Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—No te atrevas a mentirme. Sé lo que he visto —contesto con una mezcla de enfado y decepción. Mis palabras surten efecto porque él asiente cabizbajo.

Con un semblante derrotado recupera sus calzoncillos y sus pantalones, los viste y se sienta en el borde de la cama. Una avalancha de piedad me invade, no me gusta verle así, pero la combato con uñas y dientes. Tengo que ser objetiva, mi corazón está en juego.

—No tenía intención de mentirte. Al contrario, pensaba pedirte ayuda para frenar a Amanda, pero Caleb se adelantó con esa historia descabellada. Después decidimos que era mejor esperar a que volvierais del viaje… —Se calla, con la mirada perdida.

—¿Qué fue lo que sucedió? —pregunto sacándolo de su ensimismamiento.

—Me encontraba en el bar de Larry con mis hermanos cuando me pidieron que fuera al aparcamiento para mover mi camioneta, al parecer bloqueaba la salida a otro conductor. Pero al llegar allí, no encontré ningún coche aparcado cerca del mío.

Vuelve a sumergirse en sus pensamientos y una vez más le devuelvo al presente.

La secuencia que narra a continuación me deja en shock.

Esa mujer solo puede estar loca para colarse en su coche casi desnuda.

Loca o muy desesperada. Después de todo lo que Mark le dijo en el día del ensayo de la boda, pensé que nunca más volveríamos a tener noticias suyas.

«Por lo visto me he equivocado, no solo volvió a acercarse, sino que encima se ha atrevido a besarlo».

El corazón sabe que me dice la verdad, pero mi parte racional sigue con un par de dudas.

—La foto venía acompañada de un mensaje.

—Me gustaría verlo. ¿Puedo?

Hago un gesto de aprobación antes de extender la mano para coger el móvil que dejé en la mesita de noche antes de la cena.

Lo desbloqueo y abro el mensaje de Amanda.

Desde lo sucedido no he vuelto a mirar la maldita foto, y mucho menos la advertencia que la acompañaba.

Tras echar un breve vistazo le paso mi iPhone.

Él lo coge y noto como su mano tiembla. Unos segundos después tira el aparato sobre la cama con tal fuerza que este rebota y cae al suelo.

—Lo siento —se disculpa por su arrebato mientras lo recoge y me lo devuelve. Por suerte no ha sufrido ningún daño—. Soy un imbécil —resopla con frustración.

«O sigues enamorado de la bruja de tu ex, como ha afirmado».

Mi mente analítica sigue con los pies en la tierra y por más que el corazón me diga que estamos en la misma página no consigo desactivar la alarma que suena en mi cerebro. Así que me armo de valor y hago la pregunta que tanto me atormenta:

—¿Todavía sigues enamorado de ella? Porque de lo contrario no me explico cómo fuiste capaz de acompañarla a su casa. No después de todo lo que te ha hecho.

«Uff, está dicho. No hay vuelta atrás».

Lo miro expectante, con el corazón en un puño. Su respuesta puede lanzarme directo al infierno o elevarme al cielo.

—No lo hice por gusto, Zoe —dice con cautela—. Amanda me amenazó con filtrar a la prensa una foto nuestra, según ella en actitud cariñosa.

—Te refieres a una foto tuya y mía, ¿juntos?

—Sí, por eso acepté. Por ti, por la repercusión que tendría en tu familia. —Noto angustia en su voz—. Ya sabes cómo es la prensa sensacionalista.

Me quedo tan impactada por la capacidad de esa mujer para perpetrar el mal que tardo unos segundos en comprender lo que se esconde tras sus palabras: me quiere y teme que la bruja destruya lo que estamos construyendo.

Debo reconocer, muy a mi pesar, que Mark está en lo cierto.

Como mi familia se vea envuelta en un escándalo por mi culpa, me desheredan.

Madre mía, solo de imaginar los titulares me estremezco: la hija de uno de los abogados más prestigiosos de Austin fue vista en actitud cariñosa con un expresidiario; ¿Qué pensará su familia de ese escarceo amoroso?

; ¿Afectará esta relación a la intención de su hermano, Jeremy White en participar en la carrera por la fiscalía?

; Dicen que cuenta con el apoyo del senador John Harris.

Creo escuchar a Mark, pero mi cerebro va a mil por hora y no procesa sus palabras.

Desde que estoy con él nunca me he parado a pensar en el futuro de nuestra relación.

Siempre pensé que sería un escarceo de verano.

Nunca se me pasó por la cabeza traerlo a mi mundo, al de mi familia.

Pero ahora que sé que lo que sentimos el uno por el otro es real, no permitiré que nadie interfiera en nuestra historia, sea cual sea.

—Zoe, escúchame, por favor. No la amo, creo que nunca lo he hecho. —Su tono de voz alterado me saca de mi ensimismamiento—. Dime que me crees. Dime que esa desgraciada no ha conseguido destruir lo único bueno que he tenido desde que he salido de la cárcel. Dime —pide, desconsolado.

Las palabras se atoran en mi garganta y solo reacciono cuando Mark recoge su camisa y sus zapatos del suelo.

—¿Adónde vas? Te creo —digo, apresurada.

—Voy a solucionar ese tema de una vez por todas. Ya estoy harto de que me jodan la vida.

—¿Qué? Vuelve aquí. —Aprieto las sábanas contra mi pecho y salto de la cama para seguirlo.

No puedo permitir que vaya detrás de Amanda, no en este estado. Me desespero al verlo bajar las escaleras. Miro la habitación de Elle: está a oscuras y tiene la puerta abierta. Estará disfrutando con Caleb en algún lugar recóndito del rancho.

«Dios, necesito impedirlo».