Lo que quedó de ti
El doctor Goodman vino a mi habitación con las enfermeras para moverme hacia la sala de operaciones. Jordan se paró para saludar a mis padres, quienes entraron para despedirse de mí antes de que me fuera a la sala.
—Oye, papá—, le dije cuando entró a mi habitación esa mañana para decirme que iban a la sala de espera, —¿harías cualquier cosa por mamá si su vida dependiera de ello? ¿Incluso dar tu vida? —.
Mi papá se tomó unos segundos para sentarse a mi lado en la cama.
Respiró profundamente y dijo: —Por tu mamá, por ti…
daría mi vida solo para que ustedes pudieran tener un futuro por delante.
Porque cuando amas a alguien, haces cualquier cosa por esa persona sin pensar primero en ti mismo.
Ese es el poder que puede tener el amor—.
—Palomita, solo quiero que sepas que esta podría ser tu última cirugía y cuando despiertes y te sientas mejor, vamos a comprarte todo lo que quieras, ¿okay? —, me dijo mi mamá antes de irse.
—Sí, gracias, mamá—.
Jordan se sentó de nuevo en la cama cerca de mis piernas y dijo: —Voy a estar con tus padres esperándote. No me extrañes mucho que sé que no puedes vivir sin mí—.
—Me encanta tu humildad, aunque sea un poco cierto, — le respondí virando mis ojos.
Nos despedimos por última vez, y observé cómo lentamente soltaba mi mano y salía de la habitación.
Cuando se fue, otra enfermera entró con una camilla y algunos médicos residentes.
—¿Está lista, señorita Jackson? —, preguntó la enfermera.
Respiré profundamente y dije: —Estoy lista—.
Una vez más, estaba en el quirófano esperando a que el doctor Goodman me diera la señal de que me dormirían. El doctor Goodman entró acomodándose los guantes y finalmente se colocó frente a mí.
—No tengas miedo. Esta cirugía no es diferente a las otras. Todo estará bien—, dijo.
—Excepto que sí lo es—, respondí sintiendo una lágrima caer por mi mejilla, —porque por fin será la última vez que estaré aquí—.
El doctor Goodman suspiró y miró a los otros médicos en la sala. Me inyectaron la anestesia y lentamente empecé a quedarme dormida.
Hace unos meses tuve un sueño sobre un accidente que pasaron en las noticias.
Era aterrador. Excepto que esta vez, yo estaba dentro de la escena.
Todo era igual. Los carros. El extraño misterioso conduciendo.
Los sonidos del choque y mujeres gritando por todas partes.
Pero esta vez era diferente. Esta vez, el extraño llevaba un suéter gris y jeans.
Esta vez, su rostro estaba oscuro y no podía verlo claramente.
Y esta vez, por primera vez en mi vida, yo no llevaba nada blanco.
Llevaba un camisón rojo. Mi cabello estaba suelto y naturalmente rizado. El piso estaba cubierto de agua cristalina y las paredes eran negras.
Estaba sola.
“Ella camina libremente por la tierra, pero sus pies nunca tocan el suelo”, dijo el extraño con el suéter gris ahora cubierto de sangre.
Miré detrás de mí y cuando su rostro se aclaró, era Jonás caminando hacia mí.
“Muchas manos intentarán alcanzarla, pero no podrá ser retenida. No le pertenece a nadie, a nada, a ningún lugar. Cuando la conozcas, la reconocerás por quien es: un espíritu libre, una estrella errante”, dijo deteniéndose a solo centímetros de mí.
“Encaja en tus brazos como si hubiera sido hecha para estar ahí. Y te enseñará lo que significa sostener algo que nunca podrás retener”.
—Ese poema fue escrito por Lang Leav. Era mi poeta favorita y ese era mi poema favorito porque me recordaba a ti.
¿Te das cuenta de que estoy diciendo era muchas veces? ¿Sabes por qué? —
—Jonás… ¿estás muerto? —
Él asintió y cubrí mi boca de la realización. A veces, cuando la peor cosa que puedes imaginar sucede frente a ti, lo único que puedes hacer es preguntar por qué. ¿Por qué murió él? ¿Por qué el universo decidió que tenía que ser Jonás? ¿Y por qué yo tenía que ser la primera en saberlo?
—¿C—cómo pasó esto? ¿Cuándo tú…? ¿Por qué? No puedo creerlo—, dije, debatiéndome entre si esto era real o solo un sueño.
Jonás colocó sus manos sobre mis mejillas limpiando mis lágrimas.
—Mi mamá me llamó por horas antes de tu cirugía y yo iba camino al hospital cuando un camión me atropelló—, dijo decepcionado, y yo apoyé mi cabeza en su pecho dejando salir todas mis lágrimas.
Estaba a solo diez minutos. Diez minutos.
¿Quién habría pensado que tu vida podía estar a solo diez minutos de la muerte?
Yo no lo sabía. Pero a veces las cosas pasan por una razón. Y creo que mi razón eres tú, Ofelia—.
Me aparté de sus brazos confundida.
—¿Cómo puedo ser yo la razón por la que moriste? Porque si intentas hacerme sentir mejor, ésta definitivamente no es una buena manera—.
—La razón es que justo ahora estás en la cirugía más importante de tu vida y cómo morí a diez minutos de tu hospital, significa que puedes tener mi corazón—, dijo poniendo sus manos en mis brazos para que me concentrara en sus palabras.
Y creo que es mejor que tengas mi corazón.
Ofelia, yo nunca tomé alcohol, nunca fumé y nunca hice nada irresponsable que dañara mi corazón.
Soy un gran candidato para tu trasplante—.
—¡Exacto! —, grité empujándolo lejos de mí otra vez. —Tú hiciste todo bien. Tuviste una vida buena y saludable y nunca decepcionaste a nadie. ¿No crees que es injusto que Dios te agradezca haciéndote morir? ¡Estás muerto, Jonás! ¿Cómo puedes estar feliz en vez de enojado como yo? —.
—Porque si morir tenía el propósito de salvar la vida de alguien…
alguien que amo… entonces no estaría frustrado.
En la vida, algunas personas tienen un propósito más grande que otras.
Tú eres una de esas personas. Yo no. Y si la forma de Dios agradecerme por hacer el bien es sanándote, no lo cambiaría por nada—.
Me cubrí el rostro con las manos y seguí llorando. Nunca había sentido tanto dolor. Ni siquiera cuando mi corazón me dolía físicamente. No así. No de esta manera.
Cuando pierdes a alguien que ha estado en toda tu vida, empiezas a perder la fe. Sientes que nunca quieres dejar de llorar. Sientes que tu corazón quiere ser arrancado de tu pecho.
Después de calmarme, lo abracé y él me abrazó más fuerte. Besó mi frente y miró dentro de mis ojos.
—Te amo, Ofelia. Eres una de las mejores personas que me alegra haber tenido en mi vida. Nunca olvides eso. Y nunca dejes de ser el espíritu libre y feliz que eres—.
Me soltó y lentamente comenzó a caminar hacia atrás hacia una luz blanca que apareció detrás de él.
—Dile a mi familia que los amo y dile a Pedro que fue el mejor hermano que pude tener—.
Y así, desapareció.
Todo se volvió frío y empecé a sentir mi cuerpo despertando.
Tenía miedo de despertar con la noticia de que Jonás había muerto. De que su familia tuviera que cargar con el dolor de perder a un hijo y un hermano. De que sus amigos nunca volverían a verlo.
Mientras recuperaba la conciencia lentamente, escuché llantos en la habitación. Llantos suaves. Llantos que sonaban a duelo. Como si no quisieran que yo los escuchara. Sentí una mano sobre la mía. Una mano cálida y suave.
La mano de Jordan.
Me alegra que esté aquí conmigo. Me alegra que no tuviera que perder su corazón.
Lo que no me alegraba era que fuera el corazón de Jonás el que ahora estaba dentro de mi cuerpo y no dentro del suyo.
—Lamentablemente, puedo confirmar que Jonás Beckett fue quien donó el corazón que fue transferido al cuerpo de Ofelia. Y sí, este trasplante es permanente. Ella vivirá con su corazón para siempre. Lo siento—, dijo el doctor Goodman en la habitación.
Todavía tenía los ojos cerrados mientras escuchaba la noticia.
Escuché más llantos.
La señora Beckett y Pedro también estaban ahí, llorando y rogándome que despertara porque él necesitaba a su mejor amiga ahora más que nunca. Aunque mi mente estaba consciente, me sentía culpable por haberle quitado el hijo y hermano a esa hermosa familia solo porque yo necesitaba ser salvada.
Pasaron horas y días y aún no despertaba.
Físicamente hablando. Carolina vino varias veces diciendo que había sido aceptada en NYU y que estudiaría derecho allí.
Quería que supiera que siempre sería su prima favorita sin importar qué.
Carlos vino unos días después y mencionó que había sido aceptado en Columbia para no dejar sola a Carolina en Nueva York.
Dijo que quería estudiar negocios para algún día hacerse cargo del restaurante de su mamá.
Muchas otras personas de mi clase vinieron a verme y me dijeron en qué universidades habían sido aceptados también.
Entonces Jordan entró un día y pude notar que él tampoco estaba llevando esto bien.
—Hola, Jackson—, dijo. —Has estado dormida por varios días.
Todos te extrañamos. Necesito que despiertes ya.
Si no por mí, entonces por Pedro. El funeral de Jonás es la próxima semana y él realmente te necesita a su lado ese día más que nunca, ¿okay?
Y yo también te necesito más que nunca. Te necesito para que vayamos juntos a la universidad.
Ambos entramos a la universidad de nuestros sueños y están cerca, así que podremos vernos casi todos los días—.
Respiró profundo y siguió sosteniendo mi mano.
—Te amo, Ofelia Jackson. Así que necesito que despiertes para que recuerdes cuánto me amas tú también—.
Después de un rato tuve un poco más de fuerza y apreté su mano mientras él dormía.
Abrí los ojos y él estaba sentado junto a mi cama sosteniendo mi mano, y eso me hizo sonreír. Se veía cansado. Y yo estaba débil.
—Te amo, señor chico malo—, susurré con una respiración débil.
Lo miré despertar y me di cuenta de que estaba despierta.
Jordan se levantó de la silla y se acurrucó a mi lado llenándome de los besos más cálidos.
Más tarde los doctores entraron a revisar cómo estaba.
Me contaron todo sobre Jonás y el accidente.
También tuve la oportunidad de contarle a su familia y a los demás sobre mi sueño y lo que él me dijo.
Su familia agradeció que les contara las últimas palabras de Jonás.
Y agradecieron que fuera yo quien tuviera su corazón.
Pasaron semanas, el funeral de Jonás fue hermoso y todos nos despedimos de la preparatoria.
Sabíamos que la vida adulta sería difícil, pero era parte de crecer y enfrentar el mundo real.
Carlos y Carolina se fueron a Nueva York varios meses después para poder acomodar sus cosas en sus dormitorios.
Confesaron que por fin estaban saliendo, pero no era una gran sorpresa para mí.
Yo me quedé con Jordan en Nueva Orleans estudiando en la Universidad de Loyola.
Jordan pudo conseguir una beca en Música y yo decidí estudiar Trabajo Social.
Mi corazón seguía palpitando bien, pero el corazón de Jordan todavía faltaba ser sanado.