Sábado #5
—¿Qué fue lo que pasó entre vosotros, si se puede saber? No se me ocurre por qué podrías haberlo mandado a pastar. Si tiene un corazón de oro. No existe nadie más leal que él.
La tía Mo ocupa el asiento vacío.
—No es fácil entender a Yashie, ¿verdad? —Baja la voz—. Creo que todo ese tiempo que pasó con Percy no le hizo nada bien.
—Su padre juraba que formaba parte de la CIA —aporta Paige—. ¿Crees que es cierto?
—En Navidad siempre me regala un libro tuyo —dice la tía Bev a mis espaldas—. Todos los años de Dios. Has escrito muchísimos.
—Si solo he escrito cuatro.
—Pues yo tengo más. Me da uno cada año.
—No me hagáis hablar del negocio de los libros, que esa industria está con un pie en el otro barrio —dice Brent—.
De verdad espero que estés pasándote a los guiones.
Pero bueno, que el streaming es el negocio del futuro, con un potencial de ganancias enorme.
¿Has visto La fuerza de la sangre ? Ningún libro le llega ni a los talones a esa serie.
Lo que le falta a la literatura es que no tenéis elementos visuales.
No hay punto de comparación con ver algo en pantalla.
Me vas a disculpar, pero hablando así en crudo, no se te va a poner dura por mucho que lo intentes.
Me he leído un par de tus libros. O los he empezado, vaya.
Se te dan bien los diálogos, tienes que lanzar a eso.
Gracias al cielo que Yash nunca intentó hacerse escritor.
Sabes que es a lo que quería dedicarse, ¿no?
Jamás habría sido feliz con eso. Lo único que habría conseguido es volverse más ermitaño de lo que ya es.
Me disculpo y vuelvo a la habitación de Yash.
Arlo es el único que está con él, sentado en una silla a los pies de la cama.
Está tocando la guitarra y cantándole una canción que reconozco: estaba en un casete que me hizo Yash cuando estaba en el posgrado y empezamos a hablar de nuevo, tras la muerte de Ivan.
Era una cinta de canciones preciosas y deprimentes que tuve durante años.
Silas y yo la escuchábamos en su coche, antes de casarnos.
Y esta era la mejor canción de todas. Siempre lo adelantábamos hasta llegar a esta.
Me siento en mi silla. Yash tiene la máscara bien puesta y los ojos cerrados. Le doy la mano, pero no reacciona.
—Le han dado de todo —me explica Arlo, aún rasgando la guitarra—. Se estaba alterando un poco.
Le aprieto la mano con fuerza, porque quiero que despierte. Pero está sumido en un sueño profundo producto de las drogas.
Son las 7:43 p. m.
—¿Y Sam?
—Hablando con sus hijos por teléfono.
Le dejo un beso a Yash en la mano y lo suelto. Voy a por mi maleta, me despido de Arlo y me marcho.
En el Hyatt, me dan una habitación que es el reflejo exacto de la que ocupé la noche anterior.
Me dejo caer sobre la cama. Tengo el móvil lleno de mensajes nuevos.
Harry quiere saber dónde está el saco de dormir naranja, porque Eli y él van a dormir en una tienda de campaña esta noche.
Jack le ha secuestrado el móvil a Silas y, en respuesta a un mensaje que le he mandado a su padre hace un rato preguntándole cómo le había ido el día a Jack, m e ha contestado: «Jack está bien.
Si tuviese su propio móvil, podrías preguntárselo directamente y enterarte de muchos más detalles».
Me vibra el móvil. Es Harry.
— No está en el armario ni en el garaje —me dice.
—¿Has buscado en el maletero del coche?
—¿En el coche?
—Lo guardo ahí en invierno, por si nos topamos con una tormenta de nieve en la carretera.
—Pero qué rara eres. Te paso a papá.
— ¿Solo llevas uno en el coche? —dice Silas—. ¿Y nosotros qué?
—Si estuvieseis en el coche conmigo no pasaría nada. Ya se nos ocurriría algo. Pero si fuese sola tendría que meterme en el saco lo antes posible.
— ¿Ya estás en el aeropuerto? —quiere saber, y me da apenas medio segundo antes de añadir—: No estás en el aeropuerto.
—Voy a tener que daros el alcance en Houston directamente.
—Te he comprado un billete para un vuelo desde aquí, con nosotros.
—Lo sé. Voy a tener que cambiarlo.
—Me ha costado muchísimo llegar a todo. Apenas he podido hacer que Lorraine se quedase con los perros.
—Lo siento.
— Ir en avión no es fácil . —Se refiere a volar con Jack.
—Lo sé.
—Por la presión.
—Se lo he dicho.
— ¿Qué le has dicho? —Sigue hablando de Jack.
—Se lo he contado a Yash.
— Anda, bien por ti . —Que justo él me conteste con sarcasmo es bastante cruel.
—Hemos discutido en la habitación, con un montón de gente cerca. Se lo he contado y se ha negado a hablar conmigo y ahora tengo que volver. No puedo irme así.
Silas se queda callado.
—Os veré en Houston mañana. Te lo prometo.
—¿Todo esto es por Yash? ¿O por Jack?
—¿A qué te refieres?
— Eres en quien más se apoya. Nunca te ha visto dejarte llevar por el miedo. Te ve y piensa «todo irá bien». — Respira hondo—. No puedes fallarle ahora .
— ¡Aquí está! —exclama Harry, que le ha quitado el móvil a su padre—. Te quiero, mamá —se despide y corta la llamada.
Silas no me vuelve a llamar.