Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 41
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Capítulo 41

Zoe

El tan soñado día de la boda ha llegado. Me gustaría decir que todo sale según lo previsto, pero mentiría. Si bien, dadas las circunstancias, es más de lo que me esperaba.

La logística no se ha visto afectada: las mesas, la decoración, las flores, el altar y la pista de baile están conforme lo establecido.

El personal del catering se encarga de la gastronomía, desde la preparación de los platos hasta el montaje del espacio, la vajilla, el servicio y la gestión del personal.

También se encargan de las bebidas durante todo el evento.

Me siento satisfecha de no haber cedido a presiones internas, Charlotte quería mantener la tradición con un menú a base de platos locales y artesanales, una locura tratándose de casi cuatrocientos invitados.

No ocurre lo mismo con el look y el protocolo nupcial.

El vestido ha sido modificado para que Elle pueda ponérselo y quitárselo sin forzar el brazo.

El orden de entrada también tuvo que cambiarse: mi amiga caminará del brazo izquierdo de su padre y yo llevaré el ramo.

Justo antes de la entrega de la novia, se cambiarán de lado y, en ese momento le entregaré el buqué.

Las modificaciones continúan: por tradición, los novios abren la pista de baile con los padrinos y luego invitan a los demás.

En este caso, primero daré el discurso. A continuación, la pareja se subirá al escenario para agradecer a los invitados e intercambiar sus votos.

Después bailarán en solitario y, por último, Caleb se encargará de lanzar el ramo.

«Que Dios nos ampare. Con lo bruto que es, puede que alguien acabe en urgencias».

—Zoe, ¿me escuchas? —pregunta Phoebe.

—Lo siento, ¿qué decías?

—Como no te des prisa, la novia no llegará al altar a tiempo.

La estilista que contratamos dio por hecho que la boda se cancelaría debido a lo sucedido y, sin consultarnos, canceló el servicio.

Así que me encargo yo, ya que nos ha sido imposible contratar a otro profesional con tan poca antelación.

Menos mal que realizaron la sesión fotográfica de preboda con anterioridad.

—Da buena suerte llegar con retraso —refuto mientras recorro todo el material necesario. Por suerte soy precavida y no viajo sin mi arsenal de belleza.

—Eso es un mito y lo sabes, pero como tardes demasiado, el cura se larga o, lo que es peor, Caleb se la lleva en bata, sin arreglarse y sin peinarse. —Nos miramos un instante mientras recreamos la escena y nos partimos de la risa.

Una vez recuperamos la compostura, nos dirigimos a la habitación de Elle, que aprovecha cada segundo para descansar.

—¿Cómo estás? —inquiero tras cerrar la puerta con llave. Las únicas personas, además de nosotras, que tienen permiso para entrar son la madre de la novia y Charlotte, esta última no lo hará por motivos de salud.

—Estoy bien, aunque pagaría lo que fuera por una pastilla para el dolor más potente —se lleva las manos al vientre—, pero ese pequeñín no me lo permite. —Se levanta de la cama—. Anda, haz tu magia y transfórmame en una princesa de cuentos.

Sus palabras no se quedan en una mera petición: la transformo en una versión mejorada de sí misma, en una princesa moderna, embarazada y con cabestrillo.

Su vestido tiene un corte perfecto, realza su cintura, que aún no ha sufrido ningún cambio, y la estiliza.

Su peinado, con pequeños tirabuzones que enmarcan su rostro, acentúa su dulzura.

Sobre la cabeza lleva una corona de flores silvestres hecha por ella.

Y para completar, le hago un maquillaje de ojos ahumados en tonos cálidos que logra intensificar su mirada, una combinación romántica y sexy.

—Nadie se dará cuenta de que llevas una férula en el brazo —comento, girándola para que se mire en el espejo—. ¿Qué te parece?

Llaman a la puerta antes de que responda. Es su madre y, al verla, se emociona.

—Hija, estás preciosa, pero es mejor que nos demos prisa. Caleb está a punto de sufrir un infarto.

—Amiga, todavía estás a tiempo de arrepentirte —bromea Phoebe.

—Jamás. No cambio a mi cavernícola por nadie —afirma contundente, con los ojos brillantes de pura felicidad.

Cojo el ramo y, tras un último repaso, bajamos al salón.

Me adelanto algunos pasos con el buqué en manos para ponerme ante la puerta.

Elle toma posición al lado de su padre mientras su madre vuelve a su sitio.

Phoebe se prepara para abrir la puerta principal en el momento que la versión instrumental de A Thousand Years de Christina Perri empieza a sonar.

La canción se mantiene con un tono suave durante el recorrido de Caleb y su madre, luego, de manera progresiva aumenta el volumen, señal clara para dar inicio al cortejo de la novia.

La puerta que da acceso al patio delantero se abre y empiezo a recorrer el pasillo nupcial.

Elle cruza el umbral cuando la melodía alcanza su punto álgido.

No me hace falta mirarlo, lo hemos ensayado una docena de veces.

Pero debo confesar que me cuesta mantener la mirada al frente, la curiosidad por ver su cara en este instante es demasiado tentadora.

A cada paso que doy, siento cómo una emoción extraña se apodera de mí.

No sé si es por la mirada intensa de los casi cuatrocientos invitados dispuestos en semicírculo alrededor del altar o por el violín, que duplica la melodía con un tono lírico y eleva la carga emocional.

Tengo las piernas hechas de gelatina. Además, me cuesta mantener la mente bajo control, a esa entidad imprudente le gusta fantasear que es la novia y el cowboy sexy que la mira embelesado, el novio.

Respiro aliviada cuando le entrego el ramo a Elle para ocupar mi sitio. El matrimonio no entra en mis planes, por más que mi mente fantasiosa se empeñe en lo contrario.

Ahora puedo dejar mis emociones a un lado para centrarme en las de los novios.

El lenguaje no verbal que proyectan es tan pronunciado que las palabras del cura dejan de tener importancia para mí.

El amor entre ellos es tangible y se propaga a nuestro alrededor, crea una burbuja que nos envuelve, que nos invita a abrir nuestros corazones, a entregarnos a esta emoción tan pura, tan liberadora.

El sentimiento que aflora en mí es intenso, provoca una necesidad casi dolorosa de acercamiento a Mark.

A pesar de la poca distancia que nos separa, nuestras miradas se conectan, uniéndonos de una manera que va más allá de lo terrenal.

«No me cabe la menor duda, Mark es mi alma gemela».

La burbuja estalla en el momento en que Mark aparta su mirada al escuchar un carraspeo de advertencia procedente del padre Timothy, seguido de un coro de risas.

No soy propensa a ponerme colorada, pero en ese instante siento mis mejillas ardiendo de vergüenza.

Elle me lanza una sonrisa deslumbrante, parece complacida por el momento tan íntimo que compartí con Mark.

Como padrino, él es el encargado de custodiar las alianzas en el altar y, por lo tanto, de entregarlas al cura. Una vez cumple su cometido, regresa a su lugar y me guiña un ojo. Su sonrisa de felicidad es tanto o más deslumbrante que la de mi amiga.

Después de los votos propios de una boda católica, el cura pronuncia la tan esperada frase: «puedes besar a la novia» (una licencia que se ha tomado el padre Timothy).

Se desata el júbilo, acompañado de felicitaciones de los más allegados y abrazos entre los asistentes.

Algunos no pueden contener las lágrimas de alegría al ver la pareja sellar su unión. Phoebe y yo incluidas.

Mark se me acerca y le lanzo una mirada de complicidad. Sus ojos brillan llenos de intenciones y sé que me va a besar delante de todos. No me equivoco, me enlaza con un brazo por la cintura y pega mi cuerpo al suyo. Acto seguido, devora cada rincón de mi boca con un hambre que me consume.

Por suerte ya no está el cura, de lo contrario nos excomulgaría. Nos separamos para recuperar el aliento, pero seguimos devorándonos con la mirada.

—Había perdido la esperanza en cualquier tipo de futuro, vagaba al borde de la vida, hasta que llegaste tú.

—Pasa el pulgar por mis labios hinchados—.

Cuando te vi, supe que ya nada sería igual.

Rompiste los muros que levanté a mi alrededor y me recordaste cómo ser fuerte, cómo confiar y, sobre todo, cómo amar de verdad.

—Sujeta mi rostro con solemnidad—. Te amo, Zoe, con todo lo que soy, con cada fibra de mi ser.

—Yo también te amo, Mark —susurro sin ser capaz de poner en palabras todas las emociones que bullen en mi interior.

El alborozo estalla a nuestro alrededor.

Para mi alivio, solo estamos la familia y los amigos.

Los invitados, debido al estado de salud de Elle, se dispersaron hacia sus asientos designados en la invitación.

Charlotte y la madre de mi amiga se encargarán de visitar las mesas durante el banquete para agradecer la asistencia, mientras que los novios lo harán de forma general después del baile o antes de abandonar la fiesta.

Aún contagiados por la euforia del momento, nos dirigimos a la zona destinada al banquete, donde los invitados son agasajados con un cóctel de bienvenida. Entretanto, la pareja participa de una breve sesión de fotos.

Los novios ingresan al área principal después de las fotografías y se dirigen a su mesa.

Debido a los cambios que hemos realizado, en este momento, en que los invitados se socializan, me subo al escenario dedicado a la banda.

La música de fondo que se propaga por el ambiente es sustituida por una versión de Perfect de Ed Sheeran en guitarra acústica.

Respiro hondo y abro mi discurso. Mi voz suena firme y natural, pero por dentro estoy hecha un flan.

No por las cuatrocientas personas que me miran expectantes, sino porque siento que parte de las palabras escritas en la elegante tarjeta que llevo en las manos van dedicadas a Mark.

No lo sentí así cuando las escribí, sin embargo, ahora sé que, de forma inconsciente, las plasmé pensando en mi cowboy .

Sin escapatoria ni vacilaciones, empiezo a leer la ficha:

—Elle, nos conocemos desde que éramos pequeñas.

Hemos compartido secretos, risas, algún que otro desamor y, sobre todo, hemos crecido juntas.

No solo eres mi mejor amiga, eres mi hermana elegida, la persona más leal y generosa que conozco.

Si tuviera que definirte, diría que tu luz es capaz de llenar cualquier habitación.

—Trago las emociones que empiezan a sobrepasarme—.

Durante estos meses que pasé en el rancho ayudándote con los preparativos de la boda, comprendí que el amor no es solo un sentimiento, es la certeza de haber encontrado tu lugar en el mundo.

No te debilita, sino que te hace más fuerte.

También comprendí que vale la pena cada esfuerzo cuando encuentras a tu media naranja.

Por eso sé que vuestro matrimonio estará lleno de risas, aventuras y muchísimo…

¡apoyo mutuo! —Una pequeña risa contagia la atmósfera.

—Por favor, levanten sus copas. —Mark se sube al escenario con una copa en cada mano. Me entrega una y procuro mantener la compostura mientras pronuncio el brindis—: ¡Por Elle y Caleb! Que el amor, la complicidad y el respeto sean siempre su guía. ¡Salud por los novios!

Tras alzar las copas, en medio de la exaltación general, los novios se suben al escenario para agradecer la presencia y los buenos deseos de los invitados. Antes de que me baje junto a Mark, intercambiamos un emotivo abrazo con ellos.

Me sitúo en primera fila, con los sentimientos a flor de piel.

Mark se pone a mi espalda y me envuelve con sus brazos, apoyo la cabeza en su pecho y juntos aguardamos expectantes.

Phoebe y Liam se unen a nosotros, a ambos les brillan los ojos de emoción en el momento en que los novios deciden intercambiar sus dedicatorias matrimoniales.

Después de llevarnos casi al llanto con sus palabras, bailan al son de From This Moment On de Shania Twain.

Se mueven como si fueran uno, es hipnótico.

Me pego aún más a Mark y me balanceo al ritmo de la canción.

Mi cowboy me sigue mientras aprovecha para dejar un reguero de besos por mi cuello.

El deseo corre por mis venas a causa del roce de su cuerpo contra el mío, siempre es así.

Basta un toque para que entremos en ebulición, pero ahora es diferente, el deseo comparte podio con sentimientos mucho más fuertes: amor, complicidad, pertenencia.

La magia se rompe en cuanto la música cesa.

Caleb dedica algunas palabras más al entregado público antes de lanzar el ramo.

Por la forma en que lo sujeta y su posición orientada al frente —simula el lanzamiento de un balón de fútbol americano—, sé que va a ser un desastre.

Sin pensarlo, me escondo detrás de Mark, quien suelta una carcajada al tiempo que levanta las manos para atraparlo.

El afortunado es Liam, aunque después del golpe que recibe en la frente estoy segura de que no piensa lo mismo. A continuación, los novios hacen una retirada triunfal bajo la ovación de los presentes.