Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 36
86%

Capítulo 36

Mark

—¿Has visto a Zoe? —pregunto a Phoebe.

—Ha salido para atender una llamada de Elle.

Una sensación de incomodidad se instala en mi interior.

Es una especie de sexto sentido que he desarrollado tras la experiencia traumática que he vivido.

Por lo que he leído hace poco sobre el tema, no es un fenómeno mágico, sino una respuesta adaptativa y evolutiva del cerebro y del sistema nervioso para garantizar la supervivencia.

Cada vez que se produce un cambio sutil en el entorno, mi cuerpo reacciona, es como tener un detector de peligros incorporado.

Aunque no siempre hago caso de esa intuición de hipervigilancia.

Sucedió cuando Zoe se reunió con su hermano para hablar del accidente.

Todo mi ser se retorció, rogó que no lo hiciera.

Sin embargo, cedí por miedo a parecer un pobre cobarde traumatizado.

El día que nos reunimos con el detective, volví a sentir esa señal de alarma, fue tan intensa que ni siquiera pude ignorarla.

Ahora me pasa lo mismo y no pienso esperar para ver el resultado.

—Voy a salir a buscarla.

—Espera, voy contigo. —Intenta seguirme el paso.

La necesidad que siento de llegar a Zoe es tan imperiosa que corro despavorido por el estacionamiento.

Sé que no voy a encontrar su coche aparcado en ningún lado, porque las chicas han llegado en limusina, aun así, me acerco a cada SUV plateada que me encuentro.

Cuando ya me encuentro mareado de correr de un lado a otro, mientras intento llamarla por el móvil, me acuerdo de que Caleb dejó su camioneta en la parte de atrás del bar, en el antiguo aparcamiento.

Vuelvo sobre mis pasos y me encuentro con Phoebe por el camino, ambos nos dirigimos a la parte posterior del local. La zona está desértica, y la escasa iluminación que hay es la ofrecida por la luna creciente, que brilla tímidamente en el cielo estrellado.

—Aquí pasa algo, lo siento en mis huesos. La he llamado y no contesta, voy a llamar a mi hermano. Prueba con Elle.

No llegamos a realizar la llamada, ya que la camioneta de Caleb entra en el reciento quemando llanta. Su forma de conducir y lo cerca que ha estado de arrollarnos indica que algo muy gordo ha sucedido.

—¿Qué ha pasado? Casi nos atropellas.

Su respuesta se estrella en mi mandíbula con una fuerza descomunal, llego a ver destellos de luz.

—¡Joder! Te has vuelto loco —digo mientras intento recuperar el equilibrio.

—Lo sabías, ¿verdad? Todo este tiempo os habéis reído de mí.

—Ya veo, Elle te ha contado la verdad. —Parte del dolor que ha provocado en mi maxilar desaparece al pensar en mi cuñada. Tiene que estar destrozada por su rechazo.

—¿Cómo has podido? ¿Acaso te ofreció sexo a cambio de tu silencio, de tu perdón?

—¿Qué gilipolleces dices? No voy a permitir que insultes a Elle, que me insultes.

—Le devuelvo el golpe con la misma dureza y lo tiro al suelo—.

¿Te estás oyendo? —pregunto al verle de pie—.

Elle te ama con todas sus fuerzas y, si no te contó nada fue porque yo se lo aconsejé.

Ambos ya hemos sufrido demasiado, además, solo se enteró días después de que el accidente dejó un muerto y de que un inocente fue declarado culpable del siniestro.

—Aun así, no tenías derecho a ocultármelo. Su silencio te costó cuatro años de cárcel —dice con la mirada vidriosa. Parece luchar por contener el llanto que se ha acumulado en sus párpados.

—No lo sabemos, Caleb, estaba muy borracho.

Lo único que sé es que Elle me salvó cuando me contó la verdad —confieso con un nudo en el estómago—.

He visto cómo se desangraba ante mis ojos, el dolor que condujo a esa chiquilla a tomar tan mala decisión no es diferente al mío propio.

Por eso la entendí, por eso la perdoné y por eso le pedí que dejara el pasado atrás y fuera feliz contigo.

—Debía de habérmelo contado, no lo hizo, no confió en mí —se queja en un susurro mientras traga la emoción.

—Siento haber contribuido a eso. Ahora sé que me equivoqué, mas en aquel entonces me pareció lo mejor para todos.

No dudes del amor que Elle siente por ti.

Te mira como si fueras su todo, resplandece cuando está a tu lado.

Un amor así no se encuentra todos los días, hermano.

No te condenes, no nos condenes por orgullo, por un pasado que ya no vuelve atrás, que ya no nos representa.

—Le hice daño. —El brillo de sus ojos se intensifica—. La saqué de la camioneta sin dejar que acabara su confesión. Intentaba pedirme perdón.

Los gritos de Phoebe, que se había apartado sin que me diera cuenta, llegan hasta nosotros con una urgencia que me pone los vellos de punta.

—Chicos, venid, rápido.

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué estabais aquí? —inquiere Caleb mientras nos acercamos apresurados.

—Zoe salió del bar para atender una llamada de Elle y ya no pudimos dar con su paradero.

—¿Por qué no la habéis llamado por el móvil?

—¿Qué creíste que hacíamos cuando nos interrumpiste, genio?

—Silencio. —Phoebe levanta un dedo—. Escuchad —dice nada más la alcanzamos—. Creo que viene del otro lado del muro.

El silencio más absoluto nos envuelve, solo quebrado por el icónico tono de llamada del gastado iPhone de Elle, Marimba. En efecto, el sonido proviene del otro lado de la pared. Sin pensarlo, me lanzo a la carrera hasta alcanzar el terreno baldío que colinda con la parte trasera del bar.

Apenas consigo ver nada entre la maleza, así que pido a Phoebe que vuelva a llamar.

Mi hermano hace lo mismo y llama a Elle.

De inmediato localizo a ambos aparatos. El de mi cuñada tiene la pantalla rota, pero funciona, el de Zoe parpadea un par de veces, lo que me permite localizarlo, luego se queda estático.

Recojo a ambos aparatos y llamo a Caleb y le pido que comunique al sheriff lo sucedido.

Mi intuición estaba en lo cierto, las chicas están en peligro.

Regreso al aparcamiento y me encuentro a nuestros amigos reunidos delante del bar. Todos hablan a la vez, ansiosos por saber qué ocurre. Barry pone orden y, entre Phoebe y yo, les contamos lo que sabemos. Además, le entrego al sheriff los aparatos que he encontrado.

—Eso solo puede ser obra de Amanda —sugiero en voz baja. Elevar el tono hace que esa terrible posibilidad cobre fuerza.

—Todos los informes que me llegan la ubican al otro lado de la frontera —informa Barry—, pero eso no significa que pudiera contratar a alguien.

Pediré refuerzos y nos dividiremos, es mejor no concentrar todos nuestros recursos en un solo indicio.

Hasta que lleguen los demás, comprobemos las cámaras de seguridad.

También pediré a tráfico que compruebe las matrículas de los coches que entraron y salieron del aparcamiento.

—Como esa psicópata de Amanda le toque un pelo a Elle te juro que no habrá juez en este estado que me impida pegarle un tiro —brama Caleb fuera de sí.

Contemplo todo a mi alrededor con la esperanza de que sea solo una pesadilla, una de la que pronto me despertaré. Sin embargo, el ir y venir de los coches policiales y la veintena de amigos y vecinos que se han acercado para ayudar en la búsqueda, pone en evidencia la realidad de la situación.

Me siento impotente, todas las líneas de investigación propuestas han sido comprobadas sin ofrecer ninguna pista.

El sentimiento de culpa empieza a deslizarse bajo mi piel como agujas de hielo, torturándome, recordándome que soy el único culpable.

Si no hubiera sido tan egoísta, Zoe y Elle estarían a salvo en este instante.

Pensé que había llegado mi momento de ser feliz, aunque parece que no tengo derecho a tal dicha.

Una solitaria lágrima se desliza por mi mejilla, me la seco con el dorso de la camisa. No es momento para autocompadecerse.

«Encontraré a las chicas sanas y salvas. Ya he perdido demasiadas manos contra el destino. Esta la ganaré yo».

A continuación, busco con la mirada al hermano de Zoe, aún no he podido hablar con él.

Desde que se lo comunicamos no ha soltado su teléfono, es raro.

Parece intuir que lo observo, pues gira la cabeza en mi dirección.

Cuando mis ojos se cruzan con los suyos, siento un escalofrío recorrer mi columna vertebral. Sé que tiene información relevante.

Me acerco con el corazón martillando en el pecho.

—Has averiguado algo, ¿verdad?

—Sí, vayamos a hablar con el sheriff —contesta sin darme la oportunidad de indagar.

Le sigo con pasos apresurados y, mientras nos dirigimos al operativo que ha montado el jefe de policía en el aparcamiento, hago señas a mis hermanos para que se acerquen.

—Barry, necesitamos hablar contigo. Cristian tiene información —digo al tiempo que controlo las ganas de sacudirlo para que comparta lo que sabe de una puñetera vez.

—Es mejor que hablemos en un sitio más discreto —pide Cristian al echar un vistazo a los curiosos que merodean a nuestro alrededor.

Entramos al bar de Larry y le pedimos utilizar su despacho, por suerte no pone ningún impedimento. De lo contrario, Cristian se vería en serios apuros, porque tanto Caleb como yo estamos a punto de infartarnos.

—Te escuchamos —dice Barry.

—La situación es delicada —hace una pausa, parece ponderar sus palabras—, y me gustaría disponer de más tiempo para ofrecer a la policía pruebas sólidas.

Pero ahora lo más importante es dar con el paradero de mi hermana y su amiga.

—Cuadra los hombros—. Estoy seguro de que Tobías Harris, hijo del senador John Harris está implicado en la desaparición de las chicas.

—¿El senador más poderoso de Texas? ¡No me jodas! —maldice Barry.

—Me da igual quien sea ese Tobías Harris. ¡Dinos de una jodida vez lo que sabes! —exploto, desesperado. Siento que el tiempo corre en nuestra contra.

—No hace mucho empecé a investigar, a pedido de mi hermana y de Elle, el accidente de coche que llevó a Mark a la cárcel. Según la información que me proporcionaron, el accidente habría sido causado por otra persona, una que conducía un todoterreno negro que se dio a la fuga.

—¿Insinúas que el responsable de enviarme a la cárcel es el mismo que tiene a las chicas secuestradas?

—indago con temor. De ser ciertas sus suposiciones, se trataría de un caso de eliminación de testigos.

El alma se me cae a los pies y la desolación más absoluta se apodera de cada célula de mi cuerpo.

—Sí, estoy casi seguro.

—Lo que acabas de decir es muy grave —censura el sheriff a Cristian mientras apoya su mano en mi hombro.

Al principio su agarre es reconfortante.

Luego, se tensa hasta hundir los dedos en el hueco de mi clavícula—.

Joder, Mark, ¿cómo no me lo has contado?

Soy tu amigo y hubiera movido cielo y tierra para ayudarte.

—No te ofendas, los dos estábamos en la inopia. Yo acabo de enterarme —gruñe Caleb.

—Sé que hay mucha información que desconocéis, pero centrémonos en lo más importante —digo.

—Tienes razón, centrémonos —se dirige a Cristian—. No puedes acusar a una persona tan influyente con base en una corazonada —refuta Barry—. Si quieres que atrape a un gran tiburón tienes que darme munición. Cuéntame todo lo que sepas.

—Cuando me enteré de la historia de Mark, lo investigué.

—Me mira avergonzado—. No lo tomes a mal; sales con mi hermana y quería asegurarme del tipo de persona con la que se involucra.

—Le lanzo una mueca resignada—. No encontré nada que hoy no pudiera ver con mis propios ojos, eres un buen tipo.

Sin embargo, hubo un dato que me llamó la atención: Amanda.

Sabía que la había visto en algún lugar, pero no conseguía ubicarla.

Hasta que hace un par de semanas coincidí con el presidente de HT Oil Company.

Nada más verlo me acordé de que tu ex lo acompañaba en una fiesta en la casa del senador Harris.

Tobías se la acercaba demasiado y llegue a pensar que se la pegaba al magnate.

—No veo como esto puede tener relevancia en el caso —afirma Barry—. Los ricachones suelen frecuentar el mismo tipo de ambiente y todos sabemos la clase de mujer que es Amanda.

—Ya lo sé, pero hace unos días mis informantes de confianza me aconsejaron no revolver la mierda.

Eso me hizo sospechar que alguien muy influyente se encontraba detrás del suceso.

Luego, pillé a mi hermano y a Tobías saliendo de mi despacho.

Además, Jeremy no dejaba de preguntarme si la visita de Elle era por algún motivo legal.

En el momento en que supe de la desaparición de las chicas, empecé a unir los puntos.

»Así que llamé a Jeremy, su móvil está apagado o fuera de cobertura.

Probé con mi padre y este me informó que acompañó a Tobías y al senador a Dallas, a una recaudación de fondos.

He comprobado la agenda oficial de John Harris y consta su comparecencia al evento.

Pero tras realizar algunas llamadas más pude averiguar que ni mi hermano ni Tobías acompañan al senador.

Y lo más preocupante, dos de los escoltas de mayor confianza de Harris, conocidos agentes que operan de manera paramilitar, tampoco lo hacen.