Corona Cautiva (Corona Cautiva 12) Flynn
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Flynn

La llamada conecta con Antov treinta segundos después de marcar y un segundo antes de que esté a punto de colgar por la irritación.

Su rostro llena la pantalla cuando se inclina demasiado cerca, luego resopla y se recuesta en su asiento.

—¿Qué coño le ha pasado a tu despacho?

Le ignoro. —Iré directo al grano —digo sin rodeos—. Tengo a tu sobrina y a tu sobrino, y quiero que me devuelvas a mi hija. Es bastante sencillo cómo va a funcionar esto, Antov, y mi paciencia se está agotando.

—¿Qué? —La burla desaparece del rostro de Antov casi de inmediato y se inclina hacia delante, levantando la mano hacia alguien fuera del alcance de la cámara—. ¿Qué coño acabas de decir?

—¿Necesitas que te lo repita, pero más despacio?

—Vic —dice Antov—. Vic está muerto. Tú le mataste.

—He exagerado un poco.

—Demúestralo. —La exigencia de Antov es casi salvaje y esbozo una sonrisa burlona a la cámara.

—Tú primero. El futuro de tu familia depende del estado de mi hija, así que demuéstrame que está viva y ilesa y te lo enseñaré.

Los ojos de Antov se desvían fuera de la cámara un instante y después se entrecierran.—Estás faroleando. No voy a tragarme esa mierda. Vic está muerto.

Por mucho que preferiría no seguirle el juego, esta conversación llevaría demasiado tiempo con idas y venidas.

Mis dedos recorren el teclado y, tras unas pocas pulsaciones, abro la grabación de la cámara de la celda más grande bajo la casa.

Muestra una imagen clara de Vic apoyado contra una pared, riéndose, mientras Kaia se acurruca en la otra esquina. Con solo un vistazo siento cómo se enciende una leve preocupación bajo la rabia que me invade al verla.

—¿Ves? Vivo y sano. —Cierro la ventana tan rápido como la he abierto—. Ahora enséñame a mi hija.

—¿Y cómo sé yo que eso no está grabado de antes? —espeta Antov.

A pesar de sus palabras, hay algo en él que ha cambiado, pero no sé identificar qué hasta que vuelve a hablar.

—Mándame una prueba de que está vivo con el periódico de hoy. Mándame eso y estaré dispuesto a un intercambio.

Levanto un poco las cejas. —¿Dispuesto a un intercambio?

—¿Hace falta que te lo diga otra vez, joder? —salta Antov.

—Te resististe mucho más cuando solo tenía a Kaia. Cualquiera pensaría que le valoras más que a ella.

Antov se acerca más a la cámara y sonríe con desprecio.—Mándame la prueba y haremos un trato.

—Bien. Pero si hay aunque sea un solo pelo fuera de sitio en la cabeza de Eva, te aseguro que tu heredero lo pagará muy caro.

Antov pone los ojos en blanco y la pantalla se queda en negro al cortarse la llamada.

Me acomodo en el asiento y cierro los ojos, escuchando el viento golpear la madera que sella mi ventana rota.

En dos días, la mayor parte de los destrozos se ha limpiado y me siento en un escritorio nuevo y una silla completamente nueva, aunque no aporte ningún consuelo.

Todas mis exigencias anteriores para ver a Eva han sido recibidas con silencio, pero ahora, de repente, con Vic en la ecuación, ¿Antov está dispuesto a negociar?

¿Es este el principio del fin? Antov debe saber que en cuanto Eva esté en mis brazos, voy a matarle.

Voy a matarlos a todos.

Pero aunque esa idea me parezca cristalina, Kaia vuelve a mi mente y, con dos clics, la cámara vuelve a ocupar toda mi pantalla.

La falta de audio me impide oír lo que dicen, pero a juzgar por la dureza de sus miradas y los gestos de manos, parece que están discutiendo.

Kaia está de rodillas, gesticulando con rabia y señalando a Vic, que no cesa de saludarla con la mano y hacerle peinetas.

Capullo.

Suspiro, cansado, me levanto y le envío un mensaje corto a uno de mis guardias con instrucciones de que entre en la celda y saque una foto con el periódico de hoy como prueba.

Mi deambular inquieto me lleva por una casa silenciosa que cruje y se mueve ligeramente contra los fuertes vientos veraniegos que azotan la isla.

Es un silencio excesivo y deja demasiado espacio para que mi mente se desboque con pensamientos que preferiría evitar, así que cuando oigo una burbuja de ruido proveniente del invernadero, me encamino enseguida hacia allí.

Frank está allí con Angie y juntos encajan las últimas piezas de un puzle, completando una pintura bucólica de una casita de campo.

—¡Bien! —Angie aplaude con entusiasmo—. ¿Ves? Te dije que el amarillo eran flores.

—Mi error —se ríe Frank, levantando la cabeza para esbozarme una sonrisa de saludo.

Angie le imita y, al cruzar la mirada conmigo, da un salto y echa a correr hacia mí con los brazos abiertos.—¡Papá!

—Hola, cielo. —Me inclino y la atrapo, levantándola en brazos y acomodándola a mi lado—. ¿Por fin habéis terminado el puzle?

Asiente rápidamente.—Frank no ha ayudado nada.

—Eso no es verdad, jovencita —se queja mientras se incorpora con esfuerzo—. Yo era un maestro de los bordes.

—¡La parte fácil! —protesta ella y luego se vuelve hacia mí—. ¿Cuándo vuelve Kaia?

Su pregunta me pilla un poco desprevenido, y trago un repentino nudo en la garganta. —¿Tú… quieres que vuelva?

—¡Mhm! Estábamos pintando juntas, ¡fue súper divertido! ¿Va a volver pronto?— Mientras mi silencio incierto se prolonga, Angie hace un puchero. —¿Estás enfadado con ella porque te caíste al lago?

—No, cariño. Estoy enfadado con ella porque te llevó al lago.

—¡Pero salimos todo el tiempo!— Su inocencia me derrite el corazón tanto como me retuerce las tripas.

—Es verdad. Pero Kaia… no me lo preguntó antes y ¿recuerdas lo que te he dicho?

—El lago es peligroso —recita Angie—. Lo sé.

—Exactamente.— Le doy un beso en la frente. —Kaia no me preguntó antes.

—Pues yo sé que está arrepentida. Y tú también.

Abro mucho los ojos y, detrás de la cabeza de Angie, veo a Frank observándome también sorprendido. —¿Yo estoy arrepentido?

—Mhm. Dijiste que está mal apuntar con tu pistola a la gente.— Me pincha el pecho con su dedito. —Lo dijiste. Lo dijiste tú.

Me echo a reír suavemente y vuelvo a besarla. —Tienes toda la razón, lo dije.

—¿Así que estás arrepentido?

Antes de que pueda contestar, Florence entra en la habitación y sonríe. —Perdón, no sabía que estabais aquí. He venido a recoger a esta pequeña señorita para la hora del baño.

—¡No!— Instantáneamente distraída, Angie se deja caer dramáticamente en mis brazos. —No quiero.

—Tienes que hacerlo.— Le hago cosquillas suavemente en la tripa. —Hueles fatal.

—¡No, papi, tú eres el que apesta!

—Entonces nos podemos bañar los dos, ¿qué te parece?

Angie gime de forma dramática mientras la paso a Florence, que se la lleva rápidamente con una suave risa.

Las escucho alejarse mientras la voz de Angie, cada vez más lejana, enumera todos los motivos por los que no debería bañarse, terminando con algo sobre rescatar a su pobre patito de goma de perderse entre las burbujas.

—No me puedo creer lo bueno que es volver a oírla hablar —comento, frotándome el pecho donde aún queda algo de su calor.

—Ya —asiente Frank—. La echaba de menos, pero no me di cuenta de cuánto hasta que volvió a charlar conmigo. Es raro cómo funciona eso.

—Sin embargo, plantea una… cuestión difícil.— Nuestras miradas se cruzan. —Kaia.

—¿Cómo ha ido con Antov?

—Quiere pruebas de que están vivos. Pruebas en tiempo real.

—¿Te ha enseñado a Eva?

Niego con la cabeza. —No.— Un calor intenso me sube por la garganta y trago saliva con dificultad. —Yo…— Las palabras se me atragantan y Frank se coloca de repente a mi lado, como si ya supiera del miedo que intento poner en palabras. Incapaz de hablar en ese momento, él llena el silencio.

—Tiene que saber que Eva es lo único que le mantiene con vida. No va a poner eso en peligro. No es tan jodidamente tonto.

—¿Seguro?— mascullé con la voz ronca—. Ya fue lo bastante estúpido como para venir a por mí. Para llevarse a mi hija.

—Cierto… pero ahora tenemos algo que él quiere.

—Pues dime cómo termina esto. Hacemos un intercambio, recupero a Eva y ¿luego qué? ¿Me siento a ver cómo esos desgraciados siguen con sus vidas como si no hubieran destrozado a lo más importante para mí?

—Ya sabes la respuesta —murmura Frank.

—Exacto. Así que no tiene ningún motivo para devolvérmela jamás.

—Pues se lo obligaremos.

Niego con la cabeza y me alejo hacia la ventana.

—Me siento atrapado. Actúo y pongo en peligro la vida de Eva.

No actúo y la sigo poniendo en peligro igual.

Estoy en la cuerda floja, donde el más mínimo paso en falso puede costarle la vida, mientras ese bastardo lo controla todo.

Y aquí, ¿Kaia me quita también a Angie?— Me giro hacia Frank.

—Por derecho debería haberla matado en el embarcadero.

—Pero no lo hiciste.

—No lo hice. Por Angie. Y ahora… ¿por qué ha hecho eso? ¿Por qué se lanzó delante de Kaia así?

Frank se acerca mientras le da vueltas, frotándose la barbilla como si eso le ayudara a pensar. —Has criado a críos listos, Flynn. Dos luceros. Puede que ella no vea a Kaia como una amenaza.

—Es una niña. No sabría distinguirlo.

—¿No lo sabría? Después de todo lo que ha pasado, yo diría que Angie tiene el radar muy fino para el peligro, pero confía en Kaia. Y al hacerlo, te ha salvado de hacer algo de lo que podrías haberte arrepentido. Te conoce igual de bien.

—Entonces es más lista que yo,— digo, tragando saliva con dificultad entre ese calor que me bulle por dentro. —¿Y qué hago entonces con Kaia?

—¿Quieres matarla?

Se hace el silencio mientras sopeso pros y contras. —Sí, porque es una Yudkin. Ella, su hermano y su tío; los quiero a todos muertos.

—¿Pero…?— incita Frank.

—Pero el tiempo que he pasado con ella… parece tan ajena a todo lo que tenga que ver con su familia.

Antes, Antov cambió de actitud en cuanto le dije que tenía a Vic.

Antes de eso, no parecía que le importase gran cosa Kaia.

Todo este tiempo, la retuve pensando que podría utilizarla y, en cambio, Antov intentó matarla junto a mí y ella es…

Reconocer que se me ha metido dentro solo lo hace todo más difícil, porque ¿cómo puedo decir eso de una mujer que trató de secuestrar a mi hija?

—Sientes algo por ella.— Las palabras de Frank son tan suaves que casi no parecen suyas.

—No.— Lo niego de forma instintiva.

—Sí, sí lo sientes —insiste Frank—. He visto cómo eres con ella. No te pido que justifiques ni expliques nada, pero te conozco.

—Ni yo mismo me reconozco. ¿Sentimientos? Siento… que me irrita, que tiene un punto impertinente y que es…

Preciosa. Amable. Dulce con Angie. Y cálida al hablar.

Mi corazón da un vuelco doloroso. —Solo es un encaprichamiento.

—Lo sé.— Frank se acerca y me da una palmada en el brazo. —Habla con ella. Es lo único que puedo sugerir. Averigua qué ha pasado y si realmente tiene malas intenciones hacia ti y Angie, entonces será ella quien decida por ti.

—¿Y si no las tiene?

—Entonces la ayudaremos. Igual que ayudamos a Florence cuando huyó de los italianos y a cualquier otro perdido que hemos acogido bajo nuestro ala.