24
Presente
Mis labios dejan escapar una gran bocanada de aire, como si me estuviera ahogando en mi pasado.
No, más bien es como si realmente necesitara respirar.
Por un momento me he olvidado de mi condición de inmortal, de mis poderes de bruja y del pequeño gran detalle de que soy una de las brujas de la Tríada.
—¿Has sacado algo en claro? —me pregunta Kaine mientras separa sus dedos de mi frente. En el momento en el que lo hace empiezo a extrañar el tacto de su piel.
—No, todo esto ya lo recordaba. Todo esto lo vi cuando le hicimos la autopsia al cuerpo de Lánar.
Él se queda en silencio lo que me confirma que realmente había una amistad entre el humano y el vampiro.
Un escalofrío recorre mi columna vertebral al comprender que Kaine Dynevor no ha utilizado a todas las personas que le han rodeado.
Saber que Lánar ha sido un hermano para él corrobora los sentimientos que ha tenido hacia mí. O que tiene, bueno, me da igual.
—Supongo que no recordaba la traición de Yleth con tantos detalles…
Intento cambiar de tema para que la muerte de su amigo no le afecte. No tengo ninguna intención de que quiera cortarse las venas de nuevo, o mucho peor, que me pida hacerlo por él.
—¿De quién?
—De una vieja amiga a la que fallé en el pasado… nada importante.
—¿La gran Kathleen Strauss fallando a la gente? No me lo creo.
—Me tienes en muy alta estima, demasiada diría yo.
—¿No sacarte de mi cabeza en todos estos años significa algo?
—Deberíamos irnos. —Soy tajante. Antes de que vuelva a declararme sus sentimientos. Señalo al exterior antes de incorporarme y añadir—. La tormenta ha cesado, vayámonos antes de que puedan encontrarnos.
—¿Y si nos quedamos un poco más? —Su mano agarra mi brazo y me deja completamente paralizada—. La cabaña está camuflada y no estamos del todo mal, ¿no?
—Ah. Entiendo. ¿Te parece bien estar en esta casucha con olor a moho y llena de a saber qué?
—El lugar no importa, solo la compañía.
Agito mis dedos con suavidad y utilizo una chispa de fuego para forzarle a que se ponga en pie. Kaine sonríe, le parece divertido que utilice mi magia con él, a mí no me hace ninguna gracia.
Deduzco que su donmancia está haciendo efecto cuando siento el peso de mi pasado.
El dolor de la traición de Yleth me atraviesa el pecho con tanta fuerza que casi tengo que concentrarme en mantener el equilibrio.
Por no hablar de todas las aprendices que una vez me rechazaron.
Sus caras, sus miradas, sus Marcas de Bruja e incluso sus voces se van tatuando en mi mente con una aguja que escuece.
—¡Joder!
Grito cuando siento un roce entre mis piernas, el tacto del pelaje rozando mi piel. Por un momento pienso que es una de las ratas a las que Kaine ha dejado con vida, me niego a mirar hacia abajo.
Sí, soy una de las brujas de la Tríada y no puedo soportar la simple idea de que uno de esos asquerosos animales se me acerque.
Es que como le vea mirándome con esos ojos rojos juro que no me hago cargo de mis actos.
Seguramente consiga hacer que todo arda en ashlaxmancia, incluido Dynevor o yo misma.
—¿Qué clase de criatura es esta? —Kaine se agacha para acariciar lo que sea que me está tocando. Entonces lo escucho.
— Miau
—¿Se supone que es un gato? ¿Es tuyo, Kath?
En el momento en el que escucho el maullido siento un alivio tan grande que tengo que reprimir las ganas de reírme como una loca. En cuanto miro al animal me encuentro con un gato persa de pelaje gris con branquias.
—¡ Kiki ! —Incluso ella se sorprende de mi reacción, más aún cuando soy yo la que la coge entre los brazos sin que ella tenga que saltar hacia mí—. ¿Qué haces aquí, cariño?
—¿Es tu gata?
—De tu hermana… —Me aclaro la garganta pensando que he podido decir algo malo—. De la ocultista.
—¿Y que se supone que es?
—Una gata sirena. Seylah le dio la poción del ahogado para probar su efecto y ahora es irreversible.
—Entonces… ¿Se va a morir fuera del agua? —La reacción de Kaine me confunde enormemente. Después deduzco que ve en el animal la forma de conocer a su hermana.
—Las sirenas de Valhía pueden adaptarse a tierra firme. Sus escamas se ocultan bajo una falsa piel y las hace parecer humanos corrientes. Si se meten en agua dulce adquieren tonalidades muy brillantes y en alta mar son completamente grises y peligrosas.
—¿Cómo sabes tanto de ahogadas?
—Porque conozco a un tritón encantador. Cirigh de Laneth, espero que algún día puedas conocerlo.
—Eres una caja de sorpresas, Kath —Y de pronto ya no me molesta que me llame así.
Kaine y yo nos quedamos mirándonos durante largos minutos. Tener a Kiki entre mis manos me reconforta y me devuelve la seguridad que no sabía que había perdido en este viaje. Estoy acariciando al animal cuando me percato de que en su collar hay una nota:
¡Ey, Kath!
¿Qué tal tu viaje por Torre Salamandra? ¿Has encontrado al cuervo?
Por aquí estamos muy bien. Calista se está encargando de reconstruir Makabria mientras Edana y yo ayudamos a la gente de la ciudad.
Creemos haber encontrado a una nueva aprendiz.
Dice Edana que pronto recibirá la Chispa y que podremos venir a buscarla.
¿No te parece emocionante? Por fin nuevas brujas por la guarida. Últimamente parecía un funeral.
Nos vemos pronto
Seylah.
Dejo que mi mente borre sus palabras para escribir unas nuevas.
Lo hago con una sonrisa de oreja a oreja, con el orgullo de sentir que por fin el Aquelarre del Cuervo va a reconstituirse.
Le cuento prácticamente todo lo que he vivido, que he encontrado al ave y que me está devolviendo los recuerdos.
Aunque me ahorro el detalle de que el pajarraco es Kaine Dynevor y que estar con él se está complicando más de lo que esperaba.
En el momento en el que dejo a Kiki en el suelo esta desaparece.
—Deberías sonreír más a menudo.
—¿Qué?
—Que te pones preciosa cuando sonríes, me recuerda a esa época en la que nos divertíamos.
—Me engañaste —sentencio la conversación antes de que se nos vaya de las manos.
Camino lejos de la cabaña sin esperar a que él me siga. Aun así, lo hace, es como un perro que no se puede separar de su dueña. En el fondo de mi ser siento lástima por el stoker, luego recuerdo todo lo que me ha hecho y se me pasa.
Recorremos el bosque sin intercambiar ninguna palabra. Yo estoy demasiado cabreada como para decir algo bonito y Kaine demasiado concentrado en seguirme sin tropezarse con las raíces que decoran el camino.
Los minutos se convierten en horas mientras nuestros pasos nos llevan a algún lugar.
Perdemos el sentido de la orientación, desde el interior del bosque no se puede ver la catedral de Torre Salamandra o los torreones de la Corte de la Noche.
Por lo tanto, no tenemos puntos de referencia, aunque no nos importa, porque seguimos avanzando sin detenernos ni un solo momento.
Giramos en uno de los árboles para después girar en los siguientes.
Es entonces cuando siento un torrente de poder, una brisa de magia que se torna ventisca.
Antes de que podamos darnos cuenta estamos caminando a través de un jardín lleno de flores de colores.
No me hace falta ser una bruja, menos aún una de las más poderosas de Plaguen, para saber que estas plantas son mágicas.
Sus pétalos brillan con tanta intensidad que me hipnotizan.
Por no hablar del perfume que segregan, un aroma que dista mucho del césped mojado y la madre selva.
—No pises las flores —le advierto a Kaine que se mantiene a pocos metros de mí.
En cuanto miro hacia atrás me doy cuenta de que el bosque ha desaparecido, todo a nuestro alrededor son plantas de colores brillantes y peligrosas.
No hace falta que él utilice la donmancia para hacerme recordar.
Nadie me haría olvidar las lecciones de astalmancia, la magia de las plantas.
Menos aún el detalle de que, cuanto más hermosas sean las flores, más peligrosas pueden volverse.
Y por desgracia para nosotros, todo aquí es idílico, de ensueño, mortal.
—Mierda —se queja Dynevor a tiempo de que sus pies crujan sobre una de las plantas.
Suspiro, pongo los ojos en blanco y dejo que mi poder se coloque en la punta de mis dedos. Se avecina lo peor y yo estoy preparada.