Capítulo 16
C aleb
La incertidumbre me está matando. Deseo saber si voy a ser padre, lo deseo con todas mis fuerzas.
Amo a Elle de una manera visceral, irracional, explosiva.
Cada nervio de mi cuerpo responde ante su presencia.
Recuerdo la primera vez que la vi, de pie al lado de aquella chatarra a la que llama coche, haciéndose la valiente.
Sonrío. Le temblaba el labio inferior de lo nerviosa que estaba, pero lo ocultaba, desafiándome, retándome.
Y nadie sale bien parado al hacerlo. Nadie me provoca sin obtener respuesta. Ella lo pudo comprobar.
Un hijo con Elle culminaría mi felicidad, y si esa prueba sale negativa me esforzaré para que la siguiente sea positiva.
Porque sé que ella siente lo mismo por mí, sé que nuestros caminos están unidos.
Ella me complementa, me reta, me hace querer ser mejor persona.
No tengo duda de que es amor del bueno, del que calienta en invierno, del que consuela cuando se hace daño, del que nunca imaginé que encontraría.
Y ahora que lo tengo, no pienso dejarlo escapar.
Ella debe de estar aterrada, por eso no quiere hacerse el test. Necesitamos hablarlo y solucionarlo y lo vamos a hacer ahora mismo.
—Liam, te dejo al mando. Tengo que solucionar un asunto con Elle.
—Suerte.
—No la necesito —digo con suficiencia—. Elle me quiere.
—Eres un cabrón con suerte. No sé cómo ha podido enamorarse de ti teniéndome a mí. —Sonrío de medio lado, Liam nunca tuvo la menor posibilidad. Nos hicimos uno en el momento en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.
Miro mi ropa sucia y polvorienta y decido darme una ducha antes.
Entro por la puerta principal y me extraña no escuchar ningún ruido proveniente de la salita donde Elle se había metido, sin apenas poder abrirse paso entre el aluvión de regalos.
Por un instante me detengo y cojo la manilla de la puerta, pero cambio de opinión y sigo mi camino hacia la ducha.
Recién duchado y afeitado, bajo en busca de mi futura esposa.
Sí, le pondré un anillo en el dedo, embarazada o no.
El próximo verano habrá un mini Caleb o una mini Elle correteando por aquí.
Tal vez tenga razón y sea un poco cavernícola.
Pero joder, yo soy así: cuando quiero algo, lo quiero y punto, no me gusta esperar.
Abro la puerta con el corazón al galope. Por más que quiera, no puedo evitar sentirme nervioso.
—Elle, ¿estás ahí?
Miro sobre las cajas y cajas apiladas las unas sobre las otras y no veo nada.
Extrañado, salgo de la salita y voy a la cocina, puede que esté merendando.
Nada, tampoco está. Subo a su habitación y está vacía.
Vuelvo a bajar y miro a hurtadillas en la habitación de mi madre.
Descansa plácidamente en su cama. ¿Dónde se habrá metido esta mujer?
La llamo por el móvil y me salta al buzón de voz.
Frustrado e impaciente, decido buscarla por los alrededores de la casa.
Voy a los sitios por donde suele pasear y nada. No aparece por ningún lado.
—¿Qué pasa? Al final te ha dado calabazas —Liam me incordia y le dedico una peineta—. Oye, que solo bromeaba. ¿Habéis discutido?
—Para eso la tengo que encontrar. Y cuando lo haga, lo haremos, odio que no me conteste el móvil.
—Hombre, relájate. No monta a caballo, su coche sigue ahí. No habrá ido lejos —dice y caigo en la cuenta de que falta la camioneta del rancho. La que usamos para transportar herramientas.
—Ha salido con la camioneta de trabajo. —Me paso la mano por el pelo de forma compulsiva—.
Ayer le pedí a Diego que le echara un vistazo porque los frenos no van bien, pero con lo de la fiesta no ha podido llevarla a reparar.
Le he dicho a nuestra madre que no la cogiera más, pero no creo que se lo haya comentado a Elle, de lo contrario, no se la hubiera llevado.
—Ando de un lado a otro como un león enjaulado—.
Si le pasa algo, no me lo perdonaré jamás.
—Calma, hermano, llamemos a Barry, él dará la alarma y la buscará por la ciudad y las carreteras. Mientras, nosotros cogeremos los caballos y peinaremos los caminos.
—Es buena idea, vámonos.
Pasamos las dos horas siguientes buscándola hasta debajo de las piedras. Y ni rastro de Elle. Barry, que es agente de policía y un amigo de la familia, tampoco ha podido localizarla.
—Dios, parece que la tierra se la ha tragado. Ya no sé dónde buscar.
—Debemos mantener la calma, hijo. No tener noticias es buena noticia. Elle es una chica lista y sabrá salir de cualquier problema que se le presente.
—Yo no pienso mantener la calma. Voy a seguir buscándola y no descansaré hasta encontrarla.
—Te acompaño —ofrece Liam.
—Quédate aquí por si Barry tiene alguna noticia.
Cojo mi caballo y me dirijo a la parte norte, que no hemos peinado.
En esa zona no hay nada que pueda interesar a Elle, los caminos son estrechos y peligrosos.
Un pensamiento se cuela en mi mente y el corazón me da un vuelco ante la posibilidad de que haya ido al mirador.
Espoleo a Night Storm para que tome aún más velocidad, mientras deseo con todas mis fuerzas que aún siga arriba, embelesada con la puesta de sol.
Dios, que así sea, de lo contrario… No quiero ni pensarlo.
Elle
Antes de montarme en el coche, diviso a un jinete que sube a todo galope por la empinada cuesta como si estuviera en una carrera; es Caleb.
Una sensación de déjà vu me invade. Así empezó muestra historia, y por el ímpetu con el que cabalga tiene que estar echando humo.
Apago el motor y le espero apoyada en el lateral derecho.
También como en la primera vez, observo hipnotizada cómo controla el magnífico semental.
—¿Cómo has podido desaparecer sin avisar?
Llevamos la tarde entera buscándote por todas partes.
Hemos llamado a las autoridades y estaba a punto de llamar a tus padres.
—Toma aire, flexiona las piernas y posa las manos sobre las rodillas; parece que le fallan las fuerzas.
Pobrecito, por lo visto, le he dado un buen susto—.
Maldita sea, Elle, no tienes idea del miedo que he pasado, a esa mierda de camioneta le fallan los frenos.
—No noté nada raro cuando llevé a tu madre a la cabaña de Mark.
—Pues yo sí. En cuanto la moví para aparcarla al lado del granero. —Se incorpora y me encojo al comprender la gravedad de la situación.
Pero aun así sonrío, estoy viva y no voy a perder mi tiempo con las variables hipotéticas del destino. No ha pasado nada y punto. Eso es lo que importa.
—Deja de protestar y bésame.
Me coge de la cintura y me levanta a pulso, le rodeo las caderas con las piernas sin dejar de besarlo.
Me abraza tan fuerte contra su cuerpo que creo que en algún momento me va a devorar.
Empieza a besarme en la barbilla, en la comisura de los labios…
—Sonríe de medio lado cuando intento atrapar su labio inferior entre los míos—.
En silencio me lleva hasta uno de los bancos del mirador y se sienta, yo sigo enganchada a su cintura.
—Casi me muero al pensar que podría perderte —confiesa y sigue besándome.
Sus labios me recorren el cuello y yo me agarro a sus hombros.
Le acaricio el pelo y apoyo mi frente contra la suya.
Nos quedamos quietos, mirándonos y respirándonos el uno al otro mientras el atardecer tiñe de naranja el horizonte.
—No me vas a perder —digo al fin—. Me he enamorado de ti, cowboy . Te quiero como nunca he querido a nadie. Te quiero desde que te vi por primera vez a lomos de tu semental negro. Tan presumido, tan atractivo… que no pude resistirme.
—Yo también me he enamorado de ti, Elle.
De tu dulzura, de tu corazón, de tus risas, de la forma en la que te entregas cuando hacemos el amor.
—Me besa con lentitud, haciéndome gemir por la exquisitez del beso—.
Sé que es precipitado, pero incluso aunque la prueba de embarazo dé negativo, quiero casarme contigo, Elle.
Di que sí, di que aceptas casarte conmigo.
—Acepto compartir mi vida contigo, acepto amarte y hacerte feliz, pero lo de pasar por el altar lo hablaremos más adelante. Dentro de un año o dos.
—Hagamos un trato. —Eso de los tratos vendrá de familia. Pienso en Mark y agradezco que me haya hecho cambiar de opinión—. Si resulta que no estás embarazada, esperaremos hasta el próximo verano para planear la boda, pero si lo estás, nos casaremos el próximo mes.
Ni loca me caso el próximo mes, pero como estoy con la conciencia tranquila y sé que el resultado es negativo, acepto y le beso para sellar nuestro acuerdo.
—Volvamos al rancho. Todos están preocupados.
Me despierto a la mañana siguiente sintiendo calor, mucho calor.
Mi cowboy me envuelve con sus brazos, parece temer que desaparezca de un momento a otro.
Intento moverme para cambiar de postura, pero es imposible.
Sonrío al pensar en los últimos acontecimientos.
Cuando dijo que estaban preocupados por mi desaparición, no se equivocó.
En el momento en que llegamos al rancho, Diego y algunos peones se preparaban para buscarnos.
Charlotte se encontraba junto a Liam, este la abrazaba y se la veía muy angustiada.
Los acompañaba un policía llamado Barry, que, al parecer, era amigo de la familia y les ayudaba en la búsqueda, mi búsqueda.
Todo se quedó en una anécdota y al cabo de un rato nos dispusimos a hablar de la gran fiesta.
Por lo visto, el policía había acudido y se había quedado impresionado.
Según sus palabras, en el pueblo no se habla de otra cosa.
Los que no fueron invitados tienen un rebote de campeonato y prometen hacer una fiesta mejor y más grande.
Los que tuvieron el honor de asistir comparten todos los detalles habidos y por haber.
Tras la cena acompañé a Charlotte a la salita y disfruté viéndola abrir sus regalos.
Deseaba que llegara el mío para ver su reacción.
No estuvimos mucho rato. Mi cowboy tenía otros planes y no tardó en arrastrarme a la habitación.
Donde pasamos gran parte de la noche haciendo el amor.
Por eso, además de estar acalorada, tengo agujetas por todas partes.
Le miro por encima del hombro, duerme tranquilo.
Qué guapo es. Y cómo le quiero. El corazón se me llena de amor y ternura, parece increíble que pueda cerrar los ojos sin que los fantasmas del pasado me arrastren hasta las tinieblas.
Mi vida estaba unida al rancho mucho antes de que apareciera, mi libertad dependía de la salvación de Mark.
Su liberación era mi salvación. Ahora ambos somos libres.
Ronroneo al sentir como Caleb pega su cuerpo al mío. Noto el cambio en su respiración y sé que ha despertado, así que me preparo para una sesión de sexo mañanero, pero esta no llega. Me doy la vuelta y le observo con curiosidad, algo trama, lo presiento.
—¿Qué haces? —pregunto al verle levantarse de un salto.
—A mear. La de la farmacia me dijo que en la primera orina del día hay más concentración de hormonas. —Miro el bote que tiene en la mano con la boca abierta. Dios bendito, la maldita prueba de embarazo. Nunca desiste, es como un perro hambriento, no suelta el hueso.
—No me apetece hacer pis ahora —digo para provocarlo y otra vez lo veo entrar en el baño.
Minutos después, vuelve con un vaso de agua a rebosar.
—Tómatelo todo.
Tengo ganas de echarle el agua encima, pero decido acabar con esa pesadilla de una vez por todas. Al rato, salgo del baño tranquila y relajada.
—La boda, dentro de un año. —Su cara es un poema y me da penita—. Siento que te hayas hecho ilusiones, pero es lo mejor, cariño. Tenemos muchas cosas que experimentar como pareja antes de dar ese paso.
Me coge en brazos y me tira sobre la cama.
—Sí, tienes razón, amor. Creo que es una buena idea que empecemos a experimentar justo ahora. Hay un par de cosas que quiero probar y sé que te van a gustar…
Horas más tarde, tras comunicar la noticia del no embarazo a Charlotte, envío un mensaje al grupo de «Las chicas son guerreras».
Phoebe, los pañales para dentro de diez años.
Zoe
¿Pañales? ¿Qué pañales?
Pídele a Phoebe que te cuente.
Ahora tengo que daros otra noticia.
Phoebe
Ya. Te doy dos meses como mucho.
¿Qué noticia tienes que darnos?
Caleb se me ha declarado.
Lo de la boda me lo guardo para más adelante.
Phoebe
Después de veros bailar, estaba claro que pasaría.
Me alegro mucho, amiga, tú más que nadie mereces ser feliz.
Zoe
¡Ainsss, qué emoción! Me alegro por ti, Elle,
sé que vas a ser muy feliz con el cowboy buenorro.
Tenemos que ir más a ese rancho, Phoebe.
Sí, tenéis que venir. Una nunca sabe, la vida suele
sorprenderte cuando te dejas llevar.
Fin