Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Aunque mi cabeza necesite realizar una infinidad de operaciones matemáticas para tomar una decisión, mi corazón tiene muy claro el rumbo que quiere tomar: coordenadas Mark, segunda planta, habitación de enfrente.

Dios, cómo me gustaría cruzar esa puerta.

Daría lo que fuera por volver a sentir su cuerpo pegado al mío, sus besos, su boca voraz sobre mis pezones sensibilizados. Me humedezco con solo pensarlo.

No va a ser fácil conseguir que me escuche. Lo he intentado un par de veces, en vano. Se ha cerrado en sí mismo, incluso los demás notaron el cambio. Tampoco duerme en su habitación: me he colado a hurtadillas en mitad de la noche y la cama estaba vacía.

Elle cree que debo tener paciencia, que Mark solo necesita espacio para procesar lo sucedido, pero yo no soy de las que esperan de brazos cruzados. No, tendré que poner en marcha un nuevo plan: Cómo echar el lazo a un cowboy escurridizo versión 2.0.

Las agujas del reloj avanzan en la madrugada mientras observo desde el alféizar cómo la tormenta que se forma en el horizonte descarga centenares de rayos que iluminan la noche oscura, como un faro.

Creo que nunca he visto nada tan hermoso.

En realidad, hay otro fenómeno de la naturaleza que se lleva el primer puesto: el cielo nocturno lejos de la contaminación lumínica.

Desde mi ventana, en las noches despejadas y sin luna, puedo contemplar a simple vista miles de estrellas, incluso puedo apreciar la Vía Láctea, que se presenta como un río de luz.

También puedo distinguir constelaciones y galaxias lejanas.

Es una experiencia sobrecogedora que te hace pensar y ver la vida desde otra perspectiva.

Agotada y con miles de emociones nuevas que burbujean en mi cabeza, vuelvo a la cama y me dejo llevar por el sueño.

A la mañana siguiente, me despierto con los rayos del sol filtrándose a través de las cortinas.

«¡Mierda!, ya no pillaré a Mark por ningún lado».

Aun a sabiendas de que me ignorará por completo, disfruto viendo cómo entrena a los caballos; es un espectáculo jodidamente sexy. Respiro hondo, me levanto y sacudo la pereza de mis extremidades.

Me doy una ducha rápida y me arreglo como todos los días, con esmero. Debo conquistar a un cowboy testarudo y necesito todo mi arsenal, el cual parece que dejó de funcionar.

Entro en la cocina y observo a través de la puerta acristalada cómo Charlotte y Diego cuchichean bajo el porche del patio trasero. A saber qué confabulan. Saludo a Mariana, la mujer encargada de la limpieza y de preparar las comidas cuando la situación lo requiere, como en estos momentos.

—Hay café recién hecho y bollos de canela. Si quieres también te puedo preparar huevos revueltos y beicon.

—Gracias, Mariana. Con el dulce tengo de sobra. —Se me hace la boca agua. Me chiflan los cinnamon rolls.

Me sirvo el café mientras ella dispone todo en una bandeja, sabe que me gusta desayunar al aire libre.

Sé que en esta ocasión debería quedarme en la cocina para darles privacidad, pero la curiosidad puede conmigo y me dirijo al porche.

Se callan de inmediato al darse cuenta de mí presencia, lo que aumenta mis sospechas.

Les saludo y me siento en el extremo opuesto de la mesa para que sigan con sus secretitos.

Pero no retoman la conversación. Diego sigue en su sitio, con su café a medio terminar y Charlotte se levanta.

—¿Se te han pegado las sábanas? —Se sienta enfrente de mí.

—Anoche tardé en conciliar el sueño —confieso antes de dar un sorbo a mi café.

—No eres la única, hija. Yo tampoco he pegado ojo. —Se mueve incómoda en la silla—. He pasado mucho rato de pie en los últimos días y la enfermedad me pasa factura.

—Lo siento. Si te puedo ayudar, no dudes en decírmelo —digo con sinceridad. Sé que sufre un dolor incalculable. Me sonríe de una forma que me toca el alma.

—Bueno, si ya no me necesitas, me voy —interrumpe Diego—. Mark se ha ido a la ciudad y tengo que ayudar a Caleb en el pasto norte. El toro de los Stuart ha vuelto a romper la cerca.

—Sí, vete tranquilo —el hombre se gira sobre sus talones y se aleja a paso ligero, sin embargo, Charlotte lo interrumpe antes de que abandone el patio—. Diego, ¿sabes dónde está Liam?

—Aún no lo he visto esta mañana.

—Gracias. No te entretengo más —dice, seria.

—¿Va todo bien?

—Me ha mentido, Mark no ha ido a la ciudad. —Su semblante refleja preocupación—. Está en la cabaña y lleva días sin dormir aquí.

Mi cuerpo se tensa al escuchar sus palabras. Si ella supiera que soy la responsable del estado de ánimo de su hijo, seguro que me sacaría a patadas del rancho. Mark es su ojito derecho.

—No te aflijas, seguro que está bien —trato de consolarla—. Si quieres me paso por la cabaña.

—¿Harías eso por mí? —pregunta entusiasmada.

—Claro que sí. —En realidad no lo hago por ti—. Voy a ensillar un caballo y ahora mismo salgo. Ah, antes tienes que explicarme cómo llegar.

—Es mejor que vayas en coche. No sabemos si el toro de los Stuart sigue en nuestras tierras —comenta disgustada—. Es un animal infernal, aún no sé cómo no lo han sacrificado. —Recuerdo al toro que vi en el cercado y me estremezco.

Tras las explicaciones de Charlotte me subo al SUV con un nudo en el estómago. No sé cómo me va a recibir Mark, pero sea como fuere, no me moveré de su maldita cabaña hasta que me escuche.