Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

Mark

El corazón me late acelerado por lo que veo en sus ojos color chocolate. Tengo tantas ganas de escuchar de su boca las palabras que tanto he soñado, que por un instante me siento tentado a ser el primero en confesar lo que ambos sabemos, lo que ambos sentimos.

El momento se desvanece y la intensidad reflejada en su rostro da paso a una amplia y traviesa sonrisa. Su gesto provoca que cierta parte de mi anatomía entre en ebullición.

—¿Qué me dices? —vuelvo a preguntar.

Su expresión se vuelve divertida y un delicioso hoyuelo se dibuja en su mejilla derecha. Extiendo una mano para tocárselo. Siento el tacto suave y cálido de su piel bajo la yema de mis dedos. El contacto es inocente, pero me hace desear tocar otros rincones de su cuerpo.

—Tomo tu silencio como un sí —digo esperanzado.

—Entiendes mal, cowboy. —Contiene la risa.

—Pensé que también querías un polvo castigador —protesto.

—Por supuesto que lo quiero —se muerde el labio inferior— , pero tendrá que esperar. No podemos dejar tirados a nuestros amigos.

Asiento a regañadientes.

—Tendré que ser duro contigo por hacerme esperar. —Sus ojos brillan expectantes.

—Lo estoy deseando —susurra.

—Juegas con fuego, nena —digo al tiempo que rodeo su cintura con mis brazos y enlazo mis manos en la parte baja de su espalda.

—Si es contigo… No me importa quemarme.

«¡Joder! La espera será larga».

—¿Quieres tomar algo? —Cambio de tema.

—Sí, por favor. Hace mucho calor aquí dentro —contesta abanicándose con la mano.

Sonrío mientras la conduzco hacia la barra, donde encontramos a Liam acompañado de una pelirroja de aspecto frágil y delicado. Es guapa, pero no tiene nada que ver con las mujeres en las que mi hermano pequeño suele fijarse.

—¿Seguís aquí? —se sorprende cuando nos ve—. Pensé que os habíais largado como Caleb y Elle —añade.

—Ganas no me faltan. —Miro a su acompañante, incitándole a que nos la presente.

Se hace el loco y sigue hablando de la escena protagonizada por los novios. Me da pena, se ve que la chica es tímida y ser ignorada no ayuda a que se sienta cómoda.

—Liam, ¿no piensas presentarnos a tu amiga? —Zoe quita las palabras de mi boca. La miro agradecido.

—Sí, por supuesto —responde avergonzado—. Ella es Valentina, es sobrina del cura y acaba de mudarse a Wimberley. Valentina, te presento a mi hermano Mark y a su novia Zoe.

—Un gusto, Valentina. —Le ofrezco la mano. Ella la estrecha con cierta incomodidad—. ¿Qué te parece el pueblo? —inquiero en un tono amigable.

Antes de que tenga la oportunidad de contestar se ve envuelta en un abrazo caluroso. Parece que le ha caído bien a mi gata salvaje.

—Bienvenida —dice Zoe—. Aunque no vivo aquí, soy de Austin. Te doy la bienvenida en nombre de mi amiga Elle, la novia fugada. Ya te la presentaré. —Arranca una amplia sonrisa de la chica.

Una vez más me veo sonriendo como un tonto.

Adoro su espontaneidad y su vitalidad. Me encanta cómo trasforma cada día en una aventura.

A su lado tengo la sensación de que todo es posible…

como cabalgar campo a través con desenfreno, comer helado desnudos a las tres de la madrugada o follar a orillas del riachuelo.

Conozco cada pequeño matiz, cada minúsculo detalle de su cuerpo.

Conozco sus silencios, su alegría, su aroma embriagador, la dulzura de sus besos, la caricia de su mirada.

Amo la redondez de sus curvas, donde susurro mis secretos más íntimos.

Adoro los territorios adonde me lleva cuando me abraza.

Territorios que parecían inalcanzables tras mi salida de la cárcel.

Y, a pesar de todo, sigue sorprendiéndome y regalándome momentos únicos e inolvidables.

Lo sé: sueno patético, pero no puedo remediarlo. Creo que es la consecuencia normal y natural de haber encontrado por fin mi otra mitad.

—Límpiate la baba antes de que se dé cuenta. —Salgo de mi ensoñación y me rompo a reír ante el comentario de mi hermano.

Zoe alza la barbilla al escuchar el sonido de mi risa. Le guiño un ojo y ella me sonríe antes de volver su atención a Valentina.

—Lo mismo digo, hermano —espeto sin apartar la mirada de mi gata salvaje—. Es guapa —añado, esta vez con la atención puesta en su acompañante.

—No digas tonterías —se justifica apresurado—. Quiero decir, es una chica guapa, no lo niego. Pero no es mi tipo. —Lo observo con la intención de comprobar la veracidad de sus palabras—. Tiene el pelo rizado, hecho un desastre, no me gusta. Además, se viste como una monja.

—¡Joder, qué locura dices! —exclamo sin dar crédito. Aunque al instante me doy cuenta de lo que está sucediendo. Le gusta, mucho.

—¿De qué te ríes? —interpela malhumorado—. Valentina no es mi tipo y punto.

Su tono de voz suena claro y nítido. Entonces, me doy cuenta demasiado tarde de que la música ha dejado de sonar mientras hablaba.

Liam y yo giramos la cabeza de forma automática hacia las chicas. Por suerte hablan ajenas a nuestra conversación.

—¿Crees que te ha escuchado?

—Qué más da. No es tu tipo. Aunque, a decir verdad, después de Lauren, Kate, Conchita, Martha y otras tantas de las que no me acuerdo el nombre, no tengo muy claro cuál es tu tipo —provoco.

—Vete a la mierda —dice enfurruñado.

—Anda, tomemos algo —sugiero con un tono conciliador mientras hago señas a uno de los camareros que atiende detrás de la barra—. ¿Qué quieres? —pregunto a Liam.

—Una cerveza estaría bien —asiento.

—Zoe —elevo la voz por encima de la música, que ha vuelto a sonar. Se gira al escuchar su nombre, me sonríe y se acerca a la barra junto a Valentina—. ¿Qué quieres que te pida, cielo?

—Un gin-tonic, por favor.

—¿Valentina?

—Gracias. Me tengo que ir —contesta decaída. Creo que al final escuchó nuestra conversación.

—Noo, no te vayas todavía. La fiesta apenas ha empezado —pide Zoe.

El camarero, un hombre rubio, corpulento, y con la cara curtida por el sol, se acerca para tomar nota de nuestro pedido.

—¿Qué os pongo, chicos?

—Hola, Tanner. Tráiganos un gin-tonic, una cerveza, una botella pequeña de agua para mí y… —me dirijo a Valentina—. Tómate una última copa con nosotros, a la salud de los novios fugados —presiono un poco más.

Me siento culpable. Si no hubiera provocado a mi hermano, quizás no hubiese dicho tantas tonterías. Zoe me agradece con la mirada mientras la chica se esfuerza para que su sonrisa apagada no lo parezca tanto.

—¿Qué te apetece beber?

—Lo mismo que Zoe —su voz es apenas un susurro.

—Pues dos gin-tonics —antes que se dé la vuelta, añado—: Tráenos una tapa de nachos con queso y otra de mini quesadillas. Gracias.

Una botella de agua mineral aparece sobre la barra, la agarro y me la llevo a los labios. Pero Zoe la atrapa al vuelo antes de que pueda dar un sorbo. Se bebe la mitad de un solo trago.

—Estaba sedienta. —Me devuelve la botella con una sonrisa de niña buena en los labios. Me inclino para lamer una gota de su labio inferior.

—Pienso cobrármela con intereses —aviso.

Se abanica con la mano y vuelve a coger mi botella. Quiero provocarla un poco más, pero desisto al ver que Tanner se acerca con las bebidas. Nos la deja en la barra y luego nos trae las tapas. Le doy las gracias y le pido que me traiga otra botella de agua.

El ambiente se relaja de forma considerable. Incluso Valentina parece estar a gusto. Eso sí, no le dirige la palabra a Liam en ningún momento.

—¿Alguien ha visto a Phoebe? —pregunta Zoe.

Conociendo a Barry como lo conozco, seguro que la ha invitado a probar el asiento trasero de su descapotable.

—La última vez que la vi, bailaba con el sheriff —explica Liam.

Como si la hubiéramos invocado, la vemos metida en una trifulca a unos pocos metros de donde estamos. Sin pensarlo nos acercamos, y nos encontramos con una escena que jamás hubiéramos imaginado.

—¿Qué diablos pasa aquí? —pregunto boquiabierto al ver como el sheriff tiene a Cristian cogido por el cuello—. Barry, deja al hermano de Zoe. —Él me mira sorprendido y al instante lo suelta.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —pregunta Zoe mientras lo abraza.

El hermano de Zoe nos advirtió de que llegaría tarde, así que encontrarlo en estas condiciones es toda una sorpresa.

—El sujeto aquí presente ha excedido en sus funciones con el claro objetivo de impresionar a nuestra amiga, Phoebe —pronuncia con un tono de abogado de juzgado.

—No necesito usar mi autoridad para impresionar a nadie. —Barry se endereza entretanto proyecta el pecho hacia delante—. Ya lo estaba antes de que nos fastidiara la noche —refuta con un cierto grado de presuntuosidad.

Su respuesta no le deja en buen lugar, aunque a su favor diré que es un amigo leal. Cuando he estado en la cárcel, ha sido un gran apoyo para mi familia.

—Dejaos de hablar de mí como si no estuviera —interviene Phoebe, enfadada—. Yo no necesito que nadie me defienda. Si queréis saber cuál de los dos la tiene más grande, es vuestro problema.

Ambos la miran boqueando como un pez. Casi me compadezco.

Zoe traslada su mirada de Cristian a Phoebe. En un momento dado, entrecierra los ojos. Acto seguido, intenta ocultar una media sonrisa.

Por su reacción deduzco que estamos en medio de un triángulo amoroso.

—Siento que te haya dado esa impresión, Phoebe. —Mi amigo la mira, consternado—. Te prometo que solo reaccioné de esa forma porque pensé que se trataba de un borracho.

—Eso no es verdad —rebate Cristian—. No quisiste escucharme cuando te dije que se trataba de un accidente. Además, te expliqué que era amigo de Phoebe y te pedí disculpas por haberte tirado la copa encima. —Le mira con inquina—. Pero preferiste jugar a ser un superhéroe.

Todo el cuerpo de Barry se tensa y veo cómo aprieta los puños. Intervengo antes de que le pegue un puñetazo al hermano de Zoe.

—Bueno, que haya paz. Está claro que fue un malentendido —miento descaradamente.

Mi hipótesis —y creo que también la de Zoe— sostiene que Cristian alberga sentimientos hacia Phoebe y, al verla bailar tan acaramelada con el sheriff , se le cruzaron los cables.

No suelo ser cotilla ni me gusta meterme en los dramas románticos de los demás, bastante tengo con mi ex. Pero debo confesar que en esta ocasión siento curiosidad por saber qué hay detrás de ese ataque de celos, porque eso es lo que ha sido, y con mayúsculas.

Observo cómo Zoe arrastra a su amiga al aseo para someterla a un tercer grado. Justo en este momento me doy cuenta de que solo estamos Barry, Cristian y yo. Valentina y Liam se han largado sin decir nada. Espero que arreglen lo que sea que pasa entre ellos. Parece ser una buena chica.

Quizás sea más cotilla de lo que me imaginaba.