CAPÍTULO 1 #3
—No me importa. Al fin y al cabo, yo no soy de esta familia.
—Pero es como si lo fueras… Estar conmigo en esto ha hecho que Cora te odie aún más.
—Ya me odia lo suficiente. No creo que pueda hacerlo más…
Rowan suspiró y se frotó las sienes mientras pensaba.
—Tal vez tomé esta decisión de manera demasiado rápida, pero no quería que nadie de mi familia corriera tras los Ross cuando el cuerpo de mi madre y mi hermano estaban aún calientes.
Alasdair comprendió su sufrimiento y se apoyó contra la mesa a su lado. Lo miró largamente antes de responder.
—Reconozco que tienes razón. Conociendo a Sloan o viendo el dolor de Arran, sé que habrían salido detrás de los Ross para acabar con ellos.
Pero de ahí a idear un plan para engañarlos a todos y hacerles pensar que no crees que fueron los Ross es ir demasiado lejos si me permites la apreciación.
Cora está que echa fuego por el cuerpo. De hecho, me sorprende que tu hermana aún no haya salido del castillo rumbo a tierras Ross para retarlos.
Rowan se cruzó de brazos.
—Fue por ella por la que se me ocurrió esta maldita idea.
Conozco a Sloan y sé que si no hay una orden de por medio no marchará a por el enemigo.
Arran está demasiado dolido por la muerte de Kester como para enfrentarse a ellos él solo.
Pero Cora… a ella la veo capaz de abandonarnos para entregarse.
Alasdair sintió que su corazón se encogía ante la mención de ese posible hecho. El guerrero tragó saliva ruidosamente y frunció el ceño. Pensar en que ya no vería más las pecas de su rostro, su pelo rojo como el fuego, el brillo y la valentía en esas esmeraldas… Simplemente, no podía pensarlo.
—Pero con ella has conseguido el efecto contrario, Rowan. Está cada vez más iracunda. Es como si tu negativa le diera alas contra los Ross.
—Lo sé. Por eso necesito que a partir de ahora no le quites el ojo de encima.
—¿Y por qué no dejas este absurdo plan y les das la razón a todos? Tú y yo sabemos que fueron los Ross. Lo mejor es comenzar a organizarnos antes que ellos.
—¿Crees que los hombres están preparados para luchar después de las pérdidas del otro día?
—Por supuesto. Están deseando vengarse.
Rowan lo miró y dudó un instante.
—Sinceramente, creo que es la primera vez que no sé qué hacer. Por una parte, deseo seguir con esta pantomima y que todos piensen que no creo que sean los Ross. Pero, por otra, sueño cada noche con el llanto de Arran al ver a Kester.
—Date unas horas para pensarlo. Mientras tanto, ¿qué hago?
Rowan respiró hondo y carraspeó.
—Sigue a Cora. No me fío de lo que pueda hacer. He visto el odio en sus palabras.
Alasdair torció la cabeza. Desde que se había enfrentado a ella en las cocinas, lo único que deseaba era alejarse todo lo que pudiera. Y descubrió que eso se reflejaba en su mente cuando vio que Rowan lo miraba atentamente.
—¿Qué pasa con ella?
—¿Con Cora? Lo mismo de siempre.
Rowan esperó unos segundos para preguntarle:
—¿Qué ocurrió para que empezarais a llevaros mal? Recuerdo que, cuando era muy pequeña, te seguía a todos lados…
Alasdair se mostró incómodo, especialmente cuando se alejó de él y se incorporó para evitar que lo mirara a los ojos y descubriera lo que realmente había pasado.
Aún no había podido olvidar el beso que la joven de trece años le dio la noche de aquella fiesta en la que él estaba a punto de cumplir veinte.
El guerrero se encogió de hombros.
—Nada. ¿Qué va a pasar? Ella nunca aceptó mi presencia en el castillo.
Rowan lo miró y acabó asintiendo.
—Bueno… no le quites el ojo de encima…
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Después de discutir con Rowan y Alasdair en la entrada del castillo, Cora se dirigió directamente hacia el portón de la muralla.
Necesitaba salir de allí antes de levantarse en armas contra su propio hermano e incitar al resto de guerreros a que la siguieran a la guerra contra los Ross.
Tenía que calmarse primero o sabía que haría cualquier tontería de la que se arrepentiría durante toda la vida.
En el momento en el que llegó junto al portón y vio a uno de los guerreros, señaló la puerta y le pidió que la abriera.
—No estoy seguro de que sea la mejor opción.
Cora frunció el ceño.
—Mira, hoy no tengo un buen día, así que abre el portón, apártate y déjame seguir mi camino antes de que decida pagar contigo todas mis frustraciones.
El guerrero resopló y abrió lentamente el portón.
—Si Rowan pregunta por qué te hemos dejado salir, le diré que me has amenazado.
Cora lo miró a medida que cruzaba el portón.
—Estoy de acuerdo con eso… —respondió mostrándole su indiferencia.
Cuando se vio libre, Cora caminó hacia el bosque.
Solo deseaba dejar atrás el ruido del castillo para intentar escuchar únicamente sus pensamientos.
Nada más. No era capaz de pensar con claridad teniendo en cuenta el odio y la rabia que rezumaba la fortaleza por cada recoveco.
Allí se sentía encerrada, vigilada, triste, rabiosa…
Necesitaba desquitarse un poco y relajarse para poder pensar con claridad y no hacer una locura.