Corazones frágiles el amor que se entrega
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el amor que se entrega

Jordan regresa de su casa y entra a mi habitación del hospital. Me trajo unas flores amarillas con blanco. Tenía puesto unos pantalones deportivos y una camisa negra, ropa sencilla para estar cómodo por un par de horas.

—¿Cómo te sientes? —, me preguntaba mientras movía su silla más cerca de mi cama. Él toma mi mano, la besa y espera a que yo responda.

—Bueno, ya mismo es mi cirugía y siento que hay una gran probabilidad que no vaya bien. Por otro lado, si confío en que Dios tiene el control y no estoy tan preocupada. No sé. Tengo mil emociones corriendo por mi cuerpo y solo quiero irme de aquí—.

Jordan sostuvo una mirada de pena en sus ojos hacia mí. Miró hacia las flores que seguían en sus manos y luego las colocó cerca de la mesa de noche que estaba al lado de mi cama.

—¿Te puedo confesar algo? —, me preguntó.

—Siempre, — le respondí con un gran respiro.

—Yo también tengo mil emociones corriendo por mi cuerpo.

Fui a mi casa y me encerré en mi habitación antes de venir al hospital de nuevo y me arrodillé ante Dios.

Le dije que era injusto todo esto que te está pasando y que no lo merecías porque siempre has sido fiel a Él.

Luego, tuve esta rara experiencia. Tuve como una visión en la que estabas en la cama mientras te estaban operando y vi un ángel detrás del doctor Goodman mientras sostenía tu corazón nuevo.

Ese ángel lo sostuvo también con él. Cuando volví a la realidad y miré alrededor de mi habitación escuché una voz y me dijo: ‘No te preocupes, que ella está en mis manos’.

Desde que me pasó eso horita, tengo una paz que no puedo explicar, pero sé que entiendes lo que digo—.

Cuando Jordan terminó de hablar, empecé a llorar y tenía el cuerpo débil.

Sabía que Dios se le había revelado a él a través de esta visión.

Fue una experiencia para Jordan y una lección para mí.

Ahí es cuando comprendí, que todo era para este momento.

Todo mi proceso era para una intimidad para Jordan.

Realmente Dios es una persona extraordinaria.

—Jordan—, le dije, —no tengo palabras para expresar lo contenta que estoy porque por fin tuviste ese encuentro con Dios. Perdón por no decirte la verdad antes. Pensé que estaba pensando en lo que era mejor para mí y no para ti. No sé cómo puedes quererme a pesar de mis imperfecciones—.

Jordan tomó mi otra mano y miró fijamente mis ojos.

—Te amo, Ofelia. Y no es el amor de tercer grado donde solo nos tomamos de las manos como niños pequeños.

Es del tipo en el que amo las conversaciones que tenemos y podría escucharte por horas hablar de ese nuevo pasaje de la Biblia que leíste simplemente porque eres tú quien habla.

O cuando te cuento todo lo bueno o malo que estoy sintiendo y tú miras directo a mis ojos…

amo la forma en que eso me hace sentir. Y cada vez que te veo hablando y divirtiéndote con nuestros amigos, imagino un futuro contigo, y sé que lo tendremos porque creo que vamos a estar bien.

Tú haces que crea que estaremos bien. Y te amo por eso.

Siempre lo haré. Y todo funcionará si te haces esta cirugía.

Dios ya te lo dijo a través de esta visión. Tu vida está en sus manos—.

Hubo unos segundos de silencio donde ninguno de los dos se movió ni habló.

Todo estaba en silencio.

Todo estaba quieto.

Jordan se acostó a mi lado, me abrazó y apoyé mi cabeza sobre su hombro. Empecé a dejar salir lágrimas de mis ojos.

Estos son los momentos que atesoras para siempre. Cuando bajas la guardia frente a esa persona que quieres que te levante en tus peores momentos.

Y si esta cirugía significaba que podría tener esto con él por el resto de mi vida, entonces estaba bien.

—¿Quieres que ore antes de llamar al doctor Goodman? —, preguntó Jordan, sabiendo que apenas podía hablar.

Esa pregunta quebrantó mi corazón, pero fue lo mejor que él ha hecho para demostrar su amor por mí. —Si, por favor—.

—Señor, sé que ahora mismo no soy tu hijo más fiel, pero Ofelia sí lo es.

Ella está asustada y con el corazón roto porque siente que su vida empeora cada segundo.

Por favor, te suplico que alejes cada miedo que quiera ir en su contra.

Hazla fuerte, hazla valiente y permítele saber que tú puedes hacer lo imposible. En el nombre de Jesús, amén—.

—Ofelia, ¿estás lista? —, preguntó el doctor Goodman entrando a la habitación con algunos doctores para llevarme al quirófano.

Jordan me soltó y salió de la habitación. Sentí un gran peso abandonar mi pecho. Finalmente estaba tranquila. Sé que Dios está conmigo. Él nunca falla.

—Tan lista como puedo estar—.