20
Mi paladar se embriaga de un sabor que me trae más angustia que alivio.
La sangre recorre mi garganta con la promesa de traerme de vuelta de un lugar oscuro y en silencio.
Soy consciente de que, si no fuera una bruja, ahora mismo mi cuerpo estaría siendo controlado por una bestia sedienta de sangre.
Si eso hubiera ocurrido, nadie saldría con vida de mi hambre voraz.
Lo sé porque soy demasiado testaruda como para dejar que nadie se escape de mis garras.
Pero a las miembros del Aquelarre del Cuervo solo nos afecta el desvanecimiento, un fallo de todo el cuerpo, el precio de haber sacrificado a nuestra bestia interior para poder despertar el poder.
Y aun estando prácticamente dormida soy incapaz de resistir las arcadas que sacuden mi pecho y me obligan a toser.
Una sensación llena de recuerdos, de malos recuerdos que desearía poder olvidar pero que insisten en quedarse impregnados en mí con la misma insistencia que la Marca de Bruja, el rojo fuego de mis rizos.
Cuando nuestros padres murieron, Malik y yo no pudimos hacer otra cosa que sobrevivir en los barrios bajos de Plaguen.
Aun siendo unos niños protegidos por la ley de la Corte de la Noche, teníamos que encontrar la manera de alimentarnos.
No me había desarrollado lo suficiente como para trabajar en el Lluvia de Polen , por eso es por lo que hacíamos lo que fuera por vivir una noche más.
En esos días donde los Strauss no éramos más que mendigos prescindibles para la ciudad, en todos los sentidos, mi hermano y yo decidimos dividirnos el trabajo.
Malik se encargaría de alimentar nuestra parte inmortal mientras yo conseguía comida para la mundana.
Intenté robar un par de veces, pero se me dio fatal, no sé disimular y siempre me pillaban.
Así que tuve que empezar a trabajar, por suerte para mí al señor Volter le caí en gracia y me dejaba atender a sus clientes a cambio de un par de monedas y unos bollitos de miel.
El hombre siempre fue encantador conmigo, incluso me presentó a Belladona para que me diera trabajo en el burdel años más tarde. Todo un caballero.
Malik, en cambio, buscó todas las formas posibles para saciar nuestra sed de sangre.
Intentó robar de las reservas de la clase alta, pero también le salió mal.
Así que acabó cazando ratas de ciudad, palomas nocturnas y ardillas del bosque.
Lo hizo de una manera sutil, para que yo no me diera cuenta.
Drenaba el plasma de los animales y los embotellaba en los restos de vidrio que se iba encontrando, después lo traía diciendo que había conseguido cerrar un trato.
No diré que no le creí porque al principio fui tan inocente de hacerlo, luego me di cuenta de que la sangre que bebíamos tenía un toque a basura y a podredumbre.
No dije nada, saciaba nuestra bestia interior y nos mantenía con vida.
Es por eso por lo que reconozco el sabor de la sangre que bombea mi corazón, una con cierto aroma a desechos y desesperación. El plasma de un animal que se oculta a ojos de la sociedad vampírica alimentándose de todo lo que encuentra. Una rata.
—¡¿Me quieres matar?! —protesto cuando me siento lo suficientemente recompuesta como para abrir los ojos.
Kaine está allí, su rostro está contraído en preocupación mientras sostiene al animal a varios centímetros sobre mis labios para que su zumo de vitae atraviese mi boca con la elegancia del mejor licor.
Me doy cuenta de que mantiene la distancia para que no pueda percatarme del olor, pero mis sentidos han recuperado su sobrenaturalidad y ahora el olor es horroroso.
—¡Qué asco, joder!
—Era lo único que había a mano, no quería dejarte sola. —balbucea señalando los otros cadáveres de rata dispuestos por el suelo de la casucha—. Estaban escondidos en el sofá.
—Sabía que esa mierda de sofá escondía secretos…
—Por lo menos ha servido para traerte de vuelta.
—¡Por la diosa! Prefiero morir antes que volver a beber sangre de alimaña. Que te quede claro. La próxima vez sacas mi cadáver ahí afuera y que me coman los lobos.
—Nunca te dejaría morir Kathleen Strauss.
—Déjate de royos, por favor.
Las sombras surgen de mi espalda para elevarme por encima del suelo y ayudarme a incorporarme.
Después chasqueo los dedos y las ratas, vivas o muertas, acaban siendo consumidas por una llama que surge de su propio interior.
De un momento a otro el perfume a pelo quemado lo embriaga todo.
Antes de retomar la conversación, salgo de las protecciones de la casa que se torna invisible si se mira desde el exterior, miro hacia el cielo y abro la boca para que pueda beber de la lluvia.
—¿Eres una bruja y no puedes conjurar un vaso de agua?
El stoker habla con incredulidad sin saber que está provocando a una bestia mucho peor que la que se despierta cuando los inmortales entran en frenesí.
—Acabemos con esto. —Me acerco a él, me siento en el suelo de madera y le hago indicaciones para que haga lo mismo—. No hace falta que vayas tan atrás, todo eso que he visto la última vez ya lo recordaba. Así que, por favor, date prisa.
—Sí la donmancia te ha llevado tan atrás en el pasado es porque hay fragmentos que te borré en el proceso de eliminarme de tu mente.
—Sí, sí… cierro los ojos y me concentro en tu voz.
—Eso es.
Kaine acaricia mi frente con su dedo y de pronto se me pasan todos los males.
Una parte de mí quiere perdonarle todo, volver a recuperar la confianza que una vez tuvimos, la complicidad.
No, ni de coña le voy a perdonar el que haya jugado con mi mente.
Lo de los ratones sí, me ha salvado después de todo.
Y antes de que pueda imaginarme desnuda en el interior del jardín sellado en los ojos de Dynevor, mi mente regresa al pasado.