Capítulo 21
Mark
Me ha costado mucho salir de la espiral de autodestrucción en la que me encontraba al salir de la cárcel.
Por eso me jode que el momento más especial de mi vida se vea empañado por la persona más dañina que conozco.
Cuando decidí colarme en la habitación de Zoe, estaba desesperado.
Sabía que algo grave ocurría. El desprecio con el que me miraba no era normal.
Pero jamás imaginé que Amanda estuviera detrás.
«Esa mujer infernal no va a descansar hasta destruirme».
Una pregunta no deja de rondar mi cabeza: ¿Cómo pudo tomar esa maldita foto sin que yo me diera cuenta? El contacto duró solo unos segundos. Sea como fuere no voy a permitir que siga jodiéndome. En esta ocasión tengo mucho por lo que luchar.
Mi familia tuvo un papel fundamental en mi recuperación, pero la llegada de Zoe trajo luz a mi vida.
Donde antes hubo miedo y dolor, ahora hay risas inolvidables que se quedarán en mi memoria para siempre.
Incluso puedo afirmar que ella es la pieza que faltaba para que vuelva a funcionar con normalidad, desde que la conozco me siento más vivo que nunca.
Quizás nuestra historia no tenga el final deseado, a pesar de la extraordinaria conexión que tenemos.
Lo que hemos experimentado hace un rato fue extracorpóreo, durante unos segundos vi mi alma reflejada en sus ojos.
En esa fracción de tiempo compartimos mucho más que sexo.
En otras circunstancias, esa experiencia marcaría un antes y un después en nuestra relación, pero en la situación actual en la que estamos envueltos, puede que no sea suficiente.
Esto no quiere decir que me vaya a rendir, todo lo contrario.
Mientras Zoe me lo permita, voy a luchar para que tengamos un futuro.
«Eso significa que no puedes volver a cagarla».
Todo mi cuerpo se tensa y las palabras que siguen repitiéndose en mi mente me hacen recuperar el sentido común. Me estremezco al ver lo cerca que he estado de echar todo a perder. Más que nunca debo mantener la cabeza fría, una decisión equivocada y vuelvo a la casilla de salida.
En el momento que subí a la camioneta estaba tan cegado por la ira que solo quería tener a Amanda delante, deseaba reducirla a cenizas, deseaba destrozarla con palabras hirientes, deseaba verla arrastrándose por el suelo mientras me pide perdón por todo el daño que me ha hecho.
Una fantasía que hubiera costado mi libertad.
Cuando estoy a punto de tomar la rotonda para volver al rancho, una camioneta me bloquea el paso y me saca de la carretera. De no ser por mis reflejos, hubiera caído por la zanja.
Un rescoldo de ira se prende en mi interior y provoca que baje del coche como un toro embravecido.
—¿Qué cojones haces, puto loco de mierda? —grito con la mirada puesta en la rueda delantera. Unos centímetros más y me hubiera despeñado por el barranco.
—Lo siento, pero llevo un rato intentando llamar tu atención.
—Joder, Liam —digo al escuchar la voz de mi hermano. Iba tan ensimismado que no me di cuenta de que el coche que se me acababa de cruzar era del rancho—. ¿Qué diablos pretendías? —pregunto, aunque intuyo la respuesta.
—Impedir que cometieras una imprudencia —contesta asustado al ver el alcance de su acción—. Zoe me dijo que ibas tras Amanda y me pidió que te detuviera. ¿Qué ha pasado?
—Lo de siempre —digo con frustración—. Vayamos al bar de Larry, necesito despejar la mente.
—No me dejes con la intriga. ¿Qué ha sucedido?
—Ha intentado meter cizaña entre Zoe y yo. Te explico cuando lleguemos al bar.
Liam asiente y se monta en su camioneta. Veo como se marcha. Sin embargo, decido llamar a Zoe antes de seguirlo.
—Mark. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —inquiere angustiada.
—Todo está bien, Zoe. Estoy con Liam. —Escucho que exhala aliviada—. Siento haberte preocupado —me disculpo. Aunque no tengo excusa.
Mi arrebato estuvo fuera de lugar. Zoe se merecía que la besara, que la abrazara, que volviera a amarla hasta que saliera el sol; no que huyera como un demente.
—Tranquilo. Todos tenemos un límite, Mark, y tú has llegado al tuyo. Pero tienes que mantener la calma, porque eso es justo lo que ella busca.
—Lo sé. —Siento como la opresión en mi pecho se disipa—. Me voy con Liam un rato al bar de Larry. Intenta descansar.
Nada más entrar en el aparcamiento, veo a Liam apoyado en su camioneta. Parece inquieto.
—Empezaba a creer que me habías engañado.
—He llamado a Zoe para tranquilizarla. —Asiente.
Pedimos en la barra un par de cervezas, la mía sin alcohol, y buscamos una mesa discreta donde poder hablar sin llamar la atención. Una vez sentados, tras dar un trago largo, dejo la botella sobre la mesa y le cuento lo sucedido.
—Joder. ¿Dónde va a parar esa mujer? Está completamente chiflada.
—Sí, y ahora tiene a Zoe en su punto de mira.
—¿Qué vas a hacer?
—Dejar de cometer estupideces y esperar que nuestro abogado haga su trabajo —digo resignado—. Mañana me reuniré con el detective, al parecer quiere enseñarme una foto.
—Sí que trabaja rápido —da un trago a su cerveza—. Podría habértela enviado.
—El hombre es de la vieja escuela y evita dejar rastros digitales.
—Más que de la vieja escuela parece ser de la prehistoria. ¿Será que nadie le ha explicado cómo enviar una foto con la función de visualización única de WhatsApp?
—No importa. Pronto me reuniré con él.
Liam manifiesta su deseo de acompañarme y lo agradezco.
No sé qué haría sin el apoyo de mi familia.
Han estado a mi lado desde el inicio de esta pesadilla.
Espero solucionar este problema pronto, ellos también merecen un respiro.
Mi madre se hace la fuerte, pero sé que no dormirá tranquila mientras Amanda siga acechándome.
Y eso que no sabe de la misa la mitad, a pesar de tener ojos en todas partes.
Nos centramos en temas más agradables. Dos horas más tarde, tras perder cincuenta pavos en una partida de billar contra mi hermano, volvemos al rancho.
—Gracias por estar ahí.
—Siempre.
Una vez en mi dormitorio, voy directo a la ducha.
Abro la llave al máximo y dejo que el agua me golpee la piel.
Poco a poco siento cómo todos mis músculos se destensan.
Con el cuerpo libre de cualquier tensión salgo de la ducha, me enrollo una toalla a la cintura y con otra más pequeña me froto el pelo.
Después de eliminar toda la humedad, me cepillo los dientes y echo las toallas en el cesto de la ropa sucia.
Desnudo, cruzo la habitación y me meto en la cama.
Por más que intente no consigo conciliar el sueño, me falta sentir el calor del cuerpo de Zoe junto al mío.
Procuro no pensar en la tentación que ahora mismo yace plácidamente dormida en la habitación de enfrente, con su cuerpo curvilíneo y atractivo enredado entre las sábanas, sin conseguirlo.
Su olor, su sabor, la textura de su piel, todo su ser me reclama.
Tras acomodar y reacomodar la almohada, destaparme y sentir frío, taparme y sentir calor, pego una patada en la colcha y me levanto.
Cojo el primer pantalón de chándal que veo y me lo pongo.
Descalzo y sin camiseta dejo mi dormitorio y me meto en el suyo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios al encontrarla justo como me la imaginé.
Me acomodo a su lado sin despertarla, le paso un brazo por la cintura, la atraigo hacia mí y pego su espalda a mi pecho. Incluso en sueños nota mi presencia y encaja su cuerpo al mío, hundo la nariz en su cuello e inspiro su dulce fragancia. Me siento completo y no tardo en caer rendido.
Me despierto a las cinco de la mañana. Nunca falla, no importa la hora a la que me acueste, siempre me despierto a la misma hora.
Cada célula de mi cuerpo conoce la rutina que sigo y a pesar de haber dormido solo un par de horas me siento preparado para enfrentar el arduo día de trabajo que tengo por delante.
Zoe sigue dormida a mi lado, la contemplo sin prisa, deteniéndome en cada detalle. Mi Bella Durmiente —sonrío—, creo que nunca he conocido a nadie que sea capaz de dormir tan profundo.
Exploro cada centímetro de su piel, aunque soy consciente de mi error al sentir cómo mi pene se estremece ante la visión de su hermoso trasero, cubierto de encaje negro.
Las ganas de hundirme en lo más profundo de su ser mientras ella grita mi nombre es demasiado poderosa.
Resisto la tentación y me levanto de un salto.
Antes de salir del dormitorio deposito un beso en su hombro desnudo y la tapo con las sábanas.
Ya vestido y preparado para la faena me bajo a la cocina por mi dosis de cafeína diaria.
Desde el umbral de la puerta veo a mis hermanos examinarme con detenimiento, Liam ya habrá puesto al corriente a Caleb.
Los saludo antes de cruzar la habitación con pasos firmes.
Me detengo delante de la cafetera y una vez lleno mi taza a rebosar, me siento a la mesa.
La cara de Caleb me lo dice todo y a pesar de reprochar mi arrebato, me apoya.
Con certeza él hubiese perdido los estribos mucho antes.
Él también se ofrece para acompañarme en la reunión de esta tarde, en realidad, no se ofrece, exige estar presente.
Así es mi hermano, una apisonadora leal hasta la muerte.
Después de todo el sufrimiento que he causado a mi familia saber que aún puedo contar con ellos me llena de paz y me da fuerzas para seguir con mi lucha.
—Estaré con Liam en el pasto norte. Llámanos antes de salir —pide con un tono exigente.
Hago un gesto afirmativo y me levanto para iniciar mi jornada.
Algunos días coincidimos en las labores diarias.
Sin embargo, entre vacunar el lote de terneros que adquirimos ayer, seleccionar el ganado que va a participar en la subasta del condado y adiestrar a los caballos, tendremos que dividirnos y multiplicarnos.