CAPÍTULO SESENTA Y SIETE
En el breve trayecto hasta el coche, le dije a Solis que llamara a quien hiciera falta para reforzar las patrullas en el lago. —Puede que tengamos suerte.
Un segundo después, se oyeron los pitidos y timbres de varios móviles. Los tres nos palpamos los bolsillos para coger las llamadas.
—Solis al habla. Sí, por supuesto. ¿Cómo está, señora Tanner?
—¿Tanner? —articulé sin voz mirando a Madero.
—Rick Tanner, el ingeniero —dijo él.
Todo encajó. Ella estaba fuera de la ciudad cuando encontramos a su marido.
Solis colgó. —Era la señora Tanner. Recordó que una agente inmobiliaria había pasado por casa el día que se fue de la ciudad. Puede que sea algo. Le dije que fotografiara la tarjeta de visita de la mujer y me la mandara por email.
—Mi contacto no encuentra nada sobre Burroughs en OCC —dijo Madero—. Sigue buscando una dirección personal.
Me pregunté si Katherine habría mentido sobre el amigo de Preston.
Los dos detectives siguieron mirándome en silencio. Esperaban que les contara lo de mi llamada. —Era mi hija, que me había mandado un mensaje.
Durante el trayecto al lago, pensé en mi corazonada: que Katherine estaba mintiendo. ¿Por qué lo haría? Como madre de dos hijos, lo más importante para ella sería la seguridad de estos. Si había alguna posibilidad de que su marido fuera peligroso, debería querer saberlo.
Pensé en su padre, Eddie Bass. ¿Había sido un buen padre?
Katherine era solo una niña cuando él murió, pero parecía hablar muy bien de él.
Probablemente lo quiso incondicionalmente hasta el día en que la bebida acabó con él, aunque se incomodaba cuando lo mencioné aquel día que la interrogamos.
¿Podría haber mentido sobre lo que sabía su padre?
Dijo que no tenía ni idea de quiénes eran los RR.
Pero ¿y si también mintió sobre eso? ¿Y si todo lo que había dicho hasta entonces era mentira? ¿Y si...?
¡Dios mío! ¡Katherine es la otra parte del equipo!