Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 42
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Capítulo 42

Zoe

Una semana ha pasado y todavía sigo con resaca emocional.

La boda fue perfecta, y al contrario de lo que imaginábamos, los cambios añadieron al enlace un aire íntimo y personalizado.

Estoy segura de que muchos querrán copiarlo, con excepción de la luna de miel, claro.

La parejita se ha quedado en el rancho. A ninguno de los dos le ha importado, les basta con estar juntos para ser felices.

Seguro que esperarán al nacimiento del bebé para emprender el viaje de bodas.

No todo fue un camino de rosas en estos siete días.

Una cadena estatal de noticias consiguió burlar la vigilancia para entrar en la finca.

Estuvieron acampados en una zona de difícil acceso y desde allí se movieron como serpientes, captando imágenes de la vida cotidiana de toda la familia.

Nos enteramos por Cristian, que nos envió el periódico repleto de nuestras fotos.

Pero nos hemos vengado o, mejor dicho, lo hizo Diablo, el toro maligno del vecino.

Caleb lo pidió prestado, y en cuanto los localizó, soltó al animal para que ahuyentara a los intrusos. Todavía estarán corriendo.

El proceso judicial, como predijo mi hermano, no siguió el curso normal de cualquier caso de estas características.

Por lo que me dijo en el día de la boda, los abogados de las partes están dispuestos a llegar a un acuerdo.

Ni mi padre ni el senador quieren que el juicio se alargue.

Así que, en cualquier momento, tendremos noticias.

A mí no me importan sus triquiñuelas, mi decisión y la de Elle permanecen inalterables.

Ninguna va a cambiar ni una coma de la declaración.

—¡Aquí estás!, llevo un rato buscándote —dice Elle, trayéndome de vuelta al presente.

—No sé qué hacer con todo eso. —Señalo con el dedo al material que utilizamos para planear la boda.

—No quiero que te vayas —se queja con un mohín quejumbroso.

—Todavía no me voy —le lanzo una sonrisa cariñosa—, pero no tiene sentido mantener este despacho en funcionamiento. No hay más casamientos que organizar.

No exagero al llamar oficina a la habitación que hemos utilizado para la boda.

He traído dos maletas llenas de catálogos y muestras de todo tipo.

Luego, hice que me trajeran un escritorio, un ordenador, una impresora y una pizarra acrílica de pared borrable a seco.

En definitiva, un estudio de bodas en toda regla.

—Yo no estaría tan segura. Creo que hay varias bodas que organizar en el horizonte —dice con picardía—. Mejor deja todo donde está, si no te importa.

—Ja, ja, ja. Claro que no me importa, pero como no te pongas a organizar la boda de los peones, todo eso se llenará de polvo —rebato con firmeza.

—Ya lo veremos —se pone seria—. ¿Qué crees que pasará con Jeremy y Tobías?

—Justo daba vueltas sobre el tema antes de que llegaras.

—Me dejo caer en el sillón del escritorio—.

No estoy segura —arrastro la silla hasta la cama donde está sentada mi amiga y la cojo de la mano buena—, pero, pase lo que pase, estaremos juntas.

No os traicionaré en beneficio de Jeremy, vosotros sois mi familia.

Mi hermano ha ayudado a Tobías a cometer un delito y tiene que pagar por ello.

Veo como sus mejillas se empapan y la abrazo con el cuidado de no dañar su herida. Desde que se confirmó su embarazo está mucho más sensible. Nos quedamos así hasta que el tono de llamada de mi móvil nos interrumpe. Lo cojo y al ver quien llama siento como el corazón me pega un vuelco.

—Es Cristian, creo que vamos a salir de dudas.

En efecto, mi hermano ha llamado para ponerme al día.

El acuerdo se ha fraguado en el despacho de Cristian, entre mi padre y el senador, primando sus intereses por encima de los demás, incluido lo de sus hijos.

Lo que se conoce como: contención de daños al legado familiar.

Así que esos son los términos estipulados: se descarta reabrir el caso de Kevin (condición principal e innegociable).

Se indemnizará por parte del senador a Mark de forma extraoficial con cuatrocientos mil dólares a través de un contrato privado, a cambio se firmará una cláusula de confidencialidad.

Tobías se declarará culpable de secuestro e intento de asesinato con una condena no menor a cuatro años, los mismos que ha estado Mark.

Jeremy perderá de forma definitiva su condición de colegiado y su habilitación para ejercer por actuar como cómplice o encubridor de un delito.

Los sicarios del senador ni siquiera entran en la negociación.

Uno de ellos, el que asesinó Amanda, seguro que tendrá su mismo fin más pronto que tarde.

John Harris no va a permitir que abra la boca para incriminarle.

Aunque los abogados y el fiscal todavía no se han reunido ni el juez ha dado su aprobación, todos sabemos de antemano que la resolución será favorable.

Así funciona el poder y quien se cree lo contrario es un iluso. Traslado a mi amiga palabra por palabras, tal cual me lo dijo Cristian.

—Sé que hemos dado poderes a mi hermano para que defienda nuestros intereses, pero si no estás de acuerdo podemos seguir adelante. Aunque no te voy a engañar, será una batalla larga e injusta. El senador tiene demasiado poder y mi padre no nos lo va a poner fácil.

Tengo una sensación agridulce. Por un lado, se hizo justicia contra Jeremy, su condena representa para él la cadena perpetua.

Va a perder lo único que le importa en la faz de la Tierra.

Nuestro padre lo inmoló para proteger el buen nombre del bufete.

Por otro lado, Tobías recibirá un castigo insignificante dada la gravedad del delito y el senador saldrá de rositas.

Si viviéramos en un mundo donde la justicia es igual para todos, John Harris y su hijo pasarían décadas en prisión.

—No, está bien, quiero cerrar ese capítulo de mi vida de una vez por todas. —Se lleva las manos al vientre—. Habrá que comunicárselo a Mark, no creo que acepte dinero de esa gente.

—Ya lo sabe, mi hermano lo llamó antes. Dijo que se metan el dinero por…

ya sabes. —El gesto de alegría se desvanece de mis labios mientras pienso en mi cowboy —.

Lamento que la justicia no vaya a resarcir a Mark.

Mi hermano estaba dispuesto a pelear por esa condición hasta el final, pero Mark se ha negado.

¿Te importa transmitir la noticia a los demás? Quiero hablar con él.

—Claro. Lo he visto entrar a su habitación cuando venía.

—Por si acaso no bajamos a cenar, dile a Charlotte que nos tomamos en serio su petición de expandir la familia. —Elle abre los ojos de forma exorbitada.

—Estarás de broma, ¿no? Ni loca le digo eso.

—Ja, ja, ja. Pues échale imaginación. —Le tiro un beso y salgo apresurada del dormitorio sin sacarla del error. Un bebé en la familia es más que suficiente por el momento.

Me faltó decir a mi amiga que debo regresar a Austin.

Habrá una restructuración en el bufete y mi presencia es necesaria.

Mis padres también quieren hablar conmigo —me trago el nudo de emociones que tengo en la garganta—, no quiero irme, tampoco creo estar preparada para enfrentar a ciertos miembros de mi familia.

Pero este no es el motivo principal, temo perder lo que Mark y yo hemos construido.

Doy dos toquecitos a la puerta y al entrar encuentro a mi cowboy recién salido de la ducha, con una toalla anudada a la cintura y otra sobre los hombros.

—Me gusta tu vestuario, —Lo miro de arriba abajo—. Estás ideal para la cena —añado con segundas, terceras y todas las intenciones perversas de las que soy capaz de imaginar.

—Joder, Zoe. Eres incorregible. —Me atrae a su cuerpo—. Por eso te amo tanto. —Paso la nariz por su cuello, empapándome del aroma de su aftershave .

—Mi hermano acaba de llamarme —digo y me aparto lo suficiente para mirarlo a los ojos—. ¿Cómo te sientes al respecto? —inquiero mientras busco algún cambio en su mirada. Sigue serena.

—Dame un minuto para que me vista.

—Solo si me dejas desvestirte después. —Estoy nerviosa y, cuando eso pasa, me gusta desestresarme con un buen polvo.

—Trato hecho. —Deposita un suave beso en mis labios antes de dirigirse al armario que ocupa toda la pared lateral. A mí solo me queda sentarme a admirar el espectáculo.

Se dirige hacia mí con tan solo unos pantalones de chándal holgados que le caen demasiado bajo en la cadera. Dos líneas angulares y simétricas enmarcan su zona pélvica, es demasiado sexy, así no hay quien se concentre.

Nos recostamos en las almohadas, sobre la colcha, y me cobijo entre sus brazos. No hay mejor lugar en el mundo ni donde me sienta más segura.

Me quedo en silencio y espero que reorganice sus ideas.

—He pasado mucho tiempo soñando con el día en que todos conocieran la verdad, sentía que solo así podría andar con la cabeza en alto, pero después de aceptar los términos del acuerdo me di cuenta de que ya no soy ese Mark.

A mí ya no me afecta lo que piensen los demás, sé lo que soy, sé que soy inocente, sé los valores que tengo.

Y sé que cuento con el apoyo de las personas que realmente me importan.

—Me quita con el pulgar una solitaria lagrimilla.

—Me alegra que veas lo que todos ven —poso mi mano sobre su pecho—. Lo que yo veo es al hombre que me robó el corazón, que me enseñó que amar no es perderse: es encontrarse, es sumar y, sobre todo, es ser mejor persona. Te amo, mi cowboy .

—Te amo como nunca pensé que fuera posible, Zoe. Y si tú estás dispuesta, haré lo imposible para que nuestra relación funcione pese a la distancia, pese a que mi vida está aquí y la tuya en Austin. Lucharé por lo que tenemos.

—Más te vale. —Me giro y me siento a horcajadas sobre su cadera—. Porque yo tampoco estoy dispuesta a renunciar a lo que tenemos. Ahora debes cumplir tu trato.

Sello nuestro destino con un beso profundo y apasionado, con la certeza de que nuestro amor es lo suficiente fuerte para vencer cualquier obstáculo.

Fin