Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 3
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Pasamos los días siguientes viajando a Makabria para seguir reconstruyendo la ciudad.

Los humanos, los vampiros y los ghouls trabajan como uno solo.

A la Tríada nos cuesta poco controlar nuestra magia, en especial la telekinesis, que es lo que más utilizamos para mover escombros.

Plaguen y Pestet han dispuesto tiendas de campaña para facilitar el descanso de los trabajadores, incluso nosotras tenemos nuestra propia carpa.

Por eso Seylah nos acompaña, no solo lo hacemos para asegurarnos de que está entretenida y evitar que sus hechizos se tornen caos, sino también para no dejarla sola.

Tenerla cerca nos tranquiliza, por no mencionar el hecho de que anima las horas de descanso.

—No me puedo creer que hayas tenido que traerla.

Su gata se sube a mi regazo en el momento en el que me siento para beber una copa de plasma. Kiki es sumamente mimosa, aunque tiene su lado antisocial, cuando los obreros se ponen en marcha ella nos hecha con gruñidos.

—Nos hemos vuelto inseparables, es como mi mejor amiga.

—Por la diosa… ¿Cuándo dices que llegarán las nuevas alumnas, Edana?

Calista está ansiosa porque Seylah pueda compartir tiempo con brujas de su edad, sea cual sea la que tenga.

Aunque haya «pegado el estirón» en un solo día, su mentalidad ha madurado a la misma velocidad.

Apostaría a que si se hubiera desarrollado hasta una edad anciana su forma de pensar le hubiera acompañado como una sombra fiel.

La muralla es lo primero en relucir, desde el otro lado se puede intuir una ciudad en progreso, pero todo cambia cuando se ven las casas derruidas y el palacio a medio construir.

Aun así, Makabria está resurgiendo de sus cenizas a un buen ritmo, apostaría a que en un mes o dos ya se podría empezar a mudar la gente que lo deseara.

Aunque primero tienen que decidir quién va a ocupar su trono.

Lo más seguro es que haya una unión entre stokers de Pestet y Plaguen.

Es decir, lady Enfi contraerá matrimonio pronto.

Una tradición obligatoria para mantener la sangre pura y que las estirpes vampíricas sigan desarrollando los dones de su descendencia.

—La Corte de la Noche requiere de vuestros servicios. —comenta una mensajera sin cruzar la tela de la carpa.

En el momento en el que me incorporo para invitarla a entrar, Kiki salta de mi regazo y corre hacia Seylah. Las velas y los cristales mágicos iluminan a las cuatro brujas que nos ponemos el velo para ocultar nuestra identidad.

—La duquesa Amari quiere abrir las consultas con el pueblo.

—¿Tan pronto? —Calista salta sobre su silla.

—Supongo que quiere demostrarle a la ciudad que no le hace falta ningún hombre para gobernar —secunda Edana.

—Y no le hace falta, cariño. —Soy yo la que me incorporo y jugueteo con una chispa entre mis dedos.

Un ejercicio que nos estamos obligando a hacer para no perder el control de nuestra magia cuando las situaciones nos pillan de imprevisto—.

Iré yo como portavoz. Así mis hermanas pueden seguir ayudando en la reconstrucción del reino.

Dejamos que la humana descanse durante unas horas en nuestra propia tienda. Yo le sirvo agua, frutas y bolitas de carne que el puesto de cocina ha estado elaborando durante todo el día. No tengo necesidad de preparar ningún arcón de ropa, la niebla es lo único que tengo y necesito.

—Os veré a vuestra vuelta.

Me despido de mis hermanas con una sensación extraña en el estómago. Es como si realmente me estuvieran extirpando un órgano, una parte de mi interior que se ha vuelto inseparable.

—Te voy a echar de menos —Edana me abraza con fuerza a tiempo de que Calista se una al adiós de tres almas destinadas a permanecer unidas siempre.

—No seáis dramáticas. —protesta Seylah—. Que os vais a ver en nada, por favor. Vais a tener que dejar de leer esos libros de romances imposibles. Os estáis volviendo débiles.

—Más valdría que leyeras más. —De nuevo es Cali la que le regaña—. Así comprenderías la realidad de los sentimientos y las emociones.

—¿Prefieres ir tú a palacio?

—Sí —la ocultista responde antes de que ella pueda hacerlo.

—No, Kath, ve tranquila. Seylah y yo nos lo vamos a pasar genial ¿A qué si, hermanita?

—Sí, va a ser inolvidable —ironiza Cali guiada por la ausencia de paciencia.

—Si me encuentras ahorcada en algún árbol, que no te extrañe —me susurra Edana antes de verme salir de la carpa.

Camino con una sonrisa de oreja a oreja debajo de la niebla.

El Aquelarre del Cuervo se ha tornado caótico y divertido, es exactamente el lugar en el que quiero estar.

No solo es por la versión adolescente de Seylah, sino también la actitud rezongona de Calista y la de tía pasota de Edana.

Si alguien dibujara un cuadro de nosotras cuatro, tendría la portada de un libro de tiras cómicas.

Quizá algún día podamos contarle esto a las nuevas miembros del aquelarre, pero por el momento solo nos tenemos las unas a las otras.

Y a Malik, pienso ir a verle en cuanto pueda.

Pienso demostrarles a mis hermanas que lo que he soñado era precisamente eso, imaginación y no una premonición de lo que se avecina.

Soy demasiado testaruda, eso es lo que me dicen siempre, no lo niego.

El trayecto de vuelta a la ciudad es bastante agradable.

Corina, la mensajera, se mantiene en silencio haciéndome recordar lo mucho que valoraba mi tranquilidad.

Puede que teletransportarnos sea mucho más fácil para que las brujas nos movamos por el Continente de la Banshee, pero este poder solo funciona en un rango cercano a los huesos consagrados de nuestras antepasadas.

Es decir, solo podemos aparecer en las catacumbas, el palacio, los barrios altos y bajos de Plaguen y poco más.

Ni siquiera podemos llegar a la playa, eso está fuera del área de efecto.

Ojalá pudiera teletransportarme donde quisiera, me hubiera ahorrado trayectos que se me antojan pesados.

Pero este no, este es necesario para calmar mi mente.

Las rutas del norte me ayudan a no tener que atravesar el centro de la ciudad, un detalle que me ayuda a no forzar mi energía social más de la cuenta.

Desde que el aquelarre se disolvió, la gente de a pie ve a las brujas como verdaderas santas, el aspecto de la esperanza para nuestra especie.

Por suerte para mí, la Corte de la Noche se instaló lejos del puerto para evitar que fueran un blanco fácil para las ahogadas.

Una idea que dudo que ahora sirva para mucho, casi hay más peligros en el Continente de la Banshee que en alta mar.

El cochero se encarga de abrir la puerta del carruaje y prestarme su mano para ayudarme a salir. Dejo que Corina pase delante y justo cuando estoy a punto de seguirla mi cuerpo se eleva suavemente para que mis botas de tacón aterricen sobre el pavimento de piedra.

—Ups —me excuso al ver que soy el objetivo de todas las miradas. Incluso los guardias de palacio se quedan boquiabiertos mirándome.

—Es usted espectacular —apunta la mensajera a tiempo de que avancemos hacia el interior del edificio.

—Gracias, cielo.

No soy una stoker, y casi lo agradezco, pero eso no quita que me conozca los pasillos del castillo como si alguna vez hubiera sido mi hogar.

Puede que las brujas no durmamos rodeadas de lujos y sirvientes, pero tenemos el mismo derecho que la estirpe real, o incluso más, a utilizar las alas de la Corte de la Noche.

La realeza de Plaguen son la primera defensa antes de que el Aquelarre del Cuervo nos extingamos, todos sus miembros han sido entrenados para ello.

Para nosotras es un honor que la duquesa Amari y su hermana lady Enfi luchen por nuestras vidas.

—Ven, te está esperando —anuncia la mensajera deteniéndose frente a la puerta del Salón del Trono.

En cuanto entro los recuerdos de la última invasión de los necrófagos me erizan la piel.

Fue aquí mismo, en una fiesta que prometía acabar con la crisis del frenesí y con Cirigh siendo el protagonista de todas las sonrisas.

Pero todo se torció, y ahora la alegría parece haberse quedado encerrada en los cuadros que decoran la estancia.

—Su majestad. —pronuncio acompañada de una reverencia—. ¿Me ha llamado?

—Los informantes del Continente de la Banshee afirman que la reconstrucción de Makabria está siendo un éxito.

La duquesa Amari está sentada en el trono, su cabello rubio cae sobre su hombro derecho a modo de trenza mientras la tiara de oro negro y rubíes centellea bajo la luz de los candiles.

No sonríe en ningún momento, se mantiene seria mostrando las facciones afiladas de una líder que ha sacrificado demasiado para ganar la guerra.

—Gracias, mi señora.

—Ahora que la tranquilidad va impregnando los rincones de la ciudad, y que mis hijos están en buenas manos, me encantaría contar con el Aquelarre del Cuervo para servir a los más necesitados.

—¿En qué está pensando, mi señora? —pregunto por mera educación pues ya sé la respuesta.

—Quiero visitar los barrios bajos para hablar con las familias que más han perdido durante la crisis del frenesí.

¿Puedes convocar a tus hermanas? —su mirada prescinde del fulgor carmesí de nuestra especie, lo que hace que el azul de sus ojos sea un espectáculo para aquellas que tenemos el privilegio de poder observarlo.

—No será necesario, la consagración de nuestras madres me ha dado el poder suficiente como para atender las peticiones en solitario —explico con sinceridad, mentir a la familia real de Plaguen es una locura que no pienso cometer. Un suicidio.

—Entonces coge lo necesario, ordenaré que preparen el carruaje real cuanto antes.

—Sí, mi señora.

La duquesa asiente con la mirada y yo me esfumo en un pestañeo.

El teletransporte me permite llegar a las catacumbas sin necesidad de utilizar el ascensor.

Más que eso, voy saltando de habitación en habitación recogiendo las cosas que necesito.

En su totalidad son ingredientes para rituales rápidos y pociones de la fortuna.

Después de todo tener a Seylah aquí ha sido mi mayor suerte, ha estado practicando todo tipo de recetas y eso me facilita mucho el trabajo.

Soy una aparición fugaz, una imagen casi imperceptible si no me ponen especial atención. Así es como me muevo por la Corte de la Noche hasta llegar al vehículo en donde me espera su reina. Amari no dice nada, simplemente se limita a mirar al castillo mientras los caballos emprenden su camino.

No puedo ayudarla, de hecho, creo que nadie puede hacerlo, solo ella misma.

La guerra contra Treznor Dynevor nos ha agrietado el corazón a todos los inmortales de la noche eterna.

Sin embargo, la que más ha sufrido ha sido ella.

Contarle la verdad acerca de la falsa muerte de su hermano, lord Estevian, fue algo obligatorio, una venda para calmar el sufrimiento de su alma.

Pero nadie puede sanar las infinitas dagas que se clavan en su pecho.

Cuando la duquesa supo que el amor de su vida había muerto en la guerra, incluso los cimientos del mundo temblaron ante sus gritos.

Con solo cerrar los ojos puedo revivir ese momento con claridad, es así como utilizo la meditación de forma disimulada.