CAPÍTULO 3
Gillian abandonó rápidamente el gran salón para hablar con Rowan. No estaba dispuesta a esperar más tiempo porque este corría en su contra. Necesitaba convencerlo de que eran los Ross los culpables de todo, así que fue directamente al despacho para buscarlo.
Al llegar junto a la puerta y levantar el puño para llamar, esta se abrió de golpe, dejando salir a Alasdair, que se sobresaltó cuando estuvo a punto de pisarla.
—Lo siento, no te he visto, Gillian.
La joven le sonrió y lo dejó salir.
—No pasa nada. Parece que todo el mundo queremos hablar con Rowan esta mañana…
Alasdair asintió.
—Me temo que tiene entonces mucho trabajo por delante.
Gillian lo dejó marchar y respiró hondo antes de entrar en el despacho. Cerró la puerta tras de sí y se acercó a él para besarlo.
—Algo me ha dicho en tu mirada que me das este beso porque vas a hablar sobre algo realmente importante.
Gillian rio suavemente y se separó de él.
—¿No puedo besar a mi marido simplemente porque me apetece?
Rowan torció la cabeza en entrecerró los ojos.
—Claro que sí, pero después de la conversación con Alasdair estoy con los nervios de punta, por lo que te he descubierto antes de decir algo…
Gillian se dejó caer sobre una silla y sonrió ampliamente.
—Pensaba que dirías que lo sabías porque me conoces a fondo, no porque estás nervioso…
—Así que vas a decirme algo que no me va a gustar…
La joven se encogió de hombros.
—Supongo que es algo que te ha pedido más de una persona en este castillo durante una semana.
—¿Tiene algo que ver con los Ross?
—Tiene que ver todo…
El laird suspiró y se dejó caer sobre la silla que había al lado de Gillian. Después levantó la mirada con la cabeza ligeramente agachada.
—¿Qué pasa?
—Eso digo yo… ¿qué pasa?
Rowan entornó los ojos.
—No te entiendo.
—Tu hermana Cora escuchó a Lottie confesar que su padre era el que había organizado todo esto.
La esposa de Alasdair se cortó las muñecas delante de ella.
El propio laird Ross fue el que envió a los mercenarios para que propinaran una paliza a Morag, a la cual se lo confesaron, eso sin contar con que ese desgraciado la violó siendo una niña…
Podría decir más cosas, pero tú ya las conoces, y, aun así, ¿por qué demonios no crees que fuera Ruairidh Ross el culpable de todo esto?
Rowan asintió y suspiró, metido en sus pensamientos antes de responder.
—Ha sido todo una pantomima de Alasdair y mía, Gillian.
La joven se quedó pasmada ante esas palabras, por lo que le preguntó:
—¿Te importaría explicarte?
—Que sí creo que sea el laird Ross. Si mi hermana lo escuchó y luego Lottie se lo confesó es verdad. Mi hermana jamás mentiría en algo así.
—¿Y por qué demonios no has hecho nada?
—Para proteger a todo el mundo. Y porque no sé cómo cojones enfrentar este maldito giro en nuestras vidas.
No puedo evitar culparme de la muerte de Kester y de mi madre porque no estábamos en el castillo.
Debí dejar a más guerreros como protección, pero jamás pensé que nos atacarían en nuestras propias puertas.
—Pero de ahí a no creer a tu hermana y a Morag…
Rowan se atusó el cabello, incómodo.
—Conozco a Cora. Tenía que hacerle pensar que no creíamos sus palabras o habría salido a luchar al día siguiente cuando los cuerpos de mi madre y mi hermano seguían calientes. Y sé que Sloan y Morag habrían hecho lo mismo.
—Pero no me parece justo, Rowan —Gillian se levantó de la silla y comenzó a caminar de un lado a otro del despacho—. Estás haciendo sufrir a Cora a propósito. ¿No fue suficiente lo que soportó en el ataque? Vio morir a tu madre y a Kester…
—Lo sé, pero todo esto lo he hecho para salvarla.
—Está a punto de perder el juicio. Piensa que esta familia se ha roto. No sois los mismos. Arran parece una aparición y Sloan… Sloan y Morag están dispuestos a traicionarte para salir en busca de los Ross. Y Cora está con ellos.
Rowan frunció el ceño.
—¿Cómo dices? —preguntó levantándose de la silla y acercándose a ella.
—Que piensan que has perdido el juicio y Morag ha escrito una misiva para Jacob MacBean solicitando ayuda para marchar contra los Ross, quieras tú o no.
—Eso los pondría aún más en peligro.
—¿Por qué crees que estoy aquí? Tienes que contarles enseguida que era todo un engaño. Eso sí, Sloan te va a odiar por no haberle contado nada.
—No quise hacerlo para que fuera más creíble. Es que…
Rowan resopló.
—Todos esperan que haga algo, pero ¿qué?
No sé qué hacer después de ver cómo mi familia se ha roto por completo.
Pero, al mismo tiempo, sé que, como laird, tengo que dar órdenes y seguir con nuestros planes.
Sin embargo, algo dentro de mí teme perder a otro miembro más de nuestra familia.
Jamás he visto llorar a Arran y la semana pasada…
no supe qué decirle porque a él nunca he tenido que darle ánimos de nada.
Siempre eran ellos quienes lo hacían. Y ahora…
no queda nada de eso, Gillian. ¿A quién me puedo aferrar?
Siento que hemos perdido esta guerra antes de empezarla.
Aunque marchemos a luchar contra los Ross, mi madre y Kester seguirán muertos.
Todos estarán muertos. Maté a tu hermano siendo tan inocente como cualquier otra persona de los clanes.
Rowan desvió la mirada y se alejó de ella con el rostro contraído.
—Aunque todo esto se solucione, nada borrará lo que hemos hecho unos y otros. Nada limpiará la sangre inocente de nuestras manos.
Gillian se acercó a él y levantó las manos para sujetarlo del rostro.
—Tienes razón. Todo lo que hemos hecho, dicho o sentido durante estos años no va a borrarse.
Pero lo que hemos construido después de eso tampoco se borrará.
Lo que siento por ti seguirá intacto, Rowan.
Tú no podías saber esto desde el principio.
Nadie lo sabía. Tan solo él. Y sé que ahora mi hermano también lo sabe.
Rowan entrecerró los ojos.
—¿También crees eso?
Gillian asintió.
—Es un traidor, Rowan. No solo lo creo porque no me ha escrito tras la muerte de nuestro padre, sino porque hablé con Cora y me lo confirmó. Tal y como estaban las cosas, ninguno hemos querido hablar sobre eso con nadie.
Rowan la abrazó.
—Si vamos contra los Ross, puede que tu hermano acuda en su ayuda.
Gillian lo meditó y acabó encogiéndose de hombros.
—Es él quien ha decidido su destino, no yo.
Rowan asintió y la besó suavemente. Después, apoyó la frente contra ella y le sonrió.
—Dime que estarás a mi lado cuando cuente todo esto a los demás…
Gillian asintió.
—Jamás te dejaría solo, Rowan.
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Al mediodía, justo a la hora de la comida, Rowan reunió en el gran salón no solo a su familia, sino a gran parte de los guerreros del clan para explicarles qué había pasado durante esos días.
Antes de que el laird llegara al salón el ambiente en este era realmente tenso.
Muchos hablaban en voz baja sobre lo que Rowan tendría que comunicarles, mientras que Sloan y Morag, por ejemplo, se miraban en silencio, preguntándose si habría descubierto lo que planeaban hacer.
Cora, por su parte, se encontraba cruzada de brazos, mirando hacia el tablero de la mesa sin saber que la mirada de Alasdair estaba puesta completamente sobre ella.
Este la observaba de forma penetrante, intentando adivinar qué estaba pensando y en el momento en el que su mente lo traicionó y le revivió el cuerpo de Cora con ese camisón que describía su anatomía a la perfección, carraspeó y apartó su mirada.
En ese instante, Rowan entró en el salón junto a Gillian. Ambos se dirigieron hacia sus asientos, pero Rowan se quedó de pie para mirar a los ojos a sus hombres.
—Supongo que os estáis preguntando por qué os he reunido a todos aquí, así que voy a ir al grano.
Rowan miró momentáneamente a Cora, cuya mirada no pasó desapercibida a la joven, que frunció el ceño y puso toda su atención sobre él.
—Hace ya una semana que fuimos atacados por mercenarios que respondían a las órdenes un laird. Ese mismo laird que llevamos buscando desde hace tiempo.
En ese momento, Rowan volvió a mirar a Cora, como si una parte de él tuviera la esperanza de que la joven lo ayudara y volviera a repetir el apellido Ross. Sin embargo, su hermana se quedó callada, mirándolo seriamente.
—Desde un primer momento, mi hermana Cora juró una y mil veces que ese laird que los había enviado aquí era Ruairidh Ross, padre de Lottie, la mujer que se casó con Alasdair el mismo día del ataque.
Cora dijo que había escuchado que el laird Ross pretendía atacarnos el día de la boda, y así fue.
Morag, la esposa de Sloan, salió del castillo para buscar a los que estábamos cazando como motivo de celebración por esa boda.
Y, mientras tanto, el castillo fue atacado por los mercenarios, logrando matar a muchos de nosotros, incluida mi madre y mi hermano Kester.
Rowan miró fugazmente a Arran, que apretó los dedos contra la mesa y se mantuvo quieto y serio, apartando la mirada de él. El laird suspiró y volvió a tomar aire con fuerza.
—Desde ese día, he repetido hasta la saciedad algo que ya no puedo hacer por más tiempo. Y lo peor de todo es que obligué a Alasdair a que me siguiera…
Las miradas de todos fueron directas hacia el aludido, que se mantuvo sereno y con la mirada puesta en Rowan al tiempo que se cruzaba de brazos. Sin embargo, al sentir sobre él la mirada de Cora, no pudo evitar mirarla de reojo.
—¿Qué quieres decir exactamente, Rowan? —preguntó Sloan.
—Lo que quiero decir es que mentí y obligué a mentir a Alasdair sobre el verdadero culpable de todo esto.
Dije y repetí que no podían ser los Ross quienes nos habían atacado, pero era mentira.
Creí las palabras de Cora y Morag desde el primer momento, pero, por precaución y protección hacia los míos, decidí que lo mejor era negarlo.
Un murmullo se elevó desde todo el salón. No obstante, Cora no se sumó a este, sino que se quedó pasmada, mirando alternativamente a Rowan y Alasdair. ¿De verdad se habían pasado una semana fingiendo que no la creían?