —Calista es la primera en hablar.

—A ver por dónde empiezo. —Cojo la pluma y se la doy para que puedan observarla—. En mi primer viaje oficial junto a la duquesa Amari esto apareció ante mí.

—La pluma con las estrellas. —apunta Seylah acordándose de la vez en la que se la enseñé—. ¿Has descubierto para qué sirve?

—Es un portal.

—¿A dónde? —Edana se emociona ante la sensación de aventura.

—¿No te habrás atrevido a cruzar un portal sin tener claro su destino? —Cali es la voz de la razón.

—Sí…

—¡¿Estás loca?! —Su rostro oscuro se contrae en horror mientras sus ojos escrutan mi cuerpo intentando encontrar algún tipo de herida o cicatriz incurable—. ¿Y si te llega a escupir en mitad de las Tierras Doradas?

—No lo crucé a voluntad propia, no exactamente.

—Explícate, Kath. ¡Ha tenido que ser alucinante! —Seylah coge la pluma buscando la forma de abrir la puerta hacia algún lugar.

—Me encontré con Yleth, discutimos, nos estuvimos peleando y…

—¿Te has peleado con Paquin? ¿Cuántas cosas has vivido en estos días? —Edana está más interesada por la historia que por la pluma en sí, me tengo que ahorrar los detalles de Kaine Dynevor, mis recuerdos y todo lo vivido en Torre Salamandra.

—El caso es que la pluma colisionó en magia, se abrió el portal y nos absorbió a las dos.

—Sin quererlo acabo caminando de un lado a otro, estoy tan concentrada en ordenar la información que no me doy cuenta del nerviosismo de mi cuerpo—.

Llegamos a un templo con una prueba mágica que conseguimos solucionar metiendo nuestros mechones de pelo en un agujero…

—Espera, espera, espera… ¿Qué nos estás contando? —Edana se propone a hacer más preguntas cuando yo alzo la mano para que me dejen terminar.

—En el templo la magia estaba prohibida pero nuestros cabellos seguían manteniendo la Marca de Bruja por lo que dedujimos que podría ser la respuesta.

Y lo fue, apareció una mesa rúnica, que creemos que representa las mancias de la hechicería…

Apareció un nuevo portal de vuelta para darnos la oportunidad de llevar a más brujas que completen el juego de la hechicería…

—¿Y habéis buscado a más brujas? —pregunta Cali a punto de tener un ataque de pánico.

—¿Por qué no me has venido a buscar a mí? —Seylah se adelanta a los acontecimientos. Una sonrisa se dibuja en su rostro evocando la niña que una vez fue. La infancia que perdió por culpa nuestra—. Espera… por eso estás aquí ¿no?

—Sí, sé que la magia quiere decirnos algo, pero nos pone a prueba para ver si somos dignas.

—Llévanos, quiero verlo en persona —Edana está a punto de entregarme la pluma cuando Calista se la arrebata de las manos.

—No podemos arriesgarnos de esta manera —Ella es la voz del sentido común, el orden en mitad del caos—. Si nos pasase algo, si las últimas brujas del Aquelarre del Cuervo desaparecieran del Continente de la Banshee, la corona de oro negro y rubíes estaría a merced del enemigo.

—Yo… no pretendo que eso pase…

—Pero tampoco sabes lo que va a pasar y no puedes controlar la voluntad de la magia.

—Puedo ir yo sola. —Seylah se sacude la melena oscura con orgullo, quiere demostrar que ha madurado y que está a nuestro mismo nivel. Después se arranca un mechón y dice—. O mejor, ves tú, mételo en la mesa y nos cuentas qué ha pasado.

Estoy a punto de coger el filamento azabache cuando algo extraño ocurre.

La cabeza me empieza a arder con tanta fuerza que no puedo hacer otra cosa que propinar un alarido de dolor.

No soy la única, tanto Edana como Calista están retorcidas en el suelo con sus manos en la frente para intentar calmar la tortura psíquica que estamos sufriendo.

Seylah nos grita, pero no podemos escucharla, sus dedos empiezan a conjurar hechizos de protección y curación que no tienen efecto en nosotras.

Algo extraño le está pasando a la Tríada del Aquelarre del Cuervo, algo que no comprendemos.

Seguimos gritando mientras nuestras mentes reciben una visión que lo cambiará todo para siempre:

El templo se muestra frente a nosotras, la bóveda rúnica se desprende del techo formando la mesa de la que les he hablado.

Pero están todas las mancias encendidas, las doce que coronan la piedra.

Entonces el escenario cambia, de pronto aparecemos en alta mar bajo una de las innumerables tormentas de la noche eterna.

Somos observadoras omniscientes de una escena que acontece sumida en dolor y desgracia.

Hay un barco de Plaguen, lo sé porque sus velas negras y doradas muestran el emblema de la familia real.

Allí están las tres: Calista, Edana y Seylah.

Visten la niebla siguiendo las normas del aquelarre.

Miran al cielo instantes antes de que una versión de mi aterrice frente a ellas.

Reconozco mi expresión, estoy emocionada, ha debido pasar mucho tiempo desde que no las veo.

Ellas se quitan el velo y descubren rostros llenos de lágrimas.

Me acerco a ellas, pero no las abrazo, algo que me desconcierta.

Extiendo mi mano y abro la palma para que ellas hagan lo mismo a modo de saludo.

Intentan entrelazar sus dedos con los míos, pero no pueden, es como si una barrera invisible nos separase.

El dolor de no tenerlas cerca es tan cruel que provoca que mi voz se quiebre al otro lado de la visión.

—Cuando ella llegue, el aquelarre volverá a unirse —les digo entre sollozos.

—Cuando ella llegue, estaremos a tú lado para derrotarla —responde Cali demostrando ser una verdadera líder.

Me despido de ellas y salto prometiendo realizar un hechizo de levitación, pero eso nunca ocurre.

Lo que pasa después es algo que me dejará marcada de por vida.

De mi espalda surgen dos alas de plumaje oscuro con reflejos rojos, no tienen nada que ver con las plumas crepusculares que abren los portales del templo.

Sacudo mis nuevas extremidades y me alejo volando hacia el sol radiante del otro lado del Midna.

—Calmad vuestra mente, hermanas, dormid —escucho a Seylah antes de que su donmancia nos haga cerrar los ojos.