Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 38
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Capítulo 38

Zoe

—No tiene por qué acabar así, podemos llegar a un acuerdo.

Nuestros padres siempre quisieron que nuestras familias se unieran en matrimonio.

Me casaré contigo a cambio de que no le hagas daño ni a Elle ni a Mark —propongo—.

Firmaré los contratos que quieras, yo tampoco quiero ver el nombre de mi familia arrastrado por el barro —añado y miro a mi hermano, a quien también debo convencer.

—Por fin. Creía que nunca te darías cuenta del lugar al que perteneces.

—Baja la pistola dirigiéndose a su amigo—.

La propuesta de mi hermana es la mejor solución, Tobías.

Garantiza el silencio de su amiga e invalida lo que diga Mark.

Solventaríamos el problema sin ensuciarnos las manos de sangre.

Quizás un poco, pero no creo que nadie eche de menos a Amanda.

—Bien, tú matarás a Amanda. —Me mira con lasciva—. Es un cabo suelto y no podemos confiar en ella. Además, necesito una póliza de seguros consistente, con la familia de abogados que tienes, no tardarían en encontrar la forma de anular cualquier cláusula matrimonial.

—Estás loco si crees que voy a ser capaz de apretar el gatillo. Hasta las cucarachas merecen vivir. —Miro a Amanda con rencor. Ella sí estaba dispuesta a acabar con mi vida.

Lo que sucede a continuación nos deja a todos perplejos.

El matón que nos abordó en el aparcamiento golpea a mi hermano en la nuca con la culata de la pistola y lo deja inconsciente en el suelo.

Acto seguido, le dispara a Amanda en la cabeza y, casi al mismo tiempo, desarma a Tobías apuntándole con su propia arma.

Con la otra mano nos encañona a nosotras.

—¿Qué haces, imbécil? Te has vuelto loco —brama Tobías.

En un estado casi catatónico, siento cómo la sangre de Amanda cae sobre mi rostro en forma de una bruma fina que se escurre por mi cuello, empapándome la camisa. Elle tiembla a mi lado. La miro, estamos en la misma situación: ensangrentadas y en shock.

—Lo siento, señor Harris, tenemos órdenes de su padre de limpiar la escena —contesta el sicario del senador con una indiferencia abrumadora. Siento como la bilis me sube a la garganta.

—Podrías habérmelo dicho antes, nos habríamos ahorrado todo este drama.

—El senador no estaba seguro de si usted sería capaz de matar a los hijos de Paul White.

—No voy a negar que me da pena. —Cualquiera se lo creería si no fuera por su sonrisa sádica—. Jeremy es un buen amigo, pero él más que nadie entiende cómo funciona nuestro mundo. Dale una muerte rápida.

Todo sucede en un parpadeo: en un segundo estoy junto a mi amiga y en el siguiente me abalanzo sobre el asesino de mi hermano.

Actúo por puro instinto, aunque consigo evitar la muerte de Jeremy no soy lo bastante rápida para esquivar su ataque.

El proyectil pasa a milímetros de mi hombro.

La deflagración de la pólvora es tan brutal que me abrasa la piel y provoca un ardor infernal. Por suerte la bala no llega a tocarme.

—Mi padre no se quedará contento con tu mala puntería —se burla Tobías—, por lo menos has dado en algo.

Dirige su mirada a mi amiga y me quiero morir al ver como sujeta el brazo ensangrentado.

Un líquido rojo brillante gotea por su codo y forma una pequeña poza a sus pies.

Grito su nombre mientras corro a su lado.

La sostengo y la ayudo a sentarse en el suelo.

Su palidez me indica que está a punto de perder el sentido.

—No se preocupe, señor Tobías, no volverá a pasar.

Nos observa con esas dos esferas desprovistas de cualquier rastro de humanidad.

En medio de esa oscuridad gélida, me queda claro que disfruta matando.

Abrazo a Elle y cierro los ojos al ver cómo nos apunta con la pistola.

Me estremezo al escuchar un disparo y siento cómo mi amiga se desvanece entre mis brazos.

Sin abrir los ojos, grito con todas mis fuerzas.

—Cobardes de mierda. Hijos de puta, desgraciados malnacidos. Habéis matado a mi amiga, a su bebé. Un ser inocente que no crecerá por vuestra maldita culpa. —Me derrumbo sobre su cuerpo y permito que un llanto profundo empape mis mejillas.

Espero mi muerte en medio de un dolor que me rompe en dos, deseo que llegue, que me libere de ese sufrimiento. Quiero gritar, quiero pedir que acaben con esa tortura de una puñetera vez.

Pero el alivio no llega, en su lugar, unos brazos fuertes me sujetan y me zarandean con suavidad. En medio de la niebla de confusión y estupor de mi mente creo escuchar la voz de Mark.

«Quizás estoy muerta y mi alma aún no se ha dado cuenta».

—Zoe cariño, soy yo, estás a salvo. —Unas manos callosas envuelven mi rostro con delicadeza—. Puedes abrir los ojos, todo se ha acabado.

«Sigo viva, es real, es la voz de Mark».

Despego los párpados con cautela, temo descubrir que es una alucinación transitoria provocada por mi estado de shock .

Mark me mira con los ojos cuajados de alivio.

Siento un calor extendiéndose por mi pecho, llena cada célula de amor y de esperanza.

Entonces pienso en Elle y me desmorono en sus brazos.

—Han matado a Elle —sollozo desconsolada—. Esos cabrones han matado a mi amiga.

—Shhh, tranquila. Todo está bien, mira a tu alrededor —pide con voz suave.

Lo hago y me quedo anonadada al ver el despliegue de agentes y personal sanitario.

Busco desesperada con la mirada el cuerpo sin vida de Elle, pero para mi absoluta sorpresa la veo sonreír a Caleb mientras la sacan en camilla de la cabaña.

Sigo con el barrido por la estancia y localizo a Jeremy en otra camilla, aún está inconsciente.

Cristian está a su lado y habla con los paramédicos.

También veo como el sheriff se lleva al cabrón de Tobías esposado, el muy imbécil grita y llora como el cobarde que es. Ojalá se pudra en la cárcel.

—¿De dónde habéis salido?

—Es una larga historia, pero lo importante ahora es que te vea un médico —explica mientras limpia la sangre de mi rostro con una gasa húmeda que le ha dejado el sanitario que me atendió.

—Todo está muy confuso en mi cerebro. Pensé que habían matado a Elle. Me abracé a ella y esperé mi muerte. No entiendo cómo no me di cuenta de lo que sucedía a mi alrededor, es como si el tiempo se hubiera congelado.

—Has vivido una situación muy traumática. —Me abraza fuerte. Parece temer que desaparezca de un momento a otro—. No sé qué hubiera hecho si te hubiese pasado algo. —Se aparta lo suficiente para mirarme a los ojos.

—Pensar en ti, en nosotros, me dio fuerzas para luchar, para seguir con vida. Confiaba en que encontrarías la forma de llegar hasta mí, hasta Elle.

—Hubiera movido cielo y tierra para encontraros, no lo dudes.

Me entrego al calor de su abrazo, al sentimiento de protección y amor que me transmite. A la sensación de haber encontrado mi puerto seguro.

Nuestro momento romántico dura poco; la realidad se impone con la llegada de la policía científica para realizar el levantamiento del cadáver. Mark me saca de la cabaña, entretanto evito girar la cabeza para no ver el cuerpo de Amanda.

Fuera hay más policías. En un furgón, veo a los esbirros del senador.

Ambos se ven bastante magullados, los han molido a palos.

Una insana satisfacción se instala en mí y deseo que esa sea la primera de las muchas palizas que recibirán en la cárcel.

Jamás podré olvidar el brillo de puro regocijo reflejado en los ojos del asesino antes de apretar el gatillo.

Su mirada no solo presenciaba la agonía, sino que se deleitaba en ella, saboreaba la destrucción ajena con una calma escalofriante.

—Me alegro de que estés bien —dice el sheriff —. Cuando termine aquí me pasaré por el puesto de salud para tomarte declaración. Vas a estar ahí, ¿no?

—Sí, no me moveré hasta que mi amiga esté fuera de peligro —contesto con seguridad.

—No he detenido a tu hermano porque sigue inconsciente, pero he enviado a un agente con Cristian por si resulta implicado. ¿Puedes decirme cuál es el grado de su participación?

Un nudo se forma en mi garganta y la respuesta se queda atascada. Mark se da cuenta y pide a su amigo que deje el interrogatorio para más tarde. Le recuerda el estado en que me encontraron y la necesidad de que me vea un médico. El sheriff asiente y nos permite marchar.

El camino escogido por Mark es diferente al utilizado por los matones, eso me relaja y consigo ordenar mis ideas.

Lo sucedido esta noche cambiará la vida de muchas personas.

Algunas para bien, como las de Mark y Elle, y otras se convertirán en un verdadero infierno, como la de mi familia.

Mi padre se volverá loco cuando vea el nombre de su vástago predilecto en las páginas policiales al lado del hijo de su gran amigo, el senador John Harris.

«Dios, va a ser un escándalo de proporciones bíblicas».

De Amanda, no hace falta palabras, se lo ha buscado. Solo me da pena por sus familiares. Nadie se merece perder a un hijo de esta forma.

—Si quieres hablar de lo sucedido, aquí me tienes. —Lo miro con el corazón rebosante de admiración, de amor. Ha aguantado el tipo en silencio y me ha dado el espacio que necesito.

—Prefiero hacerlo delante del sheriff . Será demasiado duro como para estar repitiéndolo. Pero eso no quita que me cuentes: ¿cómo habéis logrado encontrarnos?

Me lanza una sonrisa apagada antes de empezar a relatar su odisea.

Saber que Cristian sospechaba de Tobías y de mi hermano me deja estupefacta.

Quizás, si hubiera compartido sus dudas…

no, aparto esa idea antes de que termine de formarse.

Jamás hubiera creído que Jeremy fuera capaz de matarme para ocultar los crímenes de su amigo.

Si Mark no hubiese mencionado la existencia de esa cabaña, no nos hubieran encontrado con vida.

El senador Harris y su hijo habrían salido impunes.

La descripción del rescate parece sacada de una serie de acción de Netflix, con la diferencia de que, después de escuchar los detalles, los tendré que borrar de mi memoria.

Nadie se puede enterar de la participación de los exparamilitares.

El sheriff se vería en serios apuros, además la defensa de Tobías podría utilizar ese dato para invalidar la actuación policial. Sé muy bien cómo funciona ese mundillo.

Phoebe se levanta de su asiento al verme entrar en la sala de espera y nos fundimos en un emotivo abrazo mientras intercambiamos palabras de consuelo.

Luego se acercan Liam y Charlotte, ambos visiblemente afectados.

Voy a preguntar por Elle cuando veo a Cristian salir de una de las salas de atención médica.

Un aluvión de emociones me invade: alivio por tenerlo a mi lado, miedo por la batalla familiar que se avecina y preocupación por el estado de salud de Jeremy, aunque no se lo merezca.

—Cristian —llamo con un grito ahogado.

Mi hermano se gira y al verme, corre a mi encuentro. Su semblante de pura desolación me conmueve.

—Pensé que no volvería a verte con vida. —Me envuelve en un abrazo de oso—. ¿Cómo te encuentras, pequeña? ¿Estás bien?

—Aún asimilo lo que ha pasado. Me duele pensar en Jeremy —mi voz tiembla—. Estaba dispuesto a matarme para encubrir a su amigo, pero uno de los matones del senador tenía órdenes de liquidarnos a todos.

—He tardado en unir las piezas del puzle. Creo que en el fondo me negaba a creer que nuestro hermano estuviera implicado. Pensaba contártelo después de la boda, mientras seguía con la investigación. Lo siento.

—¿Cómo está? —pregunto para desviar el tema. No me siento preparada para ahondar en lo sucedido.

—Sigue inconsciente. Aquí ya no pueden ayudarlo, así que preparo su traslado a Austin.

—¿Has hablado con nuestro padre?

—No he tenido valor —susurra apenado—. He llamado a Bruce para que prepare el terreno. Será un escándalo cuando lleguemos al hospital escoltados por la policía.

Me gustaría decirle lo contrario, pero seremos noticia nacional y todos saldremos salpicados.

La prensa es cruel y el senador tiene mucho poder para manipularla a su antojo, aunque mi padre tampoco se queda atrás.

A mí no me importa lo que digan. No pienso permitir que se vayan de rositas, incluido mi hermano.

Margareth, la médica titular del centro de salud, me hace pasar a la enfermería. Tanto Mark como mi hermano se ofrecen para acompañarme. Declino la oferta, quizás hablar con la doctora me ayude a asimilar lo sucedido. Lo primero que hago al entrar en la consulta es preguntar por mi amiga.

—¿Me puedes decir cómo se encuentra, Elle? Estoy muy preocupada, ella cree que está embarazada. —Me lanza una mirada amable al tiempo que me conduce hasta la camilla.

—No te puedo hablar de otros pacientes, pero como sé que sois amigas y después de lo que habéis vivido, voy a hacer una excepción.

Elle está siendo atendida por el doctor Carter, que es un cirujano experimentado.

Según me informaron, el proyectil tuvo una trayectoria de entrada y salida que afortunadamente no provocó daños de gravedad.

En cuanto al embarazo, tendrás que esperar.

Respiro aliviada y me quito la camiseta para que pueda examinar la herida del hombro.

Ya no me acordaba de la abrasión por deflagración que sufrí, y mucho menos que llevaba un apósito.

Mientras la doctora me hace la cura, tanto de la herida del hombro como del pinchazo en el brazo, le hago un breve resumen.

Le explico cómo me sentí y le pregunto si es una reacción normal ante situaciones extremas.

Su respuesta me tranquiliza. Por lo visto, el cerebro humano activa mecanismos de defensa que provoca desconexión sensorial.

En mi caso, he experimentado algunos de estos síntomas, como sordera temporal y desrealización.

Por suerte, es provisional y no produce secuela, más allá de la causada por el trauma vivido.

Se pone a mi disposición para lo que necesite.

Quizás un apoyo psicológico me vendría bien, saber que tendré que sentar a Jeremy en el banquillo de los acusados por intento de asesinato me provoca verdadero pánico.