Corazones divididos (Dulces corazones de Sweet Creek nº 4) Capítulo 13 #2
83%

Capítulo 13 #2

—Eres muy perspicaz —dijo Clifton con un deje de admiración—. Es una posibilidad. A veces ambas partes llegan a un acuerdo de reparto justo y equitativo antes de que eso ocurra.

—¿Cree que eso es posible?

Clifton guardó silencio un momento y luego la miró directamente a los ojos.

—No. La otra mujer quiere la totalidad de lo que le corresponde.

Cory dejó que las palabras calaran mientras apartaba la mirada. Luego, lentamente, la vieja rabia de siempre prendió en su interior. Zeke la había traicionado una vez más. Y Matthew la había animado a meterse en esta situación. No le había dicho la verdad.

—¿Por qué no me sorprende? —espetó mientras echaba la silla hacia atrás y se ponía de pie—. Nunca quise nada de Zeke. Desde el principio. No confiaba en él, y tenía razón.

Sin mirar a Matthew, se alejó a grandes zancadas, ignorando sus gritos para que esperara.

Se coló tras un tabique y se arrancó el delantal. Matthew la alcanzó justo antes de que llegara a la puerta trasera del restaurante.

—Cory, por favor, escúchame.

Ella se volvió hacia él, con la ira al rojo vivo, el aguijón de la traición de Zeke tan dolorosamente familiar.

—No. Escúchame tú a mí. Te dije que no quería nada de ese maldito testamento.

Tú me dijiste que lo firmara, me dijiste que quizá Zeke quería compensarme.

Si no hubiera cedido, nunca habría vuelto a sentirme así.

Como si tal vez, de algún modo, él quisiera...

quisiera... estuviera compensando... —para su vergüenza, la voz se le quebró.

—Cory, lo siento —extendió la mano como para tocarla, pero ella retrocedió.

—Dijiste que sería diferente —arremetió; una parte de ella le gritaba que parara, pero no podía. Era demasiado familiar. El dolor, la traición. Las mentiras—. Toda mi vida he querido un padre, alguien que me quisiera. Él fue el único padre que conocí. Y me odiaba.

Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero ya no podía parar. Había bajado demasiadas barreras con Matthew y no podía contener lo que necesitaba decir.

—¿Sabes lo que es vivir con alguien que solo quiere hacerte daño, cuando lo único que deseas es que alguien te quiera?

—se detuvo y negó con la cabeza, mirando por encima del hombro de él hacia su padre—.

Claro que no. Tu padre solo quería lo mejor para ti, te dio todo lo que necesitabas o querías.

Lo único que quise de Zeke fue alguna muestra de cariño.

Alguna forma de saber que le importaba. Que significaba algo para él.

Pero no era así, y pasé años levantando defensas contra él.

Años. Y en solo unas semanas, tú me ayudaste a derribarlas.

Clavó la mirada en Matthew, sin darse cuenta de las lágrimas que le corrían por las mejillas, furiosa porque él había conseguido, con su silencio, que expusiera sus miedos más profundos, su secreto más íntimo.

Que a pesar de lo mal que Zeke la había tratado, una parte de ella anhelaba lo que él podría haberle dado.

—Lo siento —dijo él.

Volvió a alargar la mano hacia ella, pero Cory no soportaba que la tocara.

—Déjame en paz, McKnight. Fuiste su abogado, pero pensé que eras mi amigo.

Con otro sollozo, se dio la vuelta y salió corriendo.

Una vez fuera, echó a correr sin saber adónde iba, con la única certeza de que tenía que alejarse de Matthew y de los recuerdos.

No se detuvo hasta llegar al río.

Jadeando por el esfuerzo, se apoyó contra un árbol. Pensamientos y recuerdos le daban vueltas en la cabeza, arremolinándose hasta que perdió el control. Enterró el rostro entre las manos y lloró lágrimas amargas y furiosas; los hombros le temblaban por la fuerza de su dolor.

Cuando pasó lo peor de la tormenta, se secó los ojos, recostó la cabeza contra la áspera corteza del árbol y se preguntó cómo había podido ser tan estúpida.

Hacía solo unos días, había sido tan tonta de decirle a Matthew que creía que Dios los había traído a aquel lugar. Que su vida había alcanzado una especie de final feliz gracias al testamento. Qué ingenua había sido. Todo era mentira. Zeke la había herido una vez más. La había traicionado.

Y Matthew lo sabía desde el principio.

¿Lo sabía ya cuando llegó a Sweet Creek? ¿Había usado el testamento como moneda de cambio para acercarse a ella? ¿Todo lo que le había dicho era mentira?

¿Era tan manipulador como Zeke? Al fin y al cabo, era un hombre, ¿no? En su día había defendido a su padrastro, había creído en él.

Matthew le había dicho que la creía.

¿Eran más mentiras?

Las preguntas la asaltaban desde todos los ángulos, dando voz a todas las dudas que había sofocado porque creía en sus palabras. Se había dejado seducir por su encanto, justo como su madre le había advertido.

Se deslizó por el tronco hasta dejarse caer al suelo. Objeciones y sospechas le daban vueltas en la cabeza sin encontrar un punto de anclaje; el dolor y la ira le retorcían el estómago.

Quería rezar, pero cada vez que lo intentaba, lo único que le venía a la mente era: «Padre nuestro...»

Como le había dicho a Matthew, nunca había recibido el amor de un padre. Ahora hasta Dios se burlaba de ella.

Ella se lo había buscado, pensó. Se abrazó las rodillas y hundió el rostro en ellas. Ella, que debería haber sabido, había ignorado el buen juicio que tantos enfrentamientos con Zeke Smith le habían enseñado.

La única tonta había sido ella.

Cerró los ojos con fuerza mientras otro sollozo la sacudía. Tonta, qué tonta. ¿Qué has hecho? ¿Qué le has hecho a tu madre?

Cory se permitió las preguntas, la ira y el dolor. Dejó que todo la invadiera. Después, secándose las lágrimas de las mejillas, abrió los ojos.

Los árboles cubrían el cielo como un dosel sobre su cabeza. A través de las hojas verdes se filtraba el sol. Una ardilla curiosa chilló desde una rama y salió corriendo.

—La vida sigue —murmuró Cory—. Sigue sin más. Nada ha cambiado.

Nada, salvo las esperanzas que se había permitido albergar. Los sueños que surgieron de una caja que nunca se había atrevido a abrir. Durante las últimas semanas los había dejado salir y había cultivado la esperanza de un futuro mejor para su madre y para ella.

¿Y ahora?

Apartó de sí la decepción que siempre había definido su relación con Zeke. El dolor de aquella última traición.

Sigue adelante. No te pares. Haz lo que toca.

Las palabras que había repetido durante todos esos años volvieron a su mente. Eso era lo que tenía que hacer. Seguir adelante. No sabía adónde ir, pero tenía que seguir haciendo lo que tocara.

¿Y qué pasaba con Matthew?

¿No se suponía que el amor debía construirse sobre la confianza? ¿Cómo iba a confiar en él ahora? Se le encogió el corazón al pensar en él. No sabía qué hacer.

—Supongo que aún no le habías hablado del otro testamento —dijo Clifton cuando Matthew regresó.

—No, no lo había hecho. Pero podrías haberme avisado de que venías. De que ibas a sacar el tema del testamento.

Sentía una mezcla de rabia hacia su padre por soltar la noticia de forma tan inesperada y de miedo por lo que Cory estaría pensando en ese momento.

Matthew se dejó caer en la silla. No estaba seguro de haber hecho bien al dejar que Cory se fuera del restaurante tan alterada, pero temía lo que pudiera pasar si iba tras ella.

Ella ya no confiaba en él.

Menudo desastre había provocado por esperar. Por pensar egoístamente que necesitaban más tiempo juntos antes de contárselo todo.

—¿Por qué no se lo habías dicho?

A Matthew le molestó el interrogatorio de su padre. Sobre todo porque sabía que se había equivocado.

—Quería esperar el momento adecuado —dijo con un suspiro resignado—. No pensé que aparecerías de repente para hacerlo tú.

Se frotó la frente con los dedos mientras recordaba lo que ella había dicho sobre querer el amor de un padre. Se le encogió el corazón con el recuerdo. Cory había crecido con tanto dolor y tanta decepción. Y ahora volvía a estar en la misma situación.

—Estaba de paso. Se me ocurrió acercarme a saludar.

Matthew no podía imaginar adónde iría su padre para estar «de paso» por Sweet Creek. No quedaba de camino a ningún sitio importante.

Así que supuso que su padre había venido a controlarlo. Se guardó sus pensamientos mientras el otro bebía el café.

—Cory parece tan testaruda y emocional como siempre —dijo finalmente su padre.

Matthew lo miró para ver si bromeaba, pero Clifton parecía hablar completamente en serio.

—Ha tenido muchos motivos para estarlo —dijo Matthew con sequedad—. Cory me contó su versión de lo que fue vivir con Zeke Smith.

Matthew sostuvo la mirada de su padre con firmeza.