Corazones divididos (Dulces corazones de Sweet Creek nº 4) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—El sábado tengo que ir a una reunión en lugar de Nathan. ¿Puedo pasar a recogerte el domingo? ¿Para ir a la iglesia?

—Me encantaría.

—Bien.

Se balanceó de un pie a otro, de pronto incómodo.

—Entonces nos vemos.

Le puso las manos en los hombros, la atrajo hacia sí y la besó una vez más.

Solo una vez más juntos, pensó, estrechándola entre sus brazos. Luego se lo diré. La semana que viene se lo diré. Mientras tanto, esperaba que su padre pudiera hacer algo con el otro testamento para no tener que contárselo.

—Estás particularmente deslumbrante para ser sábado por la mañana —dijo Kelsey mientras Cory dejaba una comanda en el mostrador para los cocineros.

Cory se miró el delantal, ya manchado de salsa de tomate, y la camisa arrugada y húmeda en la espalda.

—Oh, deslumbrantísima —dijo con una sonrisa sardónica—. Estoy esperando a un fotógrafo de Revista Femenina para una entrevista exclusiva.

Kelsey se apoyó en el mostrador y frunció los labios mientras examinaba a su amiga. —Pues claro que sí. La reportera está preparando un artículo sobre «El aspecto de la mujer enamorada».

Cory intentó fruncir el ceño, pero no pudo. Era como si la cara se negase a obedecerle. —Bueno, desde luego no estoy precisamente deslumbrante —dijo.

—Vaya. Qué respuesta tan ingeniosa, Cory. Está claro que estás coladita, amiga mía. —Kelsey se limitó a sonreír.

—Que no. Lo que estoy es ocupada.

—¿Y el encantador y guapísimo señor McKnight va a venir hoy al restaurante?

Cory se volvió hacia su amiga y negó con la cabeza. —No. Ha ido a otra ciudad a una reunión en nombre de Nathan.

—Oh. Así que estamos al tanto de sus idas y venidas, ¿eh?

—Kelsey agarró a su amiga del brazo y la llevó a un pasillo estrecho, lejos de la cocina y del comedor, con los ojos brillándole de expectación—.

Me han dicho que estuvisteis juntos en Prairie Inn la otra noche.

—Kelsey agitó el dedo en señal de reproche—. ¿Yendo a la competencia?

Cory no pudo evitar que el rubor le subiera por el cuello al recordar aquella noche y la anterior. Las caricias tiernas de Matthew, su preocupación, su declaración de amor.

—Entonces, ¿estás enamorada? —insistió Kelsey.

—Kelsey, para ya —la reprendió Cory, notando cómo el rubor le subía ahora a las mejillas.

—Se te ve en la cara —exclamó Kelsey mientras le apretaba el brazo a su amiga—. Te gusta de verdad, ¿a que sí?

Cory lo sintió de nuevo. Esa leve vacilación. —Me importa mucho —dijo con cautela, evitando la mirada ansiosa de Kelsey—. Es muy buena persona...

—Oh, no —se lamentó Kelsey—. Oigo ese «pero» en tu voz. ¿Por qué te empeñas en hacerte esto?

Cory se mordió el labio y negó con la cabeza. —Nunca antes me había sentido así por ningún chico. —Miró a Kelsey, desconcertada—. Y tengo miedo.

—¿De qué? Es guapo, tiene todos los dientes y un buen trabajo. Va a la iglesia. Cariño, mejor imposible.

¿Cómo iba a explicárselo Cory a Kelsey, que había crecido en un entorno seguro, con unos padres que seguían juntos y que vivían en la misma ciudad donde habían nacido?

El primer marido de Kelsey había sido un hombre maravilloso, según ella.

—No dejo de pensar en Zeke —dijo—. Ha sido el único hombre importante en mi vida, y ya sabes lo horrible que fue aquello.

—Cory se detuvo, consciente de que Kelsey no lo entendería del todo—.

Mi madre no para de decirme que tenga cuidado. Que no me fíe de Matthew.

—¿Y tú te fías?

Cory se quedó callada. —No lo sé —dijo—. Me fío de que me diga la verdad, de que cuide de mí.

—¿Qué más quieres?

—¿Y si cambia, Kelsey? ¿Y si resulta ser como mi padrastro?

Últimamente mamá no para de echar de menos a mi hermano, y pienso en lo mucho que te expones al sufrimiento cuando alguien te importa.

—Cory respiró hondo y miró a su amiga a los ojos—.

Tengo miedo, Kelsey. Tengo miedo porque sé que, en cuanto me deje llevar, lo querré demasiado.

Y él tendrá poder sobre mí. Me juré que nunca volvería a permitir que eso pasara.

—Oh, Cory... —Kelsey la abrazó durante un buen rato—.

No va de control; el amor nunca va de eso.

Va de cuidarse, de sacrificarse, de querer lo mejor para el otro.

—Kelsey se apartó y le enmarcó el rostro con las manos—.

Cuando quieres a alguien, te arriesgas a sufrir.

Eso es lo que pasa cuando le entregas el corazón a alguien.

Pero si te lo guardas para ti, acabas vieja, marchita y sola.

Tu madre lo pasó muy mal. Lo sé. Pero no dejes que influya en lo que sientes por Matthew. Por favor, no lo hagas.

El tono suplicante de Kelsey, la sinceridad de su rostro, derritieron la última barrera que Cory había levantado contra Matthew. Sonrió y se dejó abrazar de nuevo.

—Gracias, Kelsey. Eres una amiga de verdad. —Cory se sorbió la nariz y parpadeó para contener una repentina oleada de lágrimas.

—Pues claro que sí. —Kelsey se rio, con la voz también tomada por la emoción—. Y eres demasiado especial para dejar que esta oportunidad tan maravillosa se te escape de las manos.