Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

Zoe

Tenemos que ir directas al taller de la diseñadora para probar el vestido, debido al retraso con el que salimos del rancho. Desenganchar a mi amiga de los brazos de Caleb no es tarea fácil.

La madre de Elle nos esperaba impaciente en la puerta.

—Por fin habéis llegado —me saluda con dos besos, luego abraza a su hija—. Un poco más y hubiéramos perdido la cita —añade en tono reprobatorio.

—Relájate, mamá. Ya estamos aquí —dice Elle antes de anunciar nuestra presencia.

El portón electrónico de la preciosa casa solariega se abre y una atenciosa recepcionista nos lleva a la sala de prueba.

Ruby y yo nos quedamos en la antesala, gastando el suelo de tanto caminar de un lado a otro.

Pasado un buen rato, Elle se presenta delante de nosotras como una princesa moderna a punto de asistir a un baile.

Su vestido color perla, de corte en «A», es elegante y sexy a partes iguales.

Posee un talle que se ajusta a su pequeña cintura y un ligero escote en V cuidadosamente bordado; no tiene mangas y el bajo del diseño lleva el mismo bordado que la parte superior.

Para completar el atuendo, el día del enlace llevará una corona de flores silvestres.

—Hija, estás, estás… —No encuentra las palabras y empieza a llorar de emoción.

—Estás preciosa, amiga. Vas a dejar a Caleb con la boca abierta. —Le hago miles de fotos y grabo un vídeo para subirlo a WhatsApp. También lo envío a Charlotte, la pobre espera ansiosa, parece la madre de la novia.

Elle sale de la prueba con una sonrisa resplandeciente. A continuación, entra su madre a probarse su vestido. Momento que aprovecho para iniciar una videollamada con el grupo «Las chicas son guerreras».

¿Has visto que novia más preciosa?

Phoebe

Estás increíble, amiga.

Ya me imagino la cara de Caleb

al verte bajar las escaleras.

Se va a quedar con la boca abierta.

Luego, pedirá al cura que se dé prisa

con la ceremonia. Y cuando vea lo

que hay debajo se subirá por las paredes.

Seguro que nuestra amiga vuelve

embarazada de la luna de miel.

Elle

Ja, ja, ja. Qué graciosas sois.

Aunque debo de reconocer que

nunca me he sentido tan guapa y

sexy como hoy.

Phoebe

¿Te imaginas?, un mini Caleb o una

mini Elle. Dios, quiero ser tía ya.

Por falta de práctica no será.

Esos dos pasan el día dale que te pego.

Elle

Mira quién fue hablar, la que ha

roto la puerta del armario, el espejo

del cuarto de baño, la butaca de

diseño de casi cien años; la pobre

ha resistido el paso del tiempo y

viene nuestra amiga y la destroza.

Y lo peor es que Charlotte cree

que Mark se emborracha a escondidas

por las noches y se pone a romper los muebles.

Las tres nos partimos de la risa. Aunque yo me quedo estupefacta al saber que Charlotte es conocedora de los desperfectos producidos en la habitación de su hijo. Y eso que aún no sabe que le rompimos el cabecero de la cama.

«Jolines, qué culpa tengo yo de que sus muebles no sean resistentes».

Phoebe

Madre mía. Como le dé por subir las

escaleras, estáis perdidos.

Elle

Huy, le prepara la boda en un

abrir y cerrar de ojos.

Joder, no digas eso que me acojono.

Phoebe

Chicas, me gustaría seguir de

cháchara, pero el trabajo me espera.

Sigan follando por mí.

Si sigues a dos velas es porque quieres.

Con lo buena que estás solo tienes que

chasquear los dedos.

Phoebe

Nadie levanta la moral de una

chica como tú. Te quiero, quiero

a las dos. Besos.

—Cristian nos va a recibir dentro de un rato. ¿Quieres venir conmigo o prefieres estar un tiempo con tu madre?

—Voy contigo. He quedado para comer con mis padres el domingo. —Me sonríe—. Estás invitada.

—Acepto encantada, nadie cocina como tu madre.

Nos despedimos de Ruby y nos dirigimos a mi casa, donde dejamos las maletas.

Encontrarla vacía es un alivio, por más que quiera a mis padres prefiero evitar las confrontaciones.

Decido darme una ducha antes de salir, aunque al ver la hora casi me echo atrás.

Cristian es tan puntual como un reloj suizo, en eso se parece a mi padre.

—Como no te des prisa no llegaremos a la cita con tu hermano —dice mi amiga desde el sillón donde me espera con una sonrisa en los labios. Sonrisa destinada al vídeo de prueba de su vestido de novia, lo ve en bucle. El corazón se me llena de ternura, Elle merece una boda perfecta.

Me visto todo lo rápido que puedo, pero una vez más salgo con retraso.

Por suerte o por un milagro divino el tráfico es fluido y llego en menos tiempo de lo esperado.

Cuando pasamos delante del despacho de Jeremy escucho la voz de su mejor amigo, Tobías Harris, hijo del senador de Texas, John Harris.

Rezo para que pasemos inadvertidas, en vano.

Mi hermano sale al pasillo al escuchar pasos.

—Zoe, ¿qué haces aquí? —pregunta mientras mira a Elle como si fuera un insecto. Su comportamiento esnob me pone de los nervios.

—He quedado con Cristian y ya llego tarde.

—No puedes irte sin saludar a Tobías. Ha estado preguntando por ti —me dice con una sonrisa de suficiencia en los labios al tiempo que abre la puerta de par en par. El muy cabrito lleva tiempo empecinado en emparejarme con su amigo.

—Hola, Zoe. Has desaparecido del mapa. ¿En qué andas? —El susodicho no pierde la oportunidad y me veo obligada a entrar en la oficina para saludarlo.

—He estado muy liada —contesto sin dar muchas explicaciones—. Como habrás escuchado tengo a Cristian esperándome en su despacho. Así que debo irme —añado, dándole la espalda.

—¿No vas a presentarme a tu amiga? —insiste con la intención de retenerme. Lo conozco lo suficiente para saber que Elle le importa un pimiento.

—Te la presento yo —dice mi hermano, solícito—. Tobías, esta es Elle, la mejor amiga de Zoe. Trabaja en Wimberley, en un rancho, cuida de gallinas y planta hortalizas —agrega con desdén.

—Qué interesante —dice al tiempo que se acerca a mi silenciosa y abrumada amiga—. Encantado de conocerte, Elle. —Mientras esta lo saluda, yo fulmino a Jeremy con la mirada. Su intento de humillar a mi amiga no me pasa desapercebido.

—¿Has venido de paseo o a por algún tema legal? —pregunta Tobías a mi amiga que me mira sin saber qué decir.

—Lo siento, pero no tenemos tiempo para charlas. Adiós. —Arrastro a Elle fuera de la habitación.

—Gracias por sacarme de ahí. No sabría decir cuál de los dos es el más gilipollas.

—Me duele reconocerlo, pero mi hermano se lleva el premio —admito con pesar—. Bueno, olvidémonos de esos dos imbéciles y vayamos a ver a Cristian. Espero que todavía nos reciba.

El despacho de Cristian está al final del pasillo. Al llegar, anuncio mi presencia con tres toquecitos y entro. Mi hermano está sentado en su escritorio rodeado de documentos; nada más verme, se levanta con una sonrisa radiante. El pecho se me llena de amor al saber que le tengo a él.

—Siento el retraso. Para que conste, la culpa ha sido de Jeremy. —Me envuelve en un abrazo de oso y yo disfruto como nunca.

Desde que estoy en el rancho soy consciente de la frialdad que reina en mi ilustre familia, eso me hace valorar y atesorar cada gesto de cariño que recibo de Cristian.

—Me alegra verte, Elle. ¿Qué tal con la loquita de mi hermana? Ya querrás perderla de vista.

—Qué va. El rancho no sería el mismo sin ella. Creo que la vamos a adoptar. —Me guiña un ojo y sé que se refiera a Mark. Sueña en convertirme en su cuñada.

Cristian sonríe orgulloso antes de invitarnos a sentar. Como sé que su tiempo es limitado no me ando con rodeos y empiezo con el tema del acosador.

—Pensé que Phoebe era más lista. ¿Cómo se le ocurre aceptar la invitación a una fiesta privada de un completo desconocido? ¿Sabes la cantidad de chicas que desaparecen en el mercado de trata de blancas? Dios, dame su teléfono. La voy a llamar yo mismo.

Elle me mira, y yo la miro, ambas ojipláticas. Nunca ha estado tan diligente con alguien que no fuera un cliente.

«¡Vaya, vaya, vaya! Aquí hay tomate y del bueno».

Sonrío a Elle y, a sabiendas de lo cabreada que se va a poner mi amiga, le facilito su número.

—Aquí lo tienes. —Le paso un papelito con su móvil—. De todas formas, llámame para decirme lo que has descubierto.

Asiente y empieza a mover una pila de papeles de un lado a otro.

El gesto es una clara invitación para que nos larguemos.

Pero aún me queda un tema por tratar, uno muy delicado.

Así que me levanto y cierro la puerta con llave, mejor ser precavida.

Más aún, después de todas las promesas que hice a Mark.

—¿En qué te has metido, Zoe?

Miro a Elle, dándole la oportunidad de echarse atrás.

Ella asiente de forma vigorosa y expongo la situación a mi hermano.

Él nos escucha sin juzgamientos mientras toma nota de forma profesional.

Al final, y al contrario de lo que me esperaba, no recibimos un dictamen favorable.

Mi amiga incluso parece aliviada, pero yo no suelo tirar la toalla tan fácilmente y a pesar de las escasas posibilidades de éxito, pido a Cristian que lleve a cabo la investigación.

De antemano remarco la importancia de mantener una total y absoluta discreción sobre el asunto.

Antes de salir nos invita a tomar algo por la noche. Por supuesto acepto en nombre de las dos.