CAPÍTULO 2 #3
—¿Dejarme aquí para ir tú a mi clan? ¿Has bebido esta mañana sin que yo me dé cuenta? No voy a dejar que vayas tú solo.
—¿Y arriesgarme a que te intenten matar de nuevo? Ni hablar.
La seguridad con la que pronunció esas palabras conmovió a Morag, que sonrió ampliamente.
—Yo también te quiero, guerrero.
Aquella simple frase logró desarmar a Sloan, que se quedó sin palabras. Necesitó tragar saliva para continuar, pero la risa de Morag ya llenaba el espacio.
—Te has quedado atónito, ¿eh?
—No me desvíes el tema —gruñó el guerrero.
Morag le guiñó un ojo.
—Volviendo a él… Yo la he escrito y yo la voy a llevar si tu querido hermano sigue demostrando su incompetencia como laird.
Sloan le chistó y miró hacia la puerta.
—No lo digas tan alto. ¿Quieres que nos acusen de traición?
—Lo harán igualmente.
—Sí, pero no quiero que sea antes de tiempo…
Morag rodó los ojos.
—Debemos ser nosotros quienes demos el siguiente paso o nos van a masacrar a todos.
Sloan abrió la boca para responder, pero la puerta del salón se abrió y dio paso a Cora, cuyo rostro mostraba signos visibles de falta de sueño.
—¿Tú tampoco has podido dormir? —preguntó Sloan.
—¿Alguien en este castillo lo hace? —le devolvió la pregunta, sentándose en su habitual silla—. ¿De qué habláis?
Sloan y Morag se miraron entre ellos.
—De la carta que he escrito a mi laird. No podemos dejar que la locura de tu hermano continúe mientras nuestra gente sigue muriendo.
Cora asintió.
—Estoy contigo.
—Pero Sloan piensa que es una traición y quiere intentarlo una vez más con Rowan.
Cora arqueó una ceja.
—No valdrá de nada. Rowan no es el mismo. Si vas a tu clan, cuenta conmigo para ir.
Sloan apoyó los codos en la mesa.
—¿Para qué te vas a exponer tanto?
—¿Crees que a estas alturas me importa un poco mi vida después de todo lo que nos han hecho?
Ya no soy la misma, hermano. Todo esto ha sido porque estoy viva, así que no me voy a quedar escondida mientras los demás arriesgáis vuestras vidas.
La semana pasada lo hice porque madre me obligó a esconderme.
Ya no hay nadie sobre la Tierra que pueda exigir nada.
Sloan y ella se sostuvieron la mirada, hasta que el guerrero comenzó a asentir lentamente.
—Padre estaría muy orgulloso de ti si te viera…
Cora sonrió con tristeza, pero no le dio tiempo a responder, pues Gillian entró en el gran salón con paso seguro.
Rápidamente, la tensión en el mismo aumentó, pues apenas habían hablado con ella y no estaban seguros del todo de qué parte estaba la esposa de Rowan.
No obstante, al ver lo que había provocado su presencia en el lugar a su entrada, Gillian los miró a todos.
— ¿Os he hecho algo?
Ninguno se atrevió a responder rápidamente, aunque al cabo de unos segundos fue Cora la que abrió la boca para hacerlo.
—Sí, que estás casada con Rowan y no quiere admitir la verdad.
Sloan y Morag se miraron entre ellos con incomodidad y cierto temor a las represalias de Gillian contra ellos por decirle aquello.
—Eso no implica que me miréis así. ¿He hecho algo que os haya molestado?
—Sí, que seguramente estás del lado de Rowan. Aún no sabemos qué opinas de lo que han hecho los Ross.
Gillian clavó su mirada en Cora. Por primera vez desde que se conocían, mantuvieron una lucha interna de miradas, hasta que la esposa de Rowan finalmente abrió la boca y los sorprendió a todos con sus palabras.
—Tienes razón. No he dicho nada porque le estaba dando tiempo a Rowan para que se diera cuenta de la verdad.
Los tres se quedaron de piedra.
—¿Piensas lo mismo que nosotros? —preguntó Sloan.
—¿Te sorprende, querido cuñado?
—Por supuesto que sí.
Gillian sonrió ligeramente.
—Eso es porque nunca te has preocupado de conocerme más. Sinceramente, no sé qué le está pasando a Rowan y por qué no cree que son los Ross. Cora, te creí desde el primer momento. Sé que son ellos, pero no sé qué podemos hacer para convencerlo.
—Alasdair también lo cree.
Morag arrugó el rostro.
—¿Y Arran? ¿Alguien sabe qué opina él?
Cora siseó.
—Creo que está sumido en tanto dolor que aún no ha pensado en vengarse, por lo que ni siquiera pensará en quién es el culpable.
Morag asintió y suspiró.
—Mira, Gillian, tal vez no debería contarte esto, pero he escrito una carta a mi laird para pedir ayuda. Si tu esposo no nos ayuda, los MacBean iremos a la guerra contra los Ross. Estaría muy bien que todos los Chattan también vinieran a luchar.
La esposa del laird meditó sus palabras y asintió.
—Hablaré con él para convencerlo, y no me separaré hasta que lo admita.
Cora asintió.
—Gracias, Gillian.
La joven sonrió con cierta tristeza.
—Es una pena que los Comyn no estén en el mismo bando.
Sloan abrió mucho los ojos.
—¿Rowan te ha contado lo que piensa de tu hermano?
—No hace falta que hable con él para darme cuenta de que mi hermano es un traidor. Ni siquiera ha hablado conmigo desde la muerte de nuestro padre. Está claro de qué parte está.
Sloan asintió.
—Lo siento.
Gillian sonrió y miró a Morag.
—No sé qué le has hecho a tu esposo, pero me sorprende que él mismo me dedique esas palabras.
Morag rio y se dejó caer contra el respaldo de la silla.
—Tengo mis tácticas…