Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

Zoe

Mark sigue con los ojos cerrados, parece procesar cada una de mis palabras.

Su semblante pasa de la alegría al dolor en un abrir y cerrar de ojos.

Sé que no soy nadie para dar lecciones de moral y empiezo a pensar que he ido demasiado lejos.

Pero debía intentarlo, no soportaba verlo hundido en la miseria por un simple comentario.

Puedo entender que la situación que le tocó vivir es terrible, sin embargo, la de la familia de Kevin es mil veces peor.

Es comprensible que lo odien y lo señalen por la calle, aunque no sea el verdadero culpable.

Si sigue empeñado en ocultar la verdad, tendrá que aprender a vivir con ello.

Tanto él como mi amiga necesitan una dosis de realidad para salir del ciclo de autocompasión en el que se han instalado.

Retiro la mano de su rostro con la intención de marcharme. He sido muy franca y es probable que necesite espacio para poner las ideas en orden.

—Me siento aliviado ahora que conoces la verdad. Aunque dudo que Elle te haya dado todos los detalles. Habrá omitido o dulcificado los más escabrosos —confiesa antes de que me marche.

—No necesito saber más, Mark. Sé lo doloroso que es para ti, para ambos.

—Pero necesito contártelo, necesito que conozcas mi versión de los hechos.

Mark me abre su corazón. Aunque ya había conectado la traición de Amanda con su estado de embriaguez el día del accidente, escucharlo de su propia boca me rompe por dentro.

El daño que ese conductor temerario ha causado tanto a él como a mi amiga es irreparable.

Lo de Amanda mejor ni lo pienso, porque me entran ganas de despellejarla viva.

Pero no pienso quedarme de brazos cruzados en lo referente al accidente, haré que mi hermano busque a ese delincuente hasta debajo de las piedras.

—Gracias por contármelo. Tanto tú como Elle habéis vivido un auténtico infierno.

Asiente con la mirada perdida en el vasto paisaje. Me mantengo a su lado en silencio, dándole el espacio que necesita.

Los minutos pasan y él sigue perdido en sus pensamientos. Siento que sobro y a pesar de que me muero por abrazarlo, por besarlo, por borrar de su cara todo rastro de dolor, decido irme.

—¿Vas a estar bien? —pregunto con un tono suave.

—Sí —contesta sin mirarme.

Le echo una última mirada antes de dirigirme al coche.

—¿Dónde crees que vas? —pregunta al tiempo que me sujeta por un brazo.

Me giro y lo observo sin dar crédito, en sus ojos hay una mirada hambrienta y posesiva.

—Eh… Me vuelvo al rancho —contesto, indecisa.

—No vas a ningún lado, cariño. No después de decirme todo lo que llevo soñando escuchar desde que te besé por primera vez. —Su voz es suave, oscura y seductora.

Un cosquilleo recorre mi cuerpo de arriba abajo mientras él me observa con los ojos colmados de lujuria. Mi piel se calienta y noto cómo la humedad cubre mis bragas. No soy inmune a Mark y, el rictus de suficiencia que exhibe confirma que es consciente del efecto que produce en mí.

—Pensé que querías estar solo.

—Llevo demasiado tiempo solo, Zoe. Todo lo que quiero en este instante es sentirte, probarte… —Cierra la puerta del coche con un suave golpe—. Tus ojos me dicen que eso es lo que quieres, pero necesito escucharlo de tu boca.

—Te deseo como nunca he deseado a nadie antes —pego mi cuerpo al suyo y paso los brazos sobre su cuello—. ¿Eso te sirve, cowboy ?

—¡Joder! Sí. —Aplasta su boca contra la mía en un beso posesivo, frenético, que nos deja a ambos sin aliento.

Con una sonrisa tonta en el rostro me coge en brazos y me lleva en volandas hacia la cabaña.

En el salón, me deposita sobre el suelo, delante del sofá cama.

Nuestras bocas vuelven a unirse, su lengua se desliza por mis labios entreabiertos mientras sus manos se introducen bajo mi camiseta, quemándome la piel.

Me acaricia los pechos por encima de la tela del sujetador y gimo en su boca cuando me pellizca los pezones.

Se aparta y con movimientos frenéticos se deshace de las demás prendas, dejándome completamente desnuda.

Yo tampoco me quedo atrás y consigo quitarle la camisa y los pantalones, sin embargo, antes de que consiga llegar a sus calzoncillos, sus manos se enredan en mi pelo para atraer mi boca hacia la suya.

Me devora. Lo devoro.

La necesidad de fundirnos en uno se vuelve imperiosa.

Siento cómo mi cuerpo se cae hacia atrás, con suavidad, hasta aterrizar sobre la manta que cubre el sofá.

Entre risas me incorporo apoyándome en los antebrazos.

Él sigue de pie, delante de mí. Lo observo con excitación, es perfecto.

Mi mirada se detiene en la descomunal erección que se esconde detrás de su ropa interior.

Jadeo de pura anticipación y abro las piernas, invitándolo a seguir.

—¡Joder, Zoe! Eres lo más sexy que he visto jamás. —Trepa sobre mi cuerpo como un felino dispuesto a devorar a su presa.

Se inclina hacia mí y captura mi labio inferior, lo mordisquea con suavidad antes de descender por mi cuello hasta llegar a mis pechos. Me acaricia el pezón con más brusquedad de la que me esperaba, lo que provoca que mi espalda se arquee.

—La forma en que tu cuerpo responde al mío me vuelve loco.

Su lengua y sus dientes siguen implacables, estimula cada pezón con la suficiente destreza para llevarme al borde del abismo. Jadeo y le agarro el pelo, tiro de él, necesito que aplaque el fuego que me quema las entrañas.

Me estremezco de gozo al sentir como la palma de su mano desciende sobre mi abdomen, una anticipación dolorosa palpita entre mis muslos.

No me acuerdo de haber estado tan caliente como en este instante.

Su mano se detiene y se aparta de forma repentina, la imagen del arroyo se cuela en mi mente y empiezo a ver todo rojo.

—Como me digas que no tienes preservativo o que esto es un error, te juro que…

Olvido lo que iba a decir al ver como mis caderas se sitúan en el borde del sofá.

Lo siguiente que veo es a Mark arrodillado en el suelo con la cara enterrada entre mis muslos.

Me retuerzo de placer en el momento que su lengua roza mi clítoris.

Emite un gemido de satisfacción sobre mi sexo mientras introduce sus dedos en mi interior.

Entra y sale con movimientos rápidos y duros.

Me aferro a la manta de cuadros que cubre el viejo sofá y, de manera involuntaria, empiezo a mover las caderas a un ritmo frenético.

Cuando ya no puedo aguantar más, introduce otro dedo.

El placer se multiplica por mil y noto cómo el orgasmo se forma en la parte baja de mi vientre.

Cierro los ojos y siento como todo mi cuerpo se tensa.

—Mark —grito mientras me corro con fuerza sobre su cara.

La cresta de la ola se rompe y el clímax se desvanece, pero sus caricias no cesan, solo se ralentizan.

Me besa la cara interna del muslo con delicadeza y, justo cuando empiezo a relajarme, vuelve a la carga.

Me retuerzo de placer y vuelvo a gemir al sentir la presión de sus dedos y las caricias de su lengua traviesa, es magia pura.

Minutos después, vuelvo a correrme. Creo que es mi primer orgasmo múltiple.

Acerca su rostro al mío, y con la mirada nublada por la lujuria susurra:

—Me encanta verte así, cariño, sonrosada, saciada y entregada a mí por completo. —Roza su nariz con la mía—. Pero debo advertirte que apenas he empezado contigo.

«¡Joder con el cowboy ! ¿Quién lo iba a decir?», pienso mientras lo observo hipnotizada.

Me pierdo en la sonrisa que se dibuja en sus labios, sumamente sexys.

El pelo le cae sobre la frente y contrasta con la barba que empieza a asomar en su barbilla.

Su pecho es musculoso y está salpicado de vello dorado que baja hasta desaparecer dentro de su ropa interior. Su cuerpo es pura fibra y perfección.

En este momento se quita los calzoncillos —tipo bóxer, en color negro— jadeo, su pene es mucho más grande de lo que se dejaba entrever a través de la tela.

—Eso no va a caber. —Se ríe a carcajadas y me doy cuenta de que lo dije en voz alta.

—Espera hasta que veas todos los lugares en que sí va a caber. —Mi cara arde de deseo y vergüenza.

Se acerca con una caja de preservativos en las manos, coge uno y deja el resto sobre el palé situado al lado del sofá, que hace las veces de mesita auxiliar.

Me sujeta por la cintura y se tumba en el sillón conmigo en su regazo.

Su miembro me presiona el clítoris y la lujuria vuelve a correr por mis venas.

Poso mis manos en su amplio pecho y repaso la línea de sus poderosos pectorales con mis uñas.

Suelta un gemido gutural y me agarra con firmeza de las nalgas, meciéndome a lo largo de su erección.

El ruido que sale de lo más profundo de su garganta viaja a través de mi piel hasta alcanzar mi entrepierna empapada.

—Mark —murmuro con voz jadeante.

Me desplaza lo suficiente para que su pene se quede a la vista, mi mano no tarda en alcanzarlo. Deslizo las yemas de los dedos por toda su extensión, incluso puedo apreciar la sombra de una vena a lo largo del costado, cierro mis dedos a su alrededor y arrastro la mano desde la punta hasta la base.

—Joder, Zoe, harás que me corra como sigas así. —Retira mi mano y se enfunda un condón.

Me agarra por las caderas, alinea nuestros cuerpos.

Le miro con expectación y en el momento que la punta roza mi entrada todo mi cuerpo tiembla.

Me siento abrumada por las sensaciones que bullen en mi interior, nada de lo que haya experimentado antes se asemeja a este momento.

Nuestras miradas se conectan mientras me incorporo; apoyo una mano en su hombro y sujeto su pene con la otra para mantenerlo firme.

Despacio, muy despacio, desciendo sobre su miembro, hasta tenerlo completamente dentro de mí. No me atrevo a moverme.

Lleva una mano alrededor de mi cuello y me atrae hacia él, apoya su frente sobre la mía. Nuestras respiraciones se mezclan, se confunden y la conexión se hace insoportable, va más allá del plano físico.

Jadea y cambia de postura para hundirse aún más dentro de mí, estirándome de una forma que creía imposible.

Después, se retira y vuelve a empezar. Nuestros movimientos se acompasan y siento como el éxtasis se acerca.

Mi cuerpo se tensa y cierro los ojos ante la avalancha de sensaciones que me invaden, casi llega a ser doloroso.

—Sigue mirándome, Zoe.

Vuelvo a abrir los ojos y grito de placer por la profundidad de sus embestidas. Él me calla con su boca, con su lengua hambrienta. Me sorbe el aliento mientras entra y sale de mi cuerpo de forma lenta y precisa. El orgasmo no tarda en golpearme.

Un par de estocadas más y él también encuentra su liberación.

—¿Estás bien? —Se levanta y se deshace del preservativo.

—No podré moverme en un par de horas —él sonríe con suficiencia—, pero estoy fenomenal.

—No has visto nada, cariño. Suelo durar mucho más que eso. —Pongo los ojos en blanco—. Me aseguraré de que así sea la próxima vez.

Y vaya si lo hizo…

—¿Tienes hambre? —pregunta un par de horas después.

Casi ronroneo al sentir sus fuertes manos deslizándose por mi espalda, hasta alcanzar mi trasero desnudo. El hombre es una máquina del sexo, y aunque me duela hasta las pestañas no pienso renunciar a otra sesión de orgasmos.

—Me refiero a hambre de comida. Necesitamos reponer fuerzas —añade con una sonrisa traviesa.

Mi estómago ruge, imponiéndose sobre el cosquilleo que empezaba a recorrer mi cuerpo.

—Ahora mismo me comería una hamburguesa extragrande.

—Te voy a llevar a comer la mejor hamburguesa de todo Texas —sugiere antes de levantarse de un salto—. ¡Anda, date prisa! —añade y me da un mordisquito en una nalga.

—¡Au, eso duele! —Él me guiña un ojo y atraviesa el salón en dirección al porche trasero como dios le trajo al mundo.

Me froto la nalga y me levanto con una sonrisa en los labios, luego le sigo hasta la destartalada ducha; hicimos ese recorrido una hora antes. Nos duchamos entre risas y juegos inocentes, parecemos un par de críos. Ese lado de Mark no lo conocía, le hace parecer más joven.

Nos vestimos y nos dirigimos a mi coche.

Antes de subirnos a él, tenemos un pequeño rifirrafe para ver quién conduce.

Como era de esperar, gano yo. Pero antes de arrancar, me entero de que acaba de recuperar la licencia, me siento mezquina y le dejo conducir.

El trágico accidente le ha quitado más de lo que hubiera imaginado.

—Quizás deberíamos avisar a Charlotte de nuestra demora. Estaba muy preocupada por ti.

—Uy, a mi madre cuanta menos información le des, mejor. —Frunce el ceño de forma exagerada, con sus preciosos ojos azules cargados de diversión—. ¿Acaso no te has dado cuenta de lo lianta que es?

—Sí, bastante —digo con aprecio. Charlotte es encantadora, a pesar de sus tejemanejes.

Pese a sus quejas, sé que la adora, de los tres es el que más está pendiente de ella.

La llamo al entrar en una zona con cobertura y en su voz ya no hay ningún rastro de preocupación, parece que se le ha olvidado el motivo de mi visita.

Empiezo a creer que lo de esta mañana no fue nada casual.

Mark también habla con sus hermanos, más bien les miente al decir que necesita ir a la ciudad por materiales para terminar de arreglar la puerta.

A Elle no le digo nada, las noticias se extienden como la pólvora en el rancho.

Hacemos el trayecto hasta el pueblo en un agradable silencio. Cada vez que nuestras miradas se cruzan, él me sonríe de esa forma traviesa y despreocupada, provocando que mi estómago se precipite al vacío, como en una montaña rusa.

Tenía catorce años cuando empecé a tontear con los chicos, y desde entonces, he experimentado el deseo, la obsesión, la lujuria, la traición, los celos.

Pero nunca había sentido el dichoso aleteo de las mariposas en mi vientre, hasta este momento.

Lo que Mark despierta en mí es diferente a lo que he probado antes, y eso lo complica todo.

Bastante tengo con mi crisis existencial para sumar a la ecuación a ese dios griego de ojos azules y sonrisa pecaminosa.