Corazón sincero Capítulo diecinueve #2
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Capítulo diecinueve #2

Antes de subirse al auto con la ayuda de Mungyeong, la anciana se detuvo y me miró.

No me observaba a mí, sino una luz dentro de mi cuerpo que solo ella podía reconocer.

Era la luz que había encendido su hijo y que él había protegido.

Ella tenía el derecho a observarme a mí, que había sobrevivido.

Cuando su coche se fue, recordé poco a poco que, del mismo modo que Yeonhui había visto en mí a Baek Bokhui, yo también había visto en Yeonhui a Park Suja y, a veces, a Lisa.

Si dentro de mí aquella luz había pasado a Yeonhui, era también gracias a la fuerza de Park Suja y de Lisa.

Esa noche, de regreso por la autopista a Seúl recibí un correo electrónico de Bokhui. Empezaba diciendo que había surgido un problema en la empresa donde trabajaba como contadora, y que por ello había tenido que marcharse a las apuradas sin poder ponerse en contacto conmigo.

Por esas circunstancias, con mucho pesar tuve que cambiar el vuelo previsto por uno de esta noche.

Pero, Munju, puedo asegurarle que los últimos tres días en los que visité el templo de Paju y el hospital donde está Yeonhui fueron para mí más plenos que nunca.

No podría imaginar lo que me espera sin estos tres días.

Ayer pasé por el restaurante Bokhui. No la pude encontrar en el tercer piso, por eso no me pude despedir.

Un restaurante que se llama Bokhui. Cuando vi el cartel no pude parar de reírme.

La verdad es que para ir a ese barrio, necesité armarme de coraje. No se puede imaginar cómo trataban a una niña con mi apariencia en la Corea de los años ochenta…

Siempre había sido consciente de que era diferente al resto, pero recién cuando empecé la escuela entendí que los niveles de discriminación podían ser tremendos.

Mis compañeros nunca me llamaron por mi nombre.

Me apodaban todos los días con algo nuevo.

La gran mayoría eran apodos horribles. Me daban vergüenza y tenían connotaciones sexuales.

Eran niños de menos de diez años, ¿dónde habrían aprendido esas palabras?

No hubo un día que no regresara a casa lastimada.

Yo me sentaba en un rincón de la habitación, no encendía las luces, no comía, no dormía y esperaba a que Yeonhui regresara del trabajo.

Ahora que lo pienso, solo sobreviví gracias al odio.

No era un odio hacia mis padres que me habían traído a este mundo lleno de discriminación, sino a mí misma por haber nacido.

En esa época, Yeonhui no era solo mi tutora, sino también una amiga y una terapeuta.

Era la única persona que coexistía conmigo en este planeta.

Yeonhui al regresar del centro de salud, me desinfectaba y curaba las nuevas heridas del día y luego me abrazaba.

Era una rutina fundamental entre las dos.

«Ya pasará», «No hay nada que no pase en esta vida»; recién cuando me decía esas cosas podía volver a respirar.

Yo sabía. Yeonhui también se iba agotando en ese proceso.

Y aun sabiéndolo, me hice la desentendida.

Porque mi dolor era más grande que el de ella; mejor dicho, porque parecía más grande.

Yo daba por sentado que ella me consolaría.

El primer día que llegué a Corea y vi a Yeonhui inconsciente en la habitación, recordé con claridad una imagen que había olvidado durante mucho tiempo.

Era pleno invierno y Yeonhui me observaba de lejos.

Yo volvía caminando de la escuela con el pantalón manchado de pis congelado.

No podía usar el baño porque allí las agresiones físicas y verbales eran mucho más explícitas que en el aula.

Aquel día me hice pis encima y solo esperé a que terminaran las clases.

En el camino de regreso a casa me encontré con Yeonhui.

Nunca la había visto tan enojada. Me llevó a casa, me desvistió y me limpió con brusquedad, pero extrañamente no le tuve miedo.

De hecho, me sentí triste y sentí pena por ella. Porque Yeonhui no paraba de llorar.

Debe haber sido ese día que decidió darme en adopción.

A pesar de que le había escrito que no sabía por qué lo había hecho, la verdad es que no quería entender y por eso me negué a entenderla.

En su habitación, cuando recordé esa escena, recién allí, me nació la valentía, o mejor dicho, el deseo de abrazar a Yeonhui.

Así como ella había hecho conmigo. Cuando incliné mi cuerpo y la abracé, pude sentir que la persona a la que abrazaba era Yeonhui, y al mismo tiempo, a la Bokhui de esa época.

Quiero agradecerle por la oportunidad que me ha dado.

Y me es imposible poner en palabras todo lo que le agradezco.

A pesar de que la respeto, para que podamos volver a vernos necesito llegar a ser tan feliz como para que no me duela volver al pasado.

Quizá ya lo intuya, pero pronto pediré un permiso en el trabajo y me someteré a una operación.

Después de la operación comenzará un largo tratamiento contra el cáncer.

Incluso si ese proceso arroja una sombra devastadora sobre mi vida, estoy segura de que mi yo del futuro será feliz. Sobreviviré y seré más feliz que nadie.

Munju, yo espero ese día. Yo la llamaré en un futuro lejano para preguntarle cómo está. Le propondré vernos para salir a comer y beber.

Hasta que llegue ese día, pediré por su salud y la de su bebé.

Con todo mi corazón,

Baek Bokhui