Capítulo 24
Mark
—¿Crees que se trata del mismo hombre? —pregunta el detective a Caleb.
—Estoy casi seguro de que es él. —Vuelve a mirar la fotografía—. Solo hay una manera de salir de dudas —dice, poniéndose de pie—. Vayamos al rancho de los Stuart a comprobar.
—Creo que es mejor no precipitarnos. Con la información que me has dado puedo comprobarlo sin levantar sospechas —opina el detective con prudencia.
—¡Y una mierda vamos a esperar! Si ese cabrón está compinchado con la psicópata de mi ex, buenas intenciones no tienen.
—Las decisiones en caliente siempre salen mal, Mark. Piénsatelo bien. Si no es el hombre que buscamos puede que lo único que consigamos sea ponerlo en alerta, y por consiguiente a tu ex —argumenta con contundencia.
Entiendo su punto de vista, pero mi intuición reclama que intervenga de inmediato.
—Yo voto para que vayamos. —Liam inclina la balanza a nuestro favor.
El detective McGraw niega contrariado. Pese a su desgana, se levanta y saca su pistola semiautomática de nueve milímetros Parabellum de la caja de seguridad oculta en su escritorio.
—¿Eso es necesario? —inquiero con el corazón a mil por hora.
—Nunca está de más ser prevenido.
Mis hermanos y yo nos montamos en la camioneta de Caleb mientras el detective nos sigue en su Ford F-150 de color gris antracita.
El silencio se instala en el vehículo en el momento que Caleb lo pone en marcha, cada uno tiene la mirada puesta en la carretera que se extiende ante nosotros.
Jugamos demasiado con la decisión que hemos tomado, puede que esa sea nuestra única oportunidad para librarnos de Amanda de una vez por todas.
Como dice el detective: si fallamos, perderemos el factor sorpresa.
Me estremezco solo de pensarlo, vivir bajo la amenaza de esa arpía me destroza.
Quiero disfrutar de los días que me quedan al lado de Zoe. Aunque no nos vamos a engañar: en realidad quiero ganarme su corazón, tanto como para que quiera quedarse y empezar una vida a mi lado.
«Quiero ser feliz de una puñetera vez».
La voz de Rob Tomas en Unwell se adueña del ambiente y de todos mis sentidos.
—El silencio me asfixiaba —se justifica Liam, tamborileando al ritmo de la canción.
Le sonrío mientras compruebo que la letra bien podría haber sido escrita por mí mismo.
—Tú lo que estás es cagado de miedo. Confiesa —espeta Caleb para provocarlo.
—Creo que tiene razón. Te pusiste pálido en el momento que el detective sacó el arma. —Sigo con la broma.
—¡Que os den, cabrones! Os vais de muy machitos, pero ninguno es capaz de acertar de un tiro a la cabeza de una serpiente: uno porque sale corriendo cuando ve una y el otro porque tiene la puntería de un pato mareado.
Los tres nos miramos sin decirnos nada durante unos segundos. A continuación, estallamos en una carcajada.
Debo confesar que Liam no bromea, ni exagera, tanto Caleb como yo tenemos verdadero pánico a las víboras. De pequeños tuvimos un encuentro desafortunado con una serpiente de cascabel. Solo podemos contarlo, porque nuestro perro se sacrificó para salvarnos.
Con los ánimos calmados y más relajados llegamos al rancho sin siquiera darnos cuenta.
—No intenten hacerse los héroes —advierte McGraw serio en el momento que nos bajamos de la camioneta—. Una persona acorralada puede ser impredecible —añade.
—¿Qué hacéis en mis tierras? —pregunta JS, así es como le gusta que le llamen, con cara de pocos amigos.
Caleb se adelanta para contestarle, pero el detective le detiene y se acerca al viejo cascarrabias con la foto en la mano.
—Nos han informado que este hombre trabaja para usted y me gustaría que nos permitiera hablar con él. Es sumamente importante.
Muy diplomático el detective. Si Caleb hubiera abierto la boca ahora mismo tendríamos una escopeta apuntándonos a la cara.
—No voy a decir nada hasta que me contéis por qué lo estáis buscando.
—JS, no estaríamos aquí si no fuera importante —digo con toda la calma de que soy capaz.
El viejo nos lanza una mirada desafiante, una que deja claro que no piensa ayudarnos si no colaboramos.
—Ya me tienes harto, JS, pero te juro que como le pase algo a las personas que amo o a mi ganado, no tendrás un lugar lo suficiente lejos para esconderte —escupe Caleb cabreado.
La mirada de JS se clava en mi hermano con ferocidad, durante varios segundos. Caleb se mantiene firme y le hace frente.
—No venimos con intención de causar problemas, solo queremos hacer un par de preguntas a tu empleado. —La voz de McGraw pone fin al duelo de miradas entre JS y mi hermano.
—Ha salido para comprobar una fuga en un abrevadero. —Su capataz se acerca y le cuchichea—. Estáis de suerte, uno de mis hombres acaba de verlo en las caballerizas.
No nos hizo falta una invitación, nada más cierra la boca, nos lanzamos a toda velocidad a las caballerizas.
El detective y yo, seguidos de JS y su capataz, entramos por la puerta principal, mientras Caleb y Liam se sitúan en la puerta trasera.
La cuadra no es muy grande y lo localizamos de inmediato.
Sin embargo, huye despavorido al vernos.
Por suerte mis hermanos lo atrapan en la otra salida.
Una vez lo inmovilizamos, McGraw empieza a confrontarlo.
—Tranquilícese, muchacho. Solo queremos hacerte unas preguntas.
—Y es mejor que les conteste con la verdad, desgraciado. Porque como me metas en problemas te despellejo vivo —amenaza JS.
—¿De qué conoces a la señorita, Amanda Wallen?
—No conozco a ninguna, Amanda…, no sé quién es.
—¿Qué clase de relación tienes con ella? —El detective ignora su contestación y vuelve a preguntar mientras le enseña varias fotos donde se les ven juntos.
—No tengo nada que ver con esa mujer.
—Sí que lo tienes —dice McGraw con un tono enérgico—. ¿Para qué te ha contratado? —insiste.
—No sé de qué me hablas. —El muy cabrón sigue haciéndose el despistado.
—¡Escúchame bien! Hasta el momento he sido amable, pero empiezo a perder la paciencia.
—Con una mano le coge del cuello de la camisa y con la otra saca la pistola de la pistolera y le encañona—.
Si no empiezas a colaborar, te haré daño.
¡Mucho! —Presiona el arma sobre su frente y el cabrón gime con una mezcla de dolor y miedo.
Mis hermanos y yo nos miramos con una insana satisfacción.
—Por favor, tengo mujer y dos hijos a los que alimentar —lloriquea.
—Si no quieres dejarlos desamparados, ¿dime para qué te contrató Amanda?
El miserable contempla al pequeño grupo que le rodea, espera que alguno de nosotros acuda en su auxilio. No va a suceder: primero porque es una amenaza vacía, segundo porque no descansaremos hasta que diga la verdad.
—Nadie te va a ayudar, infeliz. Así que habla de una puñetera vez —exige JS.
La confesión de Clay —así se llama— nos deja a todos perplejos.
—Al parecer, mi ex se acercó a él valiéndose de su amistad con la hija de JS. En un principio, alegó necesitar a alguien que le ayudara con la mudanza, pero cuando el vaquero llegó a su casa descubrió que era un embuste. Lo que ella quería era que él quitara a Zoe de en medio, fuera como fuere.
»Debido a su constante negativa, subió la recompensa hasta que esta alcanzó la cifra de cincuenta mil dólares.
Según nos cuenta el sujeto, llegados a ese punto y para librarse de Amanda, la amenazó con irse a la policía si no lo dejaba en paz.
Su amenaza sirvió de poco, al cabo de unos días volvió a buscarlo, pero esta vez con una propuesta diferente.
—Desembucha, hombre. No tenemos todo el día —insiste el detective ante el silencio de Clay—. ¿Qué te propuso Amanda Wallen esta vez?
Un mal presentimiento me invade al ver como su cara palidece por segundos.
—Me propuso romper la cerca del pasto norte, la que colinda con las tierras de los Wolf —me mira con temor—, quería que Diablo entrara en vuestra propiedad.
—¿Me estás diciendo que tú y la psicópata de Amanda sois los responsables de romperme el alambrado? —grita Caleb.
—¿Qué mierda pretendía esa loca, además de fastidiarnos? —pregunto al darme cuenta de que algo no encaja.
El miserable pasea la mirada entre Caleb y yo, sin saber a quién contestar primero.
—Los accidentes anteriores no fueron intencionados, el toro los provocó.
Por eso Amanda me pidió que lo hiciera, dijo que nadie sospecharía.
—Me mira con recelo—. Ella quería dar un susto en la señorita Zoe, y me pidió que la vigilara.
Yo…, yo solo hice lo que me pidió —se encoge de hombros—, hace un rato conduje a Diablo hasta la linde del arroyo, y cuando vi que la chica estaba allí corté el alambre.
La cabeza me da vueltas y el corazón tamborilea en mi caja torácica.
—Hubiera empezado por ahí, desgraciado. —Me lanzo sobre él para partirle la cara, pero mis hermanos me detienen—. Como le haya pasado algo a Zoe, te mato.
—No perdamos más tiempo, vamos hasta el arroyo —dice JS tras ordenar a su capataz que ensille los caballos.
Mientras ayudábamos con las monturas el detective se encarga de llamar al sheriff . Es primordial que Clay ratifique su declaración y testifique contra Amanda.
«Quiera Dios que lleguemos a tiempo, de lo contrario, jamás me lo perdonaré».