Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 17
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Presente

—Ah, perdona, pensé que estabas sola. —Mi hermano abre la puerta de la habitación rompiendo el hechizo de donmancia que me mantenía lejos de aquí. Sin quererlo acaba provocando que tanto Kaine como yo demos un brinco de sorpresa—. Disculpa…

El stoker abre los ojos de par en par. Aguarda, de alguna manera, que yo actúe para poder seguirme.

Malik cierra la puerta para volver a abrirla al cabo de unos segundos.

Me mira para después mirar al desconocido y, de nuevo, devolverme la mirada.

Intenta comprender lo que acaba de ver. A pesar de que haya crecido en todos los sentidos, mi hermano sigue dejando que la curiosidad tome el control de sus actos.

—Espera, ¿es tu novio o algo así?

—¿Qué? ¡No! —Me levanto de un salto—. Él es Kaine, un viejo amigo de Plaguen. No sabía que vendría a Torre Salamandra.

El nerviosismo de la situación me obliga a seguir hablando, a improvisar una historia destinada al fracaso si nadie me para los pies.

—Nos encontramos en la catedral, en el ala de la séptima Illythia… ¿O era la sexta?

—Sí, sí… eso es… la séptima. —Mi acompañante no me ayuda a sonar creíble, lo sabe.

Quizá por eso acaba incorporándose y acercándose a mi hermano—.

Encantado, soy un refugiado de la caída de Makabria, ella me ayudó cuando pensé que todo estaba perdido.

En verdad me suenas bastante, quizá de haberte visto por el pueblo.

—Oh, puede ser, aquí nos conocemos todos. —Pongo los ojos en blanco, de alguna manera no quería que Kaine supiera que es mi hermano—. ¿Habéis cenado? He traído comida suficiente. ¿Te quedarás?

—Bueno, yo no tengo, …

—Se tiene que ir.

Me niego a que el traidor comparta demasiado tiempo con Malik.

Por mucho que me haya dicho que se ha prometido no utilizar el don de su especie, no le creo y mi hermano es un blanco fácil para cualquier tipo de control mental o subyugación psíquica.

Más aun sabiendo que los Dynevor solo pueden controlar a otros vampiros, me lo explicó Estevian Ilia antes de que fingiera su propia muerte.

No puedo exponer a mi única familia al peligro.

—¿No dijiste que ibas a alquilar una montura para regresar a la capital? —improviso sobre la marcha.

—Eso, si, es verdad… —Kaine actúa fatal, parece mentira que fuera el Maestro de una organización antimonárquica.

Kaine se despide mientras yo le incito a que salga de la casa de manera apresurada.

Antes de que pueda echarle de menos, Malik ha preparado la encimera de la cocina con la cena.

Ha traído faisán guisado, ensalada de frutas y arroz trufado.

Afirma habérselo comprado a la señora Brava, una humana que tiene un negocio de comida para llevar, algo útil para aquellos que se pasan demasiadas horas trabajando.

—¿Estás segura de que no me tienes que contar algo?

—Malik vuelve a la carga cuando estoy sirviendo el vino—.

Quiero decir, a tu querido hermano no le importaría que le contarás que ese chico tan guapo ha sido…

—Se aclara la garganta sin ninguna intención de disimular nada—…

o es alguien importante para ti. Tú ya me entiendes.

Me apresuro a darle un sorbo largo a mi copa.

No es que quiera evadir la pregunta, sé que con mi hermano es imposible negarse a responder.

Es solo que necesito pensar en algo lo suficientemente creíble como para calmar su curiosidad enfermiza.

Él es paciente, me mira con una sonrisa mientras espera a que yo termine de beber.

Y lo hago, pero únicamente cuando vacío la copa por completo.

—Fue un importante cliente del burdel —automáticamente su rostro se torna en seriedad.

Nuestra vida nunca ha sido fácil y volver al pasado significa sacar las garras que prometimos guardar en un baúl de acero.

—¿Te está acosando?

—No, no. Es simplemente un cliente que se convirtió en amigo… —Malik empieza a comer mientras mis labios susurran una palabra que sé que no puede escuchar.

—Me alegro de que tengas amigos lejos del aquelarre y todo eso. Ya sabes lo que pienso de la milicia de Plaguen.

—Que no solo somos brujas, que también somos personas —canturreo con los ojos en blanco.

Malik siempre ha defendido que el Aquelarre del Cuervo nos convierte en armas para el reino sin tener en cuenta nuestros sentimientos o la vida que tuvimos antes de la Chispa.

Y no le falta razón, las brujas carecemos de identidad, uno de los efectos secundarios de llevar una túnica con velo cada vez que tenemos que entrar en contacto con el resto de la ciudad.

Nos mantenemos allí de pie mientras cenamos de la manera que podemos. Mi hermano me cuenta que no suele cocinar ni comer en casa, que suele preferir la comodidad de las posadas y que espera poder llevarme a su favorita pronto.

—No creo que me quede muchos más días. —La realidad es una hoja afilada capaz de cortar la propia felicidad—. Ya sabes cómo están las cosas en el reino…

—Sí, sí, lo sé. —Después dice algo que carga con más verdad de la que me gustaría—.

Las brujas sois las soldados más poderosas, las mensajeras más rápidas y las obreras más efectivas.

Lo que no he entendido nunca es porque el Aquelarre del Cuervo no se posiciona por encima de la corona de oro negro y rubíes.

Después de todo tenéis la capacidad para reinar. ¡Lo hacéis todo!

—Muy sencillo, hermanito. Por el Antiguo, él es la voz de Illythia, sus ojos y su veredicto.

—Ah sí, …

Terminamos la conversación sentados en el porche de su hogar.

Disfrutamos de la ensalada de frutas mientras contemplamos la voraz lluvia que es incapaz de dejar ningún rincón seco.

El sonido de la tormenta me relaja, me transmite paz y me incita a pensar.

Es entonces cuando me doy cuenta de que Kaine sigue ahí afuera, sin ningún techo en el que refugiarse, menos aún con alguna moneda con la que pagarse una habitación.

—Necesito descansar. —me excuso antes de entrar en mi habitación—. Quiero repasar algunos conjuros antes de que se me olviden.

—Vale, yo iré a visitar a unas amigas.

—Sí, ya… amigas.

—Ya sabes, soy uno de esos clientes que se acaban convirtiendo en amigos.

—¡Malik!

Y se va propagando su risa por las calles del pueblo.

Espero a que su silueta se desdibuje en la lejanía para ponerme en marcha.

Tengo que encontrar al stoker antes de que se quiera cortar las venas o algo por el estilo.

Tal y como se lastima de sí mismo, no dudo que en algún momento lo encuentre siendo devorado por los animales salvajes del bosque.

—Estoy aquí.

Apenas he recorrido una manzana cuando lo encuentro sentado bajo el porche de una casucha medio derruida.

—¿Llevas todo el rato ahí escondido?

—Todo el rato. —Sonríe y casi puedo llegar a sentir lástima por él. Después recuerdo lo despiadado que ha sido y se me pasa—. ¿Quieres seguir?

—Necesito hacerlo.

—¿Podemos volver a la casa de tu hermano? —Saber que Kaine es conocedor de la existencia de Malik me hace plantearme el no dejarle con vida cuando todo esto termine.

—No, tenemos que encontrar otro sitio, un lugar tranquilo donde sepamos que nadie nos puede molestar.

—Sorpréndeme —De nuevo utilizando mis expresiones a su favor.

—¿La catedral no tiene espacios privados? ¿Cómo los llamáis? ¿Confesionarios?

—Sí, pero no es buena idea. Utilizar mancias en la casa de Santa Illythia está tan castigado como ser una bruja en Torre Salamandra.

—Pues entonces tendremos que irnos de aquí.