Corona Cautiva (Corona Cautiva 12) Chapter 27
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Chapter 27

KAIA

El tiempo empieza a gotear igual que la última vez que estuve encerrada, pero esta vez se siente distinto.

Puede que sea porque esta celda es más grande y tengo espacio para estirar las piernas, o porque la comparto con mi hermano y ya hemos tenido dos momentos incómodos haciendo pis en un cubo, instantes que deberían ser más humillantes, pero estoy demasiado distraída.

Gemelos.

De repente, todo sobre Flynn cobra sentido.

Su enfado hacia mí, sus acusaciones veladas de que estoy jugando o guardando secretos y el verdadero motivo por el que me mantuvo con vida después de que intentara matarle.

Dos veces.

Todo lo que hace, todas sus acciones y palabras son porque está desesperado por recuperar a su hija.

Y todos lo sabían.

Frank.

Florence.

Cada guardia y sirviente de este lugar sabía que a Flynn le habían abierto un agujero por culpa de mi familia y nadie dijo ni una palabra.

Todo porque probablemente pensaban que yo tenía algo que ver con su secuestro.

Pero yo no lo sabía.

Y si lo hubiera sabido, desde luego no me habría quedado de brazos cruzados. Nosotros no traficamos con personas, y mucho menos con niños.

Apoyada contra la fría pared de piedra, miro la puerta de la celda mientras mi estómago protesta suavemente por hambre y malestar. Repaso cada interacción con Flynn porque ahora todo cobra un sentido completamente distinto.

Me curó tras las explosiones porque valgo algo para él, un intercambio justo: su hija a cambio de mí y su vida podría volver a la normalidad.

Me llevó al intercambio porque, según él, no hacía falta jugar si recuperaba a su hija.

Le puse una horquilla en el cuello y amenacé con matarle, le envenené y casi lo consigo; y aun así las dos veces me dejó seguir libre en la finca.

Podría haberme encadenado sin problema y tratarme como a un perro. ¿Tendrá miedo de que, si me pone una mano encima, su hija sufra las mismas consecuencias?

No me imagino jamás a Antov levantando la mano a un niño, pero aun así no puedo soportar que mi familia le robara a su hija.

¿Y lo del sexo? ¿Era para mantenerme contenta y sonsacarme información o fue verdadero placer?

—Deja de suspirar —la voz de Vic corta mis pensamientos, sacándome de mis recuerdos.

—¿Eh?

—Llevas suspirando los últimos diez minutos. Es que resulta jodidamente molesto.

—Perdona. Solo estaba pensando.

—Pues deja de hacerlo.

Entorno los ojos y le lanzo una mirada fulminante. —¿No? Estoy intentando averiguar cómo salir de aquí.

—El tiempo —suspira Vic—. El tiempo nos sacará de aquí.

—No estoy tan segura de eso.

—Yo sí.

—¿Y cómo puedes estarlo? Llevas encerrado aquí más de un mes. No tienes ni idea de lo que pasa fuera.

Vic gira la cabeza por el suelo y me mira. —¿Ese cabrón ha recuperado a su hija?

—Pues... no.

—Entonces sé perfectamente lo que está pasando ahí fuera.

—Le estás subestimando. —Cambio de postura para aliviar el calambre del trasero y me giro del todo hacia mi hermano—. ¿No has pensado en decirle simplemente dónde está su hija?

Los ojos de Vic arden de rabia. —¿Por qué coño haría yo eso?

—¡Para sacarnos de aquí! Ya cumplió un intercambio, seguro que lo haría de nuevo. Quiero decir... he pasado tiempo con él, Vic. Es un tío decente en el fondo. Haría cualquier cosa por recuperar a su hija, así que ¿por qué no simplemente⁠⁠—?

—Joder —interrumpe Vic con un gruñido—. Pensaba que algo así conseguiría por fin que te salieran agallas.

El calor me atraviesa el pecho. —¿Eso se supone que significa qué?

—Significa exactamente eso. Mira, Kaia. —Se incorpora lentamente, a duras penas, hasta quedar sentado—. Ningún Yudkin va a ceder jamás ante las exigencias de un maldito Gallagher. Irlandeses de mierda.

—Esto no tiene nada que ver con eso —suelto de forma cortante—. Quiero largarme de aquí. Tú también necesitas salir de aquí. Deberíamos estar en casa con Antov en vez de tener a una niña como rehén, Vic. ¿Pero qué demonios te pasa? ¿Por qué irías detrás de sus hijas?

Vic aprieta los labios con tanta fuerza que casi desaparecen. —¿Por qué? Este era tu problema, Kaia. Te encantaba aprovecharte de los frutos de mi trabajo, alimentar tu ego con el entrenamiento y llevando la casa, pero nunca has pisado el mundo real.

Ese calor que nace en mi pecho se me sube encendido hasta la cara. —Yo… No veo qué tiene eso que ver con nada.

—Los Gallagher son un puto cáncer, ¿vale?

Han sido una espina clavada en mi costado durante demasiado tiempo y ahora, por fin, tengo la sartén por el mango y ¿quieres que suelte mi carta ganadora?

Esa mocosa de mierda es la razón por la que me trataron así, la razón por la que sigues viva.

¿Por qué iba a renunciar a eso? Flynn no puede hacer nada, no de verdad.

No a menos que quiera enterrar un ataúd que ni siquiera le llega a la cadera.

—¡Vic! —Empiezo a notar cómo me late el corazón a toda velocidad—. ¡Eso es horrible!

—No lo es si es la puta verdad. —Se mueve sobre la fina almohada que llama cama—.

¿Sabes cuántas veces he intentado meterme en el mercado con joyas falsas y robos, solo para que los Gallagher me agarren por los cojones y me den por culo porque no quieren soltar ni un rincón del negocio?

¿Tienes idea de cuántos miserables me respiran en la nuca porque he enviado millones en diamantes de sangre aquí y no puedo hacer nada con ellos por culpa de ese cabrón?

Soltando su mierda sobre mantener el mercado limpio y libre de explotación, como si no fuésemos todos unos malditos criminales de todas maneras.

Su arenga lo deja sin aliento y Vic se deja caer contra la pared soltando un quejido.

Todo lo que dice me deja atónita. Aunque siempre estuve metida en el negocio ocupándome de las cuentas y las contrataciones, el mantenimiento de armas y demás, nunca vi nada que sugiriera que debiésemos dinero.

—¿Explotación? —repito en voz baja—. Pensaba que los Gallagher eran más sanguinarios que eso.

—Claro —bufa Vic—. Se les llena la boca y tienen las manos manchadas de sangre por culpa del padre de Flynn, pero ¿Flynn?

Un puto blandengue. Mató al hermano del alcalde porque era un pedófilo y se pensó que así era un pez gordo, le robó un montón de cocinas a los rusos y coloca a todo el mundo tanto que nadie se plantea traicionarlo, y a eso lo llama lealtad.

—Vic se gira y escupe al suelo—. Es un cerdo que se salta las reglas y nos deja a todos por los suelos. Pero es un puto blandengue, ¿me oyes?

Nunca había visto a Vic tan furioso, pero tal y como está, no puedo culparle.

Aunque cuanto más cuenta, más me doy cuenta de que Flynn quizá sea un tío decente en un mundo roto.

La lealtad que le tienen Frank y los hombres que le rodean no se parece a nada de lo que yo haya visto en mi familia.

Vic casi parece cabreado porque Flynn consigue esa lealtad sin tener que pagarla.

—Te equivocas —digo en voz baja—. Piensas que es débil porque hace todo lo posible por recuperar a su hija o por tratar bien a la gente en su trabajo, pero no es así.

Vic alza una ceja. —¿Ah, sí?

—Sí, de verdad. Está haciendo mucho más por recuperar a su hija que lo que el tío ha hecho jamás por nosotros.

Lo único que ha hecho es intentar volarme por los aires.

Ni siquiera ha venido a buscarme, ¿verdad?

Me da igual que no sepa dónde está la niña, ¡no ha intentado rescatarnos ni una sola vez!

¡A lo mejor está esperando a que te mueras para que no haya nadie que le quite el puesto de Pakhan!

—Vaya —empieza a reírse Vic—. De verdad te ha comido la cabeza, ¿no? ¿Te ha lanzado esos ojos de pena y te ha contado lo triste que está por no ver a su hija? —El tono de burla empapa sus palabras—. ¿Te ha dado lástima el lobo feroz solo porque quería recuperar a su niña?

—Vete a la mierda, Vic —reviro, cada vez más cabreada—. Por lo menos él tiene algo parecido a una brújula moral, porque tú no pareces tener ninguna.

—¿Es que puedes culparme? ¡Ese cabrón intentó matarme!

—¡Porque secuestraste a su hija! —grito de vuelta—. Bastante justificado, diría yo.

—¿De qué lado estás?

—¡Del tuyo! ¡Del nuestro! Pero, por el amor de dios, trágate el orgullo un segundo y date cuenta de que vamos a pudrirnos aquí si no espabilamos. Deberías saber que hacerle daño a su hija es una sentencia de muerte para los dos. ¿Quieres quedarte estancado aquí hasta que seamos viejos?

El rostro de Vic se retuerce en una mueca de desprecio. —¿Qué te ha hecho para que le defiendas tanto, eh?

Angie aparece de golpe en mi mente y niego con la cabeza. —Nada.

—¿Te lo has tirado?

—¿Qué? —A pesar de mis intentos, noto que las mejillas me arden como si me hubieran abofeteado—. ¡Por supuesto que no!

—Si me entero de que has abierto las piernas para ese cabrón, te juro que⁠⁠—.

—¡No lo he hecho! De hecho, Flynn iba a venderme en una especie de subasta de esclavos, le oí en una llamada. ¿Haría eso si estuviéramos follando?

Vic se ríe débilmente, llevándose una mano al vientre. —Deberías haberle dejado.

—¿Qué?— Casi sin poder creer lo que he oído, se me queda la boca abierta y una sensación helada se instala en mi estómago.

—He dicho que deberías haberle dejado.— Hace un gesto con la mano y aparta la mirada.— Habrías estado bien.

—¿Cómo cojones iba a estar bien?

—El tío te habría comprado. Literalmente te estaría devolviendo a él.

—Yo... ¿qué?

Vic se incorpora un poco más y me mira de nuevo, el ceño fruncido.— Kaia. El tío organiza esas subastas como quien lava la ropa. Que Flynn te pusiera a la venta solo te daría la libertad. ¿Para qué te crees que servían nuestros casinos amañados?

La frialdad se extiende por mi interior como una ola, llenándome por dentro mientras intento aceptar la verdad de las palabras de Vic.

— No... no, eso no tiene sentido. Yo veo nuestras cuentas, las gestiono y hago todas las malditas pinturas que me exige.

Nosotros... ganamos el dinero con falsificaciones y apuestas, no con personas. Vic... no⁠⁠—.

—Madura de una vez, Kaia. ¿De verdad crees que unas timbas de póker y unos cuadros de mierda han sido suficientes para mantener a flote a esta familia durante años? No eres tan jodidamente tonta.

—No me llames tonta. No soy tonta por pensar que nuestra familia era lo bastante lista como para mantenerse alejada de algo tan asqueroso como la esclavitud.

No puedes hablar en serio. Yo... tenemos dieciocho casinos, casi todos clandestinos.

Falsificamos pasaportes y cuadros, papeles para otros países, visados y dinero.

¡Tú—!— De repente, la bilis me sube por la garganta y toso.

— ¿Me estás diciendo que también somos traficantes de personas?

—¿De verdad no tenías ni idea?— Vic empieza a reírse en voz baja.

— Vaya. Pensaba que estabas desengañada.

Que se te daba bien mirar para otro lado.

Pero resulta que simplemente has vivido protegida.

Pues espabila de una puta vez, Kaia, porque esto es real y en cuanto Flynn ceda, y va a ceder, nos pondremos en la cima enseguida.

—¿Por qué nadie me lo dijo?!— La tía Kara nunca dijo nada, Anya tampoco.

¿Cómo he podido gestionar todas las cuentas sin sospechar siquiera algo así de repugnante?

Niego con la cabeza y la bilis amenaza de nuevo con subir antes de poder evitarlo.

Cuando el ácido remonta, me veo obligada a apoyar las manos y las rodillas en el suelo de piedra y vomitar.

—Dios,— Vic pone una mueca de asco.— Eres repugnante. No me creo que te importen tanto las personas.

—No me importan,— jadeo, limpiándome la boca.— Pero eso no significa que deje de tener un mínimo de decencia. No me puedo creer... ¿sabes qué? Da igual.— Me dejo caer de espaldas contra la pared y fulmino a mi hermano con la mirada.— Cuando todo esto acabe, se termina.

—¿El qué?

—Todo. Todas las mierdas que hacéis tú y Antov, se acaban. Voy a cerrarlo todo.

—¿Y cómo coño piensas hacer eso?

—No lo sé, pero apuesto a que sé bastante más sobre nuestras finanzas y todos nuestros trapos sucios que tú, así que haré lo que tanto te gusta hacer a ti. Usaré mis cartas.

Una sombra cruza el rostro de Vic y su ceño se acentúa.— ¿Y cómo coño vas a hacer eso cuando el tío esté demasiado ocupado preñándote?

—¿Perdona?

—¿De verdad creías que tenías poder aquí, Kaia? Un mes con ese puto Gallagher y se te olvida que lo único que tienes de valor es ese agujero entre las piernas. ¿Esto?— Señala a la celda donde estamos.— Esto no cambia nada.

La náusea me inunda y la voz se me apaga bajo el peso brutal de las horribles palabras que escupe mi hermano.— Jamás permitiría que ocurriera eso,— logro articular.

—No tienes opción, Kaia. Eres la única capaz de continuar con la estirpe Yudkin porque desde luego no vamos a casar a otra familia para que venga a forrarse con lo nuestro. ¿Por qué crees si no te hemos dejado pasar de todo en la vida? Madre mía, de verdad que vives en un mundo aparte.

No puedo hablar. Sus palabras han dejado mi mente en blanco, así que me pego a la pared y trago alrededor del ardor en mi garganta.

Parte de esto ni siquiera parece real, como si estuviera en un sueño o, en realidad, me hubiese ahogado en el lago.

Mi propio hermano, el hombre que volvió a buscarme a la casa, no es quien yo creía.

Poco a poco me doy cuenta de que solo regresó por mí por el valor que tengo para él y el tío y no porque realmente le importara.

Me golpea como una losa, y siento cómo las lágrimas me suben a los ojos.

—No lo olvides, Kaia,— murmura Vic.— Los Yudkin hacemos lo que sea para sobrevivir. Lo que sea.

Dios.

Flynn no es mi enemigo aquí.

No cuando mi propia familia es diez veces peor.