Capítulo 10
Zoe
—¿Te has enterado? Porque yo estoy perdida —me quejo con Phoebe que aún sigue en la videollamada.
—¡No me jodas! —chilla sorprendida—. ¿Ese tío bueno que acaba de salir despavorido es el hermano ermitaño?
—El mismo —suelto un bufido—. Pero no te entusiasmes, lo que tiene de guapo lo tiene de complicado.
—Ya veo. —Pone una mueca de disgusto—. ¿Cuándo os habéis liado? ¿Es que no pensabas decirme nada?
—Te lo iba a contar, pero saliste con la historia esa del acosador y…
—No es un acosador, es un admirador, y voy a aceptar su invitación —me interrumpe con firmeza.
—Mándame la ubicación exacta de esa fiesta privada, pediré a Cristian que investigue. Si hay algo turbio lo descubrirá.
—Ni hablar. No quiero deber nada a esa familia pija tuya. —Sus palabras no me ofenden. Conozco a los míos y sé que no siempre han sido simpáticos con mis amigas.
—Te entendería si se tratara de Jeremy o Bruce, pero sabes que Cristian no es como ellos.
—Lo haré solo para que dejéis de darme la lata —claudica al fin y yo puedo respirar tranquila.
—Seguimos en otro momento, ¿de acuerdo? —Las ganas de saber qué ha ocurrido con Mark me consumen.
—¿Me vas a dejar con la intriga?
—Ya te contaré todo con pelos y señales, te lo prometo. Cuídate, nena. Y no te olvides de enviarme esa dirección.
—Adiós, pesada. —Me saca la lengua y corta la comunicación.
Salgo de inmediato al pasillo y me encuentro a Elle sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared.
—¿Qué ha sucedido? —Gira la cabeza en mi dirección y me lanza una mirada compungida.
—El pasado, por más que intente dejarlo atrás, siempre vuelve para atormentarme.
—Entremos al dormitorio. No querrás que Caleb te encuentre así. —Me acerco para ayudarla.
La mención del nombre de su prometido la hace reaccionar. De un salto se pone de pie y me arrastra a la habitación. En cuanto entramos cierra con llave y empieza a andar de un lado a otro.
La miro confundida. ¿Cómo Mark puede estar relacionado con su pasado? No tiene sentido.
—Elle, vamos por partes. ¿Qué pasó para que Mark se pusiera así? Tenía la cara desencajada.
Busco en mi memoria el momento exacto en que irrumpió en el dormitorio, ni siquiera me miró. Parece que soy la culpable de su malestar.
—Es difícil de explicar, porque para eso tengo que revelarte un secreto que llevo años guardando.
—¿Qué tiene que ver Mark con todo eso? ¿Ya lo conocías de antes? —pregunto al sentir el aguijonazo de los celos.
—Sí y no. Es mejor que te lo cuente todo; solo así entenderás por qué Mark ha reaccionado de esa forma. —Se sienta en un sillón que está cerca de la ventana y cierra los ojos con fuerza durante unos segundos.
—Soy toda oídos —digo con impaciencia.
—Presencié el accidente que mató a Kevin —dice sin preámbulos—, pero estaba tan borracha que hui como una cobarde.
—¿Mark era el otro conductor? —Mi mente empieza a hilar lo sucedido.
—Sí —contesta con un hilo de voz.
—Joder. ¿Me estás queriendo decir que Mark fue el responsable de la muerte de nuestro compañero de preparatoria? —Estoy en shock con lo que acabo de descubrir.
—No, es inocente. Pero por mi culpa fue a la cárcel.
Necesito más información para asimilar todo lo que acaba de decirme. Elle está siendo muy evasiva. Le pido más detalles y casi me caigo de la impresión cuando me narra toda la historia, de principio a fin.
Conmocionada por su confesión, echo la vista atrás e intento encajar todo lo que me ha contado con lo que he vivido, y muy a mi pesar descubro lo mucho que la he defraudado.
Sabía que sufría burlas por parte de su exnovio y de su pareja actual, pero ni por asomo se acercaba a la realidad.
Para aquel entonces mi percepción del mundo era color de rosa —rosa chillón para ser exactos—, y por más que quisiera no hubiera sospechado nada.
Además, Elle apenas salía de casa y yo no me relacionaba con los demás estudiantes; en esa época me movía en el círculo de amistades de mi madre e intentaba encajar en mi perfecta familia.
Phoebe, que era una empollona, tampoco detectó nada más allá de lo evidente: sufría mal de amores, tenía un ex que era un imbécil y se encontraba deprimida.
Dios, ¿cómo hemos podido estar tan ciegas?
De haberlo sabido hubiera pedido ayuda a uno de mis hermanos.
Seguramente Cristian se habría ofrecido a defenderla; de los tres, es el único que acoge causas pro bono en el despacho.
Si no fuera por mi ceguera hubiera salvado a mi amiga de esa condena que se autoimpuso y, de paso, hubiera librado a Mark de la cárcel al condenar al verdadero culpable.
Porque estoy segura de que hubiéramos dado con ese desgraciado.
«Joder, me gustaría poder cambiar el pasado —pienso—, pero, por supuesto, eso no es posible.
El tiempo es el que es y la historia es lo que tiene: es historia.
Pero pretendo cambiar el presente y el futuro».
Le devolveré la sonrisa a Mark, esa sonrisa que le quité con mi estúpido comentario.
Cada vez que cierro los ojos y veo su cara de aflicción, se me encoge el corazón.
Jamás lo hubiera rechazado por su condición de expresidiario, no después de lo que hemos experimentado, de lo bien que me siento entre sus brazos, y con lo que Elle me ha contado, menos aún.
Solo de pensar que ha estado al borde del precipicio y a un paso de saltar al vacío, me entran ganas de llorar. Por él, por mi amiga que también descendió a los infiernos, y por mí, por no ser capaz de ver más allá de mis narices.
—Siento no haber estado a la altura. —Me acerco y cojo sus manos entre las mías—. Tendría que haberme dado cuenta de lo que te sucedía.
—No te sientas culpable —pide con voz temblorosa—. Nadie se ha dado cuenta, lo disimulaba muy bien. —Se levanta y nos fundimos en un emotivo abrazo—. Lo que te he contado tiene que quedar entre nosotras. Nadie lo sabe, Mark y yo hicimos un pacto de silencio —comienza a sollozar.
—Shhh, tranquila. Guardaré vuestro secreto. Aunque creo que os equivocáis, decir la verdad os daría la posibilidad de buscar al verdadero culpable.
Me mira con los ojos muy abiertos, sorprendida por mis palabras, creo que ninguno de los dos planteó esa posibilidad.
—Mi fuerte estado de embriaguez me impide recordar los detalles. Es imposible localizar a ese todoterreno, y si lo hiciéramos tampoco serviría de mucho, no tenemos pruebas.
—Porque no se ha investigado. La policía dio por buena la confesión de Mark y, caso cerrado. Por lo que me contaste, apostaría a que el conductor del todoterreno huía de una situación comprometida. Si quieres puedo pedir a Cristian que investigue, nadie lo sabrá. Podemos confiar en mi hermano.
—¡Dios mío! ¿Cómo he podido permitir que un delincuente ande suelto por ahí y destroce la vida de otras personas? —vuelve a sollozar—. No puedo casarme con Caleb sin contarle toda la verdad. Es mejor cancelar la boda.
—¡De eso nada! —exclamo rotunda—. Lo más seguro es que Caleb se enfade contigo, no por lo sucedido, sino por ocultarle la verdad. Pero cuando le cuentes lo que me has contado entenderá que no estabas en condiciones para discernir y tomar buenas decisiones, además eras una cría.
—Mark, no piensa lo mismo. Él cree que su hermano me mandará a la mierda antes siquiera de que tenga la oportunidad de abrir la boca —replica con expresión compungida.
—Puede que reaccionara así hace un año, pero vuestro amor ha florecido, ha madurado, sois uno, Elle. Y un amor así no se destruye con tanta facilidad. —Le quito las lágrimas con el pulgar—. Tus miedos y tus inseguridades no te dejan ver con claridad.
—Lo quiero demasiado. No soportaría perderlo.
—No lo vas a perder. Confía en lo que sentís el uno por el otro.
—Su mirada se llena de esperanza—. Con lo cavernícola que es, puede que te deje sorda con sus gritos y que luego te eche un polvo de reconciliación que te deje sin andar un par de días.
Suelta una carcajada y me siento feliz por haber conseguido mi objetivo: devolver el brillo y la ilusión a sus ojos.
—Hablaré con Caleb. No sé cómo, pero encontraré el valor para contarle todo.
—Cariño, no te sientas presionada. Solo te he dado mi punto de vista. Hazlo cuando te sientas preparada. Y si decides no contarlo nunca, no te juzgaré. Tienes mi apoyo incondicional.
—Tengo que hacerlo, no solo por mí. Mark merece liberarse de ese estigma, por lo menos entre los suyos.
—Respira hondo—. Dice que lo lleva bien, pero es mentira.
¿Has visto cómo ha reaccionado a tu comentario?
Siempre está a la espera de que alguien le llame asesino.
—Su mirada indica que acaba de tomar una decisión—. ¿Cuándo podemos hablar con tu hermano?
—El viernes de la siguiente semana tenemos que ir a Austin a probar el vestido, le llamaré para que nos haga un hueco.
Es mejor hablarlo en persona. —Asiente, con semblante preocupado—.
Todo va a salir bien, mi hermano es de confianza y si descubre algo no tomará ninguna decisión sin consultarnos.
—Vuelve a asentir—. ¿Seguro que vas a estar bien?
Si es demasiado para ti podemos olvidar el tema.
—No, esta vez voy a llegar hasta el final. Pase lo que pase.
Han pasado cinco días desde la confesión de Elle y aún sigo conmocionada, su relato me hizo cuestionar muchos aspectos de mi vida.
Hasta este momento, pensar en el futuro no ha entrado en mi lista de prioridades, simplemente me dedico a disfrutar del presente.
Si algo me molesta lo soluciono a base de talonario: un día de spa, un bolso nuevo, una escapada de fin de semana a algún lugar exótico y miles de caprichos más.
Ahora me doy cuenta de que nunca me enfrenté a un problema real.
Vivo en una burbuja de mierda de la que necesito salir.
En realidad, y sin proponerlo, he dado el primer paso al comunicar a mi familia mi intención de abandonar la carrera de Derecho.
Lo siguiente será averiguar el rumbo que quiero dar a mi vida.