Corazón Salvaje (Cowboy 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Me estiro en la cama y me desperezo con lentitud.

Siento las extremidades deliciosamente doloridas tras la noche con Caleb.

Desde aquel encuentro en la camioneta no nos hemos separado, y de eso hace ya más de un mes.

Nuestra conexión va más allá de lo físico: ambos disfrutamos de la vida al aire libre, de la sencillez del mundo rural y compartimos valores profundos.

Tenemos caracteres opuestos, eso es patente, pero nos complementamos a la perfección.

Jamás hubiera imaginado, cuando lo vi llegar a galope en su semental, tan imponente, que pudiera tener algún tipo de relación con ese cowboy sexy y mandón.

Procuro no pensar en el pasado ni en el futuro; prefiero centrarme en el presente. A menudo me pregunto si esto es real o solo una ilusión alimentada por lo que siento. Sea como sea, he logrado aislar en un rincón de mi mente toda la carga emocional que me acompañaba desde hacía años.

Hoy está en Austin, se fue con su hermano a comprar suministros para el rancho.

Me invitó a acompañarlos y podía haberlo hecho, así aprovechaba para visitar a mis padres; desde que estoy aquí solo he ido un par de veces.

Pero tenía la frase «Me follo a Caleb» impresa en la frente y temí que mi madre sospechara algo.

Ya es difícil aguantar sus interrogatorios sobre su vida amorosa como para que, además, crea que estoy liada con él.

Seguramente no me daría tregua hasta que le echara el lazo.

Reconozco que ahí la culpa es mía por enviarle una foto suya sin camisa. La misma que envié a mis amigas.

Aprovecho que Charlotte está en su habitación para escribir un mensaje en el grupo de «Las chicas son guerreras» . Ya va siendo hora de que comparta información sensible.

Llevo más de un mes liada con Caleb.

Siento no habéroslo dicho antes.

Zoe

Nooooooo.

Phoebe

Lo dices en serio.

Muy en serio.

Zoe

MADRE.MÍA.ME.TIEMBLAN.

HASTA.LAS.PESTAÑAS.

Phoebe

Has tardado, pillina, pero bien que has sabido escoger.

Había que estar ciega para dejar escapar a ese espécimen.

Zoe

No he visto a un tío más bueno en mi vida.

Joder, espero que le hayas clavado las uñas

en esos abdominales.

Phoebe

Cuenta, cuenta. ¿Qué tal ha sido?

Zoe

Sí. Queremos detalles.

Eso me lo reservo.

Por más que me haya desmelenado con Caleb no soy capaz de compartir detalles sexuales con mis amigas. Me muero de vergüenza al hablar de estos temas. Solo de pensarlo noto como mis mejillas se encienden.

Zoe

Eres mala.

Phoebe

Una buena amiga no hace eso.

Tengo que currar. Os quiero. Besos.

Me dirijo a la cocina con el corazón rebosante de alegría. Canturreo una canción de Taylor Swift mientras aprovecho que estoy sola para adelantar la cena. Charlotte es muy buena profesora de cocina, pero es un pelín quisquillosa.

Apenas he empezado cuando entra por la puerta; la recibo con una sonrisa culpable por desear que no estuviera.

—Hola, niña. Qué bien que estés aquí. Necesito que me ayudes con los preparativos del sábado.

—¿De qué preparativos hablas? —pregunto curiosa al tiempo que me siento a la mesa.

—¿No te has enterado?

Hago un gesto de negación.

—Esos hijos míos son unos despistados. Si no estoy yo para espabilarlos, el rancho no sale adelante —dice con fingida seriedad, aunque sé que bromea; sus hijos, en especial Caleb, llevan el negocio con mano firme—.

Resulta que el sábado que viene es mi cumpleaños y siempre lo celebro a lo grande.

Vendrán unas cien personas entre trabajadores, amigos y vecinos.

—¡Guau! Eso es mucha gente —comento sorprendida.

—Eso no es nada. Cuando Mark, estaba aquí había el doble. —Sus ojos se llenan de lágrimas.

—Tal vez conseguimos convencerlo —digo para animarla.

—Mañana, Caleb lo va a intentar, pero dudo mucho que lo consiga. No quiere ver a nadie. Además, está la bruja de su exprometida, que, como se entere de que está aquí, aparece para arruinarnos la fiesta.

No digo nada: quien escucha detrás de la puerta no tiene derecho a opinar.

—Si él no viene, ¿por qué un día antes no preparamos algo delicioso y vamos a visitarlo? Yo te dejo en la cabaña y después paso a recogerte. Quizás Liam y Caleb decidan apuntarse.

—Es una idea maravillosa, pero dejemos a mis dos hijos fuera. Quiero disfrutar de Mark a solas, hace tiempo que no le abrazo —dice con voz quejumbrosa.

Madre mía, ¿qué más le habrá hecho esa mujer para que esté tan tocado?

—Bien, pues vamos a ello. ¿Qué necesitas que haga?

—Antes de nada, debemos incluir a tus padres en la lista de invitados, estoy deseando conocerlos. Ah, y a tus amigas también.

Madre mía, ¿cómo salgo de esta? Mis padres, Caleb, Charlotte, mis amigas, todos juntos. Desastre. Un desastre con mayúscula.

—No pongas esa cara, niña. Nos conocemos desde hace poco, pero ya te considero de la familia. —Me lanza una sonrisa genuina y el corazón se me encoge.

—Yo también te tengo mucho cariño.

«Y a tu hijo», añado en silencio.

Nos ponemos a confeccionar listas de todo lo que se nos pasa por la cabeza, sea necesario o prescindible.

Después ajustamos el presupuesto y empezamos a eliminar lo superfluo.

Un método interesante y rápido, se ve que Charlotte está acostumbrada.

Por último, preparamos nuevas listas con los grupos encargados de cada tarea: nosotras vamos juntas; Caleb, Liam y Diego se dividirán entre los peones.

Concluido el tema de la fiesta, pasamos a planear su visita a Mark.

—Tengo una receta muy antigua, me la dio una amiga española. Me decía que procedía de la Edad Media y que tenía raíces en la cultura andalusí. Cuando los niños eran pequeños y ella venía de visita, preparábamos ese plato. A Mark le encantaba.

—¿Y cómo se llama?

—Gallina en pepitoria, tendré que buscar mi cuaderno de recetas. En cuanto la tenga, te la paso para que te encargues de los ingredientes.

Los preparativos de la fiesta de Charlotte me mantienen entretenida todo el día, pero, por más ajetreada que esté, no dejo de pensar en Caleb.

Nos hemos acostado esta mañana y aún puedo sentir el toque de sus dedos, de su lengua, de sus dientes sobre las partes más sensibles de mi cuerpo.

Lo deseo de una manera visceral. No es una simple atracción ni una fijación superficial; es algo más intenso, más profundo... Algo que me nace del alma.

Me remuevo en la cama incapaz de conciliar el sueño.

Caleb no ha regresado de Austin con Liam, ambos decidieron quedarse a saber para qué.

Lanzo un profundo suspiro y me lío a golpes con la almohada, que está más dura de lo normal, por eso no puedo dormir.

Intento autoconvencerme, aunque en el fondo sé que el motivo no es otro que unos celos absurdos e infundados.

Intento contar ovejas y nada. Pruebo con las gallinas; joder, empiezo a obsesionarme con esos animalitos. Desisto de cualquier experimento y me levanto por un vaso de limonada, porque, con el calor que hace, ni loca tomo leche caliente con miel.

La casa parece más grande, incluso da un poco de miedo. Me dirijo a la cocina y me sirvo un gran vaso colmado hasta los bordes del delicioso líquido azucarado. Antes de salir, escucho un ruido que proviene de la despensa. Me quedo paralizada sin saber qué hacer, la valentía nunca fue mi fuerte.

Afino el oído y confirmo mis sospechas: hay alguien dentro.

Quizá sea Charlotte. Intento hablar, pero la voz se me atasca en la garganta.

Tampoco me atrevo a echar a correr; para huir tendría que pasar por delante de la alacena.

Acorralada por el pánico, mi instinto me impulsa a abalanzarme hacia la puerta corredera del salón.

Pero mi mala suerte es tal que me choco con algo o, mejor dicho, con alguien.

Grito del susto al ver a un desconocido con aspecto de mendigo mirándome más asustado que yo misma.