Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 2
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No sé cuántos días han transcurrido cuando abro los ojos y me encuentro el ataúd abierto.

Aún somnolienta, no puedo evitar mirarme las manos y asegurarme de que las arrugas se han marchado.

Me incorporo empapada mientras salgo del descanso sintiendo la frialdad de las catacumbas.

Ya no hay agua ni mechones de pelo, mi cuerpo lo ha absorbido para revitalizarse.

En cuanto me pongo en pie me topo directamente con la imagen de mis hermanas, es mirarnos y echarnos a reír.

Se podría decir que el ritual nos ha sentado mejor de lo que esperábamos.

—Bienvenidas a la nueva vida, chicas—celebra Edana a tiempo de que nos cubramos con los camisones que Seylah ha dispuesto para nosotras—. ¿Sentís algo diferente?

—Si te refieres a picos de poder, no. Me encuentro bien, me veo capaz de todo. —Cali tapa su ataúd y espera a que nosotras hagamos lo mismo antes de añadir—. ¿Qué visión os ha otorgado Ilythia? Yo he visto Makabria reconstruida, volvía a vivir gente allí y celebraban los nuevos duques.

—¿Quiénes tenían la corona de la Corte de la Tormenta? —pregunto impulsada por la curiosidad, pero ella niega con la cabeza—. Yo solo vi a un cuervo persiguiéndome por toda Torre Salamandra. No creo que sea una visión.

—Tiene que serlo, cielo, aunque no sepas que significa. Deberías ir a visitar a Malik ¿Cuánto tiempo llevas sin verle?

—Años.

—Pues ya sabes, Kath. Cambia lo de ir a la playa por visitar a tu hermano. —comenta Cali mientras caminamos por los pasillos de la guarida, esta vez sin ayuda de bastones ni callados—. Y tú, Edana. ¿Qué has visto?

—El Aquelarre del Cuervo volvía a estar lleno de nuevas brujas. Habíamos recuperado nuestro poder y el pueblo nos entregaban tributos a cambio de cumplir sus peticiones.

—¿Cómo en la antigüedad? —ella asiente con la cabeza—. Eso sería como un sueño hecho realidad.

—Ahora que la Tríada está en forma, podríamos dedicarnos a reclutar a nuestras hermanas.

A Calista no le falta razón, aunque de ahí a que las catacumbas vuelvan a convertirse una academia para las vampiras con aptitudes mágicas hay un paso demasiado grande.

Lo veo lejano, pero eso no significa que no me imagine enseñando a mis alumnas cada noche de mi vida.

Desde que los rebeldes atacaron Plaguen y acabaron con la vida de nuestras madres, las brujas prefirieron desertar antes que poner su vida en peligro.

No las culpo, menos aún el simple hecho de que hayan preferido olvidar sus hechizos para no llamar la atención.

Lo presentimos, es un don natural en nosotras, la magia es débil en Plaguen, como si nadie se atreviera a utilizar su verdadero potencial por miedo a que su inmortalidad corra peligro.

—¿Seylah? —pregunta Edana cuando golpea suavemente la puerta de su dormitorio—. ¿Estás ahí, cariño? Ya hemos despertado.

—Está ahí, quizá esté demasiado cansada para que nos escuche —comento siendo conscientes de que percibimos a la niña frente a nosotras.

—Mejor pedir perdón que permiso.

Calista estira sus manos para utilizar la telekinesis y abrir la puerta.

En un abrir y cerrar de ojos la puerta sale despedida por los aires provocando un estruendo poco sutil en el proceso.

Temo que la niña salga herida por lo que, en un movimiento de acto reflejo, agito los dedos para detener el vuelo de la puerta.

Pero esta no se detiene, al contrario, lo que hace es convertirse en un puñado de pétalos de rosas rojas que hacen de la estancia la estampa de un cuadro.

—¿Qué coño acaba de pasar? —pregunto sorprendida, ni siquiera me ha hecho falta concentrarme.

—Que el poder se ha fusionado con nosotras —Cali no da crédito a lo que acaba de pasar mientras Edana permanece boquiabierta.

—¿Qué hacéis, hermanas?

Seylah se queja, o eso creemos, porque la chica que bosteza desde su cama parece sacarle diez años.

Por no hablar de su cabello, el cual ha perdido el esplendor rubio para adquirir un tono negro como el mar más oscuro.

No veo a una enemiga en la bruja somnolienta que nos mira molesta, es ella, reconozco sus facciones aun cuando la adolescencia la domina.

—Veo que ha surtido efecto. —comenta sin ánimo de salir de la cama—. La próxima vez que queráis hibernar hacerlo de una en una, me he aburrido como una ostra.

—¿Has acelerado el proceso? —camino hacia ella para mirarla con claridad. No puedo negar que está preciosa, el nuevo color de pelo le sienta genial—. ¿Cuántos días hemos estado en recuperación?

—Uno. ¿Necesitáis más tiempo?

—No me lo puedo creer. —Calista se apresura a acercarse a ella y revisar los dientes de la chica, en especial sus colmillos—. ¿Has absorbido el tiempo que hemos expulsado?

—No lo sé, supongo. Me desperté y ya estaba así. ¿Preferías que fuera una niña?

—No… bueno… yo.

—Estás preciosa, mira que pelo —Edana interrumpe a Cali mientras contempla a nuestra hermana pequeña como si fuera un milagro.

—¿Y vosotras qué? ¿No iréis a explotar como los duques? —No podemos evitar echarnos a reír, no por la pregunta en sí, sino por la forma en la que la ha formulado.

Permanecemos allí durante una hora mientras ella nos cuenta todo lo que ha hecho en el único día en el que la hemos dejado sola.

No solo ha terminado con las tareas de limpieza, alquimia y lectura, sino que también ha confeccionado ropa con valmancia por puro aburrimiento.

Acabamos comiendo juntas acompañadas por Kiki , la primera gata que invocó con xuthmancia.

Aunque ahora es un animal de lo más peculiar, no sé si llamarlo felino o abominación adorable, porque tiende a dormirse en el acuario debido a la poción del ahogado que Seylah le hizo.

—No has subido al palacio, ¿verdad? —Calista es la voz de la responsabilidad.

—¿Yo? ¿Sola? Me da vergüenza, ahora más que está lleno de nuevos sirvientes.

—Ella empieza a hablar sin ningún control, está claro que la soledad no le sienta bien, nadie la puede parar—.

Aunque podría hacerlo perfectamente. La pulsera que me regalasteis me ayuda a no explotar en luz solar.

—Señala la joya de sellado de poder que le pusimos por miedo a extinguir a toda nuestra especie.

—¿Y cómo sabes que hay mucha gente en palacio? —Edana abre sus ojos de par en par.

—Ah, bueno, invoqué a una araña exploradora para poder mirar a través de sus ojos.

— Esta niña es hiperactiva —Calista se escabulle a través de nuestros pensamientos.

—Te he oído… —Seylah no hace otra cosa que poner los ojos en blanco—. Y ya no soy una niña.