Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

Zoe

Han pasado diez días desde el incidente provocado por Amanda, y hasta la fecha la policía no ha dado con su paradero.

De momento, la única información que nos ha llegado ha sido por parte del detective McGraw.

Según sus contactos, la susodicha ha abandonado el país en el mismo día que contrató los servicios de Clay, su cómplice.

El sheriff Barry no secunda la información ofrecida por el detective.

Así que, mientras esa loca pasea por el mundo, yo paso los días encerrada en el rancho.

La paranoia de Mark con mi seguridad empieza a agobiarme.

Tengo a todos los trabajadores de confianza del rancho vigilándome como halcones.

Vaya adonde vaya y haga lo que haga, siempre tengo compañía.

Y para empeorar la situación, ha tenido la brillante idea de llamar a Cristian para contarle lo sucedido.

Mi hermano se volvió loco y como era de esperar, exigió que volviera de inmediato a casa.

Ante mi rotunda negativa me amenazó con contar todo a nuestro padre si no hago caso a las medidas de protección impuestas por mi cowboy sobreprotector.

De modo que me encuentro teniendo que pedir permiso para ir al baño, o casi.

Por suerte estamos a menos de un mes de la boda y las actividades que la rodean se han vuelto frenéticas. El ir y venir al pueblo es inevitable y aprovecho para perder de vista a mis sabuesos.

Los baños en el riachuelo, a pesar de la mala experiencia con el toro, se han convertido en mi salvación al calor asfixiante de agosto.

Pena que ya no puedo nadar desnuda con mi cowboy , Liam, Caleb y Elle suelen acompañarnos.

Hoy he preferido quedarme en casa, bajo el chorro helado del aire acondicionado para comprobar los últimos RSVP recibidos.

Según, Charlotte, no necesitábamos utilizar la abreviatura de la frase francesa « Répondez s'il vous plaît », ya que aseguraba la comparecencia de todos sus invitados.

En aquel momento me pareció aventurarse demasiado debido al corto plazo del que disponían para contestar, pero por increíble que parezca, las respuestas fueron masivas e inmediatas.

Hasta ahora solo cayeron ocho de la lista de Charlotte y tres en la de los padres de Elle, al parecer nadie se quiere perder la boda del año.

De mi listado de tareas pendientes solo falta la reserva en el bar de Larry para la despedida de soltero conjunta. En un principio quería que fuese solo de chicas, pero el troglodita de Caleb no estuvo de acuerdo y tuve que claudicar por el bien común.

—¿No te cansas nunca? —pregunta Elle al entrar en la habitación.

Tras cerrar la lista de invitados me puse a repasar la distribución de los asientos.

—Ya he terminado. —Cierro la aplicación—. ¿Qué te parece si llamamos a Phoebe? Tenemos que saber si va a poder venir para confirmar la fecha de la despedida de soltero.

Asiente con entusiasmo al tiempo que arrastra la silla del tocador para ponerse a mi lado. Hago la videollamada al chat del grupo «Las chicas son guerreras», apenas nos mensajeamos. En parte por el trabajo absorbente de Phoebe, rara vez contesta, y por mi presencia en el rancho.

La llamada de hoy solo es posible porque le dieron el día libre tras quedarse hasta las cuatro de la madrugada rehaciendo el trabajo de otros que, se supone, están mucho más cualificados que ella, además de cobrar diez veces más.

Hola, nena,

¿has podido descansar algo?

Phoebe

Sí. Pero estoy harta de que me

vapuleen. Si estas prácticas no

computaran en mi nota final os

juro que mandaría al gilipollas

de mi jefe a la mierda.

Elle

Ten paciencia, cariño. Los días vuelan

y pronto estarás en casa.

Phoebe

Lo sé, creo que lo que más me fastidia

es que tendré que estar un mes

con clases online.

Tú puedes con eso y mucho más.

Dales caña.

Elle

Queríamos hablar contigo de

la despedida. Hemos consultado

con Larry y solo hay dos fechas

disponibles: el viernes, veintiuno,

o el sábado de la semana siguiente.

¿Crees que podrás venir?

Conociéndola como conozco, soy capaz de ver su lucha interna para expresar lo que pasa por su cabeza.

Phoebe es muy meticulosa con sus finanzas y rara vez hace algo que se sale de su presupuesto.

Estar en Nueva York ha supuesto un gasto adicional en su maltrecha economía.

Antes de que abra la boca con alguna excusa para mantener su orgullo intacto, decido intervenir:

No tienes que preocuparte por el dinero,

ya te dije que tengo muchas millas acumuladas.

Si no las gasto, acabaré devolviéndolas

a mis hermanos.

Elle

No seas tonta, acepta la oferta de Zoe.

Sabes muy bien que, aunque viajara todo

el año, no las gastaría todas.

Elle me echa un cable al ver la duda reflejada en su rostro.

Phoebe

De acuerdo. Prefiero gastármelas

antes que las devuelvas a esos esnobs

de tus hermanos.

Muy a mi pesar tengo que darle la razón, a excepción de Cristian, mis hermanos, además de sumamente ricos y estirados, están obsesionados con guardar las apariencias.

Según ellos, no debería de mezclarme con «ese tipo de gente».

Una clara referencia a mis amigas. A mí no me importa lo que dicen o lo que piensan, mis hermanas del corazón son la familia que he escogido.

Ellos son de mi sangre y siempre los querré, pero jamás les confiaría un secreto y después de lo sucedido en el despacho de nuestro padre tampoco espero que me apoyen en cualquier decisión que tome sobre mi vida personal o profesional.

Phoebe

Tiene que ser el sábado. El viernes

es muy arriesgado, ya sabéis cómo

son esos cabrones. De todas formas,

intentaré llegar el día anterior para

estar más tiempo con vosotras.

Vete preparando, nena. De aquí no

sales sin echar un buen polvo.

Y si te portas mal, incluso puede

que acabes esposada.

Phoebe

¿Qué locura acabas de decir?

Busca con la mirada a nuestra amiga en común y esta suelta una carcajada.

Elle

En esta ocasión tengo que darle la razón,

hay un sheriff aquí loquito por conocerte.

Phoebe

Mmmm… Y está bueno.

Está de toma pan y moja hasta que te hartes.

Phoebe

Bueno, habrá que comprobar

si no se trata de propaganda engañosa.

De vosotras no me fio ni un pelo.

Dice de guasa, pues sabe que no jugamos con temas tan «trascendentales» como los polvos de una noche.

Eso me hace recordar que aún no sabemos nada de su cita con el dichoso admirador secreto.

Mi hermano tampoco ha querido entrar en detalles sobre su idoneidad, lo único que dijo cuando hablamos hace tres días fue: ya está solucionado, luego me colgó.

Hablando de tíos buenos.

¿Qué ha pasado con tu admirador?

¿Mi hermano te ha dado luz verde?

Agacha la cabeza con brusquedad para ocultar sus sentimientos. Elle y yo intercambiamos una mirada de alarma.

Elle

¿Qué ha pasado?

¿Ese miserable te hizo daño?

El hermano de Zoe dijo que estaba todo bien.

Esas no fueron las palabras exactas de Cristian. Ahora que lo pienso, su respuesta da cabida a una infinidad de posibilidades.

Phoebe

No ha pasado nada, chicas.

Hubo un contratiempo en una

de sus empresas en el extranjero

y tuvo que irse del país. La fiesta

se canceló, fin de la historia.

¿Entonces por qué has puesto esa cara?

¿Qué es lo que nos oculta?

Phoebe

No he puesto ninguna cara.

En serio, estoy bien.

Pero ahora tengo que dejaros,

debo aprovechar el día para

poner orden a ese cuchitril.

También necesito ir al súper,

apenas me queda nada en la nevera.

Besos. Os quiero.

—¿Te lo has creído? —le pregunto a Elle tras cortar la comunicación.

—Sí. Phoebe no es de las que se esconden de los problemas —contesta con convicción—. Lo que pasa es que no estaba preparada para que le prorrogaran las prácticas un mes más. Ya sabes cómo se pone cuando sus planes no salen como esperaba. —La arruguita de su frente se disipa.

—A ver si ese sheriff le da un buen meneo. Nada como un par de polvos para desestresarse.