Corazón Herido (Cowboy 2) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—Ya sé cómo vamos a solucionarlo. —Me mira expectante—.

Justo antes de empezar el saludo te tropiezas con la tabla esa.

—Apunto con el dedo al sitio donde la mayoría de los feligreses se arrodillan para orar—.

Luego, te caes espatarrada delante del altar.

Y mientras los demás se acercan para ayudarte yo sacaré a la bruja por la puerta lateral.

—Busca con la mirada la salida que acabo de mencionar. Parece ponderarlo.

—No sé si seré capaz.

—No vamos a tener otra oportunidad, Elle, es ahora o nunca.

Mi amiga asiente y espera el momento oportuno para actuar. Lo hace con tanto arte que incluso yo creo que es real. Sin perder el tiempo me dirijo a Amanda, la muy víbora mira lo sucedido con un amago de sonrisa en los labios.

—Acompáñame fuera, tengo un mensaje de Mark para ti. —Antes de que pueda reaccionar, la cojo del brazo y la saco por la puerta lateral.

—¿Qué haces, loca? ¿Quién te crees que eres para sacarme así de la iglesia? —Zarandea soltándose de mi agarre.

—Soy la mejor amiga de Elle y no voy a permitir que estropees el ensayo de su boda.

—Tú no eres quien para impedírmelo. —Hace ademán de entrar, pero le corto el paso.

—¡Ni lo sueñes, guapa! Por esta puerta no entras. —Me mira de arriba abajo mientras evalúa sus posibilidades.

—¿Cómo te llamas?

—Zoe, Zoe White. —Por un instante parece reconocer mi apellido.

—Escúchame bien, Zoe White —dice con retintín—. He venido a hablar con Mark y solo me iré cuando lo consiga.

—Hablarás con ese imbécil después del ensayo. Yo misma te lo llevaré, a rastras si es necesario. —Le insulto un poquito para disimular. Lo último que quiero es ponerla celosa. Bueno, un poquito sí.

—Veo que no os lleváis bien. —Me lanza una sonrisa maligna—. De todas formas, no tendrías nada que hacer, Mark sigue enamorado de mí.

Me muerdo la lengua y escondo las garras para no borrar esa sonrisita de suficiencia de su cara.

—¿Esperarás hasta que termine el ensayo?

—Sí. Esperaré a Mark en el café que está a tres manzanas de aquí. Y como no aparezca haré que tu amiga nunca olvide el día de su boda. Un escalofrío me recorre la espalda.

«Joder, esa mujer es peligrosa, peligrosa de verdad».

Vuelvo a entrar apresurada y para no llamar demasiado la atención, me siento en el sitio que ocupaba Amanda minutos antes. Ruby, la madre de Elle, me mira sin entender nada.

—Después te lo explico —susurro mientras busco a Elle. Cuando nuestras miradas se cruzan levanto el pulgar en señal de triunfo, respira aliviada.

Mantengo la vista al frente y pongo toda mi atención en lo que queda de misa.

Tras la celebración, aprovecho el alboroto para llevarme a Elle a la sacristía. De camino noto como arrastra la pierna.

—No hace falta que sigas con el teatro —le digo.

—Ojalá lo fuera. Me pegué una hostia de campeonato. Creo que fue un castigo por mentir en la casa del Señor.

—No eches la culpa al Señor —contengo las ganas de reír—. Olvidé que tienes dos pies izquierdos. No te habrás roto nada, ¿verdad?

—No. Caleb y medio pueblo me han inspeccionado la rodilla. Según ellos no tengo nada.

—¿Estás de broma?

—Para nada. Tu maniobra de distracción ha sido un éxito, nadie se enteró de la presencia de Amanda. —Me mira agradecida—. Ahora dime qué pasó.

—Esa mujer es una perturbada. Venía dispuesta a liarla con tal de conseguir hablar con Mark. —Respiro hondo. Sé que no le va a gustar lo que viene a continuación—. Tuve que aceptar su exigencia para que te dejara en paz.

El aludido entra en la sacristía interrumpiéndonos.

—La iglesia está despejada —me mira inquisitivo—, y el párroco tiene prisa para empezar el ensayo.

Elle olvida las molestias de la rodilla y sale despavorida, dejándome a solas con Mark.

—Sé lo que hiciste. —Se acerca muy despacio, mirándome con una fiereza intimidante—. No necesito que nadie luche mis batallas. Soy capaz de solucionar mis propios problemas.

—No lo he hecho por ti, así que no tienes por qué agradecérmelo —contesto con dureza.

—No pensaba hacerlo. —Se acerca aún más y me quita el flequillo de la frente, sorprendiéndome.

Un calor dulce y envolvente me recorre todo el cuerpo.

Los cambios de actitud de ese hombre me van a volver loca—.

¿Cómo has conseguido mantenerla alejada?

—Su voz es suave como la seda, casi consigue que me olvide de lo sucedido en el arroyo.

—Cuando termine el ensayo te estará esperando en la cafetería que está a tres manzanas. Este fue el precio que exigió para dejar a Elle en paz —digo con aparente indiferencia.

—De acuerdo. Podré soportarlo. —La tristeza que veo en sus ojos me conmueve y me arrepiento de haber sido tan dura con él.

Las ganas de abrazarlo son tan intensas que me veo obligada a dar dos pasos atrás.

—Es mejor que nos vayamos. Un cura enfadado puede ser muy peligroso —bromeo con una media sonrisa.

Ninguno de los dos nos movemos. Nuestras miradas se entrelazan, se acarician, se hablan en un lenguaje profundo y sincero.

Nunca he sentido nada semejante, es abrumador.

Por miedo a tomar una mala decisión —la última me dejó escaldada—, rompo el vínculo que se forma entre nosotros y me dirijo hacia la puerta.

Antes de que logre alcanzarla él me retiene.

—Te mentí. Lo que sucedió entre nosotros no fue un error.

—Hace círculos con la punta de los dedos en la palma de mi mano.

Una oleada de placer se expande por mi piel hasta detenerse en mi entrepierna—.

Te deseaba entonces y sigo deseándote ahora —entrelaza sus dedos con los míos y me mira con intensidad—, pero desconoces mi pasado.

Y cuando lo descubras, desearás nunca haberte acercado a mí.

Liam entra en la sacristía como un huracán.

—No quiero interrumpir, tortolitos, pero el cura viene hacia aquí.