Capítulo 8
Zoe
Los días en el rancho se convierten en semanas en un abrir y cerrar de ojos.
Al contrario de lo que esperaba, mi adaptación a la vida campestre resulta sorprendente, apenas echo de menos el ajetreo de la gran ciudad.
Aunque debo reconocer que los preparativos de la boda me mantienen entretenida la mayor parte del tiempo.
Mantener a raya a las madres de los novios es una tarea titánica, tarea que la muy listilla de mi amiga me la ha endilgado.
Al final ella tendrá la boda de sus sueños sin despeinarse, y yo, acabaré como la bruja del cuento.
Con el cowboy buenorro todo sigue igual.
Aunque desde que conseguí sacar información a mi amiga sobre Mark, mi perspectiva ha cambiado.
Que te abandone una arpía despiadada una semana antes de la boda es una putada, pero si encima lo hace para cambiarte por un viejo ricachón, es el doble de jodido.
Conocer su historia hizo que me olvidara de sus desplantes y propició que quisiera acercarme a él.
No por pena, Mark es guapo, atractivo y desprende ese halo de misterio altamente irresistible.
Tras varios intentos fallidos decido trazar un plan de ataque denominado: cómo echar el lazo a un cowboy escurridizo.
La nueva estrategia no sirve de mucho, eso sí, se ha disculpado por su desafortunado comportamiento en el día que nos conocimos.
Pero de ahí no pasa, sigue ignorándome. O eso quiere aparentar, ya que su mirada lo delata; la siento acariciándome la piel a cada instante.
Nuestra «no relación» es como estar en una montaña rusa.
Un día de subidón y otro de bajada sin freno por una pendiente pronunciada.
Días atrás, decidí dar un paso más en mi plan de conquista. Al ser conocedora de todos sus movimientos, me dirigí a las caballerizas. Donde sabía que aparecería en cualquier momento.
Nada más entré me puse a ensillar el caballo de Mark «por error». Diego, que a esas horas inspeccionaba las cuadras, me sacó de mi equivocación y me ayudó a ensillar otro animal. Mientras tanto, me soltó una charla sobre los peligros de salir a cabalgar sola.
Mi cowboy apareció justo en ese instante. Sorprendido me miró de arriba abajo; le lancé una sonrisa desafiante y aproveché la ocasión para lucir mis dotes de amazonas.
El plan salió según lo esperado. Mi vaquero gruñón no solo me siguió, sino que una vez me encontró a la orilla del riachuelo se mostró amable y encantador.
La tensión sexual latente entre los dos no tardó en salir a la superficie.
Como no podía ser de otra manera, me dejé llevar por el deseo y permití que se metiera en mis bragas.
Aunque al final el tiro me salió por la culata.
Justo cuando estábamos entendiéndonos a un nivel supremo, el muy cabrón se dio cuenta de que no llevaba preservativos.
Y en lugar de usar la imaginación como cualquier amante que se precie, huyó despavorido abandonándome a medias y prácticamente desnuda en mitad de la nada.
Encima tuvo la desfachatez de decirme que fue un error, un grandísimo error.
«Es para colgarlo de las pelotas. Maldito bruto insensible».
Me enerva no poder echarle la culpa. La única que cometió un error aquí fui yo, al acercarme a él, al querer sacarlo de su oscuridad —suelto un resoplido e intento olvidar lo sucedido—. Tarea imposible, ya que aún puedo sentir su boca y su lengua sobre mis pezones, los tengo hipersensibles.
—¿Qué hace una chica tan preciosa con el ceño fruncido? —pregunta Liam sacándome de mi ensimismamiento.
—Pensar en lo imbéciles que pueden llegar a ser algunos hombres —contesto sin cortarme un pelo.
—Otro que se me adelanta. —Pone una mueca graciosa—. A Caleb lo he visto venir, se cayó rendido cuando puso los ojos en Elle, pero Mark me tiene desconcertado.
—No sé de qué hablas.
—Hablo del juego del gato y el ratón que tenéis entre manos. Aunque, a decir verdad, sigo sin tener claro el papel que ejerce cada uno. ¿Quizás podrías aclarármelo? —Le pego una colleja, como las de Charlotte: inesperadas y certeras.
—Deja de decir tonterías. A tu hermano le quiero bien lejos —miento de forma descarada.
—Entonces eres la presa. —Esboza una de sus típicas muecas pícaras—. Y ahora que sé que eres una ratoncita indefensa, mi obligación es protegerte del gato feroz. —Envuelve mis hombros con su brazo y no puedo evitar soltar una carcajada. Es imposible no llevarse bien con él.
—¿Qué os hace tanta gracia? —inquiere Elle al entrar en el salón seguida por Caleb, Mark y Charlotte.
—Es que la ratoncita… —Le pego un codazo para que se trague sus palabras.
—Nada. Liam que es un bromista.
Los demás no dan mucha importancia, conocen los chistes malos de Liam. Sin embargo, Mark lo mira con ganas de estrangularlo.
—Bueno, si ya estáis todos preparados podemos irnos. El padre Timothy nos espera para el ensayo y como lleguemos tarde nos cancela la boda —informa Charlotte, metiéndonos prisa.
Lo más común es realizar el ensayo unas dos semanas antes de la boda, pero debido a los eventos de verano y las verbenas celebradas durante estos meses el cura solo nos dejó dos opciones: casi tres meses antes, o en la misma semana de la ceremonia. Optamos por la primera.
—Voy con mi coche, después del ensayo quiero dar una vuelta por el pueblo —aviso para que se organicen.
—Me iré contigo y seré tu guía turístico —ofrece Liam con entusiasmo.
—Tú te vienes conmigo. Tenemos un asunto que tratar —interviene Mark en un tono que no acepta negativa.
—El gato quiere eliminar la competencia —susurra Liam guiñándome un ojo.
¿Estará celoso de su hermano? —sacudo la cabeza para borrar esa idea absurda de mi mente—, bastante obsesionada estoy como para encima creer que mis sentimientos son correspondidos.
«¿Sentimientos? ¿De qué mierdas estás hablando, Zoe? Lo que tienes es un calentón no resuelto». Me reprendo a mí misma y cojo mi bolso. Necesito un empotrador urgente, de esos que te dejan fuera de combate durante una semana.
«Tío bueno con habilidades horizontales allá voy…».
Pensándolo bien, quizás deba esperar; no creo que en la casa del Señor encuentre alguno con esas características.
—Espera —grita Elle acercándose a mi coche—. Voy contigo. —Se mete en el asiento del copiloto y se pone el cinturón—. Hoy no te libras, llevas unos días en Babia. ¿Acaso te has liado con Liam?
—Te has equivocado de hermano.
—Nooo, ¿en serio? Creía que no podías ni verlo. Aunque, a decir verdad, siempre pensé que haríais muy buena pareja —suspira con un aire soñador. Dios, tanta purpurina y corazones llega a ser desesperante—. ¡Seríamos cuñadas! —añade entusiasmada.
—¡Uy, uy, uy! Para el carro. —Entorno los ojos—. No voy a negar que me atrae, el tío está como un queso. Pero de ahí a algo más…
Me mira un buen rato sin decir nada. Solo pondera mis palabras hasta que sonríe y lanza la pregunta del millón:
—¿Qué tal fue?
—Un desastre. Un completo desastre.
Le narro con pelos y señales lo sucedido y la muy bandida no hace más que desternillarse de la risa.
—Eso, ríete.
—Lo siento. Pero tienes que admitir que la situación fue graciosa. ¿Qué vas a hacer ahora?
—Nada. Paso de complicaciones.
—Las experiencias que merecen la pena nunca son fáciles, Zoe.
Los padres de Elle nos esperan en el aparcamiento y tras un caluroso recibimiento nos dirigimos todos a la entrada, donde el cura nos espera con una sonrisa bonachona en los labios.
El ensayo se realizará en la capilla, pero la boda se oficializará en el rancho.
La persuasión de Charlotte y la generosa donación de Caleb han convencido al cura, además sería imposible meter a más de trecientos invitados en una parroquia tan pequeña.
—Pasen, hijos míos, la misa no tardará en empezar.
La iglesia está abarrotada de curiosos, ya que el ensayo se llevará a cabo después del servicio. Me siento en el banco de la izquierda, que está reservado para la familia de la novia. Una vez acomodada me extraña ver a una mujer morena, muy guapa y elegante, sentada en el extremo de este.
—¿Quién es la mujer que está junto a tus padres?
Elle estira el cuello para mirar y se queda pálida al observar a la aludida. Enseguida su mirada se traslada a la fila de bancos que está al otro lado del pasillo central. La respuesta se hace evidente al posar sus ojos en Mark.
—¿Qué hace esa bruja aquí? —pregunto en un susurro mientras miro a mi cowboy de soslayo.
Su semblante se muestra relajado, ajeno a la presencia de Amanda. Incluso sonríe cuando Liam le cuchichea, me alegra ver que no hay mal rollo entre ellos.
—No tengo ni idea, pero se va a liar una muy gorda en cuanto Caleb se entere.
—Habrá que sacarla de aquí antes de que suceda. No vamos a permitir que esa lagarta estirada nos fastidie el día.
—¿Y cómo haremos eso sin que nadie se dé cuenta?
—Esperemos que este sacerdote sea de los que se enrollan. Necesitamos tiempo para elaborar un plan.
Elle asiente antes de mirar de reojo en la dirección de la ex de Mark.
—Por suerte no está en el campo de visión de los chicos. Charlotte tampoco ve bien a esa distancia —comenta—. Si tenemos suerte quizás podemos sacarla de aquí sin que se enteren —añade.
—Pero tendrá que ser antes del saludo de paz. Porque esa arpía es bien capaz de aprovechar la oportunidad para acercarse a Mark. —Empiezo a poner mis neuronas a trabajar.
—¡Dios, qué desastre! —exclama compungida.
El cura da inicio a la liturgia y tanto Elle como yo tenemos un ojo en el altar y otro en Amanda. La aludida se mueve inquieta, como la serpiente venenosa que es.
Nuestros cuchicheos empiezan a molestar a Charlotte; Caleb y Mark también nos miran intrigados. Sin contar el cura que no nos quita el ojo. Solo falta que interrumpa la misa para echarnos una bronca.
En medio del padrenuestro, se me ocurre una idea.