Corazón Herido (Cowboy 2) Epílogo
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Epílogo

Zoe

Quince días después…

El reencuentro con mis padres tras mi vuelta a Austin fue amargo.

Cuando me abrazaron, pensé que estaban contentos por verme llegar a casa de una pieza.

Me equivoqué, no por el hecho de seguir con vida, sino por creer que les importaba.

Su única preocupación era por Jeremy, me culpaban por haberlo sacrificado para salvar la reputación familiar.

Creen que he sido una egoísta, que los he traicionado por mantenerme al lado de mi amiga y de Mark.

Mi decepción fue tanta que no pude decir todo lo que estaba atascado en mi garganta.

Quería que mi padre se disculpara con Mark, que reconociera que las apariencias no lo son todo, que se diera cuenta de que el delincuente lo tiene en casa, bajo su protección.

Pero únicamente los miré sin ocultar mi repulsión.

De inmediato, les comuniqué mi intención de recoger mis pertenencias, que aún seguían en la mansión.

Justo cuando salía vi a mi hermano de refilón.

El contacto fue breve, pero por primera vez pude apreciar cierta humildad en su mirada.

Quizás sea vergüenza, se va a Londres, sin prometida y sin posibilidades de ver su sueño cumplido.

No le deseo ningún mal, pero no sé si algún día podré perdonarle.

Estar lejos de Mark, del rancho, tampoco está siendo fácil.

Me he acostumbrado al silencio y a la ralentización del tiempo.

Aquí todo va demasiado rápido, demasiado caótico.

Hablamos a diario, a veces solo para escuchar la voz el uno del otro, otras para compartir nuestra rutina y algunas mucho más placenteras, donde damos rienda suelta a nuestra imaginación, a nuestro deseo.

Mi móvil suena trayéndome al presente.

—Te esperamos en el bufete a la una en punto, no te retrases —advierte Cristian.

—¿Para qué quieres que vaya?, no pinto nada ahí.

—Tranquila, Jeremy no va a estar, me ha dado un poder. En cuanto a nuestros padres, tendrás que enfrentarte a ellos. La decisión que tomemos también te afectará a ti, a tu futuro.

—De acuerdo. Ahí estaré.

Me hago una idea de por qué mi presencia es requerida, y si no tuviera planes que impliquen una gran suma de dinero, renunciaría a mis derechos. Pero hay muchas mujeres a las que pretendo ayudar que no entienden de riñas familiares ni códigos éticos que no llenan el estómago.

Abro la carpeta del estudio de mercado que he contratado sobre la adquisición de la fábrica de vidrio de Wimberley.

La empresa lleva veinte años diseñando y creando artesanía en vidrio.

El grueso de su producción se vende online, mientras que una parte reducida se queda en el comercio local para ser consumida mayormente por los turistas.

El análisis revela un gran mercado potencial, como pueden ser las tiendas de decoración de lujo y los diseños exclusivos destinados a estudios de arquitectura.

Mi cerebro va a mil por hora al analizar todas las posibilidades.

Conozco a demasiados profesionales del ramo, además de dueños de importantes cadenas hoteleras, quienes siempre están en busca de novedades y originalidad.

Con las ideas más claras que nunca sobre el rumbo que daré a mi vida, me dirijo al bufete.

Horas más tarde salgo aún más dolida, si cabe, con mis padres, pero con los bolsillos llenos de pasta.

Mi abuelo nos dejó un fideicomiso sucesorio que permite transferir bienes (como acciones) a un administrador (fiduciario) para conservarlos o gestionarlos a nuestro favor hasta que se cumpla cierta condición o plazo.

Esto protege el patrimonio familiar y asegura que se mantenga en la línea descendiente.

Hasta ahí todo correcto, el fallo está en que mis queridísimos progenitores se «olvidaron» liquidar mi parte correspondiente.

Cristian y Bruce solo se enteraron porque se pusieron al frente del despacho, mi padre se ha acogido a la jubilación anticipada.

A partir de ahora recibiré una cuantía abultada cada cinco años.

Ahora que mi proyecto deja de ser un sueño para tornarse realidad, decido enviar un mensaje al grupo de «Las chicas son guerreras».

Tengo que daros una noticia muy importante,

pero tenéis que guardarme el secreto.

Espero impaciente a que se conecten. Tengo muchas ganas de poner en marcha mi plan.

En realidad, ya he dado varios pasos importantes, entre ellos aceptar la ayuda de Cristian, por lo que el despacho se encargará de todos los temas legales.

También he solicitado una reunión con Benjamín, heredero de la fábrica.

El precio que pide es superior al de mercado y, al parecer, hay tres personas interesadas en el terreno.

Sin embargo, me da la preferencia por mantener el proyecto de su madre.

Creo que las críticas de la comunidad le han hecho reflexionar.

Aunque, al contrario de Evelyn, mi intención no es solo ayudar a todas las mujeres que pueda, quiero convertir ese pequeño negocio en una empresa lucrativa, quiero tener éxito, quiero ser capaz de generar mi propio sustento.

Elle

¿No me digas que vas a pedirle

matrimonio a Mark? Te dije que

conserváramos la oficina de bodas.

Phoebe

Ya no me veis el careto en el rancho.

Seguro que el agua contiene sustancias

que te hacen perder el juicio.

Vosotras habéis sido abducidas.

¡Ja, ja, ja! El problema no está en el agua,

Phoebe, sino en los moradores del sexo masculino;

una vez los experimentas, te quedas enganchada.

Y no, Elle, no hay matrimonio en el horizonte.

Elle

Ya veremos lo que tardas en caer.

Ahora dime, ¿qué secreto tienes que contarnos?

Voy a comprar la fábrica de vidrio

y pretendo seguir con el proyecto de Evelyn.

Y antes de que digáis nada, tengo dinero de sobra.

Mi padre me ocultó un fideicomiso que me pertenecía.

Cristian lo ha descubierto al encargarse del bufete.

Phoebe

Joder, con tu padre. Aunque de todas

las cosas que esperaba que nos dijeras,

jamás hubiera apostado por esta.

Así que, al final te mudas al rancho.

Estoy que flipo.

No me mudaré al rancho. Viviré en Wimberley

y haré todo lo posible para seguir ayudando

a estas mujeres. ¿Qué os parece?

Sus mensajes y preguntas colapsan el grupo, así que iniciamos una llamada grupal.

Durante la media hora siguiente, les explico mi plan y la importancia de mantener el secreto.

Quiero que Mark lo descubra en la inauguración.

Cuando termino de detallarlo todo, las chicas se emocionan y me felicitan por mi gran iniciativa.

Elle lamenta no poder ayudar todavía por su reciente herida, pero Phoebe se ofrece a encargarse del marketing, acepto con la condición de remunerarla por su trabajo.

Me siento pletórica al cortar la comunicación.

Una vez bromeé con que Cupido había fallado al lanzar su flecha, incluso lo insulté.

Ahora sé que cada paso que di me condujo a ser la persona que siempre quise ser: leal a mis principios, con un propósito que dé sentido a mi vida y, sobre todo, al lado de un hombre increíble al que amo con todo mi corazón.

Mark

Dos meses después…

Mantener una relación a distancia supone un gran desafío, uno que sin duda merece la pena.

Hemos estado los dos de un lado a otro, del rancho a Austin y viceversa, en fines de semanas alternos.

Durante el primer mes puedo decir que el apaño funcionó de maravilla, tuvimos tiempo de calidad y afianzamos nuestra relación.

Aún sigo tanto o más enamorado que antes, pero su comportamiento cambió en este último mes.

Ahora cada vez que la llamo, está ocupada o tiene prisa por solucionar no sé qué.

Confío en Zoe, confío en su amor. Solo no entiendo lo que sucede y esa situación empieza a molestarme.

Así que he decidido darle un ultimátum, o me dice la verdad o pondré distancia.

No pienso entregar mi alma a nadie más si no soy correspondido de igual manera.

—Hijo, necesito que me acompañes a un evento en el pueblo esta tarde —pide mi madre sacándome de mis elucubraciones.

—¿Qué hay en el pueblo? ¿Acaso buscas novio? —pregunto para molestarla. Aunque podría serlo, el amor no tiene edad. Pero mi madre hace tiempo que ha decidido estar sin pareja.

—No seas tonto. —Me pega una colleja—. Han comprado la fábrica de vidrio de Evelyn y el nuevo dueño va a dar un cóctel de reapertura. Quiere darnos la bienvenida.

—No lo sabía, espero que mantenga su proyecto.

—Mis contactos me aseguran que así es. —Sonríe ilusionada. Sé lo mucho que el cierre de la fábrica la afectó—. ¿Puedo contar contigo?

—Quizás sea mejor que te lleve Liam, a él le gusta ese tipo de evento —sugiero. No me encuentro de humor para confraternizar con nadie.

—No puede, tiene una cita con Valentina. A ver si mis oraciones surgen efecto y sienta cabeza de una vez por todas. Ya ha tenido demasiadas novias para mi gusto. —Toso para ocultar una carcajada. Si ella supiese.

—¿Y Caleb? —pruebo suerte.

—Elle está con las molestias del embarazo y tu hermano no la dejará sola ni para salvar la humanidad de una invasión alienígena. —Ahora sí, suelto la carcajada que suprimí, y me quedo a gusto.

—De acuerdo. A qué hora quieres salir.

—El evento empieza a las seis. Creo que con media hora antes tenemos suficiente.

Dejo a mi madre en su saloncito y vuelvo a mis quehaceres.

El otoño es la segunda temporada de mayor trabajo en el rancho.

Toca el destete de los terneros, además de su traslado a los mercados ganaderos para la venta, lo que implica organizar el transporte y evaluar los pesos.

También participaremos en muchas subastas importantes de ganado reproductor.

Me encuentro con Diego de camino al corral y le pregunto por mis hermanos. Según él, ambos trasladan el ganado de un pasto a otro. Eso significa que quizás no los vea antes del compromiso de Charlotte. Albergaba la esperanza de convencer a Liam para que se la llevara.

Cuatro horas más tarde, después de haber clasificado y pesado a los terneros vuelvo a casa para ponerme presentable para la reinauguración de la fábrica.

Antes de entrar en la ducha, llamo a Zoe, pero su teléfono está apagado o fuera de cobertura.

Frustrado y cabreado a partes iguales me dispongo a arreglarme para el maldito evento.

A la hora acordada me bajo al salón, donde mi madre me espera con una sonrisa de oreja a oreja. Su alegría me contagia y parte de mi mal humor se evapora.

—Estas muy elegante, mamá. ¿Seguro qué no estás buscando novio? —Vuelvo a pincharla.

—Voy a fingir que no te he escuchado —dice sin perder la sonrisa—. Tú sí que estás elegante, hijo. Estoy muy orgullosa de ti.

Le agradezco el cumplido y la animo a que vayamos, estoy con los sentimientos destemplados. Me emociono con la misma velocidad con la que me cabreo.

El trayecto es tranquilo y en menos de media hora llegamos.

Me sorprende encontrar el local abarrotado, al parecer nadie se quiere perder los detalles.

Dejo el coche en el estacionamiento municipal que está a solo unos metros, y justo cuando salimos, creo ver el coche de Cristian.

Intento acercarme, pero mi madre me tira en la dirección contraria.

Lo dejo pasar porque sería improbable que estuviera en el pueblo y no me hubiera llamado.

Nunca pisé el recinto de la fábrica, pero por la reforma de la fachada se nota que han invertido pasta.

El terreno es muy grande y siempre pensé que estaba mal aprovechado.

Aunque dada la naturaleza altruista del negocio, entiendo que ampliarlo o reformarlo no formaba parte de las prioridades de Evelyn.

Solo espero que el nuevo dueño sea una persona decente y no juegue con las necesidades de esas pobres mujeres.

—Hijo, acerquémonos al estrado, me han reservado una mesa allí.

Debido a la cantidad de conocidos y amigos que nos encontramos por el camino, tardamos en llegar a nuestro sitio.

Me extraña ver dos mesas con el cartelito de reservada.

—¿Nos sentaremos con los familiares y los mandamases del pueblo? ¿Acaso conoces al dueño? —Charlotte se hace la despistada y no me contesta.

—Siéntate, Mark. Ya están a punto de empezar.

Miro al estrado y veo a una chica de no más de veinte años, embarazadísima, acompañada de otra que lleva a su bebé sujeto en un arnés frontal. Ambas se dirigen al atril. Mosqueado me siento al lado de mi madre.

Las mujeres se van sin decir nada y minutos después empiezan a ocupar las mesas que estaban reservadas.

Miro de soslayo y casi me caigo de la impresión al ver a Caleb junto a Elle, Liam acompañado de Valentina, sentándose en la mesa de al lado.

El hermano de Zoe, Cristian y su amiga Phoebe, se sientan en nuestra mesa, bajo mi completo asombro.

Echo un vistazo a mi alrededor y localizo a Diego, su nieta, Martina y varios trabajadores del rancho.

—¿Qué diablos pasa aquí? ¿Alguien me lo puede explicar? —pregunto con el corazón desbocado.

Una voz conocida y añorada se interpone y provoca que la pregunta pierda importancia.

En el estrado, junto al atril, está Zoe, más preciosa que nunca.

Me mira directo a los ojos y me lanza una sonrisa que me derrite el corazón.

Todo lo demás deja de existir. Solo está ella, con su vitalidad rebosante, con su sonrisa encantadora, con su inteligencia arrolladora y, sobre todo, con el amor incondicional que me trasmite cada vez que nuestras miradas se cruzan.

Paso la siguiente hora en un estado de éxtasis absoluto.

Apenas me puedo concentrar en sus palabras.

Solo consigo pensar en que ha logrado encontrar su camino y, en que, por alguna carambola del destino, formo parte de este proceso.

Me siento muy orgulloso de mi chica, pero también lo estoy de mí mismo.

He atravesado un bosque infernal, lleno de pruebas mortales y he conseguido salir más fuerte y reforzado.

Soy mi mejor versión y espero disfrutar al lado de Zoe todo el tiempo que ella, el universo, Dios, o lo que sea que rige las leyes de la existencia, me permitan estar a su lado.

—¿Te ha gustado la sorpresa, amor? —pregunta, cuando al fin, consigue ponerse a mi lado.

—Acabas de hacerme el hombre más feliz del mundo.

—Esa era la intención. —Me envuelve el cuello con sus brazos y nos besamos con la lentitud y la seguridad de quien sabe que tiene toda una vida para seguir haciéndolo…