Corazón Salvaje (Cowboy 1) Epílogo
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Epílogo

Tres meses después…

Mi relación con Caleb sigue afianzándose, cada día estamos más enamorados.

Lo sé, tanta ñoñería da asco, pero no es oro todo lo que reluce.

Tenemos nuestros problemillas, a veces me entran ganas de estrangularlo, aunque, por suerte, mi enfado no dura mucho.

Él suele encontrar una manera creativa de aplacarlo.

Yo continúo con mis actividades en el huerto; ahora que domino el cultivo, incluso quiero expandirlo.

Charlotte está entusiasmada con mis ideas y me apoya en todo.

Es como una madre para mí, y como todas, es un poco protectora y entrometida, además de una lianta de primera.

Después de la que armó con lo del embarazo ficticio, la ha liado otra vez, ahora con la fecha de la boda.

Le he dicho por activa y por pasiva que hasta el año que viene no hablaremos del tema, pero se hace la despistada con la intención de propagar a los cuatro vientos que nos casamos el próximo mes.

La noticia incluso ha llegado a oídos de mi madre, como acabo de comprobar:

—Hija, es un poco precipitado, pero quién soy yo para impedirlo. ¡Madre mía! Tenemos el tiempo en contra, creo que voy a aceptar la invitación de Charlotte para pasar unos días en el rancho. Así, entre las dos, te ayudamos a preparar la boda.

—Mamá, no sé qué te habrá dicho Charlotte, pero no hay ninguna boda. No me caso.

—Pero, hija…

—Nada de peros, no hay boda hasta dentro de un año y punto final.

—Vale, hija, se habrá confundido. No te enfades con ella.

—Ya. Hablemos en otro momento, tengo que colgar. Besos.

—¿Qué ha pasado, cuñadita? —me saluda Mark, que ahora viene al rancho casi a diario a pesar de que continúa viviendo en la cabaña.

Ese no es el único cambio. Su aspecto ha mejorado y está irreconocible, hay que decir que está guapísimo.

Trabajar al aire libre, ahora ayuda con las labores del rancho, le ha tonificado los músculos y le ha devuelto la vitalidad; su piel luce sana y ligeramente bronceada.

Creo que es el milagro de la naturaleza, trabajar con la tierra y con los animales tiene ese efecto.

Debería de estar mejor valorado y más protegido.

Si la gente supiera el tesoro que tiene al alcance de sus manos, no lo despreciaría tanto.

—Es tu madre, que me la ha liado parda.

Suelta una carcajada que me llega al alma. Su recuperación ha influido en el ánimo de todos, menos en el de Caleb, ese no tiene salvación. Sigue siendo un cowboy testarudo y engreído, mi cowboy . Mi amor.

—Te dije que había que tener cuidado con Charlotte. Ya te veo en el altar dentro de un mes.

—Tendrá que llevarme atada.

—Ya veremos —replica con un tono enigmático y se marcha.

No pienso dejar que esto se desmadre. Esta vez la haré entrar en razón.

La encuentro en la salita que utiliza para ver la tele, leer y hacer scrapbook . Por cierto, mi regalo le ha encantado y ya trabaja en él, aunque no me dejará verlo hasta que esté terminado.

—Hola —anuncio para que tenga el tiempo suficiente para esconder su obra.

—Hola, niña. Por tu cara, sé que estás enfadada conmigo.

—¿Por qué le has dicho a mi madre que me caso el mes que viene? Sabes que no es verdad, para ti puede que sea un juego, pero para los demás no. Mi madre se ha hecho ilusiones, como Caleb cuando creyó que estaba embarazada.

Sus ojos se humedecen y yo me desarmo. Joder, no quería entristecerla, solo hacerla entrar en razón.

—Siento que no me queda mucho tiempo, Elle. Cuando uno se hace mayor, lo nota.

—No digas eso ni de broma. Tú tienes más vitalidad que todos nosotros juntos. —La abrazo con delicadeza.

—Quiero ver a mi chico feliz a tu lado y quiero ver ese álbum terminado, y para eso tienes que casarte.

—¡Charlotte! Eso no está bien. Lo que me estás haciendo es chantaje emocional y lo sabes.

—Pero, niña, tú le amas, él te ama. ¿Qué te cuesta hacer feliz a esta pobre mujer?

—¡Ah, no! De pobre mujer nada, casi me engañas. Dios mío, eres una lianta profesional.

Suelta una carcajada y corrobora mis sospechas. ¿Qué voy a hacer con esta mujer? Como me descuide, el mes que viene estoy delante del cura.

—Te prometo que el año que viene hay boda. Mientras tanto, puedes llenar el álbum con recuerdos de toda la familia. ¿Has visto qué guapo se está poniendo Mark? Dedícale un apartado.

Sonríe y sus ojos brillan, creo que la he convencido.

—De acuerdo, pero tendrás que regalarme otro álbum.

—Todos los que quieras —Deposito un beso en su mejilla y la dejo con su nuevo objetivo.

Todavía me queda una cosa por hacer y no la puedo posponer. Hay que poner nombre a ese potrillo, los peones empiezan a ponerle motes y el pobre se va a traumatizar. Me dirijo a los establos y encuentro a Caleb entrenando a su caballo en el circuito.

—¿No has podido controlar las ganas de verme, preciosa? Si quieres, me quito la camiseta —me provoca al tiempo que ata al animal y salta del cercado.

—Prefiero que lo hagas cuando estés con la manguera, todo mojadito estás mucho más sexy. —Para provocadora, yo. Aunque es mejor que no se quite la camisa, ha refrescado y las noches empiezan a ser frías.

—Joder, nena. Ahora tenemos un problema muy gordo.

—Pues te aguantas. He venido para otra cosa. —Sonrío. Sé que solo me tienta. Nos gusta echar leña al fuego—. Ya tengo un nombre para el potrillo.

Me coge de la mano y me lleva a su casilla. Una vez más, lo encuentro con su madre, alimentándose.

—Cada día está más guapo.

—Gracias.

—No me refiero a ti. Tonto.

Me abraza por detrás y apoya su cabeza en mi hombro.

—¿Y bien?, ¿cómo lo vamos a llamar? —pregunta con un susurro que hace que me estremezca.

—Lo vamos a llamar Phoenix. ¿Te gusta?

—Sí. Esa ave mitológica siempre me ha fascinado.

Me había costado escoger su nombre. Un día, al navegar por internet, vi un águila y me acordé del fénix.

El ave, que al ver cómo llega su fin, construye un nido de especias y hierbas aromáticas como el incienso y la mirra.

Al tercer día se consume en el fuego, quemándose por completo.

Tras reducirse a cenizas, de ellas mismas resurge renovada para iniciar una nueva vida.

El ave fénix se ha convertido en un símbolo de fuerza, purificación, inmortalidad y renacimiento físico y espiritual. Creo que por eso escogí ese nombre, representa mi historia y la de Mark. Ambos renacemos de nuestras cenizas.

—¿Te he dicho hoy lo mucho que te quiero? —pregunta mordisqueándome el cuello.

—Sí, pero no me importaría que lo demostraras. Soy más de acción.

Grito cuando me echa sobre sus hombros. Toma ya. ¿No quería acción? Dios, cómo amo a ese cowboy .