27
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde habéis ido? —Kaine nos mira con ignorancia. No le culpo, su reacción me deja claro que no ha podido ver el portal y que solo las brujas podemos entrar en ese lugar—. De repente ya no estabais…
—Aine, cielo, sé que nuestra relación nunca ha sido de lo más cercana, pero siempre he pensado que podríamos ser grandes amigas.
—¿A qué sí? Yo también creo que podíamos hacer un dúo de pelirrojas.
— No te pediría esto si no fuera importante. —Suspiro nerviosa, agarro sus manos y le miro con un gesto de súplica—. ¿Podemos quedarnos en tu casa? Solo serán unas horas, he perdido mis recuerdos y Kaine me está ayudando a recuperarlos.
—Ah ¿Eres un donmante? ¿No te da miedo entrar en las mentes ajenas?
—Ella sonríe agradeciendo tener la compañía de alguien más que no sean sus plantas.
Después me mira y dice—. Claro, podéis ir a mi habitación, yo me encargo de preparar unas pociones por si necesitáis recuperaros después del proceso.
Justo me habéis pillado practicando algunas recetas, ¿sabes lo que es la Poción Maldita? Te permite caminar bajo el sol.
—¿Enserio? El nombre no suena muy convicente —No doy cabida a lo que estoy escuchando.
—¿Y qué hacemos encerrados en la noche eterna? —secunda Kaine reviviendo sus traumas del pasado—. ¿Podemos resistir la caricia del sol?
—Sí, pero tiene un precio. La poción tiene una advertencia que no podemos dejar pasar por alto. Al beber el brebaje aceptas estar maldito por toda la eternidad.
—¿Qué tipo de maldición? —El stoker verbaliza lo que yo estoy pensando.
—La pérdida de conciencia y humanidad. La poción te convierte en animal automáticamente cuando te alumbra la luz solar.
Se cree que solo las mentes más poderosas pueden mantener el control de su cordura durante el día.
Es muy arriesgado y además no asegura el cien por cien que vaya a funcionar, se tienen que dar muchos factores.
Alguien hábil en la alquimia, constelaciones favorables en el cielo y la unión de un aquelarre de mínimo cinco miembros.
—Nos quedamos en silencio mientras la bruja verde se explica como un verdadero libro abierto—. Anda, venga, poneos en marcha.
Y no dice nada más, no hace más preguntas y no exige ninguna respuesta.
No le extraña nada, es como si todo lo que estuviéramos viviendo fuera algo normal en nuestra naturaleza mágica.
Aine Astalix nos da total libertad para estar en su casa.
Con ella cerca sé que nadie podrá detenernos, pues su jardín hace del bosque el arma más mortal.
—¿No prefieres tranquilizarte, Kath? —Kaine se resiste a tocarme la frente antes de asegurarse de que estoy bien—. Acabáis de venir de donde sea que hayáis estado, puede que necesites un respiro en todo esto.
—Hazlo ya. —sentencio con frialdad—. No puedo perder el tiempo con todo esto. Hay asuntos más importantes que necesitan ser resueltos pronto.
—¿Qué pasará cuando termine de devolverte los recuerdos? —Su voz se torna apenada, está adelantándose a una despedida que aún no ha ocurrido.
—Nos separaremos. Tú por tú lado y yo por el mío.
—Pero, ¿por qué? —Su pregunta me pilla por sorpresa.
Puede que el rencor sea una atadura que poco a poco se va aflojando en mis muñecas, pero sigo siendo una de las brujas de la Tríada y eso significa tener la responsabilidad de la protección de Plaguen.
—Porque esto funciona así, Kaine. No hay más que hablar. —Me tumbo sobre la cama de Astalix y cojo su mano para que me toque la frente—. Venga, estoy preparada. Hazme revivir mis traumas.
Él me acaricia la piel, me masajea las sienes y me mira con intensidad. Por mucho que tenga los ojos cerrados puedo sentir como me observa. Su respiración se agita por momentos mientras mi corazón palpita acelerado frente al roce de su piel.
No quiero separarme de Kaine Dynevor, por mucho que sepa que eso va a ocurrir en algún momento, la verdad es que estar a su lado me hace sentir sumamente cómoda.
No es que la soledad me visite muy a menudo, de hecho, hace mucho que la ansiedad no me abraza.
Tengo a mis hermanas, la relación con Calista y Edana ha mejorado desmesuradamente desde que las brujas madres nos dieron por graduadas.
Para mí son más que compañeras, son amigas.
Haría lo que fuera porque fueran felices, pero una parte de mí ansía sentir la felicidad propia.
Hablaré con ellas, en cuanto termine la sesión psíquica con Kaine me reuniré con mis hermanas y les contaré todo lo que he vivido. Si Yleth está en lo cierto y la mesa rúnica es una prueba relacionada con las mancias, ellas y Seylah podrán acelerar el proceso de resolución.
—Tienes que relajarte. —susurra él dándome pequeños golpecitos en la frente—. Si sigues enfrascada en tus pensamientos no podré acceder a lo profundo de tu mente.
—Ah… perdona…
Me mojo los labios, suspiro y me concentro en desconectar, en seguir sus consejos, en no pensar, en nada, en él, en nadie.
—Tranquila, cuando regresemos a Plaguen podrás volver a la guarida. Yo quiero asegurarme de que la Orden de los Condenados no están volviendo a confabular contra la corona de oro negro y rubíes.
—¿Has escuchado todo lo que he pensado?
—Sí, pero soy una tumba. No se lo diré a nadie.