Capítulo 17
Zoe
El local de moda escogido por Cristian está abarrotado. Por fortuna, ha reservado una zona VIP donde podemos disfrutar de la música y tomar unas copas sin que nos la echen encima. Hubiera sido perfecto si Jeremy y Tobías hubiesen rechazado la invitación.
—De haber sabido que tendríamos compañía me hubiera quedado en casa de mis padres —protesta mi amiga en un susurro.
—Tranquila, la prometida de Jeremy ha llegado con su séquito de esnobs y dudo mucho que se nos acerquen.
A pesar de la tensión inicial consigo que Elle se relaje y disfrute de la noche.
Cristian nos presenta a algunos de sus amigos, todos del gremio, por lo visto tienen la costumbre de reunirse cada viernes.
Son majos y nos lo pasamos bien. Aunque la mayoría de las conversaciones acaban convergiéndose en el tema que los une, la abogacía.
En esto mi hermano también se parece a nuestro padre, siempre habla de leyes.
El DJ cambia de registro, y canciones como I’m Good (Blue) y One In a Million de Bebe Rexha y David Guetta dejan de sonar, para dar paso a otras más lentas.
Por el rabillo del ojo, veo como Tobías se acerca a mí.
Intento llamar la atención de Elle para que nos larguemos, pero está concentrada en la pantalla de su móvil.
—¿Bailamos? —Me tiende la mano y soy incapaz de rechazarla.
Llevamos solo unos minutos moviéndonos al son de la música cuando aparta mi pelo para dejar mi cuello al descubierto.
Todo mi cuerpo se tensa, él lo percibe. Sin embargo, mantiene los dedos sobre mi piel y presiona con el pulgar justo en la línea donde termina mi costilla, en la base de mi pecho.
Me revuelvo entre sus brazos y él me aprieta aún más fuerte.
«¿Qué diablos hace ese imbécil?».
La incomodidad da paso a la indignación y me preparo para apartarlo, a base de golpes si es necesario. Pero mi amiga se me adelanta.
—Siento interrumpir, necesito hablar con Zoe. Es urgente.
Sin esperar respuesta me arrastra fuera de la zona VIP, la sigo encantada ya que acaba de librarme de una situación incómoda. Una vez cruzamos la pista buscamos una zona donde el ruido es más suave y nos permita hablar sin tener que levantar la voz.
—Gracias. Estaba a punto de liarla parda. —La abrazo.
—Ese imbécil pedía a gritos una patada en los huevos. —Arruga la nariz—. ¡Qué tío más repelente!
Asiento. Tobías es el típico graciosillo que tiene la gracia donde las avispas, en el culo.
Además, le gusta tomar decisiones por los demás.
No reconoce sus errores ni se disculpa; aunque parezca que te escucha, siempre hace lo que se le plazca.
Se cree por encima del bien y del mal. La culpa de ese comportamiento la tiene su padre, el senador John Harris tiene fama de aplastar a cualquiera que se interponga en su camino.
El poder político que ha acumulado a lo largo de su carrera se le ha subido a la cabeza, a él y a todos los miembros de su familia. Muchos les llaman los intocables.
Y pensar que tanto mi padre como mi hermano Jeremy piensan emparejarme con ese baboso. En ese tipo de enlace no hay cabida al amor. Es una unión orquestada, con el único fin de satisfacer los intereses económicos y sociales de nuestras respectivas familias.
«Antes me meto a monja».
Dejo mis pensamientos a un lado y vuelvo a centrar mi atención en Elle. Su semblante denota preocupación y presiento que está a millas de distancia.
—No me has interrumpido solo porque Tobías intentaba meterme mano, ¿verdad? —pregunto mientras ella rehúye mi mirada.
—Caleb me ha enviado un mensaje desde el bar del pueblo —hace una pausa y un aluvión de conjeturas acuden a mi mente, cada cual más descabellada—, me dijo que se lo estaba pasando bien con sus hermanos hasta que Mark desapareció.
—¿Cómo que desapareció? Se habrá ido a casa sin decir nada —respondo a mi propia pregunta.
—Eso pensaron al principio. Y como fueron en coches separados, Caleb decidió volver al rancho con Liam, pero no lo encontraron allí y tampoco en la cabaña.
—¿Han probado a llamarlo? —pregunto por inercia, será lo primero que hicieron.
—Tiene el móvil apagado o fuera de cobertura.
El teléfono de Elle suena, es Caleb. La cara de estupefacción de mi amiga mientras escucha las explicaciones de su prometido me pone los pelos de punta.
Intento no pensar lo peor, pero me es imposible, más aún cuando mi amiga me mira con pesar.
El corazón me da un vuelco. Ya no hay dudas, algo malo sucedió a mi cowboy .
—¿Qué le ha pasado a Mark? —pregunto nada más cuelga el móvil.
—Caleb me ha dicho que le han visto irse en su coche —contiene la respiración—, dijeron que iba acompañado de una mujer morena —añade con cautela.
El corazón se resiste a creer y la razón quita importancia al suceso. No tenemos una relación formal, solo follamos en cada oportunidad que se nos presenta.
—Bueno, por lo menos no le ha pasado nada grave. —Suelto una risa nerviosa—. Nosotras aquí, preocupándonos por su bienestar, y él se lo pasa en grande con la tipeja esa. ¡Hay que joderse! —protesto incapaz de contenerme.
—Tiene que haber una explicación. Mark jamás se liaría con otra si está contigo.
—La explicación es muy simple. —Alzo la voz más de la cuenta—. No estamos juntos, así que ambos somos libres para follar con quien nos dé la real gana.
Nada más esas palabras salen de mi boca sé que no soy del todo sincera.
—Ya, y por eso estás tan alterada —resopla—. A mí no me engañas, Zoe. Estás enamorada de Mark, admítelo.
—Eres demasiado fantasiosa, amiga —sacudo la cabeza—. No te voy a negar que me gusta estar con él. Congeniamos bien y tenemos un sexo estupendo, pero de ahí a estar enamorada hay un infinito de distancia.
Me mira enfurruñada porque sabe muy bien que nada de lo que diga me convencerá de lo contrario.
No miento al decir que me gusta estar con él, su presencia me hace sentir especial.
Pero ahora mismo no soy capaz de responder las preguntas que rondan en mi cabeza: ¿Qué significa estar enamorada?
¿Cuándo se vuelve un rollete de verano en una relación seria?
Aunque debo confesar que a veces pienso que lo que siento por Mark va en aumento, justo lo contrario del tiempo que permaneceré en el rancho, este disminuye a cada día.
Quizás mi resistencia a admitir lo obvio se deba a mis creencias sobre el amor, siempre he pensado que ese sentimiento tan profundo fuera símbolo de inocencia, de debilidad, de fragilidad.
En mi mundo, el hombre que no caen en esa «debilidad» es considerado como el fuerte, como el macho alfa, y la mujer como la joven independiente que no se deja dominar por sus emociones.
Después de lo sucedido decidimos irnos del local. Antes de salir envío un mensaje a Cristian para comunicarle que nos marchamos a casa. Él se ofrece a llevarnos, pero decanto su ofrecimiento, mi hermano es muy intuitivo y lo último que necesito es un interrogatorio de tercer grado.
Una vez en mi habitación, en la comodidad de mi cama, intento callar mis pensamientos, en vano.
Las imágenes de Mark follando a otra me hacen arder en celos.
No, no y no —me levanto de un salto— de ninguna manera voy a quedarme de brazos cruzados.
En cuanto cojo mi móvil para intentar llamarlo recibo un mensaje de un número desconocido, es una foto.
Con el corazón a mil por hora la miro y me quedo en shock: primero por ver a Mark comiéndole la boca a otra mujer, y segundo por descubrir la identidad de la susodicha.
Mis manos tiemblan, de impotencia, de rabia, de dolor. ¿Cómo es posible que esté con Amanda después de todo el daño que le causó?
Antes de que pueda procesar y ordenar mis sentimientos recibo un nuevo mensaje:
Una vez te dije que Mark seguía
enamorado de mí. Espero que te
haya quedado claro.
«¿Cómo has podido ser tan imbécil, Mark? ¿No te das cuenta de que solo quiere utilizarte?».
Me cuesta aceptarlo y duele demasiado. Sin que pueda impedirlo, todas las preguntas que no podía o no quería contestar, asolan mi mente.
La verdad es aplastante y por más que quiera evadirla no soy capaz.
El recuerdo de las miradas que compartimos, tanto las que no dicen nada, como las que hablan en silencio y lo dicen todo, son apabullantes.
En el poco tiempo transcurrido desde que nos conocemos he experimentado emociones que desconocía, creo que ya no me quedan dudas: me estoy enamorando de Mark.
«No te estás enamorando, guapa. Estás enamorada hasta las trancas de ese idiota».
Pues menuda puntería tiene el jodido Cupido.
Quizás por eso lleve pañal, siempre la caga.
—Me río para no llorar—. Tiene que ser un error.
Mark no puede estar enamorado de esa bruja.
Me niego a creerlo. ¿Cómo es posible que haya interpretado tan mal las señales?
Juraba que la conexión que teníamos era real.
Dios mío, ¿cómo es posible que un enano burlón y sin licencia de armas maneje el mundo del corazón?
«Ya puedes arreglar este desastre, estúpido Cupido».
A la mañana siguiente me despierto con un leve dolor de cabeza.
Nada más abrir los ojos me voy al baño, me echo agua fría en la cara, pero no consigo despejarme.
Los recuerdos de Mark con la arpía de su ex siguen impresos en mi retina.
Aunque la conmoción inicial que experimenté anoche ya no está, ahora lo que siento es una profunda indiferencia, una que usaré para mantenerme alejada lo que dure mi estancia en el rancho.
Podría aceptar si se tratara de otra mujer, como dije a mi amiga, ambos somos libres para hacer lo que queremos. Pero no puedo consentir que juegue con mis sentimientos. Me ha utilizado para olvidar a su ex, o lo que es peor, para ponerla celosa. Y eso no lo pienso perdonar.