7
Uno de los sirvientes abre la puerta, lo hace con tanta delicadeza que casi parece que le está poniendo emoción al momento.
La duquesa es la primera en entrar, sus pasos se aligeran en cuanto escucha la suave carcajada de sus hijos.
Yo me limito a seguirla de manera despreocupada.
Tengo ganas de volver a la guarida, investigar la pluma mágica y disfrutar de la tranquilidad que me aporta la soledad.
—Bruja. —anuncia Amari, me llama así para evitar utilizar mi nombre en público, por mucho que confíe en la niñera, no quiere ponerme en peligro—. Ella es la nolmante que ayudó al alumbramiento de Cirigh. Yleth Paquin, la aya real.
La chica se mantiene acunando a uno de los bebés cuando se gira al ritmo de las palabras de la duquesa.
Su cabello rosa salmón se sacude ligeramente segregando un perfume dulce y embriagador.
En el momento en el que clava sus ojos azules en mí, sus labios dibujan una curvatura amplia.
No le hace falta mirar bajo el velo negro para saber quién soy.
Me quedo completamente paralizada, en otra ocasión me hubiera acercado a la cuidadora y le hubiera estrechado la mano. Pero esto es diferente, con Yleth todo siempre es diferente, impredecible y caótico.
—Es un placer poder ver a una de las miembros del Aquelarre del Cuervo. —Ella entona su voz en una melodía de hipocresía y falsedad.
—La señorita Paquin está haciendo un gran trabajo —el simple hecho de ver a los nuevos stokers relajados provoca en Amari una sensación de paz y tranquilidad.
La aya no es una amenaza, no para la corona de oro negro y rubíes, pero sí para mí.
—Encantada de conocerte —finalmente lo hago, me acerco a ella y le estrecho la mano.
En el preciso instante en el que nuestras pieles se rozan sentimos una descarga eléctrica, la indicación de que ambas estamos llenas de magia.
Yleth deja al bebé en la cuna, es ahí cuando percibo su hechizo esparciéndose por el aire a través de su cabello.
Aunque la duquesa no lo sepa, la aya no tiene un talento natural para el cuidado de sus hijos, al contrario, sus artimañas son más retorcidas y místicas.
—Liliah ha estado despierta todo el tiempo. —ella señala al oso de peluche que abraza la bebé—. Se han vuelto inseparables. En cambio, Berluca y Adanyan se han quedado dormidos después de su última toma.
—No sabes cuánto me alegra escuchar eso. —Amari asiente con la cabeza orgullosa, me mira y se despide confiando en el informe que le daré en cuanto termine de entrevistar a su nueva trabajadora—. Estaré en mi despacho, acude a él cuando desees, mi querida bruja.
—Así lo haré.
Y se marcha dejándonos completamente solas. En el momento en el que la puerta del cuarto de juegos se cierra, la tensión se respira en el ambiente. Por suerte para nosotras ninguna de las dos tenemos necesidad de consumir oxígeno.
—¿Una nolmante, Yleth? ¿Cuánto te durará esa mentira? Sabes que en cuanto lady Enfi venga a verte sabrá quién eres. Ella te reclutó junto a lord Estevian —mi voz suena menos relajada de lo que pienso, aun así estoy manteniendo las formas.
—Tranquila, Kath, la stoker está demasiado ocupada intentando que la realeza vampírica de Plaguen no se desmorone.
—Yleth no deja de sonreír, me irrita y lo sabe, por eso lo está haciendo—.
El Antiguo ha citado a su amado Jasper Gazzei en unos días.
Créeme cuando te digo que le tiene más miedo a que nuestro antepasado se coma a su novio que a una simple cuidadora.
Lord Estevian siempre estaba acompañado por ashlaxmantes.
¿Por qué la duquesa no puede tener apoyo de una nolmante? ¿Tan mala crees que soy, pelirroja?
—Déjate de tonterías, Paquin. —Doy un paso al frente al mismo tiempo que los objetos de la estancia vibren ligeramente. Tengo que controlarme si no quiero que el poder que me invade salga descontrolado—. Sé sincera, es lo único que te pido. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has vuelto?
—Ya has escuchado a la duquesa, yo ayudé a que el tritón alumbrara a sus hijos. Le tengo cariño a estos bebés y no quiero que les pase nada malo. Además, solo estoy cumpliendo una promesa que le hice a Estevian Ilia.
—¡Sí, ja! Quisiste desaparecer cuando nuestras brujas madres fueron asesinadas por la Orden de los Condenados.
Te quisiste alejar del aquelarre… ¿pretendes que me crea que has vuelto simplemente para ser una cuidadora?
—Uno de los bebés emite un pequeño llanto lo que provoca que Yleth se acerque a él para cogerlo en brazos.
Después me mira, se pone el dedo índice sobre el labio y me pide que me calle.
Pero no puedo hacerlo, así que me limito a susurrar—.
¿Qué estás tramando? ¿Dónde están tus ghouls?
—Jem y Jennie están en casa, son ahora los encargados de la Sastrería Paquin. Si algún día quieres quitarte la niebla, déjame recomendarte vestidos que verdaderamente te favorezcan.
—No te soporto, te lo juro.
—Pues márchate de mi lado, estás enturbiando mi paz y la de los bebés —sigue sonriendo, fingiendo una simpatía que me irrita cada vez más.
Aunque no le falta razón, mi poder se está descontrolando y no quiero causar ningún daño. Por ello acabo saliendo de la habitación sin despedirme de ella. Antes de cerrar la puerta le escucho canturrear.
—Gracias por venir, bruja. Nos veremos por el palacio. Cuídate, cariño.
Camino con paso firme, pero sin detenerme ni un momento.
Estoy a punto de desaparecer cuando me doy cuenta de que tengo que hablar con Amari de nuevo.
No puede verme así, soy demasiado transparente como para fingir una falsa tranquilidad.
Eso es lo que me lleva a parar a uno de los sirvientes de la Corte de la Noche y decirle:
—Ve al despacho de la duquesa y dile que todo está bien.
—Sí, señora.
Y desaparezco, lo hago sin dejar ningún rastro.
En el momento en el que llego a las catacumbas empiezo a gritar para liberar toda la frustración.
Los objetos del comedor empiezan a flotar y dar vueltas alrededor de mí, lo hacen en forma de torbellino, como si un poltergeist hubiera atravesado las runas en las paredes y estuviera jugando con todo a su paso.
Mi cuerpo se eleva por encima del suelo mientras los cimientos de las catacumbas crujen para hacerme coro.
Todo ocurre durante unos minutos, después poso mis pies sobre el suelo y me descubro completamente relajada. Sentir tanto poder fluyendo por mis venas es agradable, pero liberarlo es tan placentero como el mejor de los orgasmos.