Corazones en llamas (Corazones oscuros 3) CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

— ¿Piensas que besando a la hermana del laird vas a escalar en sus filas, Nic?

Ambos se soltaron como si de repente el otro quemara. Cora no pudo evitar sonrojarse al levantar la mirada hacia la única salida de las caballerizas y ver entrar lentamente a Alasdair. Este clavaba su mirada en Nic, a quien miraba con excesivo odio que no podía ocultar.

A su lado, Nic carraspeó y llevó sus manos a la espalda, cuadrando los hombros.

—Jamás se me ocurriría semejante estupidez, Alasdair — acabó respondiendo—. Siempre he querido a Cora. Es mi mejor amiga.

—Tú lo has dicho: amiga. Pero los amigos no se besan.

—Los amigos hacen lo que les dé la gana —intervino Cora con furia mientras lo observaba acercarse con pasos lentos y pequeños, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo.

—Creo que no deberías meterte en esto, Alasdair, puesto que yo tampoco me meto en lo que haces con tu vida —repuso Nic.

—En eso te equivocas. Cora es mi protegida y no quiero que te acerques a ella de esa manera o acabaré contándoselo a Rowan.

La joven apretó los puños con fuerza.

—Esto no es asunto tuyo, Alasdair.

El guerrero la miró fugazmente, pero lo suficiente como para que Cora se diera cuenta de los celos que reflejaban sus ojos. Estaba realmente iracundo, algo que no muchas veces había visto en él. Y no pudo evitar preguntarse qué demonios le ocurría para que hiciera aquello.

—Claro que es asunto mío.

—Estoy harto de que siempre nos separes, Mackay —replicó Nic con enfado—. Siempre nos interrumpes, siempre estás en medio, siempre apareces, pero lo único que haces por ella es enfurecerla y amargarle la vida. ¿Por qué no te vas al infierno y nos dejas en paz? Búscate una vida, Mackay.

Nic dio un paso al frente para encararlo.

—¿Cuándo te vas a dar cuenta de que lo único que siente Cora por ti es asco?

Sin poder contenerse, Alasdair le propinó un puñetazo que arrancó una exclamación de sorpresa de Cora. La joven se llevó las manos a la cara al ver que Nic se veía impulsado hacia un lado y se chocaba contra las cuadras de los caballos.

—Pero ¿qué demonios te pasa?

La joven tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para empujar lejos a Nic, ya que cuando este se recuperó de su golpe, intentó lanzarse contra Alasdair, que parecía esperarlo para atacarlo de nuevo.

—Nic, mírame —le pidió la joven—. Vete y déjame con él.

—Eso es lo que quiere, Cora. Siempre consigue echarme.

La joven negó con la cabeza.

—Esta guerra es entre él y yo. No quiero meterte en medio.

El guerrero la miró en silencio y acabó asintiendo.

Sin perder de vista a Alasdair, Nic lo rodeó y se marchó con la tensión reflejada en todo su cuerpo.

Y en el momento en el que estuvieron solos, Cora no pudo contenerse y le propinó una bofetada a Alasdair.

Este giró su rostro y se llevó una mano a la mejilla, escuchando la respiración fuerte de la joven.

—Debería contarle a Rowan que te has excedido con él.

En ese instante, el guerrero levantó la mirada hacia ella.

—Supongo que le contarás también que te estabas besando con él…

La joven apretó los puños contra su cuerpo y lo miró, iracunda.

—Lo que yo haga con mi vida no debería ser motivo de chismes en el castillo.

Alasdair se acercó más a ella, logrando acorralarla contra una de las cuadras.

—Creo que no conoces bien los entresijos de un castillo.

—Creo que eres tú quien no me conoce y sabe que realmente me importa una mierda.

El guerrero elevó las manos, colocándolas a ambos lados de la cabeza de la pelirroja. Desde esa corta distancia, casi podía contar sus pecas, pero fueron sus labios retadores los que más llamaron su atención.

—Hace tiempo que dejé de ser la mocosa que tú pensabas… —le espetó la joven.

Los ojos de Alasdair se elevaron hacia las esmeraldas de Cora.

—Eso hay que comprobarlo —dijo con voz ronca.

Y antes de que la joven pudiera decir algo más, acortó la poca distancia que los separaba y acabó besándola.

No fue un beso breve, ni inocente como solía hacer con Nic.

Fue algo mucho más profundo, casi como un castigo.

Parecía que realmente Alasdair deseaba descubrir si era cierto que había dejado de ser aquella mocosa que lo seguía a todas partes para ser una mujer.

Lo que ella desconocía era que si Alasdair la estaba besando era porque no había podido contener por más tiempo sus ansias por hacerlo.

La deseaba de una forma que dolía, pues hacía ya mucho tiempo que se había dado cuenta de que ya no era la niña que él pensaba cuando era más joven.

Sabía que se había convertido en una mujer verdaderamente hermosa y atractiva que lograba arrebatarle el sueño casi todas las noches.

Saber que el dormitorio de Cora estaba tan cerca del suyo lo hacía enloquecer, pues solo deseaba recorrer el pasillo y hacerla suya una y otra vez.

Y en ese momento, dejó que todo su deseo saliera por fin de su pecho.

Las manos de Alasdair se dirigieron directamente al trasero de Cora, el cual apretó con fuerza contra él mismo, mostrándole que estaba realmente excitado por ella.

Quería demostrarle que ya no pensaba que era una niña y que lograba despertar en él sus más bajos instintos.

Cora gimió y él sonrió ligeramente sin dejar de besarla.

La penetró con la lengua mientras la aplastaba contra las maderas de la cuadra.

Apenas quedaba un resquicio entre ambos cuerpos por el que pudiera correr el aire.

El guerrero sentía contra su cuerpo los aplastados pechos de Cora, que se aferraba a su cuello como si estuviera a punto de caer al suelo.

Deseó hacerla suya allí mismo, hacerla gritar su nombre y que olvidara para siempre a Nicolas o a cualquier otro hombre del clan, pues solo la quería para él.

En ese momento, ni siquiera le importaba que Rowan lo expulsara del clan si descubría que la había besado.

Al menos, se marcharía de allí con el mayor sueño de su vida cumplido.

Cora volvió a gemir cuando sintió contra ella el miembro erecto de Alasdair.

Este restregó su cuerpo contra el suyo, encendiéndola.

Había esperado durante demasiados años para ese momento y una parte de ella no podía creerlo.

Se entregó a él por completo, dejando que la tocara, que la besara, que le hiciera el amor con la boca.

Aquel era un momento tan deseado que las piernas apenas la sostenían, por lo que habría dejado que le hiciera lo que deseaba.

Ambos parecieron olvidar el odio de años atrás, sus peleas, su particular guerra...

Eran tan solo un hombre y una mujer que se deseaban en silencio durante demasiado tiempo y que sus cuerpos por fin habían explotado.

Sin embargo, aquella felicidad en Cora fue momentánea, ya que Alasdair acabó separándose de ella para mirarla a los ojos.

La joven tardó unos segundos en abrir sus ojos y clavar su mirada en él, momento que aprovechó Alasdair para admirar sus mejillas rosadas y volver a desearla de nuevo.

No obstante, se obligó a contenerse. Y el odio hacia sí mismo que surgió en ese momento por haberse dejado llevar provocó que odiara también a Cora.

Era la primera vez que se dejaba llevar por un sentimiento, ya que siempre había podido presumir de ser un hombre que sabía manejar sus instintos.

Pero no en ese momento, por lo que le espetó contra sus labios:

—¿Nicolas también te besa así?

Rápidamente, la mirada de Cora cambió y lo empujó lejos de ella. En sus ojos vio el rencor y el dolor, y no pudo evitar abofetearlo de nuevo.

—Eres un ser despreciable, Alasdair Mackay.

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Esa misma tarde, Alasdair no podía contener la ira que recorría su cuerpo de arriba abajo.

Se odiaba a sí mismo por haberle hecho a Cora aquella pregunta tan maliciosa, pero no había podido contener su boca.

Quería hacerle ver que Nic jamás la besaría con la misma pasión que él porque llevaba años guardándola en su pecho.

Y en el momento en el que le diera rienda suelta a esa pasión y deseo sería casi devastador para ambos.

Se reconoció a sí mismo que la había besado de esa manera para vengarse de la joven por atreverse a entregarse a Nic, pero también por lo que sentía por ella.

Era su manera de demostrarle que ya no la veía como una niña, sino como la mujer en la que se había convertido y a la que deseaba con todas sus fuerzas.

A medida que avanzaba por el pasillo con gesto meditativo, Alasdair tocó su colgante. El joven rechinó los dientes al recordar las últimas palabras que le había dedicado su padre y que no había podido cumplir.

El guerrero suspiró y salió al exterior del castillo.

Necesitaba sentir sobre su rostro el viento fresco, pues tenía la impresión de que solo así podía lograr sentirse mejor.

Sin embargo, su intento de relajación se vio frustrado cuando la primera persona a la que vio en medio del patio fue a Nic.

A pesar de que se había jurado alejarse de él, no pudo conseguirlo y sus pies lo llevaron directamente hacia él.

Quería que dejara en paz a Cora, que no la tocara más, que no la mirara de la forma en que lo hacía… Simplemente, deseaba que desapareciera de su vida para siempre, pues sus celos lo estaban consumiendo.

—¿Qué quieres, Mackay? —le preguntó el guerrero cuando lo vio llegar—. No estoy de humor para aguantar tus tonterías.

Alasdair apretó los puños y se encaró a él. A su alrededor, la actividad en el castillo siguió su curso. Nadie estaba atento a la conversación entre ellos. Cerca de allí vio a Sloan y Morag hablando con Cora, pero esta se encontraba de espaldas a ellos, por lo que no lo vería hablar con Nic.

—Quiero que la dejes en paz.

Nic se incorporó y lo miró a los ojos, elevando el mentón con orgullo y chulería.

—¿Te refieres a Cora? No pienso hacerlo. Es amiga mía desde que éramos pequeños.

—No me refiero a vuestra amistad. Ya lo sabes…

Nic sonrió de lado sin perder su pose jactanciosa.

—¿Y quién eres tú para impedir que estemos juntos?

Alasdair se acercó más a él.