Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

Zoe

—¿Qué haces aquí, Jeremy? ¿Qué significa todo eso?

—Como bien sabes, el bufete representa a Tobías y, por lo tanto, debo velar por sus intereses.

Ayer me comunicó que le chantajeaban por un asunto del pasado.

Le aconsejé que no cediera porque siempre piden más.

Sin embargo, él no me hizo caso y me pidió que preparara un contrato donde la extorsionista solo recibiría el pago si reconocía que también estuvo implicada en el accidente.

Miro a Amanda desfallecida a los pies de Tobías y me entran ganas de vomitar. ¿Cómo es posible que mi hermano esté tan tranquilo? ¿Qué clase de persona participa en un acto tan vil? Siento que algo importante se me escapa, tengo la mente colapsada.

—Eres un idiota. ¿Cómo has podido involucrarte con un delincuente? —Él me mira como si estuviera por encima del bien y del mal.

—Si me permites, esa pregunta te la puedo responder yo —interviene Tobías con una sonrisa cínica en los labios—. Tu hermano es capaz de vender su alma al diablo, con tal de convertirse en el Fiscal de Distrito más joven de Texas.

Dios mío, siempre supe que Jeremy ambicionaba entrar en la fiscalía, es el mayor orgullo para nuestro padre. Pero pasar de defender a un criminal ante la justicia para ser su cómplice con tal de conseguir lo que quiere es deleznable.

—¿Se puede saber qué pintamos nosotras aquí?

—pregunto aún sin entender nada. Creo que mi capacidad de realizar sinapsis está tan conmocionada como yo—.

¿Quizás te enteraste de que Amanda quería matarme y has decidido eliminar dos pájaros de un tiro?

—arriesgo sin posibilidad de acertar. Mi hermano jamás movería un dedo por mí.

—Eso no tiene que ver con Amanda, fue él, él conducía el todoterreno que mató a Kevin —dice Elle con voz trémula—.

Cuando lo vi en el despacho de tu hermano sentí como un escalofrío me recorría la columna vertebral.

No te comenté nada porque no tenía sentido, pero al llegar aquí y ver el todoterreno lo supe con total seguridad.

Con respecto al chantaje: es mentira, jamás identifiqué al conductor que provocó el accidente.

—Me mira con temor a que dude de su palabra.

Le doy un suave apretón en la mano, transmitiéndole mi total confianza y vuelvo a centrar la atención en mi hermano.

—No me mires así —se justifica Jeremy—. Solo descubrí el verdadero plan de Tobías cuando llegué aquí.

—Se pasa la mano por el pelo, movimiento compulsivo que revela que está más nervioso de lo que quiere aparentar—.

Lo siento por ti, hermana, si no te hubieras involucrado con esa gente no estarías en esa situación.

—¿¡Esa gente!? Has perdido la cabeza —exploto presa de los nervios.

—Dejad de dramas. La situación es la que es y no hay vuelta atrás —interviene Tobías.

—Ilumínanos porque todavía no tengo claro cuál es la situación —pido con la voz congestionada. Aunque no es del todo cierto, ahora que las piezas del puzle empiezan a encajar, nuestra presencia cobra sentido: destrucción de pruebas, encubrimiento y borrado de huellas.

—Vas a tener suerte, me siento muy complaciente hoy.

—Se pone de pie y salta el cuerpo inmóvil de Amanda.

Se acerca a nosotras con el cuchillo empuñado mientras nos lanza una sonrisa depredadora que da escalofríos—.

Empecemos por el principio. Tu amiga tiene razón, yo conducía el todoterreno y, fui el responsable del accidente que mató aquel pobre chaval.

—El desprecio con el que habla de Kevin me asquea.

»El día del accidente iba de coca hasta las cejas y, sin pensarlo, hui del siniestro.

Bajo los efectos de la droga me desconecté de lo sucedido.

A la mañana siguiente, fui consciente de lo que hice y llamé a mi padre para que me sacara del apuro.

De inmediato nos reunimos con el bufete de tu padre y, mientras preparábamos una estrategia para minimizar los daños, nos enteramos de que otra persona confesó.

—Mark —susurro sin pensarlo.

—Exacto. El cielo se nos abrió y, por supuesto, aprovechamos la oportunidad.

Solo nos quedó deshacernos de las pruebas: manipular las imágenes de tráfico para eliminar cualquier rastro y dar con el paradero de la única testigo que podría incriminarme —apunta a Elle con el cuchillo—.

No fue difícil. Cuando se tiene el sistema trabajando para ti, todo es posible.

—No me puedo creer que nuestro padre se prestara a esto. ¿Qué clase de abogados sois? —pregunto consternada.

Siempre supe que eran abogados penalistas de élite y que solo los más privilegiados se lo podían permitir.

Pero creía que actuaban desde los preceptos jurídicos del derecho: vivir honestamente (honeste vivere) , no dañar a otro (alterum non laedere) y dar a cada uno lo suyo (suum cuique tribuere) . Al parecer, estaba equivocada.

«Zoe, céntrate. Tienes problemas más graves que cuestionar la ética jurídica de tu familia».

—Qué inocente eres, hermana. Por supuesto que nuestro padre no iba sugerir nada ilegal, pero él sabe cómo funciona nuestro mundo. Sabe cómo los de nuestra clase actúan para proteger el legado familiar.

—Vuestra batallita moral empieza a exasperarme. —Me pincha en el escote con su arma, lo hace sin ejercer presión, mi piel sigue intacta. Quisiera poder decir lo mismo de mi corazón, este ha pegado un triple salto mortal—. Así que no volváis a interrumpirme.

Se posiciona ante Elle y la mira con tanto odio, que ambas nos abrazamos presa del pánico.

—Como iba diciendo. Su estado de embriaguez en el momento del accidente y su huida de este, nos dejó claro que ambos deseábamos lo mismo: olvidar lo sucedido.

—La mira con una insana satisfacción mientras le atribuye el mismo grado de culpabilidad—.

Aun así, el equipo de seguridad de mi padre la vigiló durante el juicio.

Luego nos olvidamos de ti —se acerca a mi amiga y se dirige a ella—, hasta que decidiste jodernos mudándote al rancho.

—Suelta una carcajada desquiciada—: Hay que ser muy tonta para ir a trabajar justo donde vive la persona que enviaste a la cárcel por salvarte el culo.

Las palabras de Tobías entran como un puñal afilado en la magullada conciencia de mi amiga. Su cuerpo no soporta tanta presión y se desploma en el suelo.

—Tiene razón, Zoe, soy un monstruo. —Su lloro desconsolado me parte el corazón.

—Shhh, no es verdad. No eres como Tobías. Eres una persona bondadosa, cariñosa, leal. Solo tomaste una mala decisión en un momento difícil de tu vida.

—¡Qué conmovedor! Sin embargo, por más que intentes blanquear los hechos, no lo conseguirás, tu amiga es igual de culpable.

—Eres un puto psicópata y ya me he cansado de toda esa mierda. —Le miro con odio mientras abrazo a Elle que está rota por la pena—. ¿Qué es lo que quieres de nosotras? Acaba de una vez por todas con esa tortura —digo, sobrepasada por la situación.

—No tan rápido, preciosa, quiero que sufráis. —Pasea su arma delante de nuestra cara—. ¡Poneos de pie! Ahora —grita.

Lo hacemos de forma automática, con el modo supervivencia activado. El deseo de que todo se acabe se evapora y vuelvo a estar con todos los sentidos en alerta. Necesito mantener la calma.

—A ver si puedo continuar sin interrupciones. —Nos mira con esos ojos negros, como dos pozos llenos de maldad—. Mi amiga empieza a impacientarse —nos pincha a las dos en el brazo, y esa vez la sangre se escurre en un hilo que gotea en el suelo de madera de la cabaña—. ¿Por dónde iba, Jeremy?

Busco a mi hermano con la mirada, por un instante me olvidé de su presencia.

Su semblante sigue impasible, pero su cuerpo muestra tensión: tiene los nudillos blancos y una gruesa vena late en su frente.

Un pequeño halo de esperanza brilla en mi interior, quizás espera el momento oportuno para intervenir.

—Ibas por el día en que tuvo la brillante idea de irse a vivir al rancho de los Wolf.

«Mi esperanza se resquebraja un peldaño».

—Eso es. En este día intentamos infiltrar a alguien en el rancho, pero vivís en un pueblo muy pequeño y cualquier movimiento podría levantar sospechas.

Durante un tiempo dejamos la situación en standby , nos pareció improbable que Elle se autoincriminase.

Más tarde, al revisar los expedientes que el personal de seguridad de mi padre recopiló, me topé con el arma perfecta: Amanda.

Ex pareja de Mark y ex amante del padre de uno de mis mejores amigos.

Sabía por Barron que era una mercenaria y que su padre la dejó con una mano en la frente y otra atrás.

»Solo tuve que llamarla y endosarle un cuantioso cheque.

Su cometido era reconquistar a Mark, debía estar a su lado para mantenernos informados.

La muy zorra pensó que sería fácil, solía decirnos que lo tendría comiendo en su mano en un abrir y cerrar de ojos.

Pero justo cuando pensábamos que el plan iba por buen camino, entras tú en escena, querida Zoe.

—Se acerca hasta casi pegar su boca a la mía—.

La mujer que llevo años intentando conquistar.

Tenía que haberlo visto venir, siempre te ha gustado revolcarte en la basura.

«Pedazo de imbécil, está claro que nuestro concepto de basura es bien distinto».

Logro frenar a tiempo mis palabras, es una pena no poder hacer lo mismo con su boca: sus labios se apoderan de los míos en un beso brutal y repugnante.

Intento apartarlo, mas la punta afilada de su cuchillo me hace desistir.

Solo se detiene en cuanto el sabor metálico de la sangre inunda nuestro paladar.

Mi mano se estrella en su mejilla en un acto reflejo.

Enseguida, me froto la boca contra la manga de la camisa para borrar cualquier rastro de su saliva podrida de mi piel.

—Esa me la vas a pagar. —Su tono lento, pausado, casi melódico, provoca que un escalofrío se apodere de mi cuerpo—. Pero antes, permita que siga con mi historia, estaba a punto de llegar a la mejor parte.

Me toco los labios magullados mientras lo miro con odio.

Las ganas insanas de borrarle esa sonrisa diabólica de la cara son tan potentes que temo perder el control lanzándome sobre él como una loca suicida.

Lo único que me lo impide es el susurrar de esa vocecita interior, que se repite, una y otra vez en mi cabeza: tienes que ganar tiempo, tienes que mantenerte a salvo.

—Soy toda oídos. —Vuelvo a abrazar a mi amiga que se encuentra en el límite de sus fuerzas.

—Bien. Pues en el momento que decidiste meterte en la cama de ese don nadie, activaste todas las alarmas.

Pero eso no fue lo peor que hiciste, no, decidiste joderlo aún más llevándote a tu amiga al bufete de tu padre.

No necesité ser ningún genio para suponer lo que pretendíais, luego, Jeremy me lo confirmó.

Cristian, es como tú, confiado e ingenuo.

Entrar en su despacho fue tarea fácil para mi amigo.

—Guiña un ojo a mi hermano—. A partir de ese día firmasteis vuestra sentencia.

»Amanda dejó de serme útil y la aparté del caso, pero la muy tonta decidió ignorar mis advertencias y siguió con su patético intento de recuperar a su ex.

Cuando se dio cuenta de que no era capaz de lograr su objetivo, optó por eliminar a la competencia: tú.

Por supuesto, no se lo iba a permitir. Un escándalo de esas dimensiones llamaría mucho la atención.

Además, podría ponerme en evidencia en el caso de que las autoridades diesen con su paradero.

Así que pedí al equipo de seguridad de mi padre que la mantuviesen oculta hasta que pudiera decidir cómo solucionar esta situación de una vez por todas.

Elle se estremece a mi lado y Amanda suelta un quejido casi inaudible. Creo que conoce el desenlace.

—Ese día ha llegado y por fin podré olvidarme de ese incidente para siempre. —Se acerca a Amanda y le da un puntapié en la pierna—. Deja de fingir, sé que estás consciente.

La ex de Mark sigue inmóvil a pesar de los golpes que recibe.

Creo que Tobías se equivoca, ha perdido mucha sangre y probablemente no tenga fuerzas para levantarse.

Él desiste de golpearla y llama a uno de los matones que hasta el momento se mantenían impasibles en un lado del salón, como dos columnas de mármol ancladas al suelo.

—Levántala y acércala a las demás —indica mientras se pone uno de los guantes de piel que estaban sobre la mesita auxiliar cerca del sillón—. Jeremy, acércate.

A cámara lenta, observo cómo la escena más dantesca que haya presenciado jamás transcurre ante mis ojos.

Llegué a pensar que mi hermano intervendría llegada la hora, pero estupefacta veo cómo se pone los guantes y coge una pistola de la caja que le ofrece uno de los matones. Por increíble que parezca, no siento miedo, solo un profundo vacío.

—Perdóname, amiga, todo eso es por mi culpa. —Nos abrazamos—. Por mi mala decisión mi bebé no nacerá, jamás podré ver su carita. Lo he condenado, Zoe, le he quitado el derecho a vivir.

—Dios mío, ¿estás embarazada? —susurro mientras la aparto con suavidad.

—Creo que sí, me siento diferente, no sé explicar.

La desolación que veo en sus ojos me rompe en mil pedazos. Nos volvemos a abrazar, esta vez envueltas en una cortina de lágrimas.

—Voy a sacarnos de aquí —digo decidida.

He confiado en que Mark llegara con la caballería en cualquier momento, pero parece ser que seremos nuestras propias heroínas. Echo un vistazo a nuestro alrededor: Jeremy discute con Tobías, Amanda nos mira con odio y uno de los matones sale al porche para atender una llamada.

Mi mente trabaja a toda máquina en busca de una solución para librarnos de una muerte segura. Una idea ronda mi cabeza. Quizás si juego bien mis cartas, podremos tener una oportunidad.

—Bien, ya que estamos todos preparados, que empiece la función —dice Tobías acercándose a mi hermano. Uno de los esbirros del senador John Harris le sigue de cerca.

—Yo no tengo nada que ver con eso, solo hice lo que me pediste —lloriquea Amanda—. Me iré del país y jamás volveréis a tener noticias mías. Por favor, dejadme ir.

—Pero si eres la pieza más importante. —Se ríe—. Gracias a tu estupidez podré llevar a cabo mi plan sin levantar sospechas.

—Vas a simular un crimen pasional. Nadie sospechará, la policía ya la busca por el incidente con el toro. La muerte de Elle será un efecto colateral —concluyo pesarosa.

—Así es. Acabemos con eso, Jeremy. Mi padre se impacienta.

Ha llegado la hora de realizar un último movimiento. Espero que funcione.