Corktown (Thriller del FBI de Abby Kane 1) CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES
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CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES

Katherine Carter aguardaba en silencio en su Rover, en el aparcamiento de Daimler Chrysler.

Llevaba semanas vigilando a Ellen Scott y ultimaba los preparativos para lanzar a Preston contra ella esa misma noche.

Esos planes se fueron al traste cuando vio que los dos detectives escoltaban a la ejecutiva fuera del edificio.

Observó a Ellen y a uno de ellos subir al coche de ella.

Después, siguieron a otro vehículo hasta salir del aparcamiento.

Katherine cogió el móvil y activó el altavoz.

—Preston, cariño, hay un cambio de planes.

—¿Qué? ¿Por qué? Tenía tantas ganas. ¿Es necesario?

—Me temo que sí. Es una lástima, pero los dos detectives se han presentado en el trabajo de Ellen y acaban de llevársela. No quiero que te preocupes, pero ¿recuerdas nuestros planes de emergencia?

—¿Por qué me lo preguntas? ¿Saben que somos nosotros?

—No, cariño, pero tenemos que estar preparados. Supongo que van a interrogarla. Recuerda nuestros planes y todo saldrá bien. Te llamo luego.

Katherine siguió a Ellen y a los detectives. Al principio pensó que pondrían a la ejecutiva bajo custodia protectora. Sin embargo, cuando pararon en un Coney Island, se dio cuenta de que no había urgencia. Una vez más, Katherine estaba convencida de que a Ellen le quedaba poco tiempo en este mundo.

Esperó pacientemente fuera del restaurante Coney Island mientras visualizaba escenarios de lo que podría salir mal.

Nada de eso la inquietaba, por supuesto.

Tenía un plan preparado por si la policía interrogaba a Ellen en su oficina y descubría algo.

También tenía otro por si la ponían bajo custodia protectora.

Vaya, incluso tenía uno para el caso de que decidieran interrogarla en un lugar cualquiera, como aquel.

Katherine sonrió y se felicitó mentalmente. Qué gente tan estúpida.

Su sonrisa malvada se desvaneció cuando apareció la agente menuda.

Desde el momento en que Kane se había presentado en su puerta para interrogarla, la mujer le había caído mal.

No soportaba su aspecto: pequeña, vivaracha y haciéndose la dura.

Puaj. La irritaba. Y tampoco ayudaba que no aguantara cómo caminaba, hablaba, reía y se echaba el pelo hacia atrás; era evidente que estaba colada por su compañero. Eso se ha acabado, ¿verdad? ¡Ja!

Observó a Kane cruzar el aparcamiento y entrar en el restaurante. Tengo un plan para ti. Se me acaba de ocurrir. Es muy sencillo. Serás la última en morir.