CAPÍTULO 11 #2
—No es culpa tuya, Alasdair. No siempre estás pendiente de ella.
El aludido rechazó su mirada y giró la cara, provocando que Morag diera un paso hacia él.
—No te refieres a eso, ¿verdad?
Alasdair la miró y negó con la cabeza.
—Creo que ha sido culpa mía porque esta mañana hemos discutido. Sin querer, tal vez la he empujado a los brazos de Ross.
Rowan y Sloan lo miraron fijamente. Ambos hermanos estaban ahora uno al lado del otro y se preguntaron en silencio qué estaba pasando.
—¿Por qué dices eso?
Alasdair tragó saliva.
—Preferiría no contar nada ahora.
Rowan arqueó una ceja.
—Si nuestra hermana se ha lanzado a buscar a Ross, tenemos derecho a saber qué ha pasado entre vosotros para que haya decidido marcharse.
Alasdair suspiró y se mostró incómodo. No quería contarles nada, pero el tiempo jugaba en su contra y quería salir a buscar a Cora cuanto antes.
Sabía que mientras no les contara nada, no lo dejarían salir de allí.
Por ello, tuvo que armarse de valor para decir la verdad.
Estaba seguro de que lo odiarían a partir de ese momento, pero no podía callarse.
Levantó la mirada hacia Rowan y le dijo:
—Anoche me encamé con ella y esta mañana le dije que había sido un error.
Tanto Gillian como Morag arquearon sus cejas, sorprendidas por la tranquilidad con la que parecía contar aquello.
Sin embargo, Rowan y Sloan tardaron más de un segundo en mostrar alguna reacción.
Por su parte, el laird se sintió tan incómodo como él por saber aquella información.
Era algo que ya se temía, pero jamás podría haber imaginado a Alasdair con su hermana en la misma cama.
Sin embargo, Sloan no se lo tomó de la misma manera.
Rugiendo de rabia, el segundo de los hermanos se lanzó contra Alasdair y le propinó un puñetazo en la mejilla que logró lanzarlo hacia atrás.
Alasdair gimió al sentir contra su espalda la puerta, pero no tuvo tiempo para recuperarse, ya que Sloan volvió a golpearlo.
—¿Cómo te atreves a hacerle eso a nuestra hermana? —vociferó fuera de sí.
—¡Sloan! —gritó Rowan.
Pero el aludido no quiso hacerle caso. Volvió a golpear a Alasdair, que no se defendió en ningún momento, pero en cuestión de segundos, tanto Rowan como Morag lograron apartar a Sloan de Alasdair, cuyo labio se había vuelto a abrir.
—¿Te aprovechas de ella y después la alejas?
Alasdair negó con la cabeza.
—No me aproveché de ella, Sloan. La amo desde hace mucho tiempo.
Los cuatro lo miraron sorprendidos por la confesión de Alasdair, que no se había dado cuenta aún de lo que había soltado.
Al instante, se arrepintió por completo y sintió cómo la vergüenza ascendía por su cuerpo.
Tragó saliva y tembló ligeramente. ¿En qué momento su mente había decidido traicionarlo?
Jamás se habría atrevido a decir semejantes palabras, y menos a la familia de Cora, que lo miraban como si le hubieran salido dos cabezas.
—¿Y por qué la has rechazado? —preguntó Rowan casi sin voz.
El aludido se limpió la sangre que salía de su labio antes de responder.
—Porque quería protegerla.
—¿Haciéndole daño? —preguntó Sloan, que aún estaba siendo sujetado por su hermano y su esposa.
—A mí no me importa morir si con ello logro salvarla. Pero ¿ella? No podría vivir con la seguridad de saber que ha muerto por mi culpa.
—Pues ahora por tu culpa se ha marchado… —le espetó Sloan.
Morag miró a su esposo y le dijo:
—No lo culpes más, Sloan. Todos sabemos lo difícil que es dejar a un lado nuestro orgullo y admitir que amamos a alguien.
Sloan la miró con gesto enojado.
— ¿Para después dejarla como si nada?
—Eso no es cierto, Sloan —se defendió Alasdair—. Solo quiero protegerla.
—Pues no entiendo tu maldita protección.
Alasdair rechinó los dientes.
—No hace falta que lo comprendas aún. Supongo que algún día lo harás.
Rowan lo observó y supo que Alasdair guardaba algo en su interior que ni siquiera él conocía, pero ¿qué?
La vida de su hermana corría peligro y no podía demorarse en preguntas que aún no tendrían respuesta.
Por ello, se acercó a Alasdair, que dio un paso atrás, alejándose de él por temor a que él también lo golpeara.
Sin embargo, Rowan elevó ambas manos en señal de paz.
—Tienes razón en algo: aún no lo entendemos, pero quiero que cuando todo esto acabe, me lo cuentes.
De momento, solo tengo el pensamiento en mi hermana.
Dices que tal vez la has empujado hacia Ross, pues serás tú quien salga a buscarla mientras nosotros esperamos a los MacBean.
El laird no tardará en venir con sus hombres, pero iremos a buscaros en cuanto podamos.
Alasdair asintió y, sin poder evitarlo, dirigió una rápida mirada hacia Sloan.
Los amaba como si fueran sus propios hermanos, y no le gustaba ver aquella mirada del segundo al mando sobre él.
No obstante, aún no podía hacer nada para explicarlo.
Suspiró. El suelo bajo sus pies no dejaba de temblar, no solo por el miedo que sentía por la mujer a la que amaba, sino por todo lo que tendría que contar después.
Y, aun así, aceptó y salió del despacho rumbo a preparar sus alforjas y su caballo.
—¿Cómo es posible que confíes en él después de lo que nos ha contado? —preguntó Sloan sin poder evitarlo.
Rowan lo miró y suspiró.
—Porque, si es cierto lo que ha dicho, es el único capaz de salvar a la mujer que ama mientras nosotros nos preparamos…
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Minutos después, cuando ya por fin pudo quedarse solo, Rowan se dejó caer contra el respaldo de la silla del despacho. Estaba realmente cansado y con la mente sin poder parar. Apoyó los codos en los brazos de la silla y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras inspiraba con fuerza.
Una parte de él se encontraba rabiosa. Jamás habría imaginado que su hermana sufría tanto internamente que habría decidido entregarse a los Ross tan solo para evitar que ellos lucharan y sufrieran por ella.
¿En qué momento se había ido la familia al traste?
¿Cuándo habían dejado de confiar los unos en los otros?
Rowan sabía que todos habían sufrido mucho durante las semanas anteriores, pero nadie tanto como Cora.
La había visto sufrir por la muerte de Kester y su madre, incluso varias semanas atrás vio el dolor en sus ojos por lo que estaba pasando en el clan, por lo que había guardado para sí antes de que su madre contara la verdad y por la boda de Alasdair con Lottie.
En este último caso, logró ver una mirada entre su amigo y su hermana en la que le indicaron, sin querer, lo que había entre ellos.
Por eso, lo había sospechado desde hacía varios días, aunque nunca imaginó que pudieran llegar a encamarse.
Rowan se sintió incómodo al pensar en eso.
Para él, Cora aún era demasiado pequeña a pesar de sus veinte años.
La había visto nacer, crecer y convertirse en una auténtica guerrera, pero de ahí a pensar en que ya tenía edad casadera parecía haber un abismo.
Y tal vez ese había sido su gran error. No ver en ella a la mujer en la que se había convertido era no ver tampoco su sufrimiento y preocupaciones.
Le había fallado, y no podía evitar sentirse realmente mal.
El guerrero suspiró y se masajeó las sienes mientras se golpeaba mentalmente por no haber sido capaz de ver las intenciones de Cora.
Había estado tan pendiente del clan y otras cosas que no se había parado a pensar en ella y hablar de lo que sentía.
Y ahora cabía la posibilidad de no volver a verla con vida jamás.
Rowan renegó entre dientes y miró a su alrededor.
Era el laird de ese clan y a veces tenía la impresión de que le venía demasiado grande.
Su padre lo había preparado desde muy pequeño, pero esa guerra lo estaba desgastando tanto que solo deseaba desaparecer durante un tiempo y no tener ese peso sobre sus hombros.